Vida de Manolo. Josep Pla

Vida de Manolo

ISSN 2171-9985 Núm. 3
13.12.2008

Libros del Asteroide. Barcelona, 2008.
141 páginas – 17 €.

Manolo es el hombre más triste de la tierra. Pero también es el haragán que hace reír a toda la bohemia de París, el escultor anarquista que saca de sus casillas al imperturbable marchante Kahnweiler. Manolo es el pilluelo indigente, con ropa interior hecha de cartón, que encarga una copiosa cena en un restaurante parisino y, al terminar, le dice al camarero:

La cuenta y los gendarmes, por favor.

Años más tarde, en 1927, Josep Pla viaja a Ceret para visitar a Manolo Hugué. Lo encuentra finalmente en Prats de Molló, pues su médico le ha recetado aire fino, agua fresca y vida montañesa. En el bazar del pueblo encuentra a Manolo rodeado de gruesos calzoncillos y camisetas de payés, haciéndose tomar medidas por el encargado y diciendo ante un grupo de lugareños:

Os ponéis estos calzoncillos y os quedáis inmovilizados para siempre, como un guerrero medieval…

Libros del Asteroide reedita, ochenta años después, la biografía del escultor Manolo Hugué (1872-1945), considerada como una de las mejor escritas en España en todo el siglo XX. Esta obra, cuyo título original es Vida de Manolo contada por él mismo, es una síntesis, compuesta con maestría por Pla, de las largas conversaciones que mantuvo a diario con Manolo durante el verano del 27, generalmente en el comedor de su casa, pasando una migaja de pan por encima de la mesa rústica con la yema de un dedo. La sensación que queda tras la lectura es la de haber asistido a un brillante monólogo, dirigido con discreción y habilidad por el autor, en el que Manolo retrata las bohemias de Barcelona y París de los primeros años del siglo XX y autorretrata su hambre de sopa de legumbres, de truchas de torrente, de arte y literatura.

Con breves anécdotas quedan esculpidos los perfiles de Rusiñol, de Casagemes, Moréas, Jarry, Modigliani, Albéniz o Picasso. Con sencillas opiniones valora las vanguardias artísticas, sus luces y sombras:

Probablemente, la gente más inteligente de mi tiempo habrá pertenecido a escuelas extravagantes y se habrá equivocado. Porque lo necesario es continuar, continuar… En arte, todo está hecho y rehecho admirablemente. Lo difícil es darse cuenta de esto y seguir, aunque sólo sea al final de la procesión. Ganar es hacer este camino con un hacha, un cirio o una candela de diez céntimos. Lo demás todo es ceniza, polvo y nada.

Por razones que no vienen al caso ha coincidido mi lectura de Vida de Manolo con la visita a una importante feria de arte contemporáneo. La faja de Manolo, sus míseras mansardas y su frío, contrastan brutalmente con la mercadotecnia actual, la alfombra roja y los exclusivos brunch bajo los cocoteros. Pero, inspirados por la acertada visión de Manolo, no resulta muy difícil separar las hachas, los cirios y las candelas, de la ceniza, el polvo y la nada.

Este recomendable trabajo de Pla muestra, como diría Manolo, el aire de cosa justa y perfecta que tiene una almendra.

F. Sanfélix

 

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