Vapor. Max

Vapor

ISSN 2171-9985 Núm. 18
17.01.2013

Ediciones La Cúpula. Barcelona, 2012.
124 páginas – 16 €.

Francesc Capdevila, más conocido como MAX, presentó el 7 de noviembre en la Fnac, con gran concurrencia de admiradores, su última obra tebeística titulada VAPOR, editado por La Cúpula en castellano y en catalán, con portadas de diferente color. Le acompañó en la mesa el conocido crítico Alvaro Pons, gran admirador de su trayectoria, el cual estableció un revelador diálogo con el dibujante e ilustrador, ganador en 2007 del primer Premio Nacional de Cómic con Bardín, el superrealista.

El porqué de haber tardado seis años en acabar un nuevo álbum nos fue revelado con transparencia por el presidente de los ilustradores españoles. Tras el reconocimiento a nivel nacional del valor del cómic como un importante medio de comunicación y expresión artístico, esto fue aprovechado al máximo por Max, y pasó un largo tiempo dedicado a la difusión de los valores positivos del cómic en todos los medios que pudo. Durante este tiempo no dejó de trabajar en sus ilustraciones, pero en esta época de crisis y viendo como la demanda y remuneración disminuían, retomó de nuevo el medio del cómic. En realidad, Vapor ha ocupado su mesa de trabajo a lo largo de casi tres años, y su intención es seguir a mejor ritmo de publicación a partir de ahora.

El origen lejano de Vapor es Herbert E. Crowley, un autor de los inicios de la historia del cómic, con su obra The Wiggle Much, publicada en 1910 en el New York Herald Tribune, que le dejó deslumbrado. También pesó su admiración al pintor Giorgio de Chirico y sus paisajes metafísicos e Inside Moebius y su Desierto B. El 17 de enero, en muchos pueblos de Mallorca, la isla donde vive Max, se representan popularmente las tentaciones de San Antonio por parte del demonio y esto también fue una buena base de inspiración para el autor. Nicodemo el eremita, se basa en el argumento del libro Las Tentaciones de San Antonio de Flaubert, y tiene referencias a la película Simón del desierto de Buñuel.

Una vez elegido uno de los múltiples temas que le obsesionaban, empezó con un esquema muy definido al principio pero sin un final claro. Max nos presenta a Nicodemo, un anacoreta escéptico y cabreado, típico protagonista icónico tan de su gusto, que decide abandonar el ruidoso y materialista mundo para encontrarse consigo mismo, estableciéndose en el desierto sin posesiones cual eremita, pero sin el componente religioso. La utilización del Desierto como un escenario donde van mostrándose las aventuras es fundamental. Solo roca y arena. El nuevo personaje de Max huye al desierto, despojado de todo, en busca del punto cero. Vapor persigue la utopía de expresar lo máximo con los mínimos elementos. Una depuración dibujística que le llevó a sintetizar escenas y personajes, eligiendo como estilo la tinta negra sobre el blanco papel.

Max concentra la narración en lo visual. Nos confesó que tenía claro todo solo hasta el cuarto capítulo. Luego tuvo que buscar soluciones sobre la marcha. No podía esperar a tenerlo todo solucionado antes de ponerse a trabajar. Solucionó el bache narrativo incorporando un capítulo que ya tenía dibujado y éste se integró a la perfección. Realizar un cómic requiere un trabajo ingente, crear un mundo, personajes, una línea narrativa coherente, una labor tan enorme que nadie se lo imaginaría si no nos lo hubiera relatado todo en un blog. A través de este personaje, Max ironiza sobre la naturaleza del ser humano, su incoherencia, lo intrascendente que es en sí misma la búsqueda de la trascendencia y lo ridícula que es la existencia humana. Nick se despoja de todo lo que lleva encima, perdiendo hasta su sombra, y escapa al desierto en busca de la soledad y el silencio para intentar vaciar su mente, llegando a situaciones límite casi suicidas, o de éxtasis absoluto. Pero el ruido lo persigue hasta el último rincón de este Desierto, entre real y metafórico.

Nick no es el alter ego de Max, pues el dibujante se reconoce en parte en todos los personajes que pueblan el desierto, no solo en uno, y estos surgen como pequeños homenajes a autores que admira: la gata Mosh nace de Herriman y su Krazy Kat, y es la primera que hace aterrizar al levitador Nicodemo; la urraca Juanita que lo alimenta surge de un famoso cuadro de Velázquez en el Prado, una de sus páginas favoritas; una criatura surrealista de Crowley sale incluso en el desfile final. Incontables referencias hay finalmente en el clímax visual del libro, el desfile de la Reina de Saba, muestra de su inagotable universo personal.

Lo que más me fascina de Max es su incesante experimentación en el medio del cómic. Su continua aventura narrativa y estética en el proceso creativo, algo que parece fácil, pero que es una mezcla de trabajo durísimo, muy pensado, de no dejar de plantearte retos e interrogantes en cada página, y de tener suerte para hallar en el papel soluciones gráficas coherentes con tu visión mental y que agra

Javier Gay

 

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