Teoría de la inteligencia creadora

Teoria de la inteligencia

ISSN 2171-9985 Núm. 25
29.03.2016

Anagrama. Barcelona, 2012.
384 páginas.

Para José Antonio Marina, crear significa saber encontrar posibilidades. Hallar nuestras propias respuestas ante el sinfín de encrucijadas que el momento libre de lo real presenta ante nosotros. En Teoría de la Inteligencia Creadora decide no prescindir de nada. Por un lado, hace uso de un notable rigor científico y por otro, proyecta la subjetividad individual como máximo despliegue de la inteligencia creadora basada, según el autor, en la capacidad de recibir, elaborar y producir respuestas efectivas ante la información que se presente. Nos manejamos entre ideas, continuas irrealidades manifestadas mediante diferentes proyectos encargados de edificar el conocimiento. Constructores de la realidad, como campo de juego de nuestra propia acción creadora, la inteligencia humana se convierte en la responsable de escoger de entre las libres posibilidades que la naturaleza y el arte nos presenten.

No se trata de hacer un breve resumen de los múltiples apartados estudiados en Teoría de la Inteligencia Creadora, sino más bien, aprovechar el margen de libertad que proporciona el terreno de la creatividad artística individual. Los estímulos, según José Antonio Marina, no serán determinantes en la percepción total del individuo, sino “pretextos donde se puedan leer los propios textos”. De modo que es aquí donde centrará nuestro principal interés, en la capacidad individual de idear posibilidades, nuevos códigos, según el bagaje y los proyectos personales de cada uno. Una puesta en marcha para independizar la mirada dentro del campo perceptivo que continuamente se ve afectado por sistemas basados en el orden, en la estandarización de respuestas ante evidencias aparentemente semejantes entre ellas.

Es cierto que reconocer y dar significado a la identidad de un estímulo nos obliga a admitir la existencia de patrones o esquemas de reconocimiento comunes para todos, pero teniendo en cuenta que, como dice José Antonio Marina, la libertad es una posibilidad más que un destino. Consideramos oportuno hacer hincapié en el desarrollo de actividades para la creatividad que ejerciten la mirada inteligente, independizarnos de los automatismos que son fruto de miedos tan básicos, como el error o lo no conocido. Reacciones que desembocan en la constante búsqueda de verdades aparentes, comunes para todos. Continuamente “del logos – al diá-logos”, olvidando la raíz básica de cualquier realidad, la propia percepción del receptor capaz de interpretarla.

Por un lado, sujetos dependientes y por otro, sujetos independientes: ésta fue la clara clasificación de estilos perceptivos que hizo Witkin en 1971. Acaso esta separación entre individuos podría servir como punto de partida para la generación de programas dedicados a estimular el pensamiento productivo, “la mirada inteligente”. Tomar los diferentes resultados obtenidos por esta clasificación para estimular la propia creatividad individual mediante el análisis comparativo de ambos modelos perceptivos; ampliar el abanico de posibilidades artísticas a través de este tipo de programas, dirigidos principalmente para el desarrollo del campo cognitivo; estimular la capacidad de ver nuevos y diferentes significados ante un mismo estímulo; saber extraer y seleccionar información ante los mismos, presentados según las necesidades personales de cada uno y por último, desarrollar la capacidad de independizar la mirada ante lo que por costumbre acabamos viendo. Éstos se convertirían en nuestros principales objetivos. Estrategias creativas que amplíen ese ápice de libertad que como individuos, en primer término, ajenos a los automatismos adquirimos a lo largo del proceso de estandarización, nos corresponden.

Una búsqueda, como ya hemos dicho, centrada en el campo de la ingeniería cognitiva. “Solo captamos aquello que sabemos captar”, de modo que intentemos encontrar posibilidades de entre las libres manifestaciones creadoras que las diversas realidades, basadas en el principio de su propia subjetividad, puedan ofrecernos.

Rebeca Zurru Fernández