Sueños y ensoñaciones de una Dama de Heian. Dama Sarashina

Sueños y ensoñaciones de una Dama de Heian

ISSN 2171-9985 Núm. 2
01.08.2008

Prólogo Carlos Rubio.
Atalanta. Girona, 2008.
168 páginas – 18 €.

Dama Sarashina, o la hija de Sugawara no Takasue, apodos por los que se conoce a la anónima autora de este cuaderno de sueños y ensoñaciones, fue un modelo, en su vida y en su obra, de los valores y conceptos estéticos que quedaron establecidos durante el Periodo Heian. Estos valores se convertirían con el paso de los siglos en parte fundamental de lo que hoy entendemos por arte japonés.

Uno de estos conceptos, el mono no aware, se encuentra presente en cada una de las páginas de Sueños y ensoñaciones de una dama de Heian. Mono no aware podría traducirse como cierta sensibilidad por lo efímero de las cosas, por su carácter pasajero. La triste melancolía originada por una flor caída, una nube desvanecida, el fugaz encuentro del agua de un chubasco con las hojas de los árboles, una conversación galante a través de un tabique de papel.

El carácter japonés ha desarrollado una empatía directa con el objeto erosionado, con el acontecimiento inasible, con el mundo que fluye, a través de una extremada receptividad que se torna estética. En Narraciones sobre el mundo efímero de las diversiones, Asai Ryoi, escritor y monje budista de la Era Edo, escribe: “Sólo vivimos para el instante en que admiramos el esplendor del claro de luna, la nieve, la flor del cerezo y las hojas multicolores del arce. Gozamos del día excitados por el vino, sin que nos desilusione la pobreza, mirándonos fijamente a los ojos. Nos dejamos llevar ―como una calabaza arrastrada por la corriente del río― sin perder el ánimo ni por un instante. Esto es lo que se llama el mundo que fluye, el mundo pasajero”.

Si bien la sensibilidad hacia lo efímero es común en Ryoi y en Dama Sarashina, poco hay en ésta última de celebración de la vida urbana. Las anotaciones de la Dama de Heian, son más un canto a la vida contemplativa que a las intrigas palaciegas, un elogio de la escritura y de la lectura en contraste con las célebres epopeyas de príncipes heroicos y cortesanas tristes tan frecuentes en aquella época.

Las lágrimas, los libros, los sueños, los viajes y la luna, son los protagonistas absolutos de estas memorias escritas al final de la vida de la autora, una vida que, entregada a cuentos y poesías, ha pasado “como una nube errante en el vacío de las ensoñaciones, de sueño en sueño”.

Escrito hace mil años, este libro de recuerdos es una guía para comprender qué es lo que sustenta el refinamiento de la caligrafía japonesa, la melancolía de los haikus, la delicadeza cromática de la indumentaria tradicional, la emoción expresada en cualquiera de las manifestaciones artísticas japonesas. Un arte instalado entre el pensamiento y la sensación, que canta la belleza de las cosas imperfectas, incompletas y mudables. La memoria de una alegría ausente.

F. Sanfélix