Pulir. Nacho García

Pulir

ISSN 2171-9985 Núm. 25
14.04.2016

Fulgencio Pimentel. Logroño, 2013
208 páginas – 20,90 €.

Cada generación tiene sus héroes, personajes arquetípicos que en cierto modo representan holgadamente a sus contemporáneos y a su vez trascienden las posibilidades de un momento, tiñendo el horizonte de promesas llenas de utopía y distopía. Si estos supuestos son ciertos, Nacho García es el héroe de la generación nini, de la apatía, de los que tenemos la certeza de que el mundo del futuro será más oscuro que en el que nacimos. No obstante, este vocero generacional no porta un mensaje pesimista ya que Pulir rechaza y celebra el mundo contemporáneo al mismo tiempo, narrándolo desde una voz inocente, blanca, estúpidamente infantil, y para ello toma estrategias de fuentes tan heterodoxas como Jeff Koons, David Shrigley o los memes de internet.

La estupidez y el absurdo están presentes a lo largo de todo el libro. Pero si hay una sensación que predomina al acabar de pasar las hojas es la de mediocridad, el nexo que une ese universo de referencias tan dispares donde las reflexiones sobre el arte contemporáneo comparten página con los dibujos adolescentes de Dragon Ball Z que se dibujan en la última página de apuntes de lengua y literatura española y que nunca volveremos a ver con los mismos ojos. Pero no tomemos aquí el adjetivo mediocre como peyorativo porque Pulir es mediocre a sabiendas, esto es, mediocre como estrategia. Uno entonces se da cuenta de cómo la mediocridad puede ser también algo conmovedor y es, quizá, hermana de la inocencia y del patetismo. La mediocridad nos reconcilia y nos hermana con el ser humano, nos hace bajar de las alturas de las artes y el pensamiento.

Nacho García se ha apropiado de un enorme banco de imágenes en el que tenemos a Mickey Mouse, Naruto, el periodismo deportivo o Nintendo. Su estilo de dibujo es el de un adolescente problemático en el momento de sufrir una crisis nerviosa; la asimilación por parte de todos de esos referentes hace que la mediocridad con la que están tratados sea de un patetismo –en el sentido etimológico del término- terrible. Uno no puede simplemente apartar la mirada. Los dibujos han distorsionado inocentemente el original, lo han convertido en algo realmente sórdido. El título del libro viene dado por la tensión existente entre la necesidad de Nacho García de pulir constantemente sus ideas y dibujos, para hacer de ellos algo presentable, y la negativa del editor, quien le insta a publicarlo tal cual se lo encontró en su cuaderno de bocetos.

La pregunta que nos queda es si este tipo de obras, tan ligadas al imaginario y al sentir de una generación muy concreta pueden llegar a ser disfrutadas de la misma manera por generaciones pasadas y venideras. La historia ha demostrado que en ciertos momentos existen casos que no consiguen salir de su marco local, así como otros en los que una escena ha trascendido su ámbito generacional y se ha exportado satisfactoriamente al resto del mundo –algo que en música ocurre continuamente–. De este modo existe una escena en España, un pequeño universo de autores como Miguel Noguera o los Pioneros del siglo XXI que comparten una serie de elementos comunes y articulan un sentimiento generacional local con humor, desencanto, hastío, creatividad y falta de compromiso político.

Nacho García lleva años cociéndose a fuego lento en los hornos del underground, con publicaciones en Autsaider Cómics, Ultrarradio, La Cruda, Zángano Cómix o Adobo, entre otros. Pulir es su primer libro y está publicado en Fulgencio Pimentel, editorial especializada en cómic, libros de arte y poesía.

Raúl Lorenzo Pérez