Odio Barcelona. Varios autores

Odio Barcelona

ISSN 2171-9985 Núm. 3
22.11.2008

Melusina. Barcelona, 2008.
195 páginas – 17 €.
Javier Calvo, Carol París, Robert Juan-Cantavella, Llucia Ramis, Óscar Gual, Philipp Engel, Matías Néspolo, Lucía Lijtmaer, Javier Blánquez, Agustín Fernández Mallo, Hernán Migoya, Eloy Fernández Porta.

En el prólogo a una de las ediciones de Gramática parda, José María Guelbenzu escribe que Hortelano, hombre muy leído y viajado, consideraba, sin embargo, que todo lo que no fuera su barrio era el extranjero. Dónde situamos cada uno la frontera es arbitrario, pero en este caso, Odio Barcelona, doce escritores se ponen de acuerdo y aceptan el reto de observar con atención toda una ciudad para tratarla como algo propio.

La mayoría de los textos no demuestran, ni mucho menos, tanto odio como denota el título. Narran, sí, aspectos que contribuirían a ello, el por qué podrían llegar a odiar una ciudad; o, quizás con más propiedad, a la gente de una ciudad, gente de Barcelona. Ediles, ocupas, arquitectos, usuarios del transporte público, ciclistas, guías turísticos, policías, vecinos o periodistas. Muchos reconocemos personajes y actitudes que se repiten también en otras poblaciones que son las nuestras, que no son Barcelona. Y posiblemente por ello el conjunto adquiere más valor.

Odio Barcelona es, sencillamente, un entretenimiento. No sólo para el que vive o conoce esta ciudad, y no únicamente para el lector, sino para cada uno de los doce autores. Aunque el perfil más lúdico lo muestren Juan-Cantavella ―transformando su paseo por el centro en una serie de pantallas del videojuego ‘Barcelona Arcade’―, y Fernández Mallo ―imaginando un fugaz viaje con una Olivetti a cuestas―, todos ellos se han recreado. Lucía Lijtmaer, Javier Blánquez y Hernán Migoya en el transporte metropolitano, Óscar Gual conversando de tú a tú con los barceloneses o Llucia Ramis contribuyendo en el esfuerzo de hacer de Barcelona una ciudad literaria.

En un artículo publicado el mes pasado por Félix de Azúa en El Periódico, podemos leer «En el circuito mediterráneo nada une ya a Marsella, Génova, Barcelona, Nápoles, Valencia y Atenas, por no hablar de las ciudades del área islámica. Les queda la herencia de una suciedad perpetua y una brutal acomodación al ruido». Después de todo, puede que exista alguna razón más.

Inés Hermosilla

 

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