Montaigne. Stefan Zweig

Montaigne

ISSN 2171-9985 Núm. 2
21.07.2008

Acantilado. Barcelona, 2008.
111 páginas – 14 €.

Conocemos el mundo a medida que lo designamos con palabras, nos conocemos a través de ellas; somos el lenguaje con el que nos expresamos. Montaigne, uno de los pensadores de mayor influencia de la historia, experimentó consigo mismo, asignándose los papeles de observador y objeto al mismo tiempo, con el fin de conservarse y describirse sin influencias a través de esas palabras, para alejarse de la imagen del hombre del espejo.

Pero también somos el tiempo en que vivimos, un tiempo del cual no podemos ausentarnos. Zweig consigue en este trabajo retratar no sólo la época o sociedad en la que Michel de Montaigne tiene existencia propia, sino la que a él mismo le toca vivir. Desaparecen los cuatrocientos años que separan la torre del castillo de Montaigne y el refugio al que Zweig, perseguido, se traslada.

Zweig se crea y retrata a través de Montaigne. Insistiendo sobre la hipótesis de que para conocer a un artista hace falta observar la génesis de sus creaciones, conocer los motores que mueven sus acciones, Zweig nos habla de la magnífica biblioteca que aquel reunió en la torre redonda, de su aislamiento, de su relación con los libros, de la atmósfera política de la época, de sus viajes, de la publicación de los primeros volúmenes de los Ensayos… Pero en su discurso intuimos además las muchas bibliotecas de las que Zweig tuvo que partir y a las que no pudo volver, su gusto por permanecer en el anonimato, su temor «casi patológico» a tener que responder de su nombre con su persona, su afán por mantener la libertad individual.

Tras publicar en 2007 los Ensayos, Acantilado recoge en 2008 la magnífica biografía que Stefan Zweig comenzó sobre Montaigne, -y que el suicidio impidió que llegase a terminar-, en la que destaca la lectura clara y definida a la que Zweig nos tiene acostumbrados.

Juana Casimiro