Melancolía. Marek Bieńczyk

Melancolia

ISSN 2171-9985 Núm. 22
16.09.2014

Acantilado. Barcelona, 2014.
162 páginas – 18 €.

El estado melancólico puede ser sorprendentemente fértil. No confundamos, en cualquier caso, melancolía con tristeza, pues mientras que la tristeza aleja de si el pensamiento la melancolía se alimenta de él ‒decía Alberto Savinio‒. La melancolía, lejos de ser un humor paralizante, también se manifiesta como una vía de exploración y de conocimiento, de la que se despeja e intuye una lánguida y lenta transformación. Su hermanamiento con las artes, y especialmente con la pintura, estaría pues justificado y hasta bien avenido; ya sabemos que incluso hasta en la más reflexiva de las pinturas siempre cabe un momento para la espontaneidad, en el que la melancolía se desvanece. Pero también hemos comprobado que la propia impaciencia de la pintura impide descubrir con certeza la causa de su propia melancolía. Atrapada sin remedio en ese laberinto, no deja de producir y continuar desconcertando. Quizá, como asegura Slavoj Žižek, las personas no quieren ni buscan realmente la felicidad, en verdad no queremos conseguir aquello que pensamos que deseamos. ¿Por qué ser feliz cuando puedes estar interesado? –se pregunta–, la felicidad resulta conformista mientras que la persistencia creativa es una fiebre maravillosa, una angustia muy particular.

El libro de Bieńczyk aparece en un momento de desilusión política y económica, un tiempo que justificaría una clara tendencia hacia la melancolía, y sin embargo el ritmo trepidante de los acontecimientos deja poco espacio para la añoranza (p.10). Es en una de esas fisuras en las que caes atrapado por esta lectura con ambición dialogante (p.23). Se trata de un libro ameno, próximo al ensayo, en el que se retratan muchas caras posibles de la melancolía a través de la literatura, la sociología, la música, incluso de la pintura, desde el alegórico grabado de Durero, las ruinas y naufragios de Friedrich, Loutherbourg o Vernet, aquellos que formaron parte de la monográfica exposición comisariada por Jean Clair (Paris, 2005 – Berlín, 2006), el caso de las arquitecturas de Giorgio De Chirico, las naturalezas muertas de Morandi, a los retratos en estado de metamorfosis de Francis Bacon. También desde las teorías de Freud, nos recuerda Bieńczyk, la tendencia autodestructiva casi “caníbal” del melancólico. Recuerdo a Luis Gordillo explicando el título de su exposición “Superyó congelado” (macba, 1999), perplejo, argumentaba su procedencia del psicoanálisis y confesaba su grado de exigencia creativa con un superyó sádico, tan intenso que no se podía soportar.

Pero sobre todo este libro se instala en la larga sombra de aquel legendario libro, Anatomía de la melancolía, que el ingenioso monje y bibliotecario Robert Burton público en 1621. Ya en este quedaba claro, que no hay una sola y permanente melancolía, que las razones para que el humor melancólico se manifieste van desde un apasionado enamoramiento hasta una dieta inapropiada, de una determinada posición de las estrellas a una imaginación demasiado viva, de la indolencia a la muerte de un amigo, de un hechizo o encantamiento a la deformación del cuerpo o el exceso de estudio… numerosas razones que demuestran que no hay una sola melancolía sino varias, y todas de algún modo, susceptibles de ser tratadas. Se ha especulado sobre ella desde muchos frentes: la mitología, la filosofía incluso la medicina, desde la que se aportaron soluciones a los efectos fisiológicos de la bilis negra pudiendo ser contrarrestados con dietas a base de ave: pequeños pájaros, pulmones de cisne…, o bien con una acción que acabase anulando la dichosa pereza.

La enumeración, la repetición, la erudición verdadera y la aparente, la geometría, las matemáticas, todos acaban siendo rasgos y conceptos inequívocos asociados a la melancolía. En este escenario pendular o giratorio se nos impone inscribirse, aunque sea periféricamente, a algo que ya existe. No es de extrañar, por tanto, que ya fueran la cita y la apropiación los instrumentos de Burton; ¿por qué no iban a ser ahora los de Bieńczyk?

Joël Mestre
Universitat Politècnica de Valencia