Los asesinos lentos. Rafael Balanzá

Los asesinos lentos

ISSN 2171-9985 Núm. 9
13.04.2010

Siruela. . Madrid, 2010.
156 páginas – 15,90 €.

Estuve charlando con Valle en el café Arrecife; durante una hora larga evocamos juntos otros tiempos, reímos juntos; después me anunció fría y serenamente que iba a matarme, que había decidido matarme y que lo haría relativamente pronto.

Así comienza Los asesinos lentos, último Premio de Novela Café Gijón, un texto que narra cómo la vida de cualquier persona puede verse perturbada a raíz de un suceso insólito.

Aunque Rafael Balanzá ha optado por concentrar el argumento en la primera frase, algo que escritores como Eduardo Mendoza desaconsejan ya que puede provocar el tedio del lector –vale, me lo puedo imaginar, no hace falta que lo lea–, Los asesinos lentos nos engancha introduciéndonos poco a poco en una buena historia, mostrándonos de modo impúdico la vida íntima de la víctima, la irracionalidad de sus pasos al sentirse perseguido.

De este modo, aunque conforme avanza la historia más seguros estamos de su final, lo que nos empuja a continuar en el relato es observar el análisis del alma humana que hace el autor: la descripción de los aspectos frágiles de la lógica a la que se aferra el asesino, la utilización del nihilismo como pensamiento destructor o la consideración de que las ideas, a modo de gérmenes o virus, pueden invadir a un sujeto debilitado moralmente.

En todo, la lectura de Los asesinos lentos nos trae a la memoria a Kafka, Dostoievski e, incluso, Ionesco (al final no podremos sino recordar aquello de que el que se venga, siempre pierde). Y es que Balanzá no es partidario de las supuestas innovaciones técnicas, de la cacareada impostura vanguardista. «Ya hay poco que innovar, lo que hay que hacer es contar buenas historias», afirma. Y eso es lo que hace. Como diría Pinilla, básicamente contar.

Juana Casimiro

 

! Comentario

  1. Balbino López Bouzas's Gravatar Balbino López Bouzas
    14/04/2010    

    Principios.
    “El túnel” de Sábato empieza más o menos pues cito de memoria -baste decir que soy Juan Pablo Castell, el hombre que mató a María Iribarne. Si alguien no se lee “El túnel” porque piensa que ya le han destripado el argumento él se lo pierde.

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