Lo que sé de los hombrecillos. Juan José Millás

Lo que sé de los hombrecillos

ISSN 2171-9985 Núm. 12
19.01.2011

Seix Barral. Barcelona, 2010.
185 páginas – 17,50 €.

Juan José Millás tiene una extensa obra. Alterna cuentos y novelas con artículos periodísticos, charlas y conferencias. Todo haciéndolo girar, en un tête-à-tête forzado, en torno a la línea que separa sueño y realidad: dos caras que, hasta ahora, formaban parte de la misma moneda y que le obsesionaban con tenacidad.

Pero últimamente Millás parece haber asimilado un pensamiento daliniano -lo único de lo que el mundo jamás tendrá bastante es la exageración-, y se atreve a dar un paso más, exagerando hasta en la pose: «la realidad, o lo que llamamos realidad –afirma- está puesta ahí para engañarnos y podemos comprobar que cuanto más nos hundimos en ella, menos lo es».

En Lo que sé de los hombrecillos, su última novela, este nuevo giro pierde su atractivo para transformarse en voltereta patosa. La historia de un profesor jubilado que se encuentra en su propia casa con un doble diminuto de sí mismo despierta interés. Más todavía si el hombrecillo pertenece a una comunidad que recuerda la de los insectos sociales y en la que todos sus individuos van vestidos como ejecutivos de los años cincuenta. Pero el interés no va mucho más lejos y la promesa se desvanece. Nada más hay de atractivo. Su protagonista, sí, navega entre ensoñación y realidad pero más parece que el artificio se construya para escenificar un erotismo de la época del destape que como metáfora de nada.

Por otra parte, aspectos que hubiesen contribuido a mejorar la narración no consiguen entusiasmar: la aproximación al comportamiento social de los insectos es primitivo, las ensoñaciones del protagonista, cansinas, y el tratamiento pseudocientífico de la biología, casi pueril. Únicamente el tratamiento millasiano del desdoblamiento logra, una vez más, llamar la atención.

«Yo quería tratar la realidad como un sueño y los sueños como si fuesen realidad», comenta Millás en alguna entrevista. Y eso, es verdad, lo ha conseguido. Pero hubiese bastado con desarrollar esa misma historia en formato de cuento breve. O microrrelato, género en el que Millás es un destacado experto. Pero, a veces, para un escritor, es más rentable vender 200 páginas que un par de ellas. Hay sueños que se tornan pesadilla por lo repetitivo de la situación. Y es que en ocasiones, tanto en lo soñado, recreado o vivido, hay demasiado metraje para tan poco argumento.

Inés Hermosilla

 

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