La huella de las ausencias. Un relato sobre Walada. Miriam Palma

La huella de las ausencias

ISSN 2171-9985 Núm. 12
02.02.2011

Ediciones el Almendro. Córdoba, 2010.
160 páginas – 12 €.

La princesa omeya Walada bint al-Mustakfi bi-llah Muhammad b. Abderrahmán b. Ubayd Allah, hijo del califa Abderrahmán III an-Násir li-din-llah, es una de las figuras más atrayentes del al-Andalus del siglo XI. La bisnieta del fundador del Califato de Córdoba e hija del califa al-Mustakfi, llena las páginas de la literatura del siglo XI, la atrayente época de los Reinos de Taifas, como la denominaban los contemporáneos.

Los testimonios de aquel tiempo hablan, al referirse a ella de una “poetisa de elocuente palabra, de poemas hermosos”. A la hora de ocuparse de sus características personales ya hay sin embargo división de opiniones, aunque quizás nadie pondría en duda el ser una persona de “fuerte temperamento, belleza externa y valía interior”. Quizás la idea más extendida, o la que ha tenido más aceptación desde su muerte a finales del siglo fue el que reunía “ un elevado rango, nobleza y generosidad de ánimo. Aunque ella, rechazó el recato y dio motivo a la murmuración sobre su persona a causa de su desenfado y de la ostentación de sus placeres”. Esta opinión se repite desde sus contemporáneos hasta la literatura histórica del siglo XIX. En cierto modo, estas opiniones forman parte de su leyenda, que ha continuado hasta nuestros días, en testimonios históricos, literarios e incluso cinematográficos y televisivos relativamente abundantes. La princesa omeya vivió entre el año 994 y el 1077, fecha que extienden algunos a 1091. Ligando incluso su muerte a la de al-Fath, al-Mamún, el hijo de al-Mutamid de Sevilla, en el momento en que los almorávides entran en Córdoba.

Esta poetisa cuenta con un nuevo testimonio en las páginas de la obra que comentamos. La autora, Miriam Palma reúne al final de ella una breve noticia histórica. Ella ha aprovechado las noticias de las fuentes históricas árabes medievales insertándolas en una atmósfera narrativo- poética urdida de manera muy personal. Aunque quizás se trate de la historia no escrita: el lector tiene la sensación de estar contemplando la visión de Walada sobre los hechos de su propia existencia. En este sentido consideramos que, más que una novela, aunque se narran hechos, tal vez estemos ante memorias. La autora se ha identificado, ha estudiado hasta un nivel tan profundo a la autora del siglo XI que me atrevería a juzgar la obra como unas “memorias apócrifas de Walada”.

Pero no se piense en una protagonista despegada de nuestra sensibilidad o el entorno en el que vivimos. Walada está representada en el paisaje actual de Córdoba. Se hace, por ejemplo, referencia al monumento moderno de las manos entrelazadas. Es una traslación de Walada a la ciudad de hoy, a nuestro mundo. Lo cual incide en el valor de la narrativa histórica, encardinando en el presente las figuras del pasado. Desde una óptica diferente a la del análisis histórico ceñido, o que debe ceñirse, al marco de la época. Para alguien dedicado a la consideración de al-Andalus, la obra tiene en este sentido un valor fundamental: la entidad andalusí se encuentra hoy abierta a la consideración de toda la sociedad, más allá de los círculos arabistas.

En el trabajo de Miriam Palma no se niega el hecho de que la representación pública en la sociedad árabe tradicional corresponde al hombre. Pero aparece perfectamente reflejado el que, dentro de este contexto, Walada es una excepción, surgida eso si en unas coordenadas claras: una sociedad andalusí de un alto desarrollo, económico, social y cultural, y en el entorno de las minorías dirigentes de aquel tiempo.

Quizás la parte más lograda de la obra se encuentre en las referencias constantes hacia Ibn Zaydún, el mejor poeta del país y con el que la protagonista mantuvo una intensa relación. Los encuentros y desencuentros con él, también lo atestiguan los cronistas, formaron parte de la existencia de Walada. En un pasaje de la obra la protagonista nos habla de “… un terremoto que nos despierta no pocos volcanes internos, en cuya lava se amalgaman junto a toda nuestra nobleza las más perversas furias, las lacras más vergonzantes y los abismos más inefables”. No hay modo de describir de manera más exacta lo que es el enamoramiento o la pasión que puede envolver a dos personas, que envolvió, son los testimonios históricos, los versos, la leyenda que queda de ellos, de la relación entre Ibn Zaydún y Walada.

Rafael Valencia
Universidad de Sevilla

 

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