Intemperie. Jesús Carrasco

Intemperie

ISSN 2171-9985 Núm. 21
21.03.2014

Seix Barral. Barcelona, 2013.
223 páginas – 16,50 €.

Hace ya un año que Jesús Carrasco sacó a la luz Intemperie. Sucesivas ediciones, buenas críticas y el Premio al Libro del Año de la Asociación de Libreros han convertido a este autor novel en uno de los nombres que, volviendo la mirada hacia los clásicos, hacen un punto y aparte en la nueva sensación de las letras españolas.

Intemperie narra el viaje de un niño que, huyendo de una situación insoportable en su pueblo natal, se convierte en la presa de una atroz cacería donde cazadores con arma, perro y bota, como diría Delibes, componen una figura que se asoma sin descanso porque, al fin y al cabo, la pieza es para ellos un trofeo y una suculenta merienda.

El muchacho, acompañado por un anciano cabrero, atraviesa un escenario inhóspito sobre el que se instala el miedo terrible a la muerte. La naturaleza y la sequía, que enmarcan el fondo sobre el cual tienen lugar las secuencias de la persecución, aumentan así la soledad del hombre y el temor del niño:

No tuvo tiempo de escuchar el ruido de cascos que, a lo lejos, atravesaba la planicie oscura. Tampoco vio cómo temblaba la mano del pastor, asustado por el estruendo repentino que hendía el secarral con una espada rocosa. Lo único que sintió, llegado el momento, fue la bota del viejo empujándole el costado y su voz ordenándole que se levantara.

Pero el verdadero acierto de Carrasco, más allá de lograr que la sensación de peligro invada toda la obra, o de mantener nuestra atención con momentos increíblemente tensos, es haber conseguido que la trama se desarrolle alejada de un contexto histórico-social concreto distanciándose de lo pasajero y aferrándose a lo permanente. Nada sabemos del cuándo y el dónde, pero no importa ―aunque hay quien se aventure a citar un futuro posapocalíptico o un pasado ignoto―. La historia se cimenta en emociones primarias que todos conocemos. Y no sólo temblamos: olemos la crueldad, lloramos por compasión y reconocemos la soledad.

En Intemperie, además, no hay rastro de sentimentalismo. Con una escritura sobria y eficaz, el autor insiste en lo que parece importante para la emoción o para la estructura de la obra, dejando de lado los adornos superfluos. Sin pretender innovar, Carrasco demuestra su maestría en el manejo de las palabras y consigue, de este modo, que nos acomodemos fácilmente a su ambiente: un universo en ruinas que, a la postre, podría verse como la ruina de la razón.

Hubo un tiempo en que el llano era un mar de cereales. En los días ventosos de primavera, las espigas se revolvían igual que la superficie del océano. Olas verdes y fragantes a la espera del sol del verano. El mismo que ahora hacía fermentar la arcilla y la rompía hasta convertirla en polvo.

M. Calatayud

 

3 Comentarios

  1. Pablo Toff's Gravatar Pablo Toff
    03/04/2014    

    Totalmente de acuerdo. He disfrutado con la lectura de Intemperie. Y estoy seguro de que, con el tiempo, se convertirá en un clásico.

  2. 10/05/2014    

    Yo también lo he leído hace poco y coincido contigo en la honda impresión que me ha producido la historia y la forma de narrarla. Sentir lo que sienten y experimentan los personajes dice mucho de un libro.

  3. Carlos's Gravatar Carlos
    20/08/2014    

    Muy buen libro. Lo compré para leer durante las vacaciones de verano y lo he terminado en un par de días. Totalmente recomendable.

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