El Cura y los mandarines. Gregorio Morán

El cura y los mandarines

28.10.2015

Akal. Madrid, 2014.
832 páginas – 29 €.

El Cura y los mandarines. Historia no oficial del Bosque de los Letrados es el libro que muchos quisiésemos escribir. Yo, incluso, asumiría encantado sus fallos. Al leerlo me sorprendió que no se hubiese escrito nunca antes.

El Cura y los mandarines es un manual sociocultural –de historia y literatura, para los que no estén acostumbrados a las últimas tendencias en etiquetas– que abarca desde 1962 a 1996. Y digo que es un manual por toda la información que contiene −mucha de ella inédita− y por su índice onomástico: una guía de referencia que debería ser obligatoria para periodistas y universitarios, como mínimo. Y además está brillantemente escrito tomando como referencia una novela china de donde copia el subtítulo.

Pero dejando a un lado todo esto, destacaré su característica principal, una pregunta que quiere resolver y que es motor incansable a lo largo de las 700 páginas: ¿Por qué la mayoría de los intelectuales se hicieron conservadores o reaccionarios? E insisto, me gustaría haberla escrito no sólo por lo que cuenta sino por cómo está contado. Está narrado, y de qué forma, por un escritor, no por un estudioso.

Gregorio Morán es un narrador peculiar porque te habla de tú a tú −a veces con ironía y a veces con la soberbia de la rabia− pero siempre adjuntando una nota al pie puntual, guardaespaldas de cada afirmación. Morán se ha leído hasta la última novela publicada de cualquier falangista trepa y que ni el mismo autor se atrevió a leer en su momento, y lo ha hecho para proponer relecturas de autores grandes y pequeños, para que no sigamos repitiendo opiniones prestadas de los libros de texto de literatura del colegio. O para que las cuestionemos.

Siempre se ha criticado al “abuelo cebolleta” que contaba batallitas. Pues Gregorio Morán lo es en el mejor de los sentidos. Como lector escucho embobado sus relatos y aprendo cosas sin parar, las cosas que no se cuentan −los entresijos del contubernio de Munich; Fraga montando El País, ese periódico que creíamos progre, desde Londres; los montajes de Cela y de un excura que se hizo duque y estuvo detrás de cualquier evento…− y los mitos que se destiñen −como el de aquel luchador que salió de la cárcel y montó un banco mientras lo pusieron de presidente de la Generalitat−. Pero también aprendo cosas pequeñas como lo es el descubrir poetas olvidados, reencontrarse con Tiempo de Silencio y con la entereza de Max Aub, o descubrir cómo se gestaron tantas cosas, conspiraciones y pactos extraños en Santander.

En conclusión, el libro traza nuestra doble tragedia cultural y política que parece casi kafkiana. En 1962 los vencedores deciden perdonar a los vencidos y, cuando llega la democracia, son los hijos de los vencedores los que perdonan a sus padres. Y en ese extraño síndrome de Estocolmo seguimos. Que el libro empiece en el 62 no es casual ya que en el 62 se inicia la segunda derrota franquista, que es la del imaginario. Pero eso mejor leánlo en el libro. Se lo recomiendo. Así como también les recomiendo las sabatinas intempestivas que escribe los sábados en La Vanguardia. De este modo podrán hacerse una perfecta idea de la talla del autor.

*Morán, Gregorio. Akal, 2014. El libro se iba a publicar en Planeta, pero la editorial lo censuró por 11 malditas páginas en las que se explica el papel de la RAE.

Israel Pedrós Pastor