Cuentos de los tres hemisferios. Lord Dunsany

Cuentos de los tres hemisferios

ISSN 2171-9985 Núm. 14
08.03.2012

Espuela de Plata. Sevilla, 2011.
140 páginas – 14 €.

La primera vez que vi su título me fascinó Cuentos de los tres hemisferios. ¿Dónde estará el tercero? – me pregunté. Creo haber descubierto que es una especie de anticipo del 3D que hoy puebla los cines. El tercer hemisferio debe estar en medio de los otros dos. En estos cuentos nunca llegas a saber dónde estás del todo… puedes estar huyendo de una aventura en la montaña y al instante estár en Londres, en plena urbe.

El libro está maravillosamente editado y tiene una ilustración como portada que sugiere todos sus meridianos: un ángel (o algo así, no distingo de alados) que vuela hacia el sol en una noche estrellada mira de reojo unos palacetes orientales como echándolos de menos. En estos cuentos se sacia todo ese tiempo que echábamos soñando con magias y países exóticos. Pero a diferencia de lo que sucede con los gurús coelhianos y rancios, aquí no hay moralina. De hecho, son muy breves y las leyendas se suceden. Hay ríos mágicos, canciones del nacimiento de China, estrellas y aventuras. Es una paradoja porque a pesar de todos estos elementos da la sensación de que nunca pase nada; y sobretodo son escuetos y ello –creo que por primera vez– dota al libro de entidad, cuando usualmente acostumbran a ser los cuentos los que se irguen orgullosos. La suma de todos ellos genera un tercer hemisferio donde invade el exotismo.

Los Cuentos de los tres hemisferios los firma Lord Dunsany, un heredero de una dinastía muy antigua al que me gustaría haberle preguntado porqué eligió el cuento, y no el verso, para poder explorar estos confines mágicos y, a veces, místicos. Seguramente la pregunta procede porque soy infiel lector de este género y más amigo de los poemas, pero creo que aquí hay más adjetivos e imágenes que acción y creo que encajaría mejor. Pero para ser honesto creo que la respuesta es que en estos cuentos también se destila sabiduría milenaria. Concluyamos con un ejemplo y opinen ustedes.

Luego los marineros se arrodillaron sobre la cubierta pero no todos juntos, sino en grupos de cinco o seis hombres cada vez. Uno junto a otro esos cinco o seis se arrodillaban, pues allí sólo rezan simultáneamente los hombres de credos distintos para que ningún dios tenga que atender al mismo tiempo dos oraciones. (p.79).

Israel Pedrós Pastor

 

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