Comiendo pelos COMO Herejía Poética. Marian Raméntol, Cesc Fortuny

Comiendo pelos como Herejía Poética

ISSN 2171-9985 Núm. 3
29.11.2008

Ed. Atenas. Barcelona, 2008.
80 páginas – 10 €.

¿Cómo voy a escribir sobre algo que no comprendo?

Eso fue lo que me fui preguntando una y otra vez, mientras decidía si aceptaba o no la propuesta de escribir acerca del libro de Marian Raméntol y Cesc Fortuny. Y volví a revisar Comiendo Pelos como Herejía Poética como si fuera la primera vez que viera la obra pictórica de él en la portada o reconociera la voz de ella en los primeros versos.

El anarquismo a la hora de poder leer es una de las cualidades de la poesía, que la diferencian de la novela. Ese placer es una máxima en Comiendo Pelos, ya que la elección al azar de cualquier línea te conduce a una pequeña historia urbana, muy contemporánea y de gran intensidad.

“No existen las ciudades en ruinas,
sólo son cementerios donde los rascacielos
disponen de panteones pret-à-porter.”

La obra está repleta de imágenes que se pueden asociar tanto al propio dolor psíquico y físico como al sufrimiento humano en general. Y como nexo de unión: la muerte y la soledad individual y colectiva con dosis de poesía visual.

“En el interior de los ojos cerrados
vuelvo a cerrar los ojos
creo que quieren ser salvajes
pero sólo son espontáneos
dentro de su
g
r
a
v
e
d
a
d”.

Otros versos simplemente te sumergen en un inicio de una reflexión o lo que podría ser un final de una conclusión sobre temas filosóficos diversos: arte, política, religión, medicina, el estado de la ciencia, etc.

“Solo un apunte;
alguien está cargando el océano de electricidad
y sin carné de instalador”

“La única religión posible
habita en la esquizofrenia
de una garganta en blanco y negro…”

En resumen, la obra es una provocación política, filosófica y psicológica aún en su estructura tanática sobre los temas que aborda. Sin embargo, aún en ese sufrimiento profundo que se interpreta en cada línea, creo observar también una revolución interior con ideas colectivas. Los autores desconocen el significado de callar la verdad y lo muestran abiertamente.

Creo que sigo sin comprender la totalidad de Comiendo Pelos, pero merece la pena vivir esos pequeños versos que te hacen imaginar una gran historia detrás de cada mínima historia.

Beatriz Pérez Sánchez

 

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