Cháchara. Juan Bonilla

Chachara

ISSN 2171-9985 Núm. 10
06.07.2010

Renacimiento. Salamanca, 2010.
66 páginas – 9 €.

Hoy en día todo el mundo lleva encima una cámara fotográfica. Cualquiera puede grabar y ver al instante los sitios por donde pasa o la gente con la que se cruza pulsando una tecla de su teléfono móvil. Parecería que nadie quisiera olvidar el más mínimo detalle de su vida si no fuera porque ese gesto no está pensado para crear un archivo y convertirlo en un “me acuerdo” sino, como apunta Joan Fontcuberta, en un escaparate del “estoy aquí”.

Juan Bonilla, en cambio, sigue enamorado de los “me acuerdo”. Hace años que dice coleccionar ejemplares de Je me souviens de Perec y, desde entonces, asegura, los mezcla con libretas que llena de recuerdos. Bonilla quiere ofrecer memoria, se obsesiona por compartir recuerdos y le da igual si son propios o ajenos: «podía empeñar unas semanas en ese proyecto para convertirme en otro o, mejor dicho, para convertir a ese lector en mí, para añadir la memoria de otro a la mía: ¿no es al fin y al cabo eso la literatura?»

En Cháchara Bonilla continúa tenaz con la misma idea y crea para ello un yo que, camuflado, disimula ser él o ser cualquiera. Nace así el autorretrato-robot de Juan Bonilla, un nuevo perfil hecho de recuerdos reales mediante el que poder sentirse inmortal, poder acomodarse lejos del pobre yo que no sabe qué está haciendo aquí; una figura con la cual

Hacer tiempo si es que es posible que el tiempo se haga,
si no es vivir precisamente deshacerse en tiempo.
Es tan sencillo que da miedo.
No vamos a morirnos. No se puede
.

Porque en realidad Bonilla siente miedo –el miedo que tengo, cómo no tenerlo, que dirían Astrud- y sabe que éste no le va a abandonar. Y quiere saber qué esconde ese miedo, en qué consiste la vida, qué encubre la muerte, a qué juega el tiempo. Pero todo sin dejar de atesorar recuerdos con los que llenar, además, el muro donde todos pegamos las notas con las que decir “estoy aquí”. Bonilla no entiende la poesía de modo tradicional, Bonilla no escribe sólo para él sino pensando en los que estamos constantemente leyendo ese muro.

Como dicta Jorge Barco, «diles cosas que hayan hecho y que hayas hecho. Así te leerán, porque sin darse cuenta se estarán leyendo a sí mismos». Por eso Cháchara puede enganchar a cualquier lector y convertirse en la biografía que podría ser la de cualquiera.

Inés Hermosilla

 

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