¿Qué tiempo tiene?

imagen seccion Israel Pedros

ISSN 2171-9985 Núm. 15 (30.05.2012)

Larry David decía que las películas y los libros hay que verlos hasta el final; la calidad o que te gusten es algo irrelevante. Incluso añadía que él era tan radical de no dejar las cosas a medias que no podía dejar de ser amigo de alguien hasta que no se muriese, independientemente de que no lo soportase. Reconozco que yo no tengo esa fuerza de voluntad. Pero supongo que algo tiene que ver el tiempo y su fragmentación. Me explico. En los libros no hay una obligación física de no poder parar, aunque sé de algunos autores que acechan en un rincón tras sus lectores y utilizan técnicas de hipnosis para reenganchar a éstos para que no desistan.

Creo que era Maruja Torres quien decía que ella nunca utilizaba marcadores de página para sus novelas, que ella necesitaba leerlas del tirón, pero que de no ser así memorizaba el número de página para cuando pudiese retomarla. Nunca lo entendí. Prefiero ir pensando “¿aparecerán los nazis?” o “¿superará el príncipe su vértigo en ese paracaídas?” que la disyuntiva “¿137 ó 173?” Supongo que habrá casos de que la intriga no te deje seguir con tu vida cotidiana, entonces sí que entiendo que es mejor devorarla, pero en general me gusta más leer novelas que acabarlas, así que prefiero fijar mi campamento base y hacer noche, recreándome en la brisa del paisaje sin mirar cuántos capítulos me quedan hasta la cima.

También para ser justos debo aducir un motivo sentimental. Una artista me regaló dos marcadores de página que había hecho muy divertidos y ya los he convertido en un personaje más de mi proceso de lectura, así que muchas veces ya son ellos los que me dicen donde parar. Además, no quiero extinguir esa profesión de auxiliares de lectura: los marcapaginistas. Vosotros veréis: leed de tirón y traeréis más paro. Es más, sugiero, incluso, que algún pensador tratase el tema: un nuevo Umberto Eco que distinguiese a los apocalípticos de los integrados, a los que no marcan la página de los que sí… después, eso sí, habría que crear otra categoría odiosa: la de los que le doblan la esquina a las páginas y ya no se la vuelven a recomponer nunca para que Amnistía Internacional los investigue y se posicione.

Por otro lado, me gustaría llamar la atención sobre otro aspecto: los viajes en el tiempo. A mí me sucede, sobretodo, con los poemas. Ya no es sólo el hecho de fragmentar la unidad del relato tal y cómo la pensó el autor, como una especie de envite separatista, sino que a veces incluso sale victorioso el referéndum y me independizo de la unidad. De sólo un verso puedo despegar a otros mundos y dimensiones. No es sencillo porque requiere ir con cuidado para encontrar tras qué palabra se esconde la puerta verde que abriremos; hay que ir con sigilo leyendo y releyendo, acariciando a cada metáfora, sentando en el diván a la paradoja o devolviéndole el guiño a la ironía, pero la madrugada que hay suerte el resplandor te guía a ese viaje de low cost.

Y como colofón una confesión. Hay un poema de J. L. Piquero que lo tengo en la mesita unos 15 años y aún no he leído más que dos líneas: el título y un verso que cita. Porque cada vez que los combino no sólo hallo puertas sino que la tripulación me instala en la nave especial y me da extraños cacahuetes psicodélicos. El verso que cita es de Cernuda «perder placer es triste» y el título Huecos. Déjense de sudokus y viajen.

Israel Pedrós Pastor

 

! Comentario

  1. Herminia's Gravatar Herminia
    31/05/2012    

    Lo de leer hasta el final es para optimistas o para obsesivos pues hay lecturas que requieren un verdadero calvario para acabarlas…Yo también prefiero leer que acabar!

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