Parets o la minusvalía del lector de poesía

imagen seccion Israel Pedros

ISSN 2171-9985 Núm. 22 (05.11.2014)

«Joan Brossa era un poeta que defendía la imaginación, pero no la fantasía: la fantasía es la imaginación jorobada*», me andaba contando una amiga que me acompañó al estreno de Tierra. La pobre me perdió la pista porque salí sonámbulo, dándole vueltas a la enfermedad que padecía el protagonista: “imaginación hiperexcitable” (de normal doy muchas vueltas a las cosas, pero en esa ocasión se ve que sólo anduve en línea recta y llegué hasta un pueblo de Toulouse).

Tres meses después, tomándome unos licores con ella para disculparme, me preguntó mi opinión sobre la película, así que le narré mis divagaciones de aquéllos tres meses, las aventuras, los debates con revisores y conductoras de autobús y una conferencia que impartí al respecto en el patio exterior de la Sorbona la madrugada que pasé por allí. Pero ella me insistió: «estás hablando todo el rato de la frase, pero no de la película».

Recuerdo que en el instituto, cuando nos hicieron redactar un trabajo sobre el Quijote, aún fui más allá y mezclé diálogos de la serie Expediente X con la célebre obra de Cervantes. La profesora se escandalizó y me dijo que hacer un paralelismo entre molinos y extraterrestres, o entre la pelirroja y Sancho, era blasfemar. Creo que esto no es algo que me pase a mi sólo. Hace poco una amiga me contó que su hija se lamentaba de que en clase hablasen mucho en inglés (en el AMPA desestimaron la demanda cuando descubrieron que el profesor no era de álgebra sino un tal Mr. Smith).

Tiempo atrás hice un artículo en Cuaderno10 donde explicaba que nunca pude leer un determinado poema porque me fascinaba el verso de Cernuda que se citaba al inicio. A raíz de aquéllo entablé cierta literatura epistolar con el poeta, correspondencia en la que me dijo no creer que no hubiese leído el poema entero.

Gracias a twitter descubrí una poeta que había montado una editorial donde publicaban plaquettes y un billete para buscar qué eran. La invitación incluía una cata de tés con zíngaras que recitaban las obras. Desgraciadamente nunca pude asistir, lo que me acompaña como una daga clavada en mi agenda hasta que otra convocatoria lo repare. Asimismo la red ofrecía algunos vídeos balsámicos con altísimos contrabajos y suaves carillones. Mandé a dos detectives a investigar y, en su informe, me contaron que además la chica era guitarrista en un grupo heavy y que coleccionaba reseñas de un poemario premiado y primigenio, Parets. El nombre me sedujo y me pareció silviaplathiano pero como no suelo hacer caso a Chico y Harpo, en un primer momento los desoí. Pero hace poco, en una terraza de un lunes cualquiera, entre dry martinis, una ninfa que reside aquí, en Cuaderno 10, me regaló el poemario. Acostumbro a corresponderle con reseñas, pero como veis ésta me lleva ya 4 párrafos de ventaja. Así que en mi descargo expondré tres razones de mi tardanza.

En primer lugar, siguiendo los consejos de Brossa, quería escribir una reseña hipnogógica** pero aún no he conseguido entender mi letra en ese estado. Si saben de algún cursillo de caligrafía hipnogógica no duden en avisarme.

En segundo lugar, todo esto se debe a mi minusvalía como lector de poesía. Ando fascinado porque el libro de poemas tiene muchas rutas y aún sigo descubriendo puertas invisibles con una amiga que es interiorista metafísica.

Y por último, y ligado a la anterior, es porque aún no he leído el libro entero. No me malinterpreten, no es vagancia; es por mi problema de comprensión. Ando exiliado en un verso que me parece tan asombroso como punzante:

hi ha dolors
que són un autobús a l’autopista
***

Así que sólo se me ocurre decirles que la lean ustedes y me manden sus reseñas. Muchas gracias.

Israel Pedrós Pastor

Parets

* Recogido de Entrevista a Joan Brossa en A fondo, 1979
** Brossa explica qué son los poemas hipnogócicos en la misma entrevista, en el minuto 16. Me he permitido patentar las reseñas y caligrafías al respecto.
*** La traducción es: “Hay dolores / que son un autobús en la autopista”; página 18 de Noguera, Laia. Parets. (Edicions 96, La Pobla Llarga, 2001)

 

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