Nada y los dorados zumos de luna

imagen seccion Balbino Lopez Bouzas

ISSN 2171-9985 Núm. 15 (21.05.2012)

Mas tarde vinieron las noches de verano. Dulces y espesas noches mediterráneas sobre Barcelona, con su dorado zumo de luna, con su húmedo olor de nereidas que peinasen cabellos de agua sobre las blancas espaldas, sobre la escamosa cola de oro.

Carmen Laforet escribió Nada a la edad de veintidós años. Nada fue el libro ganador del premio Nadal en su primera edición, lo cual dio prestigio al premio de por vida a la par que fijó su techo.La protagonista del libro es Andrea, una huérfana de dieciocho años que llega a Barcelona a principios de los años cuarenta para estudiar en la universidad y que se alojará en un piso, situado en la calle Aribáu, donde viven parientes suyos. A una Barcelona que está presente en cada pasaje del libro. En un piso familiar cuanto menos sorprendente (por no decirlo de otra manera), con unos personajes extremos, con Román, siempre seductor pero con un poder de fascinación que se desmorona cada vez antes, con Angustias, que tal vez mereciese su propio libro con ella de protagonista. En una universidad que apenas aparece pero de donde brota otra colección de personajes que suponen el contrapunto a la atmósfera de la calle Aribáu, con Ena en su papel de chica luna (a la que no me hubiese importado darle un par de sopapos); con Iturdiaga, tremendamente entrañable con su ingenuidad y su verborrea; con  Pons, tan pequeño, tan enamorado, en cuya casa se celebra un baile, mi escena favorita del libro. Y luego la madre de Ena, con su propia historia, tan insatisfecha, tan satisfecha.

Nada es uno de esos libros que creo que me he leído a destiempo. Me ha gustado mucho (muchísimo), pero con unos cuantos años menos, con un algo más de idealismo y un mucho menos de escepticismo, cuando era más comprensivo y menos intransigente, habría tolerado mejor todas las veleidades poéticas con las que adorna sus descripciones una joven de dieciocho, una autora de veintidós. Así, cuando llegó el fragmento que aparece al principio del texto, tuve la sensación de que alguien estaba pasando las uñas sobre la pizarra, de que la soprano en mitad del aria había soltado un gallo, de que la guitarra solista en su punteo estelar no acertaba una nota. No se trata de poner peros al libro.

No se trata de darme importancia mostrando un elevado nivel de exigencia y una insatisfacción permanente. Simplemente veo que podría haber disfrutado este libro más de haberlo leído antes (qué mala es la vejez, joder). Por eso, si mi experiencia pudiera servirle a alguien, y a sabiendas de que jamás se ha de aconsejar sobre libros (y muchísimo menos obligarlos), si estás a tiempo y no has leído Nada, léetelo. Y si no estás a tiempo y no te lo has leído…, léetelo también.

Balbino López Bouzas

 

No se han encontrado comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>