La madrugada que bebí con Valéry

imagen seccion Israel Pedros

13.02.2014

El otro día, detrás de un tequila, vi a Valéry.
―Es él ―dije al resto de parroquianos. Pero ellos no miraron―. ¡Es Valéry! ―insistí―. El genio que dijo «El futuro ya no es lo que era».

Un filólogo sentado a mi lado, y con aspecto de haber salido de una escena de cine negro, tras acomodarse el sombrero y dar una calada profunda a su cigarro antes de que el camarero se lo volviera a romper cansado de recordarle la prohibición, dijo fríamente:
―Te equivocas. Es Paul, pero Paul Eluard.
En el bar, todos nos quedamos atónitos: el primero yo, porque no sabía cómo podía haberlos confundido; después el resto porque, tras la barra, sólo veían a un hombre mayor con acento de Jerez de la Frontera.
―Si pides otro tequila te explico tu error ―continuó.
Argumentó que, en realidad, ambos eran la misma persona. Yo puse el grito en el cielo y un marhuendista que teníamos al lado, rápidamente, utilizando su móvil, nos enseñó la página de la wikipedia dedicada a cada uno de ellos, señalando las fechas de nacimiento y los diferentes datos que les distinguían. Yo no daba crédito. El camarero tampoco (pero eso es porque es un desconfiado y esa es otra historia que no viene al caso).

―¡Eluard y Valéry! Pero si son de movimientos distintos… ¡uno es surrealista y el otro es realista!; si me hubieses dicho otros… ―le espeté.
Aquel hombre, que seguía dejando un cementerio de cigarros rotos a su alrededor, continuó alegando que esos conceptos no existen, que únicamente son convenciones ajenas a la poesía ―cosa que no entienden ni autores ni lectores―, y que la propia poesía no es un género literario sino que es una de las dos o tres cosmovisiones que intentan explicar el mundo.
―Además ―apostilló―, la explicación no es mía sino que ya lo dijo el propio Valéry: «No hay que llamar ciencia más que al conjunto de fórmulas que siempre tiene tanto éxito. Todo el resto es literatura».
Aún no había conseguido asimilar la frase de Valéry cuando añadió otra suya:
―Por tanto, el surrealismo es el ejercicio de no asumir la derrota, pero no como movimiento literario sino como movimiento en sí, ya que la única pretensión urgente es cambiar la realidad. Todo lo demás es buscar un pozal más o menos profundo que colocar bajo de una gotera; comprensible, por otra parte, porque lógicamente nadie quiere tener charcos en casa.
Pegó otro trago y continuó:
―Por eso, tiempo después, necesitó cambiarse de nombre para poder escribir «el futuro es azul como una naranja»… Aunque en las biografías cuentan que Valéry, cansado de la poesía, se había refugiado en la matemática y la filosofía para poder ser más preciso.

Lo interrumpí con esa clarividencia eufórica que sientes cuando entiendes algo interesante y nuevo.
―Exacto. Porque tanto unos como otros quieren que el mundo no varíe y lo explican estático, como si la vida y la realidad no fueran una lucha constante entre miles de actores y en muchas direcciones… por eso tuvo que inventarse otro poeta…
―Entonces, ¿tú eres poeta?
―No, lo siento, no soy francés…
―Pero ¿escribes?
―Aún no… Estoy empezando a leer, pero soy muy lento… Ahora va a hacer 5 años que, tras escucharla, empecé a leer la letra de la canción Bilonguis, de Kiko Veneno, y aún no he descubierto si hay síndrome de Estocolmo, o no, ni lo de las cucarachas… ni si ella es una torturadora nazi.
―¿Cómo? Me he perdido.
Y canturreé la estrofa:

No me metas en la maleta
trocitos de corazón
ni alitas
de cucaracha secas
en los bolsillos del pantalón.

PD: Ya no sé si esto pasó, si lo ocasionó el efecto del tequila o la impresión de ver una gran película, pero se la recomiendo: Le tableau (El cuadro, 2011)

Israel Pedrós Pastor

 

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