He nacido para revolucionar el infierno

imagen seccion Balbino Lopez Bouzas

ISSN 2171-9985 Núm. 20 (02.12.2013)

Elegí en la biblioteca municipal la estantería de la v. Vázquez Montalbán. Hace años, muchos, me leí El pianista y ni sí ni no, sino todo lo contrario. Cogí Los mares del sur. Pepe Carvalho. Bueno, vamos a ver qué tal.

Ocho días después he de decir que no sólo me he leído Los mares del sur sino que volví a la v y me acabo de terminar Tatuaje, también con Pepe Carvalho como protagonista. ¿La razón? Varias.

Cuando terminas un libro y te invade la melancolía es que algo bueno ha pasado. No sé si es que los libros me han gustado mucho o es que tienen una carga emocional o un entusiasmo soterrado que, al menos a mí, me arrastran. ¿Carga emocional? ¿Entusiasmo soterrado? Pero, ¿Pepe Carvalho no es un detective? Sí, son novelas de detectives. Es novela negra. Y también las películas de John Ford son películas de vaqueros.

Si te gusta Raymond Chandler y Philip Marlowe te resulta atractivo, Pepe Carvalho te tiene que gustar. En realidad es lo mismo. Cambia el entorno. El mismo cinismo, el mismo dominio de la situación aunque, quizá, menos sentimental y no tan complaciente con el papel de perdedor. Al igual que  siempre quise ser Philip Marlowe, no me importaría ser Pepe Carvalho. Es más, no paro de citarlo en cualquier situación. Carvalho también siempre sabe qué hacer. Carvalho siempre tiene la respuesta. Estuvo nueve años en la C.I.A. Eso imprime carácter.

Y los entusiasmos. Me gusta cómo está escrito el libro. Son una sucesión de escenas breves, todas relacionadas pero todas independientes. Son libros muy visuales, muy cinematográficos, donde el entorno siempre es fundamental. Si con Marlowe pagaría por callejear por un Los Ángeles en blanco y negro, con Carvalho la Barcelona de los setenta tiene un magnetismo irresistible. Y si Carvalho visita, como hace en Tatuaje, Amsterdam, La Haya y Rotterdam, lo mismo. Todo lo que toca lo impregna de un barniz que, sin pretender embellecerlo, lo colma de atractivo. ¿Cómo se hace eso? No sé. Pero eso es mérito del autor, sin duda.

Más entusiasmos. Vázquez Montalbán se consideraba un gourmet y leyendo estos dos libros he pasado mucha hambre porque la cocina es tan importante como la acción. No se come cualquier cosa. Ni se bebe cualquier cosa. Y en todas o casi todas las escenas se come y se bebe. Y me he llegado a sentir culpable por el hecho de que toda mi experiencia culinaria consista en abrir una lata y calentarla y de que, en cuestión de vinos, distinga el tinto del blanco y sólo cuando llevo las gafas puestas. Y muchas ganas me han entrado de solucionar ambas taras. ¿Lo haré? Si sigo leyendo a Carvalho, lo cual pienso hacer, no lo dudo.

No todos sus entusiasmos son compartidos. Tiene Carvalho en su casa una biblioteca de unos tres mil volúmenes. También tiene una chimenea.  Todos los días ha de encenderla, incluso en verano, puesto que le ayuda a pensar. Para encenderla quema un libro. Llega a quemar el Quijote. Hay cosas que duelen.

Y, por terminar, diré que es novela negra, sí. Hay asesinatos, hay una investigación, hay bajos fondos, hay confidentes, hay clases altas con su propio concepto ético, hay clases trabajadoras, hay resignación, hay idealismo, hay realidad, hay pasiones y hay entusiasmo, un entusiasmo que no se ve, pero que te arrastra. ¿Son buenos estos dos libros? Pues la verdad es que no lo sé. Lo que sí sé es que tampoco me importa.

Balbino López Bouzas

 

No se han encontrado comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>