¿Hay humo en la literatura?

imagen seccion Israel Pedros

ISSN 2171-9985 Núm. 18 (19.02.2013)

Que la literatura y el cine están hechos con el material de los sueños es un tópico tan sobado como el señor Martínez. Pero la pregunta es: si dicha materia es humo, ¿con qué vendemos la literatura?; ¿o acaso ésta no es toda humo?

Habitualmente veo muchos lectores que se fuman novelas a destajo generando gran cantidad de humo, pero es porque las necesitan y las consumen ansiosos. Me aventuro pues a concluir que todo surge de algo sólido y aunque pronto queda reducido a ceniza, la esencia reside en nuestro interior. Pero para plantear la duda en sus justos términos deberíamos ampliar la escena e incluir tanto al autor como a los lectores. Profundicemos en un par de casos.

Hay casos en los que los autores tienen claro cómo debe ser el perfil de ese humo y por eso establecen plantillas estereotipadas que cumplen eficazmente su propósito. Si en principio es difícil que exista “venta de humo”, aquí no hay problema porque el lector de este producto queda satisfecho. Y al que no le gusta, difícilmente cata ese sobao del señor Martínez.

Algunos me considerarán esnob. Tranquilos, ahora expondré el caso inverso. Hay autores que se preocupan del detalle, del guiño, de experimentar nuevas vías… y en ese caso el lector que quiere entrar en el juego se entusiasma fantasioso. Pero, por el contrario, el lector que desenvuelve dicho papel de regalo y lo ve como algo estúpido o absurdo puede sentirse estafado, puede contemplar su humo. Pongamos un ejemplo: a algunos nos parece un delicia que alguien quiera editar libros con mimo, como se ha hecho con La libertad, ese tebeo brasseniano del que una amiga me habló tan elocuentemente. Yo aún no me he acabado el libro porque cada vez que paso una página me acuerdo de ella y porque, además, el propio texto está tejido al dente, utilizando palabras puntuales y verbos con autonomía propia (como “bilibirloquear”), algo que hace que me olvide del resto del texto cada una de las tardes que consumo con cerveza en cualquier terraza.

Finalmente, me falta resolver si la comunicación literaria es humo en su globalidad. En estos tiempos donde se habla tanto de lo 2.0 y la democratización de la cultura, donde todo el mundo puede participar y las redes sociales triunfan, tenemos un hecho reciente que lo saca todo a la luz y lo dota de humo: la próxima fumata blanca que humeará cuando se nombre al nuevo Papa. Es algo muy significativo y que habla de cómo el autor quiere transmitir su mensaje y de cómo quiere difundirlo. Pese a que Benedicto XVI se creó un twitter donde poder interactuar con las personas, la iglesia ha seguido prefiriendo una forma más literaria, más tradicional y más imperial de hacerlo ya que se extiende hasta donde la atmósfera lo permita y deja claro el papel pasivo de los lectores: tan sólo contemplarlo. ¿Podemos entender la fumata blanca como una novela convencional?

Y por último, ¿será necesario encender el extractor de humos para la lectura de este artículo?

Israel Pedrós Pastor

 

2 Comentarios

  1. ALF's Gravatar ALF
    20/02/2013    

    ¿El humo de la combustión de la literatura nos impedirá leer en sitios cerrados?
    ¿Deje de funar y ahora tendré que dejar de leer?, si es que hay quien ve humo donde solo hay húmeda niebla.
    Me ha gustado

  2. Ulex Parviflorus's Gravatar Ulex Parviflorus
    22/02/2013    

    Ex lectores, venta de humo…… noto cierto sindrome de abstinencia latente.
    Fumando libros y leyendo las contraindicaciones de los paquetes de tabaco.

  1. Índex d’articles a Cuaderno10 d’ Israel Pedrós | Apocalipsis, la Nau on 13/10/2014 at 6:46 pm

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