Galveston

imagen seccion Balbino Lopez Bouzas

03.02.2015

Bien, busquemos un símil deportivo. Carrera de cinco mil metros en pista. Doce vueltas y media. La carrera ha despertado mucha expectación dadas las marcas acreditadas por los atletas que toman parte en la misma. Suena el disparo y la primera vuelta y media es trepidante, plena de ataques y contraataques. Se corre a un ritmo espectacular. A partir de ahí la carrera se frena, los corredores se agrupan y dan las siguientes nueve vueltas con tranquilidad, en pelotón. El público sigue la carrera expectante. Se espera mucho de esos atletas y se sabe que, en cualquier momento, la carrera puede cambiar. Pero no cambia. Y dan vuelta tras vuelta sin sobresaltos hasta que, a falta de dos, cuando ya la meta está cerca, se acelera el ritmo, comienzan de nuevo los ataques y, al sprint, termina la carrera de doce vueltas y media a la que le sobraron nueve.

Galveston de Nick Pizzolatto. Sí hombre, sí. Nick Pizzolatto, el creador de “True detective”, la serie de televisión. ¿La has visto? No. Pecado capital de los gordos. Debieras verla ya. Y antes, léete este libro. Es su primera novela. Novela negra en estado puro. Dicen de él que es el nuevo Raymond Chandler. ¿El nuevo Raymond Chandler? Ya será menos. Que sí. Ya lo verás.

Si escribes “True detective” en Google te salen aproximadamente diecisiete millones setecientos mil resultados en veintisiete centésimas (el día en que alguien se dedique a contar realmente los resultados y a cronometrar el tiempo de respuesta se va a caer un mito). Quizá algún día la vea. Tiene buena pinta. Y con la vehemencia que me han recomendado el libro pues tendré que leérmelo. Miro las solapas. En ellas figura una cita de Dennis Lehane, del New York Times: El mejor noir que he leído en la última década. Pone noir. Supongo que los gilip…perdón, que aquellos que llaman noir a la novela negra son los mismos que al correr lo llaman running. Esto está a punto de tirarme para atrás pero, venga, vamos a leérnoslo. Tampoco es tan largo. Doscientas ochenta páginas.

Antes de las veinte páginas ya sé que Nick Pizzolatto es a Raymond Chandler lo que mi juego de saque y volea es al de Roger Federer. Pero, aún así, esas páginas son interesantísimas, llenas de acción, con su mujer fatal (muy ochentera. Subraya su fatalidad fatalmente vestida), su gran jefe (el cual tiene una frente polaca. Lo normal), sus sicarios, uno de los cuales es el protagonista de la novela y es hermano gemelo de Sebastien Chabal, el antiguo jugador de rugby francés. También tiene su alcohol, su humo del tabaco, sus traiciones, sus emboscadas, sus muertos, su chica inocente a la que la vida y la mala suerte le hacen estar en el lugar incorrecto en el momento equivocado e, incluso, tenemos una enfermedad terminal.

A partir de ahí, nada. No pasa nada. Y si pasa, duerme a las ovejas. ¿Cómo que no pasa nada? ¿No has visto que se trata de una novela de atmósfera? Dennos Lehane, cambie ahora mismo su aforismo y que paren las máquinas que imprimen solapas puesto que no estamos ante un “noir” sino ante una novela de atmósfera (perdón, atmosphere). Antes se decía coñazo supremo. Ahora se llama atmósfera. Bien, huyen. Se esconden en un motel de mala muerte. En el motel hay distintos personajes. Los personajes son curiosos pero es que venimos de tiros, de muertos, de sangre, de traiciones y ahora hay dos abuelas con una niña pequeña viendo vídeos de dibujos animados. Existe la tensión de que los perseguidores terminen encontrando a los perseguidos pero, pasar, lo que se dice pasar, nada. Lo más interesante que ocurre en casi doscientas páginas es cuando nuestro sicario protagonista se corta el pelo y se afeita la barba (lo cual, como hubiese dicho aquel, es lo que le da calidad al libro). Y también el comprobar que hay enfermedades terminales que tardan más de veinte años en hacer honor a su nombre.

Llegamos al final. Y sí, bien. Como al principio. Interesante. Duro. Incluso emocionante. Pero después de haber comenzado leyendo el libro de pie, en tensión, con los ojos como platos, ahora, tras casi doscientas páginas soporíferas, estamos cómodamente recostados y ya hemos cogido la postura y, mira, no me apetece ni incorporarme ni sobresaltarme así que, con los ojos entornados, termino el libro y muy bien, muy bonito, muy noir y muy atmosphere, señor Nick. Y con la certeza de que el señor Dennis Lehane sólo se ha leído un libro en los últimos diez años, no sé yo si “True detective”. No sé yo.

Balbino López Bouzas

 

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