Críticas marcianas

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15.02.2016

Reconozco que disfruto más leyendo una crítica negativa que una positiva. No sé si culpar a mi naturaleza de español, que me obliga a la envidia, pero una buena crítica negativa suele resultar divertida, ingeniosa, irónica, sarcástica y, si el criticado no nos cae demasiado bien, podemos llegar hasta a celebrar la crueldad y el ensañamiento. Tal vez debiera ocultar que paso muy buenos ratos viendo cómo despedazan la obra o el esfuerzo de una o varias personas o, al menos, sentirme avergonzado por ello, pero, a estas alturas, para qué vamos a disimular.

Pero que me gusten más las críticas negativas no quiere decir que no me gusten las positivas. De hecho no sólo me gustan, sino que, además, las admiro. Las críticas negativas son relativamente fáciles de escribir o de hacer. Sólo has de buscar la rendija por donde colarte o el lugar donde clavar el colmillo. El resto sale solo. Distorsionas un poco, ridiculizas poniendo los espejos cóncavos (o convexos. O los dos) en el lugar que te apetezca, haces un par de comparaciones denigrantes y ya la tienes hecha. Sencillo.

Destruir es fácil. Construir ya es otra cosa. Y por eso admiro las buenas críticas positivas, especialmente aquellas que están escritas desde el entusiasmo y que, con datos y argumentos, te empujan sin pensar a escuchar un disco, a ver una película o a leer un libro. Y las admiro especialmente porque las veo muy difíciles de hacer.

Pongamos un ejemplo. Me acabo de terminar Crónicas marcianas de Ray Bradbury y me ha gustado mucho. Podría añadir que me ha parecido fabuloso, tremendo, espectacular, glorioso y no sé cuántas cosas más. Pero esto no es una crítica positiva. Esto es un comentario de barra de bar. Hace falta algo más. Bien, empezaremos por el principio. Crónicas marcianas es una colección de relatos relacionados entre sí que pueden ser leídos de manera independiente. Suele encontrarse este libro en las estanterías de “Ciencia ficción”, aunque encasillarlo ahí sería como decir que Los viajes de Gulliver de Swift es una novela juvenil de aventuras o que John Ford hacía películas de vaqueros. Bien, la acción transcurre en el futuro (entre los años 1999 y 2026. Señores, estamos en el futuro) en Marte (iba a escribir sobre la superficie del planeta Marte. Me ha dado un escalofrío) pero volvemos a aquello del qué y del cómo. Bradbury cuenta lo que quiere contar y lo sitúa donde quiere y cuando quiere. ¿Ciencia ficción? ¿Porque salen cohetes y marcianos?

Seguimos… buenísimo. Me ha encantado. Un libro maravilloso. Tratando de alejarnos de la barra del bar y de hacer una crítica positiva mínimamente presentable recurrimos al viejo truco de buscar opiniones ajenas y de hacerlas propias. No me hace falta irme muy lejos puesto que el prólogo es de Jorge Luis Borges. En él, Borges escribe sus cosas de Borges puesto que cita a gente como Luciano de Samosata, Ludovico Ariosto o Giordano Bruno y dice «Discurso sobre la posibilidad de una travesía», «Somnium astronomicum» o «dark backward and abyssm of time», aunque también añade «¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y de soledad?». Y con esto nos quedamos. Realmente que Bradbury sea de Illinois pienso que es irrelevante puesto que el mismo libro escrito por alguien de Alconchel o de Villaencina me habría causado el mismo efecto. Pero sí que es cierto que el terror y la soledad te acompañan durante la lectura. Y el desconcierto. Y la sorpresa. Y la simpatía. Y el odio. Y la resignación. Y la desesperación. No es una comedia, como se puede comprobar, pero un libro que nos zarandea a Borges y a mí (no sé si por ese orden) y nos crea esa fascinación y ese desasosiego… pues eso. Que debe de ser bueno. Muy bueno.

En mi afán de disimular de que soy incapaz de construir una buena crítica positiva podría seguir recurriendo a otras opiniones pero prefiero terminar ya con un argumento que podríamos considerar incontestable: la estadística. Confeccionó Le Monde una lista con los cien mejores libros del siglo veinte (joder, me he leído veintitrés de los cien, incluidos las ocho primeros) y, ¿cuál figura en septuagésima posición? Efectivamente, Crónicas marcianas. ¿Podemos Le Monde y yo estar equivocados? Hombre…tal vez (aunque yo la habría incluido entre las veintitrés primeras), pero no creo.

Y, tratando de concluir de una manera decente, remataré esta crítica de la única forma en que soy capaz. A mí este libro me ha gustado mucho. Pero mucho. Y me ha parecido bueno. Muy bueno. Rematadamente bueno. Y ponme otro botellín.

Balbino López Bouzas