Millones de años después del Big Bang
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Posted: 25-August-2010, 8:26am CEST by admin

Una novela es un laberinto, y en contra de la opinión, todo laberinto tiene dos puertas, la entrada y la salida. En el conjunto del laberinto, en su máquina misma, las puertas están como en otra dimensión, comunican con el exterior.
Supongo que lo mismo ocurre en las novelas. En Balada de las noches bravas la puerta de entrada al laberinto se halla en Pekín, y la puerta de salida en un lugar junto al mar que poco tiene que ver con Asia.
Pero a su vez, esa salida junto al mar representa una nueva entrada en el laberinto y en la espiral, porque nada se cierra de verdad, a menos que sobrevenga la muerte.
Eso voy pensando mientras me dirijo en plena noche por la rue Servandoni, cerca del Jardín de Luxemburgo. Miro el cielo, parco de estrellas, y luego miro una puerta.

Aquí viví, pienso, dos números más adelante que Roland Barthes. En aquella época, a veces examinaba lo que Barthes tiraba a la basura para descubrir los secretos de su alma.
Una vez tiró una muñeca hinchable con un falo incorporado, pero eso no está en la novela porque me lo acabo de inventar.
Junto al jardín subo a un taxi, llego a la Coupole y Pablos me dice:
-Una mujer ha preguntado por usted. Yo, que siempre velo por su persona como ha quedado miles de veces demostrado, le he dicho muy amable: ?¿Tendría la amabilidad de decirme para qué requiere la presencia del caballero que acaba de mencionar?? Ella ha mirado inquietantemente su bolso y me ha dicho a bocajarro: ?Para matarlo?. ¿Hemos de llamar a la policía?
-No.
Pablos ha mirado al techo y ha dicho:
-¿En qué nuevo lío se ha metido usted?
-En ninguno. En los últimos tiempos lo único que he hecho ha sido escribir una novela.
-Entonces debe ser una loca.
-¿Sabes una cosa, Pablos? Estoy convencido de que cuando tienes una novia, la tienes para siempre. Mi vida está llena de novias para siempre. ¿La tuya no?
-La mía ?dijo con cinismo-, está llena de novias de cinco minutos y pico. ¿Qué quiere tomar?
-Lo de siempre.

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Posted: 11-August-2010, 1:30pm CEST by admin

He aquí un joven pensador. Me gusta esta estatua del Jardín de Luxemburgo. En general se suele representar al pensador o bien maduro, o bien anciano, ya a punto de morir. ¡Qué desvergüenza! Mirad, este pensador del jardín no ha sobrepasado la adolescencia, casi como algunos pensadores adolescentes de Balada de las noches bravas. Cuando eran chavales, estaban ya pensando en embrión, en esencia, lo que pensarían más tarde en París, en Ginebra, en Pekín, en Roma.

¿Llevamos cada uno nuestro propio pensamiento, por encima y por debajo de toda influencia?

¿Es el pensamiento un atributo de la madurez? ¿En qué pensamos a esa edad en la que (según dicen) no sabemos pensar? ¿Los sueños de la infancia y la adolescencia son ya una forma de pensar?

¿Y qué amamos a esa edad en la que (según dicen) no sabemos amar?

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Posted: 3-August-2010, 1:53pm CEST by admin

Acabo de llegar a París y es de noche, buen momento para seguir corrigiendo en La Coupole la Balada de las noches bravas.
Pero, ¿qué es la noche? Consulto en un diccionario que siempre llevo conmigo el origen de la palabra, y veo varias raíces indoeuropeas que me interesan:
Nek: muerte.
Nek: negación.
Nekw: noche.
¿En su origen la noche estaba vinculada a la negación y la muerte? ¿Y ahora no?
La noche es negación del día, pero también es afirmación: afirmación de la oscuridad, del deseo, del sexo, del desenfreno, del sueño (que es una imagen de la muerte) y que posibilita la resurrección todos los días.
Pablos, uno de los camareros de La Coupole que me conoce de toda la vida y al que suelo dar grandes propinas para que me ilustre acerca de casi todo, acaba de servirme un calvados (mi bebida preferida) y musita:
-¿Cómo le ha ido a vuesa merced por NY?
Pablos es un bromista crónico y me habla siempre en español antiguo.
-Oh, muy bien, me querido príncipe de Sajonia. ¿Y cómo le ha ido a su alteza por La Coupole?
-Peor de lo que deseaba un humilde servidor de vuesa merced. Padezco mal de amores por culpa de una camarera de Flandes que no atiende a mis súplicas en medio de la nekw de París.
-¡Santo Dios! ¿Sabes indoeuropeo?
-Algo sé. Vuesa merced no debiera ignorar que hoy día los camareros hemos de ser políglotas.
-Sí, de acuerdo, pero llegar hasta el indoeuropeo?
-Ja, ja. Acabo de leer sus apuntes. ¿De modo que en indoeuropeo noche se dice nekw? ¿Me voy a apuntar la palabreja para mi jerga personal?
Pablos se va y yo sigo pensado: muerte, negación, oscuridad. Pero la noche es mucho más. Yo, por ejemplo, nací de noche, por eso me gusta tanto la noche. Fue mi primer hogar.
Y de noche me invaden siempre los recuerdos: por este café pasaron muchos de los personajes de la novela, aquí se amaron y se odiaron, aquí se besaron y discutieron, aquí hicieron pactos que no iban a cumplir. Aquí gozaron y sufrieron? Ah, la nekw de París: vida, afirmación y puerta inmensa del día cuando ya están muy cerca las luces del alba. Habla, memoria, habla.

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Posted: 16-July-2010, 12:19pm CEST by admin

Como no me apetece hablar con Palmira corto la llamada brutalmente y sigo con las galeradas, que me interesan mucho más que los ires y venires de esa pantera enmascarada.
Repaso algunos de los personajes históricos que aparecen en la novela: Mao y Audrey Hepburn entre otros. Yo no conocí personalmente a Mao, fue mi tío Camilo Torres el que lo conoció en Pekín, ciudad en la que se inicia la novela. Sí que vi en cambio a Audrey Hepburn, en el rodaje de Robin y Marian y en alguna otra ocasión. Una tarde Audrey nos dijo, a mí y a otros amigos:
-Aún no sabéis lo que es la destrucción.
¿Qué quería decirnos la diva con aquella sentencia? Vuelve a sonar el teléfono. Palmira ruge: su naturaleza salvaje se hace cada vez más evidente. Ruge y ruge y ruge y me ordena que quedemos para desayunar en una cafetería de la calle 42.
Y quedamos. Ya en la cafetería, la miro con gravedad y digo:
-Agradezco tu presencia pero no tenía previsto volver a verte. Realmente no te necesito. Mi vida en NY es tremendamente agradable sin ti.
Palmira contuvo el deseo de darme un tortazo. Yo seguí:
-Esta misma noche estoy invitado a la Cena del Gourmand en el hotel Bonaparte. Ya sabes: esmoquin de rigor, sonrisas amables, diplomáticos de doble y triple vida, tiburones con pajarita. ¿Te imaginas un tiburón con pajarita? ¡Qué cosa más hermosa, Dios mío!
Palmira abrió mucho los ojos y clamó:
-¿No me vas a llevar contigo?
-No.
Ahora sí que me dio un tortazo como los que solían dar antiguamente las mujeres en las películas en blanco y negro, y que sentí como un zarpazo salvaje. Luego salió corriendo del establecimiento. No la seguí. Era un alivio saberla de pronto lejos. Era un verdadero alivio. Ya me lo había dicho la mujer del turbante: tienes que colocarte en la situación mental del desafecto, tienes que creértelo de verdad, tienes que borrarla de tu mente. Todo lo que en ti es indiferencia se convertirá en ella en deseo. ¿Me das un beso, pichoncito? Me había dicho la mujer del turbante tras su consejo. Y yo se lo había dado. ¡Santo Cristo, fue como besar a Deméter una tarde muy amarilla! Salí de la cafetería envuelto en aquel recuerdo, encendí un cigarrillo a la salud de la Organización Mundial de la Salud, miré los rascacielos y me dije: ¡Qué felicidad más venturosa, me siento como Shiva y ahora podría ponerme a bailar encima del Universo!

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Posted: 12-July-2010, 1:06pm CEST by admin
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La posesión, la unión… Sí, puede que todo eso sea el amor, aunque de todas formas yo nunca deseo poseer la mente del otro. ¡Qué pesadilla! ¿Cargar con otro laberinto mental además del tuyo? Oh, no, que cada una aguante su cerebro en esta feria. Aunque no siempre fue así, pienso mientras me sirvo otra copa de Château d´Yquem.
Château d´Yquem es uno de los vinos más excelsos del mundo. Se elabora con uvas que han adquirido la enfermedad llamada de la ?podredumbre noble? y la divisa de la casa es: ?A mala fortuna buen corazón?.
Es inexplicablemente hermoso su sabor: la obra maestra de la estética francesa.
Está amaneciendo y todavía queda una copa gloriosa; todavía tengo sobre mi mesa un vaso de podredumbre noble diluida, que me ayuda a ponerle una sonrisa a cualquier tiempo, porque como dicen los Yquem, a mala fortuna cara de luna guapa, y cara de sol también.
Mientras consumo muy lentamente la última copa siento que el tiempo se va adensando, que se va llenando de podredumbre noble, y empiezo a pensar en los amigos muertos que van desfilando por la novela que estoy corrigiendo. Algunos fueron muy famosos, otros no tanto, y se llevaron muy lejos sus recuerdos más fascinantes, como aquel replicante que recordaba haber visto naves más allá de Orión.
¿Con uno de mis amigos muertos tomé una vez una copa de Château d´Yquem en París, hace bastante tiempo? Creo que sí, juraría que sí.
Un personaje de El inocente de Visconti le dice a otro: ?Tulio, tienes dos enemigos y los dos son invencibles porque los dos están muertos?.
Todo muerto que nos amó puede convertirse en un vampiro etéreo, porque puede vampirizar nuestra mente, colonizarla, tentarnos como nos tentaba el Diablo cuando creíamos en él. Conocí a una mujer que sale en la novela y a la que su novio muerto le decía: ?Fóllate a todos y no me decepciones más, amada mía?. Mensaje sepulcral que la obligó a convertir un banquete fúnebre en una orgía.
De pronto suena el teléfono. Es Palmira.
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Posted: 29-June-2010, 11:38am CEST by admin

Sigo con las galeradas de mi última novela: estoy leyendo un párrafo donde un niño habla de los vampiros etéreos y de los muertos que nunca mueren, luego me detengo en otro donde se habla de las profundidades abismales a las que a veces puede llegar el amor-pasión en la infancia. Oigo golpes en la puerta. Abro: es el hombre del garfio. Tiene rostro de ave rapaz, lleva un delantal blanco y una pajarita negra. Como miro con aprensión el gancho que surge de la manga de su levita, sonríe y susurra:
-No se preocupe. Soy jefe de cocina y me viene muy bien cuando tengo que cortar carnes. Con el garfio las sujeto y luego con la mano derecha manejo el cuchillo. Pero centrémonos en el asunto que me ha traído hasta aquí. Verá usted, queremos invitarlo a la Cena del Gourmand, que organizamos todos los años para los clientes más habituales del hotel Bonaparte. Se celebra mañana y le esperamos. Habrá muchos diplomáticos.
-¿Por qué?
El hombre se encoge de hombros y murmura:
-Cosas del destino y a la vez no. Les encanta el Bonaparte, como aquí tenemos la manga muy ancha para todo? Venga a la cena con esmoquin y olvídese de los cigarrillos. Solo se podrá fumar puros habanos. Nos los envía de vez en cuando un gerifalte cubano amigo de mi cuñada. Respecto al esmoquin, conviene que sea negro. No nos gustan el esmoquin rojo, el lila, el azul? Aunque una vez un filipino vino con un esmoquin verde. Horror, horror? Ah, y si tiene usted una bella acompañante, también puede traerla, siempre que le advierta que va a ser un banquete de tiburones. ¿Quiere algo para cenar?
-Sí. Quiero faisán con salsa de almendras y una piña tropical muy fría.
-¿Para beber?
-Château d´Yquem.
-Alabo sus gustos, caballero. ¿Es usted de la familia Plantagenet?
-No.
El hombre del garfio se marcha. Vuelve a mi cuarto la calma y sigo con las galeradas. Regreso al tema de los amores salvajes: pueden establecer pactos, pero los rompen. Son la negación de la palabra. ¿Eso los haría más infernales o más celestiales? ¿Y si se lo preguntase al jefe de cocina del hotel Bonaparte? Parece un hombre muy sabio.
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Posted: 31-May-2010, 10:50am CEST by admin

Domingo por la mañana. Me hallo en un café de la Primera Avenida cuando empiezo a ver una manifestación. Normalmente, suele ser el domingo el día en que los neoyorquinos se manifiestan. En domingos así he visto manifestaciones de empleados de la banca, de empleados del ayuntamiento, de gordos, de flacos?, pero esta manifestación, que más que ver vislumbro tras las persianas estriadas del café, parece un tanto extraña. ¿Se tratará de una manifestación de bigotudos?

Salgo del café y con terror compruebo que todos parecen Nietzsche. Miles de Nietzsches avanzando por la avenida: Nietzsches gruesos, delgados, bajitos, altos? Aunque lo más sorprendente es que también veo a Nietzsches afroamericanos y hasta algún afrocubano, con sus bigotes de foca y sus ojos extraviados? Lo primero que pienso es que no puede ser posible. Me acerco a un viandante y le pregunto:
-Oiga, caballero, ¿qué estamos viendo?
-¿No lo adivina? Es una manifestación de Nietzsches. El domingo pasado hubo una manifestación de Elvis, y dos domingos antes una manifestación de Marlenes Dietriches. ¡Esa sí que fue asombrosa!
-Y cómo es que hay tantos Nietzsches?
-Han venido de todo el imperio. De Nevada, de Oklahoma, de California, de Puerto Rico (estado asociado), de Tejas, de Arizona?.
El hombre se aleja y yo subo por una escalera de incendios hasta el séptimo pido para poder ver mejor el espectacular despliegue de filósofos, fabricados como quien dice en serie, dirigiéndose a paso firme y resulto hacia el río. ¿Para ahogarse?
De pronto, es como si experimentara, en medio de la Gran Manzana, el abismo de la repetición. Y todos esos Nietzsches habrán leído como yo Así hablaba Zaratustra, pienso. Es posible que incluso lo hayan escrito con su puño y letra? Y todos habrán especulado sobre el Superhombre, sobre Superman, sobre el Capitán América, y todos asumirán la teoría del eterno retorno: de hecho la están encarnando en esta hermosa mañana dominical en la que creo ver a todos los Nietzsches de todos los universos, paralelos o no, coincidiendo en Nueva York. Empiezo a notar fiebre, una fiebre metafísica que no había experimentado nunca, y esa misma mañana me compro en una droguería una cuchilla de afeitar y?

?decido afeitarme el bigote para siempre. No quiero que me confundan con uno de ellos. Ya lo estoy haciendo en el lavabo del café cuando desde la calle empieza a llegar una multitudinaria canción que dice:
El día que yo nací
nació el superhombre
y en la pila del bautismo
cantaron los mujigongues.
Señoras y señores, esto es América, me digo a mí mismo sintiéndome casi un recién nacido. Salgo de nuevo a la calle. Un hombre que contempla extasiado la manifestación me dice:
-Mi hijo es uno de ellos: el del traje rojo y gris. El año pasado escribió ?El Anticristo? y un año antes ?Genealogía de la moral?. Son libros sombríos y a la vez radiantes. Parecen escritos por un alemán, pero nosotros somos de Alabama. ¿Conoce la canción? ?En Alabama se quedó mi amor/, oh Dios, permíteme regresar/ en sueños junto a Leonor/. En Alabama se quedó mi amor??
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Posted: 18-May-2010, 9:43am CEST by admin

Desconfiad de vuestras palabras más crueles.
Atended a las corrientes más sensibles de la noche.
Pensad en los que se han perdido.
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Posted: 26-April-2010, 11:02am CEST by admin

El otro día mi hermano Hermenegildo me regaló una pintura de nuestra familia. Es una pintura magnífica y magnética: una obra de arte total. Y en esa pintura está Héctor Guzmán, con el antifaz negro que le regaló una dama del Véneto. Allí están también mi tío Jeremías el Batallador, azote de los turcos, y mi primo Pascual, el anacoreta. Y allí están también mi prima Clara, mi prima Palmira y mi primo Benjamín, que la pasada primavera mató un oso.
Cuelgo la pintura de la pared y me pongo el sombrero que me ha traído Hermenegildo, y que mi prima Palmira compró en Constantinopla pensando en mí. Dicen que perteneció al emperador Justiniano. Tiene demasiadas piedras preciosas y como no me gusta la ostentación supongo que acabaré regalándoselo a mi madre.
Dejo el sobrero sobre el tablero de ajedrez y recuerdo el año pasado en San Ován. El cielo lleno de estrellas, el vino blanco de Rodas, las rosas de Paros, y aquella terraza sombría donde Clara y Palmira me contaban al oído historias tenebrosas: hombres que surgían del corazón de la noche, caballeros que iban por el mundo buscando su cabeza, niñas que se convertían en panteras rabiosas y atacaban a los caminantes, leprosos que invadían por la noche las alcobas y succionaban la sangre de sus víctimas. Me contaron que en San Juan de Acre un leproso vampírico les había perseguido por una calle. Creyeron que los cabellos se les volvían blancos.
Que milagro el del arte, pienso de pronto. Un simple retrato de familia ha conseguido arrastrarme hasta aquellas noches tan amables, cuando el vino sabía a delicia y todos los rosales florecían en los jardines de San Ován. Estoy tan contento que me pongo a cantar:
Dulce, dulce Palmira,
tenemos que volver a vernos
en los jardines de San Ován
antes de que llegue el invierno
y regrese de las Cruzadas
el Guerrero Del Antifaz.
Dulce, dulce Palmira,
tenemos que volver a vernos
en los jardines de San Ován.
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Posted: 9-April-2010, 12:16pm CEST by admin

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Me dijeron en Andira que todo se mueve por ondulación. Vivimos por ondulación y por ondulación morimos.
Una buena casa para ellos es una casa que se ondula, y sobre todo cuando llegan los vientos huracanados o cuando llueve a cántaros.
En Andira conocí la historia del arquero de Jesof. Una tarde, en la plazuela junto al templo de Goteg, me contaron que el arquero de Jenof nunca pudo acabar con Salidus (que había nacido en los idus de marzo hace veinticuatro siglos). Pero existía una razón sin peso para que el arquero de Jenof no pudiera abatirlo: Salidos se movía por ondulación. Cuentan en Jenof que para matar a Salidus el arquero de Jenof tendría que haber utilizado saetas ondulantes y un arco-ondulación, como los que usan los caduceos. Pero ya era demasiado tarde. Salidus había cruzado la frontera del sonido, que se mueve por ondulación. El arquero de Jenof tuvo que suicidarse clavándose una saeta en el hígado. Pidió que arrojasen su cadáver al río, en un recodo lleno de remolinos, en un abismo de ondulación.
Me dijeron que Andira que las culturas penetran unas en otras por ondulación, (y que cuando lo hacen por conquista, armada o no, no es verdadera penetración). También me dijeron que las lenguas penetran unas en otras por ondulación. Y hasta se trasforman en otras siguiendo la ley de la ondulación. Las lenguas que hablamos, claro, y también las lenguas que llevamos en la boca, carnales, ondulantes, poderosas.
Todos buscan la ondulación: el agua, el camaleón, el bambú, el universo en expansión y el humo que va ascendiendo desde mi pipa moruna a los techos dorados del pabellón Tarenkal se mueven por ondulación.
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