La soledad del corredor de fondo

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    MIS LIBROS

    Posted: 23-March-2010, 7:23pm CET by José Luis Muñoz
    La Vanguardia
    José Luis Muñoz gana el IV premio
    Ciudad de Carmona de Novela Negra
    'La Frontera Sur' ha sido , según el jurado, narra "la línea divisoria que separa dos mundos tan dispares pero tan próximos como Estados Unidos y México"
    Sevilla (EFE).- El escritor José Luis Muñoz ha sido el ganador del IV Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona con su obra 'La Frontera Sur', que recibirá el galardón esta tarde en el ayuntamiento de esa localidad sevillana.
    Según explica la editorial Almuzara en una nota, el jurado, compuesto por el escritor y guionista Fernando Marías, el novelista argentino Guillermo Orsi y el editor Javier Ortega, ha valorado para la concesión del galardón "la vívida y certera descripción de ambientes, así como la construcción de una sólida trama ambientada en la línea divisoria que separa dos mundos tan dispares pero tan próximos como Estados Unidos y México".
    Así, han destacado que los protagonistas "se ven arrastrados por una vorágine de pasiones, donde imperan el crimen y el instinto de supervivencia."
    La procedencia de los aspirantes ha sido muy variada ya que, de los más de setenta manuscritos que han optado al galardón, algo más de la mitad provienen de España y el resto de países iberoamericanos como Cuba, Uruguay, Argentina o México. El premio está dotado con seis mil euros gracias a la colaboración de la Fundación Carriles López y la novela entrará a formar parte de la colección Tapa Negra de Almuzara, donde han publicado grandes maestros del género negro como Lorenzo Lunar, Amir Valle, Guillermo Orsi, Qiu Xiaolong, Leo Coyote, Yasmina Khadra o González Ledesma. Según la editorial, 'La Frontera Sur' es una novela negra con la que Muñoz regresa al lado más duro del género para ofrecer una turbadora historia por la que transitan amantes que aspiran a un paraíso ficticio, policías corruptos y sanguinarios, sicarios y asesinos psicópatas.
    José Luis Muñoz (Salamanca, 1951), escritor, articulista y viajero, tiene una extena trayectoria en la narrativa negra española, con títulos como 'El cadáver bajo el jardín', 'Último caso del inspector Rodríguez Pachón' o 'El corazón de Yacaré'.
    Entre los premios recibidos a lo largo de su carrera destacan el Tigre Juan, el Azorín, La Sonrisa Vertical, el Café Gijón, el Camilo José Cela y el Ciudad de Badajoz de Novela.

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    LA FRONTERA SUR (Almuzara, 2010) IV Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona

    El territorio de Mike Demon, un vendedor de seguros de vida apacible y acomodada, se extiende desde Los Angeles hasta el sur de California. La suya es una existencia aparentemente normal y encarrilada, marcada por el nomadismo de su oficio, hasta que un día cruza la frontera de México y aparece en Tijuana. Su vida experimenta un brusco giro cuando conoce a Carmela, la guapa camarera de un restaurante de la peligrosa ciudad fronteriza, y nace entre ellos una pasión tan estimulante como peligrosa con la que Mike Demon bordeará el abismo y conocerá los peligros y las miserias del Tercer Mundo que aparece agazapado a sólo un tiro de piedra del Primero. Ya nada va a ser igual y el coste de esa aventura, en la que queda atrapado, será muy caro.
    La frontera sur es una novela de género negro y pasiones descontroladas a uno y otro lado de la línea divisoria que separa dos mundos tan diferentes, pese a estar tan próximos, como son los Estados Unidos y México, que representan dos formas de vida contrapuestas, pero es también una historia de amor, trágica y llena de sufrimiento, en la que los dos protagonistas se ven arrastrados por el fatalismo de su difícil relación en un mundo en donde impera el crimen, el desorden, la violencia y el instinto de supervivencia.
    José Luis Muñoz regresa a lado más duro y oscuro de la novela negra para ofrecernos un paisaje desolado por donde deambulan maridos que engañan a sus esposas, amantes que aspiran a una vida mejor soñando con un paraíso ficticio, policías corruptos y sanguinarios, polleros que mercadean con personas, empresarios sin escrúpulos, sicarios y psicópatas asesinos en un territorio fronterizo en donde la vida humana vale bien poco y pende siempre de un hilo.
    Una novela brutal, pero también tierna, que es un paseo por el infierno interior del ser humano.

    CRÓNICA DE UN PREMIO MANTENIDO EN SECRETO
    Cuando veinte días atrás, dentro del más absoluto secretismo, me comunicaban desde Almuzara que LA FRONTERA SUR era el IV Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona me dio un vuelco el corazón. Por una parte la satisfacción por colocar a un hijo ? quien escriba entenderá perfectamente ese sentimiento de paternidad del autor hacia su criatura ? y olvidarte de él y por otra la inmensa responsabilidad de lanzar un nuevo libro, el 27, a los escaparates de las librerías y someterlo al juicio de sus lectores.
    A partir de esa fecha me encerré en un trabajo duro de relectura y corrección, a veces agotador ?siempre digo que ése es el momento menos agradable de la creación que se supera, imagino, como en el parto, porque la criatura es hermosa y ya va a salir ? en el que conté con la inapreciable ayuda de una amiga mexicana que, desde la otra orilla, no dudó en echarme una mano con los mexicanismos de los diálogos.
    En días posteriores me enviaron el diseño de la portada desde la editorial: me pareció magnífico el trabajo realizado que reflejaba de forma muy gráfica la novela, porque en esa serpiente de cascabel que separa esa frontera entre la ciudad y el desierto, marcada por el vistoso lazo rojo, está resumida la esencia del libro.
    Carmona es una hermosa ciudad cuyo único inconveniente es, como dijo su alcalde Antonio Cano, en un aparte, es hallarse muy cerca de Sevilla. Y ya que entramos en época de confesiones no resulta baladí decir que la decisión que tomé de concurrir al premio que lleva el nombre de la ciudad sevillana vino después de un memorable paseo por sus calles hace poco más de siete meses de la mano de la fotógrafa mejor del mundo.
    Un póster con la portada de mi novela colgaba de la fachada del esquinado ayuntamiento. El día estaba algo desapacible. La atmósfera no era diáfana. En una terraza, ante un par de cervezas, una charla con Ricardo Bosque, el director de Punto38, trasladado en AVE hasta el evento, y la mujer que mejor me fotografía, quemó las horas previas al acto.
    A las 8 y media del día de San José era el acto de entrega del premio. Antes, Juan Ramón Biedma, escritor sevillano que hace muchos años forma parte de esa gran familia de escritores negrocriminales, teorizó sobre la novela negra, trazó su estado actual, que es de buena salud, con o sin los nórdicos. Habló el promotor del premio, de la Fundación Carriles López, a continuación, que es el que desinteresadamente pone sobre la mesa su dotación económica. Lo hizo luego el Delegado de Cultura de esa maravillosa y espectacular ciudad sevillana que es Carmona, Don José Miguel Acal Fernández, que se arrancó luego a cantar, después de los vinos, y nos regaló un maravilloso recital. Y cerró Manuel Pimentel que elogió la novela premiada y desentrañó, sin destriparla, sus entresijos.
    Subió luego al estrado Javier Ortega, el director de la prestigiosa colección Tapa Negra, para dar cuenta del veredicto del jurado formado por él mismo, Fernando Marías y Guillermo Orsi. Y yo, a continuación, para, tras defender la vigencia de la novela negra y resaltar su vertiente como útil de denuncia, desear ser digno continuador de los que me han precedido en este prestigioso galardón, Antonio Lozano, Guillermo Orsi y Amir Valle, y hacer notar que lo que recibía el día de mi santo eran tres premios en realidad: uno, ganar el premio en si, lo que para mí es un honor dado el enorme prestigio y que concurren excelentes escritores de las dos orillas del mundo hispano; dos, publicar en la prestigiosa Tapa Negra de Almuzara y poderme codear con Guillermo Orsi, al que doy las gracias como miembro del jurado, Lorenzo Lunar y Amir Valle, mis queridos amigos cubanos, con el canario Antonio Lozano o el queridísimo Francisco González Ledesma; y tres, disfrutar de Carmona, una ciudad maravillosa dónde las haya que invito visiten todos los que me lean, sean o no aficionados a la novela negra. Pasamos luego, todos los presentes, a disfrutar de la cata de vinos Montilla de la mano sabia de Manuel Pimentel, en calidad de presidente de la denominación de origen, que sentó cátedra en su magisterio de educarnos para sacar el máximo partido al elixir de la uva transformado en amontillado, fino o Pedro Ximénez. Bebimos besando las copas con cuidado, saboreando cada gota después de haberla admirado al trasluz y aspirado su aroma. Cundieron aquellas copas de cata porque se paladearon a conciencia y se sacaron de ellas su esencia.
    Esa noche mágica se prolongó hasta la madrugada con el explosivo combinado de vino, tapas, arte flamenco y literatura negra. Al guitarrista lo tenían secuestrado y los cantaores se iban animando, tantos que hasta Ricardo Bosque a punto estuvo de soltarse con una jota.
    Y todo casaba a la perfección.
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    EL ARTÍCULO

    Posted: 23-March-2010, 7:11pm CET by José Luis Muñoz
    La Jornada Semanal, Ciudad de México, 26.10.2004

    LO QUE BOGEY NO DIJO
    Ricardo Bada


    Encuentro en una revista holandesa un artículo que se titula Lo que Bogart no dijo, dedicado a frases de películas de Hollywood que se han hecho famosas y hasta proverbiales. La razón del título es bien clara, poniendo los puntos sobre las íes acerca de que Humphrey Bogart jamás dijo en Casablanca aquello de ?Play it again, Sam!? que tan recalcitrantemente se le suele atribuir. Y que es tan inventado como la ambigua seudocita de Don Quijote, ?Con la iglesia hemos topado, amigo Sancho?, una frase que Cervantes no escribió jamás. Tampoco Bogey dijo lo de ?Play it again, Sam?, y si prestan atención a la escena en que Rick se dirige a Dooley Wilson, el pianista, para pedirle que toque de nuevo As time goes by, sus palabras textuales son las siguientes: ?Play it!? a las cuales agrega: ?La tocaste para ella, puedes tocarla para mí?.
    En la misma Casablanca, por cierto, hay otra frase de Bogey (?Here?s looking at you kid?)
    que se ha vuelto locución habitual en Alemania, pero en la versión del doblaje, que traducida
    al castellano viene a significar algo así como ?Mírame a los ojos, pequeña?.

    Quiso la casualidad que el mismo día que leía ese artículo pasaran por la tele Forrest Gump, donde Tom Hanks epitomiza su filosofía de la vida diciendo: ?La vida es como una caja de bombones. Al escoger uno no sabes de qué estará relleno?, frase una palabra más larga ?en el original y en la traducción? que la emblemática de Marlene Dietrich, ?Necesité más de un hombre para cambiar mi nombre por el de La Lirio de Shanghai?, que a su vez es más larga que la de Clark Gable/Rhet Butler al despedirse de Vivian Leigh/Scarlett O?Hara en Lo que el viento se llevó (?Francamente, querida, me importa un bledo?), y esta a su vez más larga que la de Greta Garbo, su patético ?Quiero estar sola?, que sólo cede el primer puesto en precisión y laconismo a la epifanía con que culmina Some Like it Hot: ?Nobody is perfect!?.

    Se nos aparecen como muy lejanos, casi prehistóricos, aquellos tiempos en que Gary Cooper le hacía la competencia a Séneca y La Rochefoucauld al final de El jardín del Diablo: ?Si este planeta fuese de oro, los hombres se matarían por un pedazo de tierra?. No menos lejanos resultan los de otra frase de Casablanca, en el primer THE END protagonizado por dos varones: ?Me parece que este puede ser el principio de una buena amistad?. El progreso se condensa en las escuetas dos palabras que cierran Toro salvaje: ?Yo no?. Con alguna que otra variante posterior, más digna del poliéster que del bronce, por ejemplo la de Arnold Schwarzenegger en The Terminator: ?¡Volveré! ¡Hasta la vista, baby!? Y una más que le debemos a Clint Eastwood en su cuarta aparición como Dirty Harry (Sudden impact), al decirle al gángster que va a echar mano a su revólver: ?Go ahead, make my day (Adelante. Justifica mi jornada)?, nueva demostración del epigrama de Oscar Wilde según el cual la Naturaleza imita al Arte; recuerden que esa frase de Dirty Harry fue usada como argumento retórico por Ronald Reagan cuando se enfrentaba con sus enemigos políticos. Salvando las distancias, es como si el verdugo que lo iba a decapitar le hubiese dicho a Carlos Estuardo: ?To be or not to be?.

    Debo reconocer que en punto a frases cinematográficas recordables, este repertorio de clásicos siempre sirve para iniciar y/o animar alguna conversación. Pero si me preguntasen cuáles son las mías preferidas, tendría que responder que ninguna de ellas con excepción de ?¡Nadie es perfecto!?, que en su género sí es perfecta, ¡oh manes de Osgood Fielding III!

    No, yo prefiero generalmente otro tipo de frases, como por ejemplo la del amigo de Cary Grant en Houseboat cuando Grant observa cómo se queda mirando a Sophia Loren, y le advierte: ?Es tan sólo la niñera de mis hijos?, y el amigo le implora: ?¡Adóptame!? O en Ninotchka, cuando Greta Garbo le muestra a Melvyn Douglas la cicatriz en la nuca que le dejó una herida inferida a las puertas de Varsovia por un lancero polaco: ?¡Pobre, pobre Ninotchka!? exclama el buen Douglas, pero Garbo le replica: ?No me compadezca. Compadezca al lancero polaco. Lo maté después?. Y pues no hay dos sin tres, recordemos de Harry y Sally aquella escena justamente célebre del orgasmo simulado por Meg Ryan en el restaurante judío Katz?s Deli de Manhattan, escena que ?dicho sea de paso? fue grabada por un microfonista español de lujo, y cómo, cuando Meg termina, la cámara enfoca a una señora madura que le dice al camarero que está a su lado: ?Quiero exactamente lo mismo que ella?. Por cierto que esa comparsa es la madre del director de la película, Rob Reiner, y ningún malpensado debe malpensar oblicuamente en el complejo de Edipo: la escena no figura en el guión original de Nora Ephron (propuesto para el Oscar de aquel año), se le ocurrió a la propia Meg Ryan.

    Y siempre recuerdo también una frase de Cantinflas que acompaña uno de sus poquísimos chistes visuales, y es en la película Gran Hotel (uno sin Greta Garbo), cuando llega allá como huésped y el botones lo conduce hasta su habitación, le abre la puerta y se queda esperando la propina. Cantinflas se echa mano al bolsillo y le dice: ?Tenga, para el café?. Y le entrega una taza.

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    LOS LIBROS

    Posted: 23-March-2010, 7:03pm CET by José Luis Muñoz
    EL TESTIMONIO DEL BECARIO
    José Antonio Leal Canales
    Editorial Algaida, 2010
    336 páginas

    No es un recién llegado a estas lides el excelente escritor cacereño José Antonio Leal Canales, autor con media docena de títulos publicados que, en esta novela, con la que ganó la ultima edición del Premio Ciudad de Badajoz, demuestra un perfecto dominio de la técnica narrativa y construye un thriller original que transcurre en el universo de la docencia literaria, campo que el autor conoce sobradamente por su dedicación a ella, y tiene como protagonista al escritor Pablo Romano, profesor de Escritura Creativa contratado por la universidad de Parada ?póngase aquí el nombre de cualquier ciudad de provincias ?, que es encarcelado por violación y asesinato de su alumna más brillante y se siente víctima de una conspiración de su eterno rival del claustro con el que permanentemente está enfrentado.
    Con la envoltura de una novela negra, perfectamente armada, Leal Canales traspasa las fronteras del género y nos sirve una denuncia de determinadas prácticas mafiosas que practican algunas élites intelectuales y de las luchas cainitas entre iguales que ya forman parte de la idiosincrasia de nuestra piel de toro.
    Un paso adelante el de Leal Canales, del que recuerdo con muchísimo agrado su novela El fuego y las cenizas, que seguro servirá para afianzar su carrera literaria de largo aliento.
    JOSÉ LUIS MUÑOZ

    LOS AMANTES DEL HOTEL TIRANA
    Pedro Antonio Curto
    Ediciones Irreverentes, 2009
    148 páginas

    La novela con la que el vasco afincado en Gijón Pedro Antonio Curto ganó el IV Premio Nacional de Novela Ciudad Local de Loeches se puede leer como una tórrida historia de amor en la que dos amantes, la española Aida y el albanés Aslam, ritualizan sus encuentros amorosos en un hotel de una Albania que comienza a derrumbarse, o como una crónica de desengaños políticos, que van de ese viaje al pasado, a los ancestros del protagonista, combatiente por los ideales de una izquierda utópica en el bando republicano de la contienda civil española, al futuro, con su descendiente enrolado en las peligrosas bandas de delincuentes del este que asolan nuestro país.
    La novela de Curto, escrita con oficio, tiene cadencia poética, hurga en los abismos de las pasiones humanas, maneja con sabiduría los resortes del erotismo y consigue, desde el principio, sumir al lector en un ambiente de desencanto en el que se palpa la tragedia que escriben a cuatro manos el personaje masculino y femenino de la historia, aunque sea con el lenguaje de las caricias.
    JOSÉ LUIS MUÑOZ
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    LA FIRMA INVITADA

    Posted: 23-March-2010, 6:37pm CET by José Luis Muñoz
    BAJO EL SÍNDROME DEL MADROÑO
    JOSE LUIS BENITEZ

    Recuerdo la primera vez que visité el museo del Prado. Era sobre mediados de los sesenta... del pasado siglo. !Je, je, ha llovido ya! Entonces no era necesario hacer cola, pero sí había que esperar a que se despejase la entrada de tanto oferente de lotería, pobre abuela pedigüeña y los reventa papeletas de graderías y tendidos.
    -Pasa, pasa -me ofertó uno medio muletilla, echándose a un lado-. ¡Anda, aquí llegan tres jipis inglesas! A ver si ligo pá esta noche. No veas en la costa -guiñó, tascando un mondadientes.
    -Son suecas -le dije.
    -¿Suecas? ¿Y tú cómo lo sabes, muchacho?
    -¿No has oído que han dicho `esto es el colmo´? -le contesté de chanza-. ¡Pues porque son de Estocolmo!-rematé muerto de risa.
    En realidad, se trataba de tres lindas chavas argentinas.
    Parecía un encontronazo prematuro, ya en la cuarta fase sciencefiction, con El Bosco: con su ventana abierta al más para allá.
    Recuerdo que las salas estaban casi vacías, exceptuando los cuadros. Yo creo que la gente no tenía mucho interés por ver su retrato... ¿Para qué? Los mismos que colgaban allí de las paredes andaban por las calles todavía como fantasmas sin norte. O se parecían que ni calcados al pesado del vecino, chacinero por demás, y que por las noches tocaba el acordeón, entonando la revoltosa.
    Sí, es verdad, los turistas venían en masa. Pero esa gente desembarcaba en las playas para tostarse como cangrejos al calor de la paella, del tintorro y del poropopó, ritmo furibundo puesto de moda en la época. Por otra parte (seamos consecuentes), la mayoría no tenía ni la menor idea de quién era Velázquez, Goya, Murillo o Tiziano (que les sonaba a cinZano). Pero tampoco los de esta parte de acá de los piri(neos), por regla general, estábamos muy enterados de las cosas. Teníamos al Quijote -y lo sé de buena tinta- por un personaje histórico y aún no era extraño, si te dabas un garbeo por ahí, escuchar a un buenazo manchego de hogaza -guía de ocasión; siete hijos, una mujer, la madre, la suegra y tres cuñados/castigo, todos colgando de un jamón como el ahorcado del cadalso- asegurar a un grupo de japoneses bajo un sol tórrido nikón en mano que en tal mesón comieron (ñaca, ñaca) amo y escudero y salieron los dos muy satisfechos. O escuchar a un "forofo" (hincha) que Shakespeare era amigo del mítico futbolista Bobby Charlton y que jugaba de delantero en el Manchester United. Y un sinfín de anécdotas parecidas de lo más desternillante y pintorescas. Claro, eran otros tiempos. No existía el erasmo y la ue estaba todavía (huf, huf) más lejos que la Luna.
    Por aquel entonces, yo compaginaba insdistintamente las lecturas de Dostoiveski o Faulkner con el producto nacional... a lo bruto. Aparte de creerme Napoléon, César o Alejandro el Magno, según me cogiera el día. O Espronceda, Mme. Stäel, Lord Byron... o Sarah Bernhardt. ¡Oh, pobre osito de mí, iluso de lo foráneo!
    Así que merodeaba por los pasillos y estancias del museo más peripuesto que erudito, insuflado de ese olor penetrante de ciprés, a lo lanzas. Incluso fumaba en pipa... a lo tati.
    -Oiga, caballero, aquí está prohibido fumar -saltó el vigía.

    -Está apagada.
    -De todas formas sople ud. para otro sitio. ¿No se ha fijado en el cartel del ingreso? Pues se anuncia bien claro y con letras bien gordas, y debajo pone escupir.
    Pocas veces identificaba al cuadro con el pintor. Y de Goya sólo conocía La maja desnuda, que, por cierto, ignoraba que era suya (lo único eroticoide, icono del país, con alguna que otra casta venus de peinado pubis y orondo trasero). Y un momento creí verla saltando del cuadro muy pudorosa (¡huy, huy, que me guipan!) y salir corriendo para cambiarse en el de enfrente, ya vestida. Era arte de birlibirloque lo mío.
    Por mi lado cruzaba de tarde en tarde un grupito de colegialas con uniforme, más atentas a los visitantes y al bocata de chorizo medio envuelto en papel de estraza pringoso que a las explicaciones de la profe chicherone. Y seguramente enamoradas en secreto del protagonista del eterno serial el Fugitivo, inocente/culpable del asesinato de su esposa, que al final resultó ser -vaya si es curioso- descendiente de Erik el Vikingo.
    Tiernas pulcelas, por las noches suspirantes:
    En la torre medieval/
    aguardo anhelando en vano./
    Ya sabéis lindo Manrique,/
    doncel de abultado taco,/
    que si la escala rompiese,/
    os la cascáis a dos manos.
    ¡Ah, qué tiempos de exaltación, románticos a más no poder! De seguro, no volverán...
    También me acuerdo que, un poco aburrido, para dármelas de... algo, me acerqué a una pintora musesy (antes se decía "güena", a lo cazurro) que se andaba por allí vestida de existencialista trasnochada copiando Las Meninas, con su caballete y sus pinceles, concentrada en el vacío. No estaban los trazos aún bien delineados. El cuadro, en principio, podía representar cualquier otra escenificación, quizás los fusilamientos del 3 de Mayo, por aclarar. Y a mí se me ocurrió importunarla y le pregunté, más atrevido que conocedor del tema -¡hay que fijarse en la valentía de uno!-, si ella pensaba que conseguiría trasladar la luminosidad y la magia del original a su tela. Estábamos parloteando del barroco, no faltaba más. La mujer me miró sorprendida (yo también me sorprendí de que se sorprendiera y me sorprendí a mí mismo por lo que, sorprendentemente, acababa de afirmar para mi sorpresa totalmente sorprendido... Lo cual, en el lapsus que se creó con la confusión, se me había borrado de la memoria lo que antes dijese... El esfuerzo fue inmenso, agotador.). La artista parpadeó, se retiró un paso hacia atrás -casi a lo novilla/hemingway, capeando- y me atajó un poquito severa:
    -¿Es ud. periodista?
    -¡No!
    -Pues entonces no tengo nada que comentar.

    Me quedé más tieso que el convidado de piedra. Y me alejé convencido, super corrido esta vez, de que la señora sabía mucho más que yo... En aquella época, por supuesto, no sabía lo que sé hoy sobre el Arte. Que... ¿qué sé? ¡Eh? Pues que la pintura es alquimia: que todo arte es transmutación. Para prevenir la anticipación de los cambios futuros, diría Groucho Marx.
    Así que la próxima vez que visitemos un museo -por ejemplo, el museo Picasso- guardemos atención, silencio, reverencia... porque es seguro que el maestro estará contemplándonos a través de sus obras.
    Merci, mes amis.


    JOSÉ LUIS BENÍTEZ SÁNCHEZ nació el 14 de septiembre de 1951 en Cuevas de San Marcos, Málaga (España).
    A finales de 1965 se asienta en Madrid, obedeciendo al traslado de sus padres a la capital. En tiempos arduos -entre trabajo, lecturas y estudios-, se licencia en Antropología (Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Universidad Complutense).
    Antes de concluir la década de los sesenta se aventura a viajar por Europa, siguiendo la moda de la juventud de entonces, y realizando esporádicos trabajos en las etapas. Por estas fechas también frecuentaba las tertulias literarias del Madrid de la época, en donde la influencia del pasado artístico se mezclaba sabiamente con los representantes de las nuevas tendencias. Asímismo, recorría salas y "pubs" en donde se representaban recitales poéticos -y participando en ellos-, lo cual le supuso una experiencia de un valor incalculable para su aprendizaje de las Letras.
    Ha publicado algunas novelas y libros de poesía, de los que aquí se ofrecen como muestra algunos extractos y párrafos.
    Es miembro de ACE (Asociación Colegial de Escritores de España).
    http://www.joseluisbenitez.com
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    LA ENTREVISTA

    Posted: 8-March-2010, 8:06pm CET by José Luis Muñoz
    Esta entrevista fue publicada en El Correo a raíz de la publicación de LLUVIA DE NÍQUEL

    "GENTE DE PALABRA"
    Alvaro Bermejo



    Pregunta: Mike Demon, un vendedor de seguros que se pasa la vida en la carretera, se queda tirado por una avería a las puertas de Las Vegas. El pronóstico del tiempo, ¿ anunciaba lluvia?

    Respuesta: De níquel, una lluvia persistente que ensordece. En casi todas mis novelas, desde "Barcelona negra", el clima extremo juega un papel determinante, y en esta también. El calor sofocante del desierto que rodea esa ensoñación lumínica y artificial que es Las Vegas puede matar. Es un lugar muy especial, muy parecido a la idea que uno tiene del infierno, pero por donde nadie pasaría sino estuviera ubicada la meca del juego.



    P.: De Lluvia de níquel se ha dicho que es una novela de género negro. En realidad, ¿ no es más bien una historia de lo que le puede pasar a cualquiera en cuanto abandona la rutina?

    R.: Bueno, yo creo que esa es de las cosas que más puede inquietar al lector que se acerca a la novela, la de la posible identificación con el personaje, que es muy cotidiano, que es un tipo que comete pequeñas felonías - es infiel a su mujer casi por aburrimiento, como algo que forma parte de la rutina - y tiene ideas muy conservadoras y una noción del bien y el mal que le han inculcado desde pequeño un padre muy estricto. El incidente con su vehículo, que también es un hecho cotidiano, rompe con todas sus pautas, lo condena a una ciudad, Las Vegas, que detesta por muchos motivos pero que acaba succionándolo, vampirizándolo. "Lluvia de níquel" no es una novela negra convencional, no trata de delincuentes habituales, no hay psicópatas, salvo uno sorprendente, ni excesiva violencia. Lo más inquietante es que el proceso degradante que sufre Mike Demon le puede suceder a cualquiera en esas circunstancias, que el lector se identifique con el personaje y se puede contagiar de su enfermedad.



    P.: La América de Georges W. Bush es tan puritana como el Irán de los ayatoláhs. ( Más allá de lo obvio ) ¿ Qué significa Las Vegas para el americano medio?

    R.: Bueno, Las Vegas funciona como un getho de permisividad dentro del sistema americano que atrae, sobre todo, al americano de la América profunda que puede que haga su único viaje en su vida a esa ciudad. Es la urbe del pecado, en donde todo lo que está prohibido o mal visto en el resto del país, se puede hacer allí, desde beber alcohol, frecuentar prostitutas o dilapidar tu dinero en los casinos. Le gente va a Las Vegas, peca, porque desde su moral estricta todas las actividades que tienen lugar en la ciudad son pecado, y luego regresan a sus ciudades de origen arrepentidos pero sin propósito de enmienda. Es el paradigma de la doble moral. Una ciudad de ese tipo sólo tiene sentido en un país como Estados Unidos con una religiosidad exacerbada en donde se incentiva el pecado y se ensalza el arrepentimiento. Una de las virtudes que los americano aprecian en el actual inquilino de la Casa Blanca es la de ser un pecador arrepentido.



    P.: En las habitaciones de ciertos hoteles de Las Vegas suelen coincidir un ejemplar del Antiguo Testamento y un listado de prostitutas. La colisión en sí, ¿ es lo más genuinamente americano?

    R.: Creo que es tan americano como la Coca-Cola, la Asociación Nacional del Rifle o la silla eléctrica. Responde al eterno dualismo que existe en Estados Unidos, a su tremenda paradoja. En Las Vegas se facilita el sexo de pago, pero se pone a disposición del que cae en el pecado de la lujuria las Sagradas Escrituras, siempre el Antiguo Testamento, no nos engañemos, del mismo modo que se facilita la compra de las armas de fuego, y hasta armas de guerra, que acaban en manos de delincuentes, es decir, se le da toda clase de facilidades al fuera de la ley para delinquir y matar, incluidas armas, pero luego se les castiga, sin remisión, a la silla eléctrica.


    P.: "En Las Vegas todo es mentira, todo es una representación" -afirma su protagonista-: "Tú puedes ser una puta que no vas a cobrarme y yo a lo mejor soy un asesino que no va a matarte". Y fuera de Las Vegas, ¿ no es lo mismo?

    R.: Sí, pero en Las Vegas esto adquiere categoría de espectáculo grotesco. Las bodas de 24 horas, con divorcio después, es una especie de encubrimiento burdo de la prostitución. La sociedad americana es muy competitiva, y la competitividad, el ansia por superarse, por ser el primero siempre, por figurar como empleado modélico del mes en la empresa, etc. conlleva pisar al de al lado, un cierto tipo de violencia cotidiana que está bien visto en aras del triunfo. Lo que distingue una película americana de una europea es su grado de violencia, y el que esa violencia forma parte del juego de la vida como algo normal y aceptado. En Europa se delega la violencia al estado, a la policía, y se le exige que haga un buen uso de ella. En Estados Unidos, en donde casi todo es privado - miremos lo que ocurre en Irak, con ejércitos particulares casi tan numerosos como los profesionales - el individuo tiende a solucionarse sus propios problemas, y si hay que pegar un tiro en la cabeza al tipo que se sienta sobre el capó de tu coche o entra en tu jardín, pues se le pega.


    P.: En Las Vegas se puede ganar una fortuna y perderlo todo en una noche. En realidad, lo que fascina a los ludópatas, ¿ es la tentación del abismo?

    R.: La ludopatía es una enfermedad, una adicción peligrosísima. El problema del ludópata es que no puede parar, que no puede decir basta, que lo empeña absolutamente todo, que haría a un tipo trocitos para seguir teniendo dinero y perdiéndolo. Llega un momento en que se le nubla el horizonte y no juega para ganar, si lo hiciera se retiraría en ese momento hipotético de la suerte, sino que juega por jugar, esta predestinado, por tanto, a ser un perdedor.




    P.: Desde luego, su personaje tiene un nombre de lo más alegórico -Demon-. ¿ Es parte de usted, o sólo uno de sus mejores amigos?

    R.: Bueno, voy a contar una anécdota. Como esta novela ha tenido una gestación muy larga desde que la inicié hasta que la entregué al editor, diez años de escritura y reflexión, el Mike Demon de "Lluvia de níquel" se llamaba originalmente Mike Simpson, pero luego salieron los Simpson televisivos y hube de cambiarle el nombre por razones evidentes. Lo de Demon fue un feliz hallazgo, era el nombre real de un novio psicópata que tuvo una de mis dos sobrinas norteamericanas, un tipo realmente peligroso con unos celos enfermizos, y claro, el lector lo asocia a demonio. Espero no parecerme nunca Mike Demon porque en realidad es un compendio de casi todo lo que detesto. Esto casi se ha convertido en una norma habitual de mis novelas, que las protagonizan tipos que no son positivos, ni políticamente correctos, como se dice ahora, porque siento una morbosa fascinación por la parte oscura del ser humano, y Mike Demon me ha dado mucho juego para bucear en ella. La paradoja es convertir a un tipo así en protagonista de tu novela y sentir cierta piedad por él, porque en definitiva acaba siendo una víctima de las circunstancias. Humanizo al monstruo porque lo he parido.


    P.: También subraya mucho la alegoría de Las Vegas como la nueva Babilonia. No obstante, ¿ no son ya todas las ciudades del primer mundo las que aspiran a convertirse en paraísos del ocio y la disneylandización?

    R.: Las Vegas ha sufrido un proceso de degradación importante. La primitiva Las Vegas, que era muy canalla, tenía el encanto de la Mafia, que allí lavaba su dinero, y tipos tan maravillosos corriendo por The Trip como el Rat Pack de Sinatra y compañía. Las Vegas que yo conocí, hace quince años, ya no era aquella, pero tampoco el parque temático en que se ha convertido ahora con Venecia clonada y otras sandeces por el estilo que son el reflejo de una sociedad cada vez más estúpida. Los intentos de trasladar ese mundo kistch a la vieja Europa creo que se han saldado con un fracaso estrepitoso, los parques temáticos acabarán cerrando todos. Intentar crear esos paraísos artificiales fuera del lugar adecuado no resulta.



    P.: Por ejemplo, arruinarse en el Fórum de Barcelona, o en éste o aquel parque temático interactivo y multimedia, ¿ le parece más respetable que hacerlo en Las Vegas?

    R.: Bueno, yo creo que si hay que arruinarse, uno se tiene que ir a Las Vegas para hacerlo a lo grande. En Las Vegas todo invita a vaciarte el bolsillo, hasta cuando vas a un urinario encuentras una máquina tragaperras en la que puedes ir echando monedas con la mano libre. Es una ciudad hipnótica, y eso es algo en lo que insisto a lo largo de la novela, que aspira a doblegar la voluntad del que cae en sus redes. Creo que una buena imagen de la ciudad sería verla como una gigantesca tarántula agazapada en el desierto a la espera de que caiga su víctima.


    P.: Las alusiones al apocalipsis son omnipresentes en su novela. ¿ Profetizar el apocalipsis colectivo, es una manera de postergar el individual?

    R.. Mike Demon sufre su Apocalipsis particular, su mundo, que está tocado, se derrumba en la ciudad, y el Apocalipsis colectivo se produce a base de muchos Apocalipsis particulares. El tejido moral de Estados Unidos está en descomposición desde hace bastantes años, y el peligro es que ese modelo de vida se exporta y esta calando en Europa. La política actual que rige en USA es la del bandidaje puro y duro; una de las cunas de la democracia se ha convertido en país salteador de caminos, algo que no es nuevo, pues ahí está la nefasta política en su patio trasero, pero que ahora se hace a cara descubierta y sin tapujos. La Mafia ha quedado obsoleta ante lo que se cuece hoy en la Casa Blanca que funciona como un gran consejo de administración de una empresa que especula con la muerte y la destrucción. La ausencia de toda ética, el vacío moral, o la moral del enriquecimiento rápido y a cualquier precio, han llevado a los EE.UU a Irak en donde hay un Apocalipsis que concierne a todo el mundo. La historia está volviendo hacia atrás, en vez de evolucionar positivamente, y siempre echamos la culpa a los tipos en particular, al detestable Bush, al detestable Putin, o al detestable Aznar del que nos libramos, y a los que hay detrás de ellos, su camarilla, pero nos olvidamos que esos individuos, Bush, Putin, Sharon o Aznar llegaron al poder por los votos de los ciudadanos. Como Hitler. Es muy fácil lavarse las manos y achacarlo todo a la maldad intrínseca de un determinado personaje y debemos asumir todos la parcela de responsabilidad que nos corresponde.
    P.: Y usted, ¿ cree en un cierto determinismo?

    R.: Bueno, yo creo que de eso fundamentalmente va la novela; el fatalismo y Las Vegas son sus ejes. El lector sabe, porque en la novela no hay las clásicas trampas o las sorpresas, lo que le va a suceder a Mike Demon, y hasta lo intuye el protagonista en su descenso vertiginoso al que lo abocan los acontecimientos. Ahí está la gran tragedia de "Lluvia de níquel", que parece que todo está predeterminado desde un principio, que se averíe el coche, que se tenga que quedar en Las Vegas, que se enganche al juego a pesar de detestarlo, o que conozca a determinada chica. La novela está imbuida de ese fatalismo que los americanos expresaron de forma magistral en algunas de sus mejores películas de género negro, como en "La jungla del asfalto" de John Huston o "Perdición" de Billy Wilder y que pesan en mi retina. "Lluvia de níquel" es una novela de perdedores, en un sentido muy amplio, pero también parece una novela fantástica, como me ha dicho algún lector, porque el escenario de Las Vegas parece de ciencia-ficción. Lo que le ocurre a Mike Demon en La Vegas es lo que les sucedía a los personajes de "El ángel exterminador" de Luis Buñuel, atrapados en esa habitación, incapaces de salir de ella a pesar de que la puerta estaba abierta.


    P.: Para usted, escribir es sinónimo de....

    R.: Hay una pregunta que siempre me hago y es por qué escribe uno y no creo tener una respuesta exacta a eso, ni creo que se pueda extrapolar. Hay un cierto componente hedonístico en el momento de la creación, un gozo casi físico cuando el parto es fácil, o sufrimiento si hay complicaciones. El escritor suele ser una persona muy vanidosa, y ese aspecto lo caricaturarizaba en "Lifting", que era el retrato ácido de un escritor de novela negra en un mundo de apariencias en el que todo el mundo lleva la máscara puesta. Luego existe el síndrome de Dios, el escritor crea un mundo, unos personajes, los manipula o, a veces, y eso es lo más fascinante, son ellos los que te manipulan cuando escribes. Por último hay un componente de búsqueda de la eternidad, un poco como sucede con los hijos que uno tiene, que espera que lleven algo de ti para cuando tú no estés. La idea de que yo me haya ido, pero mis libros sigan en un anaquel, en una biblioteca, y puedan ser leídos me perturba porque me regala la eternidad que todos anhelamos. Pero yo creo que escribo por necesidad, como respiro. Sencillamente no podría vivir sin hacerlo y si algún día eso sucede, es que estoy muerto.


    P.: Y como lector, ¿ qué es lo que busca en las paginas de un libro?

    R.: Bueno yo busco en un libro que me secuestre, que me atrape en sus páginas, que no me deje salir de ellas, y eso es algo que sucede muy de tarde en tarde. Se hace, desde mi punto de vista, una literatura muy light, que deja indiferente. No basta con escribir bien, porque al escritor eso se le supone, como el valor al militar. La literatura tuvo una época de esplendor en el siglo XIX, con Balzac, Zola Dickens, Tolstoi, Dosteievsky, etc. que buscaban trascender con sus obras, lanzar mensajes morales de calado, ejemplarizantes. Ahora se hace mucha literatura de consumo, de leer y tirar.



    P.: ¿ Qué tres títulos recientes nos aconsejaría especialmente?

    R.: En la última Semana Negra cargué con un montón de libros de la mítica Etiqueta Negra, pero claro, no son actuales. Bueno, hay un libro actual que me ha gustado bastante, de un escritor inglés llamado John Burdett, "Bangkok 8", que es original dentro de sus planteamientos de thriller: policía budista, reencarnaciones, serpientes como armas homicidas y travestis en vez de mujeres en un Bangkok bastante creíble que reconozco. Hay un libro, que no es actual, pero es una novela negra extraordinaria, que es "Papel picado" del argentino Rolo Diez, al que han dado este año el premio Dashiell Hammett muy merecidamente, una crónica en clave policial de un perseguido por la dictadura argentina que huye por varios países de Sudamérica, que está prodigiosamente bien escrito. Y hay un libro de un autor vasco, Juan Bas, una novela inspirada en el juguete roto Urtain, "La cuenta atrás", que me parece modélica y con la que me identifico literariamente porque habla de un perdedor.

    P.: ¿ Sus tres clásicos de cabecera son...?

    R.: "Rayuela" de Julio Cortazar, aunque en realidad todos sus libros me apasionan, especialmente uno de los últimos escrito a cuatro manos con Carol Dunlop, "Los autonautas de la cosmopista"; "La mirada del observador" de Marc Behm, que creo que es la mejor novela negra que se haya escrito nunca, y "Bajo el volcán" de Malcom Lowry, una novela que me conmocionó por su forma y su contenido. Bueno, y me dejo "Lolita" de Nabokov.

    P.: ¿ Cuál es su paraíso particular?

    R.: Empiezo a sospechar que los únicos verdaderos paraísos se encuentran en nuestra cabeza. Yo recreé en "La pérdida del Paraíso" un lugar edénico que se corrompió en cuanto llegaron los conquistadores españoles, la América precolombina, y con esa novela confieso que toqué el Paraíso de una forma muy vívida mientras la escribía, algo que espero haber transmitido al lector. El mundo, gracias a la aviación, se ha vuelto pequeño y accesible y viajar es algo que se está convirtiendo en un asunto gregario. La Polinesia se parece a la idea que tengo yo de Paraíso, pero presumo que cuando vaya no va a estar a la altura de lo imaginado, que es la Polinesia que contempló Fletcher Christian, el del motín de la Bounty, o la que idealizaba de niño sosteniendo un cromo que me salió de una chocolatina con una hermosísima tahitiana con un fondo de cocoteros que daría cualquier cosa por recuperar. No obstante viajar es otra de mis pasiones y creo que la mejor forma de gastar el dinero. Paraísos que haya pisado hay dos; uno cercano, el Valle de Arán, aunque ha perdido sus vacas y su masificación no augura nada bueno, y el otro lejano, la isla de Ko Pee Pee en Tailandia.

    P.: ¿ Y su infierno personal?

    R.: El deterioro físico y mental me aterra. El no poder hacer una caminata de siete horas por el Valle de Arán, que me conozco palmo a palmo, por ejemplo, o la incapacidad por escribir a causa de alguna enfermedad mental.

    P.: Su visión del País Vasco, ¿ es compatible con El Jardín de las Delicias de El Bosco?

    R.: Bueno, tengo una percepción positiva sobre el futuro del País Vasco, que es un territorio que adoro por su paisaje, su gastronomía y el talante de la gente en la calle. Además está San Sebastián, que es una de las mejores ciudades de la península, y Bilbao, que me parece muy literaria. Ha habido momentos en que el País Vasco era percibido, desde el resto de la Península, como la antesala del infierno, por la violencia fascista de algunos nacionalistas y un execrable terrorismo que no tenía ni la más mínima justificación y que parece que ahora está en sus horas bajas. Desbancado el P.P. del poder, una fuerza que ha sido víctima en el País Vasco de una razzia intolerable, pero que ha crispado la política nacional, sobre todo en los últimos años, se abre una vía de esperanza. Desde Catalunya se entiende muy bien al País Vasco y se comparten sus aspiraciones, pero deben ser los vascos los que tienen que decidir sobre su futuro libremente y sin chantajes de ningún tipo.

    P.: Durante los locos años Veinte, San Sebastián y su Gran Casino fue el equivalente al Las Vegas de la Vieja Europa. ¿ Cree que ha marcado en algo el carácter de la ciudad?

    R.: Creo que sí, sin duda, pero las comparaciones con Las Vegas resultan odiosas. San Sebastián siempre ha sido una ciudad con un extraordinario glamour, como Cannes o Montecarlo. Nadie hubiera podido entrar en el Gran Casino de San Sebastián con rulos o en camiseta. El ritual del juego en Europa es muy distinto del que existe en Estados Unidos, que en todo tiende a la desmesura: se atracan comiendo porquería del mismo modo que se atracan perdiendo dinero a mansalva ante una asquerosa máquina tragaperras.

    P.: El juego y la apuesta están muy arraigados en el carácter vasco. El mus, ¿ puede llegar a ser tan adictivo-autodestructivo como el póker o la ruleta?

    R.: Bueno, al menos lo fue para el padre de Urtain, que murió a causa de una brutal apuesta que Juan Bas narra en su novela "La cuenta atrás". El talante de los tipos que se reúnen al lado de una mesa de juego del bar de toda su vida a echar una partidita, en la que pierden o ganan de forma moderada mientras comen un pincho de tortilla y se beben un clarete, es muy distinto al espíritu que reina en Las Vegas en donde millones de seres solitarios, ensimismados, se autodestruyen ante las máquinas tragaperras sin comunicarse más que con la chica que los abastece de alcohol para que sigan perdiendo dinero. En el País Vasco el juego es un rito social que puede tener alguna vez una mala consecuencia; en Las Vegas es una puñetera droga que conduce al vacío.

    P.: Además de la literatura, ¿ qué clase de juegos prohibidos practica con más asiduidad?

    R.: Necesito el contacto con la Naturaleza y me apetece hacerlo siempre a solas, sin nadie a mi alrededor, perderme por bosques, valles y montañas. A veces me meto con mi cuatro por cuatro por pistas suicidas de los Pirineos, llenas de obstáculos, medio cortadas, y tengo una tendencia peligrosa a no dar nunca un paso atrás, lo que me puede llevar alguna vez al fondo de un barranco. Cuando me marco una meta, y hablo de la montaña, siempre llego hasta ella, me cueste lo que me cueste, y eso no sé si es un defecto o una virtud.

    P.: Y, volviendo al azar y al destino, José Luis Muñoz, ¿ hace caso de los estúpidos mensajes que se ocultan dentro de las galletitas chinas?

    R.: Los restaurantes chinos son lugares muy curiosos, un mundo aparte. En un restaurante chino de Nueva York vi que tenían en la pecera de la entrada un pescado muerto, en descomposición, quizá porque el local fuera una tapadera de otra cosa y no necesitaran comensales. En otro de ellos me encontré que en el fondo de la taza de café, algo que sólo veías una vez vaciada, había una explícita imagen pornográfica en color grabada sobre la porcelana. Lo de los mensajes escondidos en las galletitas es algo por lo que se vuelven locos los yanquis que se lo creen como si fuera su horóscopo. Lo introduje en la novela como una especie de guiño al lector, una pincelada de humor negro, negrísimo.

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    PERFILES LITERARIOS

    Posted: 7-March-2010, 11:44pm CET by José Luis Muñoz
    Este artículo fue publicado en la revista literaria Otro Lunes que dirige el escritor cubano Amir Valle

    El paso seguro y ascendente de
    Lorenzo Silva, Alquimista
    José Luis Muñoz



    Uno siente una sana envidia hacia Lorenzo Silva, con el que departí muy breves palabras en la terraza del Parador Nacional de Gijón, en medio de una Semana Negra, entre café y café, hace ya algunos años; porque el, relativamente joven, escritor madrileño es un trabajador infatigable que ha tocado todos los palos de la literatura, lo ha hecho con inusual fortuna y es de los que tienen la cabeza sobre los hombros sin que el éxito lo haya cambiado un ápice.




    Este madrileño, que vive en Getafe e impulsa, desde la periferia de la capital de España, ese novísimo acontecimiento negrocriminal conocido como Getafe Negro, es un abanderado del policial en España, lo que no le ha impedido cultivar todos los géneros que imaginarse puedan ? la novela histórica en El nombre de los nuestros, una crónica del desastre de Annual que es, al mismo tiempo, el reencuentro del autor con el escenario bélico que pisó su abuelo, y en Carta blanca; el libro de relatos en El déspota adolescente; el reportaje periodístico en Líneas de sombra; la novela experimental con el concurso de los lectores en La isla del fin de la suerte; la literatura de viajes en Viajes escritor y escritos viajeros, Del Rif a Yebala y En tierra extraña, en tierra propia; el género juvenil en Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia, El cazador del desierto y La lluvia de París, trilogía sobre Getafe, la ciudad en donde este autor vive; y hastaha escrito libros infantiles como Laura y el corazón de las cosas, Pablo y los malos y una adaptación de La isla del tesoro de Rober Louis Stevenson ?, ha sido unánimemente bien tratado por la crítica, ha visto traducidos a multitud de idiomas sus libros y ha cosechado dos de los premios más importantes del panorama literario español: Nadal y Primavera. Teniendo en cuenta que varias de sus novelas han sido llevadas al cine, poco le queda ya por conseguir a este autor de paso seguro y ascendente.


    Noviembre sin violetas, editado en la desaparecida Libertarias en 1995 y reeditada posteriormente por Destino, de cuya escudería forma parte, fue su debut literario. Y no es una casualidad que fuera una novela policíaca. Desde entonces Lorenzo Silva ha incidido una y otra vez en el género, aunque sus dos siguientes publicaciones fueran un homenaje literario a Franz Kafka, La sustancia interior (Huerga y Fierro, 1996), para muchos una de sus mejores novelas, y La flaqueza del bolchevique, un hermoso título, que quedó finalista del premio Nadal y fue llevada al cine, en donde describe, con humor y amargura, la pasión de un maduro por una nínfula.


    Pero es dos años después, cuando publica en Destino El lejano país de los estanques, el momento en que Lorenzo Silva pone en circulación, en el imaginario literario policial español, a dos guardias civiles que le van a acompañar a lo largo de otras muchas peripecias: el sargento Bevilacqua y la número Chamorro. Y esa extraña pareja, insólita en el panorama literario español de novelistas negros ? si exceptuamos a García Pavón que utilizó al policía municipal Plinio en sus investigaciones costumbristas por Tomelloso? poco proclives a magnificar a las fuerzas del orden porque tenían in mente sus desmanes durante el franquismo ? mientras Vázquez Montalbán optaba por un desencantado detective ex agente de la CIA llamado Pepe Carvalho, y Juan Madrid optaba por Tony Romano, buscavidas y ex boxeador, sólo Francisco González Ledesma se atrevía con un policía chusco y resabiado, su inspector Méndez, más próximo a los perdedores que a los ganadores aunque él no lo sepa ? va a calar tan hondo en sus lectores, como la inspectora Petra Delicado de su colega Alicia Giménez?Barlett, y le va a dar a Silva sus mayores alegrías, entre otras un Nadal en el 2000 en una intriga titulada El alquimista impaciente, curioso nombre para una novela negro criminal, que se va a convertir en su titulo más reeditado y vendido. Y volvería con su singular pareja de investigadores en La niebla y la doncella, Nadie vale más que otro y La reina sin espejo.



    Y mientras idea otra intriga para sus guardias civiles ?Chamorro ha ascendido a cabo ?publica El blog del inquisidor, una novela experimental.
    Creo que la principal virtud de Lorenzo Silva, aparte de su excelencia literaria, es su capacidad de indagar y aventurarse por caminos menos trillados, y su espíritu poco acomodaticio. Podría vivir, perfectamente, de Bevilacqua y Chamorro, y, sin embargo, se adentra, con fortuna, por territorios diversos e ignotos cual explorador, porque en la aventura, en lo inesperado y bien hallado, se encuentra siempre el mejor gozo literario.

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    EL ARTÍCULO

    Posted: 7-March-2010, 10:31pm CET by José Luis Muñoz
    Recupero, por su interés, uno de los mejores estudios que se ha realizado sobre la prestigiosa colección de literatura erótica La Sonrisa Vertical que, en mi opinión, debería revitalizarse. Su autor es el mexicano Héctor "Anselmo" Ortega.

    La Sonrisa Vertical
    Héctor "Anselmo" Ortega



    Sin duda para muchos, la literatura erótica forma parte de un placer indispensable. No es sólo el acto sexual o el placer de la literatura vistos por separado. Sexo y literatura resulta una combinación exquisita cuando se trata de explorar nuevos campos en el terreno de los placeres carnales. Entregarse al erotismo desde un libro puede resultar fascinante. Para lograrlo, basta con ir a una librería grande y buscar en la estantería unos libros rositas que seducen con sólo verlos: los libros de La Sonrisa Vertical? libros, que han sido editados para hacer el amor, para coger o simplemente para fornicar sin restricción; mejor aun, libros para leerse con una sola mano.

    La Sonrisa Vertical

    El triángulo que tienes tiene un ángulo al revés
    Tu sombra en la pared es la línea de felicidad
    Muero por entrar en tu sonrisa vertical
    Sonrisa de malicia quiero acariciar.
    -CUCA-




    Erotismo y letras? letras prohibidas? genitalidad en papel? lubricidad para los sentidos que entra por los ojos y explota a la mitad del cuerpo.

    Los franceses del siglo XVIII denominaban el sexo de la mujer bajo el eufemismo La Sonrisa Vertical. Tres palabras que a simple vista no dicen nada pero que valen oro cuando se camina por el sendero del erotismo.

    Y fue con este nombre, con el que en 1977, el cineasta español Luis García Berlanga ?apasionado erotómano y coleccionista de objetos relacionados con el sexo- comenzara, junto con la editora Beatriz de Moura, una colección de textos cuyo objetivo sería la divulgación y difusión de la literatura erótica, un género que ha sido considerado por muchos como bastardo.

    La libertad que se pudo respirar en España tras la muerte de Franco, abrió la puerta para que los deseos del cineasta se vieran en posibilidad de ser fincados. La espera había sido larga.

    La idea sobre dicha colección no era nueva y ésta prevalecía en la cabeza del director de cine desde hacía muchos años pero fue en 1970, en la ciudad de Madrid, cuando Luis García Berlanga propuso a Beatriz De Moura iniciar con ese proyecto: ¿Y por qué no arrancamos una colección de literatura erótica? De Moura, escandalizada por lo peligroso de la situación -pues la censura era el pan nuestro de cada día en el régimen franquista- se negó rotundamente. Ante esto, a García Berlanga no le quedó más remedio que esperar tiempos mejores.

    Corría 1976 y el caudillo Franco aun no terminaba de acomodarse en su última morada cuando García Berlanga ya estaba listo para echar a andar sus sueños, así que llamó por teléfono a De Moura: ¿Por qué no empezamos enseguida a hacer algo? Y de este modo, fue como comenzaron a trabajar en el proyecto literario La Sonrisa Vertical.

    Los primeros textos que se publicaron salieron de la biblioteca del propio García Berlanga ya que el cineasta ?voraz lector de novelas francesas del siglo XVIII- poseía dentro de su colección, textos de Bataille, diarios y memorias de la época victoriana. Así, La Sonrisa Vertical vio la luz del mundo con el libro La insólita y gloriosa hazaña del Cipote de Archidona, un libro que relataba una tremenda chaqueta ?o paja, como dirían los españoles- dentro de una sala de cine de Archidona, la cual culminó con una eyaculación de tal magnitud que manchó el traje del señor que estaba enfrente. Este hecho veraz, fue documentado en varias cartas que se enviaron entre sí, Camilo José Cela y Alfonso Canales, un poeta malagueño.

    A este libro le siguieron Memorias de una Cantante Alemana de Wilhelmine Schroeder-Devrient (con un prologo escrito por el mismo Guillaume Apolliniare), La Imagen, de Jean de Berg; Gamiani, de Alfred de Musset; Grushenka (texto anónimo); A los pies de Omphalos, de Henry Raynal; Las Tres Hijas de su Madre de Pierre Louys y Mi vida Secreta (texto editado en dos volúmenes).

    Pero fue con Memorias de una Cantante Alemana cuando vino el primer incidente en que se vio envuelta la novel serie. El franquismo había terminado pero aun prevalecían ideas de la dictadura que se mostraban de manera insipiente entre algunas autoridades. A la salida de aquel libro se les acusó de atentar contra la moral pública y por este delito les impusieron un par de castigos. El primero fue pagar una multa cuyo monto, fue relativamente bajo, mientras que el segundo castigo consistió en retirar el volumen de todas las librerías. Afortunadamente, nadie acató la orden y la obra se siguió publicando sin ningún problema. Sin duda alguna, Franco seguía en la memoria de algunos y sólo eso. Pronto pasaría.

    Posteriormente, se editaron clásicos, los libros de Bataille y del Marqués de Sade.

    Letras prohibidas

    Tras su aparición, los círculos literarios españoles vieron en La Sonrisa Vertical una colección respetada, que inicialmente fue acogida de manera extraordinaria. ?Desafortunadamente, las cosas cambiaron y actualmente los críticos son los mismos que la han ido silenciando hasta dejarla casi lapidada, relegándola a un segundo plano, al de la subliteratura?, dice De Moura.
    Tal vez sea por la dirección que cada escritor otorga a su propio estilo o lo escandaloso que pueden resultar para las mentes puritanas las historias de sexo, lo que ha marcado a la colección con una etiqueta de prohibida entre algunos círculos sociales. Cabe también la posibilidad de que eso, sólo sea parte de la cerrazón de grupillos que siguen viendo en los actos sexuales al mismo Satanás, máxime si se considera que las historias que se plasman en la colección tienen la enorme capacidad de trabajar en la mente de los individuos -hombres y mujeres sin distinción- y que pueden servir como motor para desatar las liviandades de la carne.

    En todo caso, es a ese tipo de controversias a las que se debe agradecer el éxito de la colección.

    Lo verdaderamente cierto es que a pesar de las etiquetas impuestas para definir como aberrantes, anormales o contra natura, muchos de los pasajes que pueden leerse en los 132 volúmenes de la compilación, La Sonrisa Vertical ha cumplido un ciclo de 27 años de éxito que seguirá prevaleciendo todavía por un buen rato entre sus miles -¿podemos decir millones?- de adeptos por todo el mundo.

    Es debido a las etiquetas impuestas, a los espaldarazos de la crítica, a la poca atención de la gente y a decenas de factores más, que se tiene mucho cuidado con lo que se va a publicar. La misma De Moura, es cuidadosa al hablar de las publicaciones clásicas; por ejemplo, la editora ha comentado, que ?textos como Historia del Ojo de Georges Bataille, y todos esos libros, parecen terribles: calan hondo en el inconsciente del individuo, que es donde trabaja la erótica?. Con respecto al Marqués de Sade, inicialmente tuvieron más cuidado para publicar sus historias pues para ella son libros que, ?personalmente ?dice- no pondría en manos de una persona todavía no adulta: son perturbadores. Yo creo que un libro de erotismo es una vía de conocimiento individual importantísima, pues surge desde el fondo más recóndito de nuestro ser que es el sexo?.

    Es por la mala interpretación de opiniones como la anterior, lo que ha hecho que en pleno siglo XXI, no sólo La Sonrisa Vertical sino toda la literatura erótica, siga estando relegada de otros géneros más comerciales, llegando incluso a ser una literatura maltratada. Lo anterior es ejemplo de que La Sonrisa Vertical no es ajena a la incomprensión y el sectarismo de quienes han escrito acerca del sexo, de la sexualidad humana y su estrecha relación con la enorme capacidad de pensamiento que tiene el ser humano para desarrollar la actividad sexual, por esto, los libros de la colección pueden verse a veces hasta peligrosos pues lo que en ellos se encuentra, permite explorar de manera profunda todos ?absolutamente todos- los campos de la sexualidad, sin ninguna restricción.

    Es pertinente decir que no sólo las historias de Bataille o del Marqués de Sade pueden leerse en esta colección -de hecho, los libros clásicos, son los menos- y por el contrario existen relatos que, aunque no son tan conocidos, abordan de manera profunda el pensamiento humano con relación a la sexualidad, lo que puede tornarse de gran valor para aquellos interesados en indagar acerca de los hábitos sexuales de otras sociedades y otras épocas. Por mencionar un ejemplo, se pueden citar todos los primeros títulos de la colección o bien aquellos textos cuyo valor erótico es riquísimo gracias a su contenido, por ejemplo, El Coño de Irene (de Albert de Routisie), La Educación Sentimental de la Señorita Sonia (de Susana Constante), Historia de Una Prostituta Vienesa (de Josefine Mutzenbacher), Desnudarse es lo que ella no quería (de Adolf Muschg) o La Curvatura del Empeine (de Vicente Muñoz Puelles), que son textos que pueden resultar interesantes. También existen volúmenes en los que se puede ver retratada la sexualidad a un nivel imaginario, como en el cuento llamado El bajel de las Vaginas Voraginosas (de Josep Bras), que se encuentra en el libro del mismo nombre, o bien, la sexualidad del futuro gracias al cuento con que se cierra Cuerpos Entretejidos (de Antonio Altarriba).

    Sumamente interesantes para quienes comienzan a leer literatura erótica, pueden resultar Las Edades de Lulú, de Almudena Grandes -libro que además es considerado como un parte aguas que vino a reforzar el éxito de La Sonrisa Vertical-, en el que se relata el despertar sexual de una niña como cualquier otra y en el que los hechos no se abordan con romanticismo sino ?con toda la crudeza que debe tener un relato erótico? ?dice De Moura.

    A Las Edades de Lulú pueden unírsele otros textos importantes como Púrpura Profundo, de Mayra Montero, libro donde cada acto sexual es llevado como una sinfonía musical de un lado a otro, sin ninguna reserva; o bien, El Pecador Impecable que hace un hermoso retrato de la vida sexual cuando se está entrando en la tercera edad.

    En la colección se han publicado historias divertidas y otras que sin dejar de entretener, abordan la sexualidad de manera mas fría y hasta mas oscura, pero que ejercen un gran poder de atracción en aquellos que comienzan a leerlas; es el caso de Pubis de Vello Rojo (de José Luis Muñoz), El Necrófilo (de Gabrielle Wittkop), Llámalo Deseo (de José Luis Rodriguez del Corral), Espera Ponte Así (de Andreu Martín) o Eso No (De Marcelo Birjamaer). Todos estos libros, a mi parecer, forman parte de un desahogo sexual cuyo mérito consiste en no ser solamente un medio para el divertimento, sino un mecanismo que ayuda al lector a abrirse paso en su autoconocimiento para luego ejercer con mayor plenitud una vida sexual, sin culpas de ningún tipo.

    Para lograr la efectividad de esta terapia ?como yo mismo nombro a esos momentos en que me dispongo a leer alguno de esos libros rositas- será necesario dejar de lado los calificativos y las descalificaciones y prepararse para someterse a una lectura que, de lograr su fin, se verá interrumpida en más de una ocasión por la tentación de Onán.

    Literatura ¿pornográfica?

    Por todo lo que he mencionado anteriormente, y aun por más, la colección no ha escapado a la etiqueta de pornográfica, lo cual puede parecer risible.

    El hecho de clasificar a un texto como erótico o pornográfico es nuevamente tema de discusión inagotable. Como anécdota comentaré que en una reciente edición de Teleny, de Óscar Wilde (Edamex, 2003), que adquirí hace unos meses, en el prólogo se menciona lo siguiente: El Porno, en realidad, sirve hoy para que exista un premio La Sonrisa Vertical y Berlanga oficie de perverso voyeur nacional.

    Con anterioridad he comentado lo que desde mi perspectiva y bajo el manto de la cotidianidad, puede resultar erótico y pornográfico (Erotismo y Pornografía, palabrasmalditas.net, mayo 2004). Eso tal vez pueda ayudar a definir si en los volúmenes de la colección, encontraremos textos eróticos o textos pornográficos. Sin embargo, para Luis García Berlanga, no existen esas distinciones ?pues lo pornográfico es tan mecánico como un video que sólo ayuda (demasiado ?n.d.r-) a la estimulación mientras que el erotismo, cala en un lugar profundo del ser, descubre un aspecto que tal vez esté reprimido, prohibido? es un espacio donde el individuo se conoce mejor a sí mismo?.

    Así son los libros de La Sonrisa Vertical, un calido lugar donde podemos proyectar nuestras frustraciones o aquello que la sociedad ha impuesto como prohibido, y si así lo desean, como pornográfico pero que no deja de tocar todo lo que alguna vez ha pasado, pasa y seguirá pasando por la mente de los hombres y las mujeres cuando se encuentran ejerciendo su sexualidad.

    La Sonrisa Vertical y el cine

    Tal vez sea por lo anterior y porque su director es un cineasta, lo que ha ligado a la colección de literatura erótica con el cine.

    Varias películas se han argumentado gracias a los textos de La Sonrisa Vertical. La más famosa es Las Edades de Lulú (1990), dirigida por Bigas Luna y que nosotros podemos ver en México en televisión abierta, un par de veces al año, gracias a Canal 11.

    Esta película, cabe decirlo, también fue prohibida en España por sus fuertes escenas de sexo, filmadas con la intención de salir del cine e ir directo al baño a toquetearse impúdicamente.

    Las Edades de Lulú, sobrepasa el nivel de una película porno solo por algo: porque tiene una historia detrás, de tanta calidad, que al momento de mostrar el sexo y sus derivados lo hace de forma natural, sin ascos, como ?creo- lo hace cualquiera de los que está leyendo este texto cuando se encierra en la privacidad de su recámara. Por esta razón, las escenas de depilaciones vaginales, el sexo entre hermanos, la masturbación de un travestido, la sodomía que ejercen sobre un jovencito casi adolescente, las fantasías de Lulú para encamarse con varios hombres o simplemente la narración de una anécdota de la niña cuando se masturbó con una flauta dulce, pueden encontrase en la película de una forma tan bella y normal, que dan ganas de volver a poner la cinta, apenas terminan de aparecer los créditos finales.

    El precio de disfrutar La Sonrisa Vertical

    Conseguir los textos de la colección en nuestro país resulta fácil para quienes tienen un poder adquisitivo holgado. Difícilmente estos libros podrán encontrarse en las librerías de la esquina o las de centros comerciales. En el Distrito Federal, ir a Gandhí o El Sótano, es garantía de éxito mediano, sin embargo, la inversión es verdaderamente alta.

    Hablar de los libros de La Sonrisa Vertical, resulta además fascinante pues el diseño de las portadas que se preparan para cada volumen ?como se ha podido apreciar a lo largo de este texto- tienen una fuerza de atracción terrible.

    Tengo que reconocer que la primera ocasión que escuché hablar de La Sonrisa Vertical fue también la primera vez que tuve un libro de la colección en las manos (Historia de una prostituta Vienesa) hace exactamente tres años. Anteriormente había leído Las Edades de Lulú sin saber que pertenecía a esta colección pues el libro lo adquirí por diez pesos en una puestito del Tianguis del Chopo, cuyas pastas hechizas de cartón que ni siquiera me permitieron ver cuál era la editorial ?aunque afortunadamente el texto que estaba integro, como pude corroborarlo tiempo después cuando lo volví a adquirir en la librería de la entonces ENEP Acatlán- por lo demás, nada supe del texto hasta que me enteré de la existencia de la colección.

    Historia de una prostituta Vienesa, fue un libro que encontré por casualidad en una de las tantas librerías de viejo, de la calle Donceles y reconozco nuevamente, que me llamó la atención por el color de las pastas y porque la portada mostraba el orificio de una cerradura, donde se apreciaba justamente una sonrisa vertical.

    Atraído más por aquel diseño -y luego por el título- coCursivampré el libro, impulsado por una atracción casi mecánica y desde que comencé a leerlo, las letras surtieron un efecto en mí que (creo) fue identificado inmediatamente por quienes me rodeaban en ese momento. Historia de una prostituta Vienesa relata la vida de una niña de origen humilde, que gracias al ejercicio de la profesión más vieja del mundo desde que es una niña (y cuando digo niña, es porque verdaderamente era una niña) logró adquirir modales y conocimientos suficientes para redactar con acierto, al final de su vida, este extraordinario testimonio personal, escalofriante por su sinceridad, que entregó a su médico unas semanas antes de someterse a una grave operación. Estas confesiones íntimas de una prostituta no tienen tan sólo el valor testimonial directo de una actividad en -y por principio- inconfesable, sino también el de ilustrar con todo lujo de detalles la vida amorosa de la sociedad vienesa de la segunda mitad del siglo XIX. Al final del relato, la chica hace un recuento de todas las vergas que pasaron por su cuerpo hasta antes de cumplir quince años; el resultado, sorprenderá a quien logre conseguir el libro pues es verdaderamente difícil hacerlo en México.

    Posteriormente conseguí en la misma librería una primera edición (1979) de Irene y una segunda edición de La Educación Sentimental de la Señorita Sonia, un par de textos que distaban mucho de lo leído en Las Edades de Lulú y en Historia de una Prostituta Vienesa pero que sin duda, me marcaron para convertirme ansioso lector de erotismo, además de un verdadero adicto a la búsqueda y compra de los títulos de la colección.

    Fue por este placer y por esta nueva adicción, que en menos de un año invertí la cuarta parte de mis quincenas, lo que hasta ahora me ha hecho dueño de más de 40 títulos del repertorio que conforma La Sonrisa Vertical y que puedo comprobar fácilmente bajo previa invitación a beber unas cervezas (hombres) o a fornicar sin restricción (mujeres? M.R.D.A.).

    Sobre cada uno de los volúmenes de La Sonrisa Vertical que he leído podría citar tantas anécdotas que me han sucedido, sin embargo, lo más satisfactorio ha sido la posibilidad de soñar y saborear tantas historias, de memorizar las anécdotas y poder emplear este material para fines de seducción con mujeres, que en otras circunstancias, me estarían vedadas. Con esta técnica no he descubierto el hilo negro, más bien, me he encontrado dentro de un círculo secreto, dentro de una sociedad de personas que como yo, hacen lo mismo para conseguir alguna pasión desenfrenada, o bien, para vivir amoríos que se inclinan a prolongarse hasta el fin de los tiempos.


    ¿El fin ha llegado?

    Desafortunadamente, la época de gloria y esplendor que marcó a la colección, al parecer han quedado atrás. Luego de 27 años de existencia, este 2004, el premio que se concede en homenaje a López Barbadillo, fue declarado desierto (lo que ya había sucedido en otras ocasiones); esta situación orilló a los organizadores del Premio La Sonrisa Vertical, a suspender el certamen básicamente por dos razones:

    1) la expresión literaria del erotismo ha ido gradualmente asimilándose a la narrativa general y se ha integrado, de un modo natural, en colecciones literarias no acotadas específicamente al género erótico.

    2) la mayoría de las obras premiadas en La Sonrisa Vertical han recibido, salvo en contadas ocasiones, escasa atención por parte de la crítica, atención que actualmente ésta les dedicaría de haber sido publicadas en colecciones no especializadas.

    Esto ha provocado que ante el riesgo latente de su desaparición, muchos asiduos lectores busquen desesperadamente hacerse de la mayor cantidad de títulos posibles. Pero lo que puede considerarse como mayor tragedia para quienes le hemos tomado cariño a La Sonrisa Vertical, es que se pierda la esencia consolidada con el paso del tiempo y que difícilmente, puede ser sustituida por cualquier otra colección semejante de literatura erótica en el planeta (en el caso de México sólo conozco una colección de literatura erótica: Minimalia Erótica -una galería de autores mexicanos retratados por Alejandro Zenker al lado de una modelo desnuda que desata y encarna sus visiones del erotismo- de Ediciones del Ermitaño y que ha publicado algunos títulos bastante recomendables pero diferentes a lo que hace Tusquets Editores con La Sonrisa Vertical).

    Es así como La Sonrisa Vertical, se encuentra en estado de coma, pero mientras el futuro nos alcance, personalmente he querido rendir tributo con este texto y compartirlo con ustedes, hermanos de esta comunidad, e invitar a cada uno a que se permita buscar algún título de esta colección, ir a su casa ?o a donde más les plazca- y dedicarse a leer el libro, eso sí, como dice Beatriz de Moura? ?con una sola mano?.

    ?Publicamos en esta colección novelas y relatos que se sitúen dentro de un género, el erótico, que no siempre goza de la atención y de la admiración que merece. Queremos dar aire que respirar, porque el deseo es salud, y sobre todo queremos recuperar el culto a la erección, al hedonismo, a las fértiles cosechas que una buena y gozosa literatura puede ofrecernos. Y, a través de nuestros libros, a través de nuestra y vuestra sonrisa vertical, constatar que el escribir sobre lo biológicamente apetecible es algo inmanente a todos los tiempos, a todas las geografías, a todos los hombres?

    Luis G. Berlanga

    Los quince libros de La Sonrisa Vertical que todo erotómano debe tener:

    1. Historia de una Prostituta Vienesa
    2. Las Edades de Lulú
    3. Historia del Ojo
    4. La curvatura del Empeine
    5. Kurt
    6. Eso No
    7. Espera, Ponte Así
    8. Purpura Profundo
    9. Memorias de un Librero pornógrafo
    10. Memorias de una Cantante Alemana
    11. Hot Line
    12. El coño de Irene
    13. Pubis de Vello Rojo
    14. El Bajel de las Vaginas Voraginosas
    15. Llámalo Deseo

   
 
       
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