La soledad del corredor de fondo
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LA CRISIS. ¿QUÉ CRISIS?  La crisis llegó. De manos de la potencia única, a punto de dejar de serlo, los números mundiales se tambalean al mismo tiempo que lo hacen los bancos de Estados Unidos. Pero en contabilidad, para que uno pierda otro ha de ganar a su costa. Me he dado cuenta de que algo no funcionaba bien cuando en la India miraban con lupa los billetes de dólar y pedían euros. Se extiende la desconfianza hacia la divisa norteamericana. El dólar y toda la economía norteamericana está en crisis. Y no me extraña. No es sólo cuestión de las hipotecas basura, es todo el sistema que está enfermo, es el sistema que enloqueció por la nefasta gestión de un presidente reelegido. Lo que gasta el Imperio, a diario, en la guerra de Irak es totalmente inasumible. Pero es un negocio redondo para unos pocos. Una guerra disparatadamente cara, y abajo incluyo una información tan poco subversiva como la del NYT, que se financia con capital público y genera beneficios privados. El pueblo norteamericano está pagando esa matanza y sus dólares caen directamente en los bolsillos de las petroleras, las empresas de seguridad, las de armamentos, las constructoras, las logísticas que operan en ese infierno. La deuda de la potencia única es tan descomunal que no hay quien la pague ni en mil años. El próximo inquilino de la Casa Blanca ya tiene su futuro hipotecado. Guerra en Irak cuesta a EEUU cerca de 300 millones de dólares diarios  Desde que Estados Unidos (EEUU) inició su agresión contra Irak hace cuatro años, el gobierno de ese país ha venido gastando diariamente en la conflagración cerca de 300 millones de dólares por día, informó el periódico norteamericano The New York Times. De acuerdo con cifras publicadas en el portal online www.nytimes.com, las estimaciones sobre los costos de la guerra varian según una serie de factores, principalmente relacionados con aspectos contabilizados como gasto directo o indirecto. Los gastos directos incluyen todos los procedimientos inherentes a las operaciones militares tales como helicópteros, tanques, combustible y salarios para soldados y reservistas. El financiamiento, indicó, representa cerca de 2 millardos de dólares por semana y hasta 700 millardos de dólares en gastos directos durante toda la agresión armada. Al contabilizar los gastos indirectos, el diario citó opiniones de economistas para estimar un costo total de entre 1 a 2 millardos de dólares. El portal de análisis militares www.globalsecurity.com coincidió con las estimaciones al calcular el costo de la guerra en más de 290 millones de dólares diarios. De acuerdo con este sitio web, una hipotética prolongación de la guerra más allá del año 2010 haría que el costo total de la guerra pudiera sobrepasar la cantidad de un billón de dólares «cifra bastante diferente a la de los 50 millardos de dólares previstos por el gobierno de Washington antes del inicio de la invasión norteamericana». La publicación precisó cómo ha aumentado cada año el financiamiento de la operación militar. Señaló que en 2003, primer año de la invasión, EEUU gastó un estimado de 51 millardos de dólares. Para algunas organizaciones independentes, el costo de la operación militar puede ser, incluso, mayor: la ONG National Priorities Project, un grupo independente que suele medir los gastos gubernamentales de EEUU en diversas áreas, indicó que la guerra en Irak ya ha consumido más de 409 millardos de dólares al presupuesto norteamericano. Además del gasto excesivo, las críticas también se han centrado en la forma como los recursos han sido asignados: por medio de pedidos de emergencia, generalmente con poco tiempo para que puedan ser fiscalizados por el Congreso o para que el país pueda saber en qué será gastado el dinero.
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LA CIUDAD DE LOS MUERTOS (2) Texto y fotos: José Luis Muñoz  Amanece en Varanasi. Cinco y media de la mañana. El coche de la agencia de viajes recorre, conmigo dentro, las bacheadas calles de la ciudad de los muertos, desiertas a esa hora. Los faros del vehículo abren una vía de luz en la oscuridad que se despereza con lentitud. Reina un silencio insólito y hay algún que otro mendigo durmiendo en la calle; pero no más que en las ciudades de Occidente. Nos detenemos a pocos metros del Ganges. Reina una luz especial, cálida, y, a pesar de que el sol no ha salido, el calor es pegajoso, agobiante, e impera una bruma que sale directamente de la calle. Sigo al guía que chapurrea un español infame, es menudo y mayor. No soy el único curioso occidental que ha madrugado para ser testigo del ritual: grupos de extranjeros, mayoritariamente italianos, cámara en mano, bajan por las callejas hasta el río en donde una muchedumbre se agolpa. Un santón bardado tañe una campana que anuncia la salida del sol. Las mujeres, envueltas en sus saris, bajan por las escaleras y se sumergen en un río fangoso; lo mismo hacen algunos hombres que se desprenden de sus ropas y se quedan en taparrabos.  Asisto, perplejo, al rito visto mil veces en documentales y que parece la escena de una película. Hombres y mujeres, algunos con la cabeza rapada, señal de que están de luto, hacen inmersiones en el río. Otros beben sus aguas turbias. Algunos llenan botellas de plástico para llevárselas a sus casas. Los rezos se confunden con los flases de las cámaras de fotos. Un policía se desprende de su uniforme, da unos pasos en el río y se lava los dientes con sus aguas. Actúan como si no estuviera yo, ni mi cámara, ni nadie. Ellos y el dios río que nace en Himalaya, celebrando ese nuevo día que nace y los ilumina a ambos.  Para entrar en el Templo de Oro, lugar santo del hinduismo, que linda con una mezquita musulmana, el control de seguridad es riguroso. Grupos de soldados armados con aparatosos rifles hacen guardia por los alrededores en previsión de atentados de radicales islamistas. Paso por una serie de arcos detectores de metales y soy cacheado a conciencia. He dejado, anteriormente, la cámara de fotos a buen recaudo, en el interior de una tienda de un vendedor de té, porque no se pueden hacer fotos dentro. A esa hora, con un sol lánguido, el calor es ya sofocante. Las piedras de las tortuosas callejas del centro histórico de Varanasi rezuman humedad, como si también ellas sudaran. El olor es fuerte, una sinfonía de hedores diversos, de heces de todos los animales que circulan libremente por la ciudad, atenuado por el perfume de las especias. Del templo tengo una visión lejana, fría.  No es un gran monumento, aunque su cúpula sea de oro. No hay grandes monumentos en Varanasi. Recuerdo la frase de Cristóbal Colón sobre Oriente: en donde los tejados son de oro. Y ahí sigue el oro, para certificar su frase ambiciosa, su apetencia, inútil riqueza, en manos de dioses y marajás. Para recuperar mi cámara, en pago a la prestación de servicio, le compro un paquete de té al dueño de la tienda que me la ha guardado. El guía, mientras nos dirigimos al coche, me pregunta si quiero ver una cremación. Asiento. Siete de la mañana. Flota una extraña niebla en la ciudad. Empiezan a abrirse las tiendas y a asaltarme pedigüeños que venden cualquier cosa. El crematorio está en uno de los gaths, junto al río, y tocando la orilla, sobre unas parihuelas, yace el cadáver hinchado de una mujer, aromatizado con flores y rodeado de los suyos. Tiene la cara gris y expresión plácida. En otro lugar del templo apagan con cubos de agua las cenizas de una incineración reciente. Y hay cabellos cortados por todas partes, de los cadáveres y de sus familiares que, rapándose el cráneo, exteriorizan su dolor.  Abajo, junto al río, los familiares de un difunto realizan una serie de rituales antes de entregar el cadáver a las llamas. Y al lado de los muertos, las vacas, los búfalos de agua, sus excrementos, el agua turbia del río sagrado que puede con toda la inmundicia que se vierte en él, en donde la gente se sumerge, nada, se asea en un caldo en donde anidan todas las bacterias imaginables. Un tipo me hace de guía improvisado e interesado. Al final de sus explicaciones me pide que compre dos kilos de madera de sándalo para una próxima cremación. Le doy cien rupias, pero me las rechaza y me dice que es insuficiente, que el kilo de sándalo cuesta 150 rupias y debo abonarle, por lo tanto, 300. Las pago y huyo sin comprobar a quién queman con mi dinero.  Camino del taxi, un hedor insufrible me revuelve las tripas: un coche, con un cadáver sujeto a la baca del techo, espera turno para la cremación. Y al lado, un puesto de verduras que la vendedora extiende sobre un suelo enfangado de mierda, unos monos que saltan entre edificio e edificio de la estrecha calle, un hombre araña que anda con las cuatro extremidades y pide dinero aprovechando el horror que provoca. Pero uno ya está inmunizado a todo eso y más. En Varanasi los hoteles son los reductos limpios de la ciudad, la fortaleza segura a la que hay que recurrir cuando el cuerpo ya no aguanta tanto caos y suciedad, el iglú con el que combatir el calor húmedo y sofocante.  Agradezco esa asepsia del establecimiento, el mármol blanco de su suelo, el acomodo de una silla de afelpada junto a la mesa con mantel del comedor. Me doy un descanso al ajetreo diurno de ese día que ha empezado muy temprano mientras desayuno un zumo de mango, que está demasiado dulzón, té, puesto que el café es malo, y unos bollos infames que tienen forma de croissant. Luego, salgo a la calle, de nuevo, que ya hierve de circulación frenética. Y me aborda el tipo de los tuk?tuks, el del bigote, el que administra los taxis de la zona. Le explico que quiero dar un paseo en barca por el Ganges y ver otros templos, que quiero ver un mercado. Acordamos 400 rupias. El tuk?tuk de hoy está tuneado, tiene hasta un diminuto televisor a la altura del espejo retrovisor, aunque me temo que no funcione, y una colección de dioses diversos sobre una pequeña repisa. Me lleva al río mientras canta por el camino. Todavía no entiendo cómo es capaz de circular por esas callejas estrechas y tortuosas sin echar abajo los puestos de verduras que hay a derecha e izquierda o meter la rueda en las alcantarillas a cielo abierto. Un barquero se postula para darme un paseo mientras hago fotos al río al pie de las escaleras. Por señas le digo que quiero dar el paseo por la tarde, cuando se ponga el sol. El me insiste que ahora es mejor. Ahora hace un calor de mil demonios y mi ropa está empapada, como si me hubiera caído al Ganges.  ?Hoy a las 5 y media. 300 rupias. ?400. ?350. ?Ok, sir. Llegar a un acuerdo con alguien, sea el que sea, siempre es motivo de celebración. Estrecho la mano de mi barquero de la tarde, que no lo será, finalmente. Regreso con mi conductor al tuk?tuk y, por el camino, me dice que no hago un buen negocio con el barquero, que es un tipo peligroso, que bebe y se droga. ¿Pues por qué me ha llevado a él? No le creo. No le debe dar una buena comisión. No hay un solo hindú que hable bien de otro. Todos dicen exactamente lo mismo: que los demás engañan, menos él.  ?Quiero ver un templo. Me lleva a dos templos. Uno lo han pintado de un espantoso color rojo por fuera y está a orillas de un enorme estanque de agua completamente verde. Su interior es cochambroso. ?Monky temple?me dice cuando acabo de verlo. Los monos siempre tienen su templo. También las ratas, las vacas, los elefantes. Al templo de los monos tampoco dejan entrar con cámara. Unos soldados me cachean cuando paso por el arco de seguridad. El edificio se alza en medio de una zona ajardinada por donde los simios campan a sus anchas, tranquilamente, y se suben a las ramas de los árboles en donde juegan. El templo es grande y está limpio y seco. Los fieles dan vueltas a su alrededor y llevan ofrendas de alimentos y flores en cajitas de cartón que depositan en los altares. Me uno a ellos, los observo, miro cómo mueven los labios, sus exagerados aspavientos, la forma en que juntan las manos, las alzan al cielo.  De regreso al hotel me entretengo con un encantador de serpientes que juguetea con una cobra. Le hago unas fotos a cambio de doscientas rupias y regreso en el tuk tuk al hotel, a la hora de la comida, a tiempo de darme una buena ducha y cambiar la ropa empapada de sudor por otra seca y nueva. Espero a que muera la tarde para coger un nuevo tuk tuk e ir al Ganges. El barquero de la mañana me aguardará en balde y maldecirá lo poco que vale mi palabra de occidental a pesar del apretón de manos. Mi conductor me lleva a otro embarcadero, pero hay que ajustar el precio. Por un paseo en barca el muchacho que controla las barcas me pide 500 rupias. Me niego a pagárselas por cuestión de principios y le doy la espalda, enojado, mientras retrato ese ambiente que se forma cuando cae la tarde, el color del río que cambia y ahora es de un azul muy pálido. ?Cuatrocientas rupias ? insiste el barquero, frustrado, a mi espalda, siguiéndome. ?Trescientas cincuenta o nada.  Por trescientas cincuenta rupias tengo una barca destartalada, que hace agua, y un barquero perezoso que boga a ritmo lento y se deja llevar por la corriente en el viaje de retorno. Pasamos por delante de algunos gaths. En alguno de ellos arden los cadáveres. En otro, junto al río, grupos de hombres echan una partida de cartas. La luz del atardecer confiere una plácida belleza al conjunto. Grupos de jóvenes se zambullen en las aguas pútridas, nadan en ellas, ajenas a la inmundicia que llevan. Sí, realmente el Ganges es un río de aguas milagrosas, un dios. Trato de imaginarme la cantidad de bacterias que llevan en suspensión sus aguas y que su número quizá sea la causa de que beber de sus aguas sea inocuo, de que se neutralicen entre sí unas a otras. A las seis es noche cerrada y la barca me deja en las escaleras del embarcadero. Una multitud se agrupa junto al templo de las rayas blancas y rojas en donde estuve el día anterior. Huyo de él y le digo a mi conductor que se espere unos minutos mientras callejeo.  De regreso al hotel la endiablada circulación tiene algo de mágico. Disparo a diestro y siniestro mi cámara hasta que la luz desaparece por completo y los hombres y mujeres de Varanasi son sombras que chapotean en ese caos húmedo. Empiezo a conocer la ciudad cuando ya tengo que abandonarla: la calle inundada en la que las motos abren estelas de agua, la calle bacheada en extremo en donde el tuk tuk avanza a duras penas y a punto de romperse en medio de un infernal traqueteo.  Dejo Varanasi al día siguiente por la mañana. El coche de la agencia de viajes me recoge puntualmente en el vestíbulo para llevarme al pequeño aeropuerto. Y al salir del hotel veo un hombre, tendido sobre el barro, de bruces, seguramente muerto, al que los coches, motos, tuk tuks, rick shaws y bicicletas sortean describiendo círculos. Nadie se detiene para saber si vive o ya murió, o para sacarlo de la calle en donde, cuando oscurezca, si sigue allí, lo aplastarán los neumáticos de un coche. La muerte es un mero trámite, un paso para la otra vida, ese ciclo de encarnaciones y reencarnaciones sin fin. No, no me moriré en Varanasi, ni dejaré que me quemen, aunque ya haya comprado dos kilos de madera de sándalo, ni mucho menos que echen mis restos al turbio Ganges.
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El lugar de Juan Pan  De momento lo he dejado a un lado y he comenzado a leer un libro impresionante cuyos detalles remueven las tripas: ?El Mal absoluto?. Voy por la mitad y me he sentido muy afectado leyendo lo que he leído. Ha ganado el XI Premio de Novela Ciudad de Badajoz. Su autor es un reconocido autor, ganador de varios premios literarios: José Luis Muñoz. En esta obra un general nazi, que ha sobrevivido a los veinte años de presidio con que le condenaron en el juicio de Nuremberg, es entrevistado en su castillo en nuestros días por una joven periodista de la televisión. En sus respuestas se reafirma en lo que hizo, no se arrepiente de nada y afirma que tenían razón y lo volverían a hacer si las circunstancias se repitieran. La misma reportera entrevista luego, para presentarlo en el mismo programa, a un judío sobreviviente de Auschwihz, quien cuenta con todo detalle lo que le tocó vivir en ese lugar y en Bikenau, y menciona los nombres de los generales encargados del campo. Está avergonzado y hundido por lo que hizo para sobrevivir: era capo en el campo. Explica que un capo tenía privilegios sobre lo otros compañeros: comida y calefacción en sus barracones. No trabajaban sino vigilaban que trabajasen los compañeros. Al que se caía, él mismo lo mataba. Él los llevaba a las duchas, él echaba el veneno en las tolvas, él sacaba los cadáveres y recuperaba el oro de sus bocas y dedos, amputándolos. Eran capaces de hacer cualquier cosa para mantener sus privilegios, y si dudaban en cumplir una orden de algún oficial alemán, eran ejecutados en el acto. Cuando se emite la entrevista y el judío escucha las palabras orgullosas del general decide ejecutarlo. Eso es lo que he leído, aún me quedan 160 páginas. ¿Conseguirá el antiguo prisionero vengarse de su carcelero? ¿Cómo lo hará? ¿Qué pretende contar esta novela? Pues ya os lo diré cuando la termine. lunes, septiembre 15, 2008 EL MAL ABSOLUTO Ya terminé de leer el libro del que os hable anteriormente.A lo largo de mi vida, he leído muchos libros y visto muchas películas y reportajes sobre los crímenes que cometieron los nazis en los campos de exterminio.Esta obra los supera a todos. Es escalofriante, da nauseas.Un ejemplo:Un general del campo de Birkenau tiene un esclavo polaco de 17 años , a quien llama de vez en cuando para violarlo. El chico está enamorado de una joven que ejerce de prostituta para oficiales en otro barracón. El general se entera y la hace traer a su despacho y delante del chico la viola y luego la asesina. El general disfruta del estado en que ha quedado el chico tras presenciar el acto y le ordena llevarla en una carretilla hasta el crematorio y deshacerse del cadáver.Llega un camión cargado de niños y el general les dice a sus madres que elijan de entre sus hijos a uno para salvarlo. Ellas, cargadas de hijos, eligen a uno, el más débil y necesitado, y se los lleva con ellas en brazos directamente a las duchas, que no son sino cámara de gas. Pero antes de irse ven cómo sus otros hijos son asesinados allí mismo ante sus ojos.Para salvar su vida, en recompensa por sus favores sexuales, el general nombra a su esclavo capo encargado de los crematorios. Allí debe echar vivos aún a cientos de niños y mujeres enfermas, arrancádoles antes el oro que llevan en sus dentaduras y dedos.  Cuando el antiguo prisionero ve la entrevista en televisión, reconoce al antiguo director de Birkenau y comprende que si su Dios, Yawé, lo ha mantenido vivo ha sido para usarlo como vengador de sus crímenesPero él está viejo y casi inválido. Contrata a un sicario que cumplirá fielmente su mandato.Y el ex prisionero hará beber de su propia agua al general.No cuento más.Es una novela que divido en tres partes de un centenar de páginas cada una:1ª La entrevista del general nazi en televisión, el día del 60º aniversario de la liberación de Auschwihz por los rusos, en la que demuestra que no está arrepentido de lo que hizo y que lo volvería a hacer si se dieran las mismas circunstancias.Unas declaraciones que causan estupor primero, y rabia e impotencia después.2º La entrevista a un superviviente de Birkenau.Sus acusaciones son terribles, no sólo contra el nazismo, sino contra el sistema judicial que permite que muchos asesinos hayan pagado sus crímenes con sólo unos cuantos años de cárcel y que en la actualidad vivan en sus palacios o despachos de multinacionales, celebrando cada año en fiestas privadas sus viejas y gloriosas hazañas.Da nombres.3º Las cien últimas páginas son tan interesantes que uno no puede dejar la lectura: Durante la emisión de las entrevistas en el programa especial, el judío reconoce en el televisor a su antiguo verdugo y decide emplear todos sus ahorros en una venganza.Para ello, contrata a un sicario que secuestra a un nieto del general.Tiene un final inesperado, que no cuento, obviamente.Una novela publicada en 2008. Ha ganado el Premio Badajoz de novela, publicada por la Editorial Algaida.Os la recomiendo.Saludos Publicado por JUAN en 8:09 AM 3 comentarios
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 El inspector Rodríguez Pachón sigue dando que hablar en Francia La dernière enquête de l?inspecteur Rodriguez Pachon 16.80 ? Délai de livraison : 8/10 jours Livraison gratuite Principio del formulario Final del formulario José Luis MunozTag(s) : Littérature espagnole - Actes noirs - Roman policier Traduit de l? espagnol par Alexandra Carrasco Actes sud, mars 2008 / 12,5 x 19 / 150 pages ISBN 978-2-7427-7360-2 Cuba, une île asphyxiée par le blocus. A La Havane, les habitants vivent de petits boulots et de débrouille. Pour les touristes, le tableau est pittoresque : soleil, immeubles peints en couleurs pastel et prostituées un peu partout, illégales mais tolérées puisque l?économie locale dépend en grande partie d?elles. Un inspecteur féru de littérature, fanatique de Faulkner et d?Hemingway, amateur de vieux films américains, évolue dans ce milieu. Bien que chargé de la traque aux maisons clandestines, il est en contact avec les maquerelles et apprécie ces filles dont corps et culs remuent comme nulle part ailleurs. Amoureux de Minerva, il accepte plutôt mal les hommes qui tournent autour d?elle. Il en deviendrait presque méchant... Chargé d?enquêter sur la découverte d?un tronc de femme décapitée, il aimerait entraîner son collègue Vladimir dans sa vie de déglingue. Entre les maisons lépreuses dans les ruelles humides et moites, la fin inéluctable sera surprenante et plus violente qu?aurait pu le laisser supposer la pourriture tranquille. José Luis Muñoz décrit avec passion, ironie et sarcasme la décadence d?un individu sur fond de ville ambivalente, suintant d?humidité autant que de sueur, une ville de l?alcool et du sexe, misérable dans tous ses autres aspects. Né à Salamanque en 1951, José Luis Muñoz vit depuis de nombreuses années à Barcelone où il se consacre à l?écriture et à diverses activités journalistiques. Il a déjà écrit une vingtaine de romans noirs, récompensés par un certain nombre de prix littéraire.  La dernière enquête de l?inspecteur Rodriguez Pachon, Jose Luiz Munoz, Actes Sud L?inspecteur Rodriguez Pachon est un flic plutôt ripoux de La Havane. En charge de la traque des maisons closes clandestines, il n?hésite pourtant pas à profiter du corps de ces jeunes prostituées en nombre dans la ville. Il soigne ses contacts avec les maquerelles pour ces corps et ces culs qui remuent comme nulle part ailleurs. Pachon est pro castriste et disserte régulièrement sur les bienfaits du régime, à qui veut l?entendre et spécialement à Dimitri, son partenaire, qu?il tente d?entraîner dans ses virées nocturnes, où les beuveries se terminent inlassablement dans les maisons closes. Pachon est tombé amoureux de Minerva, une prostituée. Sa favorite. Il finit par ne vouloir qu?elle. Et déteste tous les autres hommes qui paient pour Minerva, jusqu?à devenir méchant. Dans une Havane loin de la carte postale touristique, hantée par les putes et les habitants luttant contre la pauvreté, Pachon va peu à peu sombrer. Un corps mutilé, le tronc d?une femme, est découvert dans un terrain vague. Pachon et Dimitri sont chargés de l?enquête. Il s?agira pour commencer de retrouver les autres parties du corps. Petit à petit celles-ci apparaissent, révélant une vérité compromettante, jusqu?au final inattendu, violent et tout à la fois inéluctable, sans appel. Un roman rapide, court et incisif sur une réalité cubaine en mutation, et sur la décadence d?un individu décrite avec humour et ironie dans une ville décadente, suante, où il ne reste, semble-t-il, pour beaucoup, qu?alcool et sexe. José Luis Munoz, La dernière enquête de l?inspecteur Rodriguez PachonOù il est question de la découverte d?un tronc de femme décapitée, d?un inspecteur féru de littérature et de vieux films américains, d?un Cuba asphyxié par le blocus et de pourriture tranquille ? (Actes Noirs) en NOIR COMME POLAR. La Dernière enquête de l'inspecteur Rodriguez Pachon De José Luis Munoz  Ambiance moite et torride dans ce petit polar rapide et percutant qui nous emmène à Cuba. Rodriguez Pachon, inspecteur de police amateur de filles et de littérature, est amoureux de Minerva, une prostituée dont il aimerait devenir l?unique client. Or un jour, on retrouve le corps mutilé de la belle? A travers une évocation colorée des bas-fonds de La Havane, c?est un portait sans concession d?une île asphyxiée par le blocus et les combines politiques. Sexe, alcool et violence sont au rendez-vous dans ce texte dont l?écriture luxuriante est un régal de sensualité. On est loin des clichés romantiques pour touristes en mal d?exotisme. A méditer avant de partir au soleil? Communauté de Comunnes de Brianconnais. (Último caso del inspector Rodríguez Pachón - 2005) José Luis Muños Actes Noirs - Actes Sud - 2008)  Inspecteur de police à La Havane, Rodríguez Pachón est un vieux de la vieille. Dans cette ville au charme tropical désuet, parmi ses rues délabrées et la pauvreté de sa population, une vie colorée et bruyante s?accroche et perpétue la joie de vivre l?instant présent, seul luxe des cubains de ce 21e s. C?est aussi une ville sans grand banditisme, voyant peu de crimes de sang, même si corruption et vénalité se faufilent dans tous les replis d?une société aux ressources de plus en plus maigres. Pauvreté et misère sont le lot de beaucoup, résultat d?un blocus Américain imposé de longue date et aux effets pernicieux. Officiellement pour déstabiliser Castro. Mais le Commandant est toujours à la barre du pays, d?un pays qui s?enfonce de plus en plus dans la récession et la pauvreté. Pourtant Rodríguez, castriste de longue date, est toujours confiant. Les vrais pourris, les fossoyeurs du peuple, les profiteurs capitalistes sont tous de l?autre côté : fuyards, traîtres et expulsés, tous à Miami. A la Havane il gère son petit monde avec bonhomie, mais fermement quand il le faut : l?ordre est à ce prix. Que ce soient les touristes espagnols et autres, toujours à l?affut de femmes cubaines, les poivrots braillards et bagarreurs, ou les putes qui ne savent pas se tenir.A côté de ça, il mène sa petite vie tranquille, faite de cigares, de bonnes lectures, de cafés très forts, de petites faveurs que lui valent sa fonction de flic, et surtout de jeunes métisses au tempérament de feu. Même vieillissant, Rodríguez sait apprécier les plaisirs de la chair, tout spécialement chez Madame Lupe où la jeune Minerva le comble et dont il est le client régulier. Avec passion, mais aussi avec tendresse, une tendresse dont il ne se croyait plus capable et dont il se rend compte de manière encore plus aigüe alors que Minerva reste absente du bordel de Mme Lupe depuis plusieurs jours. Ses préoccupations à propos de la jeune prostituée seront finalement mises en veilleuse, car le corps d?une femme morte et dépecée est retrouvé près d?une décharge. Fait peu courant à La Havane, ce genre de meurtre met la police en alerte et Rodríguez se voir confier la direction de l?enquête. Bien difficile, car la jeune femme reste non identifiée et les traces sont maigres. Recherches sur les pervers sexuels, sur les femmes disparues occupent le temps de l?inspecteur, mais à son rythme, car au c?ur de cet été cubain qui chauffe les sens et qui rend chaque effort pénible et contraignant, il essaye de s?économiser. Malgré la pression de plus en plus grande de son chef, malgré sa solitude de plus en plus profonde. Persuadé que sa vie sans Minerva sera de plus en plus impossible.S?il continue cependant, c?est rempli du sentiment que sa fonction et ses recherches servent vraiment à quelque chose d?utile. Mais jusqu?où pourra-t-il aller ? Itinéraire crépusculaire d?un flic qui sait qu?il bascule dans l?autre versant de sa vie avec la vieillesse en ligne de mire. Un personnage qui s?accroche à sa vie et à ces raisons d?exister qui le soutiennent depuis toujours, qui contemple le délabrement de sa ville, tout en profitant de sa convivialité. Un flic qui ressent, comme beaucoup et sans se l?avouer, que le régime contrôlant Cuba est proche de l?impasse. Le crépuscule d?une vie en parallèle du crépuscule annoncé d?un pays qui se contentait de peu et qui voit ce peu se réduire à la misère.Et pourtant, comme ses concitoyens, Rodríguez Pachón profite de la vie et de ses côtés épicuriens, immédiats. Demain est loin et le futur à long terme incertain pour des fonctionnaires comme lui? Mais l?itinéraire de l?inspecteur croisera une fois de trop la mort, le propulsant vers un destin qu?il ne contrôlera plus. D?une écriture incisive et prenante, l?Espagnol José Luis Muñoz nous plonge dans l?univers grouillant de vie qui environne l?inspecteur de police, et nous fait suivre son quotidien rempli de détails qui caractérisent ces classes populaires qu?il contrôle et défend, sans folklore inutile ni clichés. L?ambiance tropicale, toile de fond permanente, y est rendue avec une force discrète qui soutient le récit, créant une atmosphère qui marque tout en participant à l?impression de vécu que le lecteur ressentira à la lecture de ce roman de qualité.Un roman qui trimballe une forme de langueur noire qu'on découvre enfouie sous les aspects actifs d?une intrigue qui est beaucoup plus qu?un banal « Ki l?a fait », et qui débouchera sur une fin implacable et désespérée.José Luis Muñoz, un auteur à découvrir. EB (mars 2008) (c) Copyright 2008 E.Borgers en POLAR NOIR
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ESTA NOCHE MORIRÉ de Fernando Marías (Editorial 451)  Muy oportuna la reedición por parte de 451, el sello editorial que dirige Javier Azpeitia, de la novela de culto de Fernando Marías cuya escritura data de 16 años atrás. Con elementos del género negro y fantástico, aderezados, todos ellos, con una exquisita arquitectura literaria y un andamiaje perfecto que se sirve del género epistolar y la confesión, Marías, uno de nuestros más brillantes autores, atrapa al lector literalmente desde el título, tan hermoso, y lo hace partícipe de una venganza insólita y delirante en cuyos entresijos se haya implicada La Corporación, sociedad tan misteriosa como inquietante cuya continuidad literaria la han hecho posible autores amigos de Fernando Marías que han escrito un libro colectivo de homenaje.  Es ESTA NOCHE MORIRÉ una novela que se lee de un tirón ? y no por su número de páginas sino por lo bien construida que está y la imposibilidad de dejarla una vez que se toma ? y es un bumerán lanzado al ojo del crítico, cada vez más escaso, bien es verdad, que opina que la literatura de género no es arte o la tacha de subgénero. En el caso de Marías, arte con mayúsculas ante el que el lector queda rendido y literalmente sin respiración ante una novela tan hermosa como dura, en alguno de sus tramos, poseedora de una belleza bárbara que la convierten en pieza literaria insólita. De lectura, o relectura, obligada.
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 Recupero para los lectores del blog a un autor, Ramón Cabrera Naveiras, que ya había estado en estas páginas como experto y mutipremiado narrador de relatos. UNA CARTA URGENTE obtuvo el Segundo premio Concurso relatos El molino de la Bella Quiteria (Munera, Albacete) 2006 y el Premio Álvaro Paradela de narraciones cortas 2007 (El Ferrol, A Coruña). En el 201 aniversario del nacimiento de HC. Andersen UNA CARTA URGENTE Ramón Cabrera Naveiras  Esa tarde Hans consideró más oportuno no acudir al club. Afortunadamente no tenía concertada allí ninguna cita y, con el frío que hacía, lo probable era que todos los socios hubiesen optado por resguardarse en sus casas. Con seguridad su fiel sirviente, siempre tan previsor, habría encendido la chimenea con unos buenos troncos que durarían hasta muy avanzada la noche. Le apetecía sentarse en el sillón, junto al fuego, y leer un buen libro o repasar sus apuntes con la buena compañía de una copa de brandy. Con esta agradable perspectiva aceleró el paso, sobre todo porque no llevaba paraguas, los carruajes de alquiler parecían haber desaparecido y los primeros copos de nieve comenzaban a blanquear las hombreras de su abrigo. Atravesó a grandes zancadas el parque y en el estanque se detuvo unos breves segundos, maravillado de la indiferencia de los patos a las bajas temperaturas. Chapoteaban en el agua, en la que hundían sus cuellos en busca de alimento, o se perseguían los unos a los otros levantando el vuelo unos pocos metros entre estridentes parpidos y alborotado batir de alas. También había algunos cisnes deslizándose en silencio y luciendo orgullosos sus plumajes blancos y la curva de su silueta. Con su porte aristocrático parecían despreciar a sus h  umildes congéneres, ruidosos y nada distinguidos. Hans no pudo menos que pensar que a los seres humanos igualmente les separaban idénticas diferencias de clase y de belleza. Suspiró y de nuevo emprendió la marcha. La nevada era ya muy intensa. Al entrar en su casa agradeció la calidez del ambiente. Al fondo, en la biblioteca, las llamas crepitaban vivas y rojizas en el hogar. Se auguró una velada tranquila y agradable. Felicitó a Björn por tenerlo todo tan bien dispuesto mientras era ayudado a quitarse el abrigo y la chistera y preguntó, como de costumbre, si en su ausencia se había producido alguna novedad. -Hay una carta urgente para el señor en el despacho. Por lo demás, nada digno de mención. -¿Una carta urgente? ¡Hum! ¿Sabes de quien es? -La trajo una doncella, de parte de su señora, hará un par de horas. Pero no dijo su nombre y yo consideré que no era de mi incumbencia preguntárselo. ¡Una carta urgente de una dama! Normalmente las urgencias venían de su editor, pero de una mujer... Sorprendido intentó imaginar de quien podía ser. Sus relaciones femeninas eran escasas y sólo con dos o tres mantenía un trato esporádico. Frunció los labios, picado por la curiosidad. -Sírveme un brandy ?ordenó a Björn. Sobre la mesa, en efecto, encima de unos libros, vio un sobre de color rosa pálido. Al cogerlo, un delicado perfume a violetas lo envolvió. No necesitó más para adivinar quien era la remitente. La alegría hizo que el corazón le saltara de gozo en el pecho. Sí, sus iniciales, H.C.A, estaban escritas en grandes trazos limpios y seguros en el anverso. En el reverso, con caligrafía menuda, el nombre de ella:  Jenny Lind. La suponía en Viena, cantando el Don Giovanni. ¡Ah, de nuevo estaba en Copenhague! Ninguna noticia podía satisfacerle más que saberla tan cerca de él. ¡Queridísima amiga! Se hizo con el abrecartas y comenzó a rasgar el sobre con cuidado. Dentro, una cartulina impresa mostró su borde marfileño. Despacio comenzó a extraerla con los dedos índice y pulgar. Pero Hans no tuvo necesidad de leer todo su contenido. Las cuatro primeras líneas bastaron para que, como la hoja muerta desprendida de un árbol, el sobre le resbalara de la mano y cayera sobre la alfombra. Aturdido buscó su sillón, en el que se dejó caer pesadamente, casi sin fuerzas. Las sienes le retumbaban. Sus pensamientos eran ahora tristes y confusos y retrocedían hacia un pasado lejano en el que por vez primera, emocionado, escuchó en Estocolmo la voz de Jenny alcanzando los más altos registros en el ?Exsultate, jubilate? del Réquiem de Mozart. Fueron presentados y desde entonces entre ambos se fraguó una hermosa amistad que Hans cultivó con la esperanza de que llegase a ser íntima y duradera. Los recuerdos, atropellándose, acudieron a Hans durante largo rato, hundiéndole progresivamente en la desilusión y el pesimismo. Sumido en ellos tardó en darse cuenta de que Björn había depositado la bandeja con el brandy a su lado y que, servicial, le tendía el sobre que había recogido del suelo. -Posiblemente al señor se le haya caído ?le oyó decir. Hans, con un gesto, lo rechazó y comunicó a su sirviente que deseaba estar solo. Cuando Björn se hubo ido dejó que su vista vagara perdida por la habitación, intentando concentrarse en algo que alejara de su mente la terrible noticia que anunciaba, de forma inesperada, la boda de Jenny Lind. Fue durante ese recorrido visual que vio reflejada su imagen en un gran espejo colgado de una pared. En él pudo contemplar su cuerpo huesudo y largirucho, de piernas desproporcionadas; su rostro macilento que terminaba en un mentón afilado hacia el que descendían desde las comisuras de los labios dos profundas arrugas; la prominente nariz, los ojos pequeños, la boca poco atractiva, la anchísima frente por culpa de unos cabellos sin brillo que nacían en su cabeza demasiado hacia atrás y,  sobre todo, la expresión patética de niño desamparado que a menudo hacía reir por lo bajo, a veces dar pena. Conteniendo las lágrimas cerró los ojos para no seguir viendo aquel hombre de aspecto mal parecido y ridículo que tuvo la osadía de aspirar al amor de una mujer. Ansió dormir, morir incluso para olvidar. Pero no pudo. Porque esa misma noche, en un arrebato de dolor, Hans Christian Andersen estuvo escribiendo, hasta altas horas de la madrugada, las primeras páginas de su célebre cuento ?El patito feo?.
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BORGES, ESE GRAN DESCONOCIDO  La muestra presenta textos y más de 130 fotografías inéditas del escritor en sus viajes por el mundo. Jorge Luis Borges escuchaba Pink Floyd, tenía pasión por el arroz con manteca y queso, y de joven abandonó el vino después de oír a un amigo de su padre pronosticar que se convertiría en un "borracho perdido". Estos son algunos rasgos del lado más personal y menos conocido del prestigioso escritor argentino que su viuda, María Kodama, relató a BBC Mundo. El diálogo se produjo a propósito de una muestra de fotografías y textos de viajes de Borges y Kodama por el mundo, "El atlas de Borges", inaugurada esta semana en La Casa de América Latina de la capital francesa. Lo que sigue son extractos de esa conversación con Kodama en el café Mabillon de París, sobre el boulevard Saint Germain: ¿Le gustaba viajar a Borges? Sí. Disfrutaba muchísimo los viajes, porque era una forma de sentirse "ciudadano del mundo", como él decía. ¿Cuáles eran sus lugares predilectos?  Islandia (risas). Y le gustaba mucho Venecia, París por supuesto, Londres... Una pregunta que surge al ver la exposición es si Borges tenía una rutina... La pareja en Ginebra. No, creo que si Borges hubiera tenido buena vista quizás lo hubiéramos perdido como escritor. Hubiera sido un aventurero. Era una persona que no tenía rutinas, ni siquiera para escribir. Escribía, como decía, cuando la Musa le dictaba o cuando el espíritu lo habitaba. Si no tenía ninguna idea en la cabeza, seguía de largo y no pasaba nada. ¿Cómo era un día en la vida de Borges? Se levantaba más o menos a las ocho o nueve de la mañana, desayunaba, después recibía a los periodistas, a los estudiantes, estudiábamos el anglosajón o el islandés, según fuera el turno, y después a veces escribía y a veces no. Leíamos o le leían siempre. Íbamos bastante al cine; le gustaba mucho. ¿Cuál era su plato favorito? El arroz con manteca y queso. Hay una anécdota muy divertida, porque un día un amigo lo invita a comer a Maxim's. Viene el maitre, a quien le habían explicado quién era Borges, y le dice: "Maestro, ¿qué podemos servirle?". Y empieza a dar una larga lista del menú, exquisito por supuesto.  Quiero saber cómo preparan mi plato preferido en el mejor restaurant de París (Maxim's): arroz con manteca y queso Jorge Luis Borges Borges escucha atentamente y termina diciendo: "Arroz con manteca y queso". El amigo queda paralizado y le dice: "Pero maestro, estamos en el mejor restaurant de París...". Entonces él mira al maitre y le dice: "Por eso, quiero saber cómo preparan mi plato preferido en el mejor restaurant de París: arroz con manteca y queso". ¿Le gustaba alguna otra comida? Le gustaban las uvas y todas las frutas. Y también, cosa rara para una persona de su generación: la comida japonesa. El sashimi, por ejemplo. ¿Tomaba vino? El me contó que cuando era muy joven sí. Hasta que un día, en una reunión, escuchó a un amigo del padre que decía: "¡Qué lástima! Si Jorge sigue así va a terminar borracho perdido". Desde ese día dejó de beber. ¿Nunca más? De paseo en México. Nunca más bebió hasta que empezó a dar las conferencias. Entonces bebía un guindado o un vasito de caña para poder hablar, porque era muy tímido. Me angustiaba mucho, pero nunca se lo dije, porque él era tartamudo y se había corregido, pero cuando estaba cansado, si bebía la copita de vino, tenía como dificultad para arrancar. Yo sufría en la platea. Seguramente él también se había dado cuenta. Recuerdo que un día, caminando, me dijo la conferencia que iba a dar. Y de pronto se paró y comentó: "Pero he dado la conferencia... Entonces, quiere decir que puedo decirla sin tomar el vino". Me pidió que le dijera dónde iba a estar sentada: "Doy la conferencia para usted". Y no tomó nunca más. ¿Qué música escuchaba? El decía que era sordo musical, porque tenía sólo oído para la música de la palabra. Y decía cosas como por ejemplo que Beethoven no le gustaba, lo que producía el horror sagrado de toda la gente entendida. Pero le gustaban por ejemplo Brahms, Bach, la música antigua, medieval, la música folclórica, la milonga y los "tangos de la guardia vieja", como decía. Creía que Gardel había arruinado el tango. ¿Por qué? Porque lo había hecho "sentimental y llorón". En cambio, me decía que los "tangos de la guardia vieja" eran como las milongas: tenían letras divertidas, en doble sentido. Le gustaba eso y después cosas divertidas como los Beatles, los Rolling Stones, Pink Floyd. ¿Pink Floyd? Sí, le encantaba. Tal es así que el himno para su cumpleaños no era el Happy birthday sino The Wall. ¿Cómo lo descubrió? No sé. La película The Wall es terrible y la vimos infinidad de veces. En un momento creo que sabía de memoria los diálogos. Le gustaba ese tipo de música porque decía que era una cosa de enorme fuerza, terrible pero vital. ¿Y los Rolling Stones? (Los Rolling Stones)Le encantaban, también decía que tenían una fuerza increíble María Kodama Le encantaban, también decía que tenían una fuerza increíble. Un día estábamos en el hotel Palace de Madrid, esperando a que vinieran a buscarnos para cenar, y veo que viene Mick Jagger. Se arrodilla, le agarra la mano a Borges y le dice: "Maestro, yo lo admiro".  Borges, un poco asombrado, no lo veía, dice: "¿Y usted quién es, señor?". Y él responde: "Soy Mick Jagger". Borges dice: "Ah, uno de los Rolling Stones". Mick Jagger casi se desmaya y pregunta: "¿Cómo maestro, usted me conoce?". Y Borges dice: "Sí, gracias a María". Yo le había contado a Borges que en una película que se llama "Performance" aparece una gran foto de Borges y creo que Mick Jagger leyendo a Borges. ¿Escuchaba música Borges para escribir? No, pero se había dado cuenta que escuchando música sin ponerla él y sin darse cuenta que estaba, le transmitía como una energía para escribir. ¿Y qué cosas lo irritaban? Borges era una persona de muy buen humor. Nunca lo vi enojado. (Pero) le irritaba la estupidez, las personas soberbias, la falta de ética en una persona y la falta  de respeto por el otro, sobre todo. Gerardo Lissardy
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De libros  Fernando Martínez Láinez, escritor que navega entre el género negro, del que es uno de los referentes obligados, y el histórico, brillante tanto como autor de ficción o ensayista, viajero que ha dado varias vueltas al mundo, estrena libro que promete: EL GRAN CAPITÁN, al alimón con J.M. Sánchez de Toca. ?Fue el guerrero más noble, más generoso y más puro que haya pisado la tierra. Sus enemigos lo honraron y alabaron con el sobrenombre de Grande, que muy pocos han merecido en la historia. Nació y se crio entre soldados, y la primera vez que aparece en la historia peleaba espada en mano para defender el honor y las vidas de unos judíos conversos.  Quiso ser monje, pero el abad lo rechazó porque no era ese su destino. Fue adalid de la frontera y capitán de lanzas en la guerra de Granada. Mandaba y combatía a pie y a caballo, y siempre protegió a sus hombres. Escaló el primero una muralla y estuvo peleando agarrado a una almena. Su buen hacer atrajo la atención de los Reyes que después llevaron nombre de Católicos, que le brindaron su amistad y confianza. El rey Fernando le dio el mando de un cuerpo expedicionario muy pequeño, el primero que salía de España en muchos años, y con él expulsó a los franceses del reino de Nápoles. Vino una paz ficticia, los franceses volvieron a invadir el rearme y Gonzalo volvió a echarlos. Fue amigo de sus amigos, y de sus enemigos; fiel a sus  hombres, fiel a sus hombres, a su esposa y a sus reyes. Exhortó al Papa a que llevara una vida ordenada. Regaló un reino a su rey. Por lealtad a su rey renunció a ser rey, y por no servir a otra bandera rehusó las ofertas de Génova, Venecia, del Emperador y del Papa, que lo querían para mandar sus ejércitos. Fue un guerrero elfo y un general excelente. Fue el Gran Capitán?. Mis felicitaciones, Fernando.  Publica Enrique Vila?Matas, puede que el mejor escritor español vivo, su DIETARIO VOLUBLE en Anagrama. Los que pudimos leer algunos capítulos en los sueltos en donde apareció ? la edición de El País de Barcelona ? estamos de enhorabuena. El escritor barcelonés ficciona la realidad como sólo él sabe hacerlo, con apuntes reflexivos en donde brilla su elegancia como escritor y ese fino humor que siempre encontramos soterrado en sus páginas. Hay que comprarlo y leerlo.  Muy avanzado, con galeradas, el libro que edita Juan Bas con el título LO BREVE SI BREVE y en el que comparto páginas con un elenco de destacados colegas y amigos entre los que uno se siente muy a gusto y bien acompañado: Elia Barceló, Miguel González San Martín, Manuel Hidalgo, Fernando Marías, Andreu Martín, Gustavo Martín Garzo,  Alfonso Mateo-Sagasta, Marta Rivera de la Cruz, José Carlos Somoza, David Torres y Pedro Ugarte. El mío se titula MIS QUINCE MINUTOS CON NORMA y ya pueden suponer quién es la chica de la película. La portada, el fotograma más provocativo de la historia del cine, ante el que, aún hoy, resulta imposible no cerrar los ojos. Vayan adivinando.
Libro en ciernes el que prepara Eduard Pascual y cuyo título provisional es CODEX 10. Conjunto de relatos de corte policial inspirados en casos reales. Todo sería muy normal si no resultara que Eduard Pascual es mosso de esquadra de la Generalitat, osea, policía, con lo que juega con bastante ventaja. Y además que escribe endemoniadamente bien sobre lo que conoce. De momento le han salido un montón de padrinos: Andreu Martín, Rosa Montero,Raúl Argemí, Fernando Marías, José Carlos Somoza, Carlos Salem...y yo mismo. Espero ver pronto en papel el libro y el relato que me tocó leer y recomendar: JUBILACIÓN DE UN MECÁNICO.
 Ya está disponible, si lo quieren leer en papel, el relato con el que gané el último premio Miguel Cabrera, CANCIÓN DE MUERTE EN MORALZARZAL, magníficamente editado por el ayuntamiento de Morón de la Frontera. Comparto páginas con José Luis Hernández Garvi ? EL EFECTO MARIPOSA ? y Alberto Fernández González ?SEÑOR JUEZ, los dos finalistas. Pueden pedir ejemplares al ayuntamiento de esa localidad andaluza. bibliotecamoron@telefonica.net
De premios
Nos temíamos que le tocara el turno a un norteamericano, o a un inglés, pero no, ha sido un consagrado italiano, Andrea Camilleri, quien recoge el testigo de las manos de González Ledesma en la última edición del premio RBA de novela negra. El año que viene Mankel se llevará el trofeo y la pasta. Bueno es saberlo para no gastarse papel ni sellos de correos.
De Blogs
Dos nuevos blogs que añado gustosos a mis favoritos. EL SUEÑO DE LAS PALABRAS, el blog literario de Felisa Moreno Ortega, una bitácora hermosa, lírica e interesante, y EL BLOG DE FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA, gran amigo y mejor escritor que vive momentos de oro en su ya dilatada carrera como autor.
De eventos culturales  Carlos Salem, amigo y escritor recientemente galardonado con el premio Silverio Cañada y que regenta un bar en Madrid llamado Bukowski ? por el premio, que es un recordatorio a mi primer editor, y por el sempiterno bebedor y escritor norteamericano que pasó a mejor vida cuando dejó los alcoholes de la calle por otros más refinados, va toda mi simpatía ? me envía información, que reproduzco, sobre los actos que tendrán lugar en su tugurio literario. Nacen los SABADOS NEGROS en el BUKOWSKI CLUBEl próximo sábado 13 de septiembre, a partir de las 21.00 horas, comenzará  una nueva a actividad en el BUKOWSKI CLUB de Madrid. Los SABADOS NEGROS nacen con la vocación de convertirse en un punto de encuentro y debate entre escritores, lectores y aficionados al género policial. En esta primera fase tendrá una frecuencia mensual, aunque no descartamos incrementar el número de sábados si la propuesta tiene aceptación, o para recibir a autores de paso en la ciudad.Cada Sábado negro a tendrá un tema central, con la participación de un autor o especialista del género,mesas redondas, canje de novelas policiales y debates. La intención es generar un lugar en el que todos los interesados por la literatura policial puedan intercambiar experiencias, datos y conocimientos.Para llevar adelante el programa contamos con la colaboración de varios "implicados" en la materia, como la Libreria Estudio en Escarlata, el crítico y periodista David G. Panadero, y el especialista en el género Enrique Bienzobas, entre otros.El primer encuentro, el ?ábado 13 a las 21.00 hora,s girará en torno a la figura de Sherlock Holmes y contará con la presencia de Jesús Urceloy, uno de los más destacados expertos en el tema. La entrada es libre como en todas las actividades organizadas en  el BUKOWSKI CLUB, pero el aforo es limitado.Cualquier interesado en participar, proponer un tema o un experto, puede hacerlo directamente en el local del BUKOWSKI CLUB (Calle San Vicente Ferrer, 25, Metro Tribunal), o por mail a bukowskiclub@gmail.comInés Pradilla & Carlos Salem De frivolidades  Desmiente Josémari ser el padre del niño-a que espera la ministra de justicia del gobierno de Sarkozy, Rachida Dati, que como todas las ministras francesas tiene un atractivo de mil demonios, con lo que uno no sabe si ésa es una condición sine qua non para estar en el gobierno. No sé a quién se le ha ocurrido semejante despropósito. Cuesta imaginar encamados a ambos protagonistas de la noticia y no sé que tal se le da el francés al ex presidente que hablaba catalán en la intimidad, suponemos que con su santa esposa. No sé qué tendrá que decir, a todo esto, Ana Botella, máxime cuando no hace mucho se relacionó a su marido con la paternidad de Cayetana Guillén Cuervo. ¡Qué manía con hacer padre a Aznar! De política  Una cosa es lo que queramos aquí, en Europa, y otra, muy distinta, lo que elijan allá, en EEUU. Para empezar vota un 30%. Y aunque no nos guste McCain, y menos la señorita Palin, a cuyo lado el presidenciable republicano en un hippie del 68, las encuestas, a día de hoy, le otorgan una clara victoria sobre Obama que tiene en contra lo de ser algo negro, demasiado inteligente, muy joven, liberal y educado en la élite, lo que en Estados Unidos es una clara desventaja. Recordemos que George W. Bush, un patán de pueblo que no tenía claro ni el mapa del mundo que iba a dominar, revalidó su mandato a pesar de todos los desastres de sus cuatro años de gobierno porque era un tipo chistoso que conectaba con el americano medio que se acababa de enterar dónde estaba Irak porque lo había invadido. Maravillosa la frase de Ambrose Bierce que sigue vigente: «La guerra es el camino que Dios ha elegido para enseñarnos geografía». Ya me lo advierte mi gran amigo Rolando Hinojosa desde Texas con una predicción demoledora: McCain será el próximo presidente de EEUU. De aniversario  En un día como éste, de un año ya lejano, vine al mundo y todavía ando desorientado sobre mi papel en el teatro de la vida por el que sigo dando tumbos como cuando tenía catorce años, pero con canas el asunto es más grave. De la exultante juventud, con ramalazos de perro verde, figura quijotesca que se apoyaba en una columna de la facultad de letras, ajeno al mundo, enfrascado en mi querido Cortázar? de esa época guardo la manía de pasear con libros en la mano, aunque no los lea? a esta madurez desorientada, el tiempo pasó a velocidad de crucero sin saber muy bien en qué lo empleé: suerte de los libros y los hijos que dejan una constancia positiva de ese paseo y le perpetúan a uno cuando sólo sea cenizas. No sé lo que me espera, aunque lo intuyo, pero acepto todo menos la decadencia. El día que no pueda subir a mi bici de montaña, o me quede pasmado ante la página en blanco, que alguien me dé el tiro de gracia. ¿Para qué sirve un caballo cojo?
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VARANASILA CIUDAD DE LOS MUERTOS (1) texto y fotos José Luis Muñoz  El tren nocturno que cojo en Agra, en una estación oscura y sucia, con gente durmiendo en los andenes, bandadas de ratas que pululan por las vías y suben a los vagones, quizá por los retretes, con compartimentos en los que, pese al aire acondicionado, las cucarachas campan a sus anchas, me deja doce horas después en el andén de Varanasi o Benarés, la mítica ciudad del Ganges a la que los hinduistas van a morir y ser quemados con la esperanza de acabar así con el ciclo interminable de reencarnaciones. El tipo de la agencia me espera en el andén con un cártel y contrata los servicios de un par de maleteros ?suelen ser éstos viejos escuálidos, que a duras penas pueden con las maletas colocadas sobre sus cabezas protegidas por turbantes, un trabajo duro que no quieren hacer los más jóvenes y en el que se dejan la piel ? a los que debo de dar doscientas rupias, cien por bulto.  Es mediodía y la ciudad hierve en medio de un caos organizado en el que vacas, perros, monos, ciclistas, motoristas y tuk?tuks son evitados por el coche que toca constantemente el claxon para advertir su presencia. El hotel, lujoso, puede que uno de los más lujosos de mi periplo por la India, para hacer de ese modo más soportable la estancia en la ciudad mas miserable y sucia del subcontinente, está en medio de ninguna parte, a tres kilómetros del Ganges, en una calle concurrida de tráfico frenético que permanece inundaba y sin que se sepa bien por qué, en cuyos charcos, que casi son lagos, la gente se hunde, los ciclistas pedalean y las motos levantan cortinas de agua intentando mantener el equilibrio.  Es casi la hora de la comida. El tren debía de haber llegado a Vanarasi con las primeras luces del día. Los frecuentes retrasos hacen que se haya presentado en la ciudad seis horas más tarde, pero nadie se inmuta, no había hojas de reclamaciones en la estación de partida ni en la de llegada. A uno le empieza a calar ese conformismo que se palpa en la India, el fatalismo de que las condiciones sociales, inhumanas a mis ojos, nadie las puede cambiar y hay que aprender a convivir en medio del caos y la miseria.  La comida está buena. Soy uno de los pocos comensales en el aséptico restaurante, cuyas cortinas permanecen celosamente bajadas para no desvelar el miserable entorno de casas semiderruidas, de dos plantas, con las paredes ennegrecidas por la humedad, que rodean el hotel. El arroz con pollo está bueno, es suave, y ya casi mi paladar se está acostumbrando a los enormes botellones de cerveza Kingfisher que me sigue pareciendo la peor del mundo. Me arriesgo y pido un helado de vainilla y trato de no enterarme, pretextando mi inglés infame, cuando el locuaz camarero me dice que cuando acabe su jornada laboral le acompañe a su casa en donde tiene un pequeño bazar. Constato que detrás de todo hindú hay siempre un vendedor. ?Sorry, i spike little english.  Quiero ir al Ganges. O Ganga, que es el nombre con que los hindúes nombran al río sagrado que nace en el Himalaya, dios en un país colmado de los dioses más diversos, hasta 32.000 tantos como especies animales que han encontrado en ese territorio su paraíso. A la salida del hotel, justo en donde empieza la zona de charcos que lo aísla y hace necesario el transporte público a no ser que te arriesgues a hundir los pies en el cenagal, un tipo con bigote y nociones de inglés parece controlar el negocio de los tuk?tuks de la zona, esos taxis económicos que son motocarros que se meten por los sitios más inverosímiles y que ya conocía cuando estuve en Tailandia. Tras el agotador regateo, bajo un sol de muerte, sintiendo en la piel la humedad pegajosa de la ciudad, que me va a acompañar durante toda la estancia, rebajo el precio de 800 rupias inicial a 400, y sé que pago en exceso, pero con la condición de que me deje en la ribera del Ganges, me permita callejear sin agobios y me devuelva al hotel cuando oscurezca. Un tipo mayor con bigote y pelo grisáceo, me invita a su carromato tras intercambiar unas cuantas palabras con quien hace de patrón. Y partimos.  En nada difiere Varanasi de la vorágine de otras ciudades de la India, salvo en que aquí todo parece más ruinoso, el ruido es, aún, más ensordecedor, y la abundancia de vacas sagradas blancas ? las negras, las pardas, no son sagradas, pero a nadie se le ocurre hincarles el diente ? se hace más patente, cruzando las calles, deteniéndose, echándose en ellas, tranquilamente, obligando a los conductores de coches, motos, tuk?tuks, bicicletas y rick?shaws a sortearlos. No hay atascos, a pesar de la densísima circulación, de que en la calle no hay un solo espacio libre de vehículo, porque todo vehículo, por su condición, está en permanente progresión, porque la bicicleta, la moto, el tuk?tuk o el coche nunca están quietos, zigzaguean constantemente, avanzan, aunque sea un milímetro, abriéndose paso en la vorágine circulatoria y buscando su propio espacio, y no hay guardias de circulación, mejor, porque cuando aparece uno e intenta reconducir el caos inevitablemente lo producen y la circulación se colapsa entonces.  Desembocamos, tras haber recorrido kilómetros de calles de los que el asfalto huyó y el socavón no es excepción sino la norma, en una laguna urbana de varios palmos de profundidad. Los peatones, con los pantalones arremangados, hunden sus pies en esa agua sucia que se filtra del Ganges, que tiene oleaje, mientras mi tuk?tuk sumerge sus diminutas ruedas en el lago y yo, instintivamente, levanto las piernas, para no mojarme, las mantengo en vilo. ?¿Monzón? ? pregunto. ?No, Monzón ya pasó. Agua Ganga.  Realmente resulta imposible acercarse al río como no se coja uno de esos taxis populares. El laberinto de calles me alerta de que llegamos a la ciudad vieja. Las vías son estrechas, apenas permiten el paso de un vehículo, y mi conductor aun es capaz, sin esfuerzo, de sortear al mismo tiempo un puesto de verduras, sin tirar ni un solo tomate al suelo, y la vaca que reposa echada en medio de la infecta calleja sobre el lecho de sus propias heces. Porque Varanasi, la ciudad santa de la India, una de las ciudades más sucias del mundo, está salpicada por la mierda de las cientos de vacas que pululan indolentes por sus calles y se alimentan de las basuras que nadie retira, a la que se añade la de los monos, perros y humanos. Pronto la pituitaria, acostumbrada a esa mezcla de olores infames sobre los que prevalecen el perfume de las especias o la madera de sándalo, se habitúa. Y el ojo humano es capaz de extraer la hermosura de ese inmenso basurero en donde no existe porción de calle limpia ni pared que no exude una putrefacta humedad.  ?Ganga?y señala un estrecho y oscuro callejón que nace en el túnel de una vivienda tras detener el petardeo del vehículo al que ya me he acostumbrado y echo de menos, como su frenético traqueteo. Le hago señas de que me espere. No hay problema. Nadie en su sano juicio es capaz de salir de ese laberinto de callejas, por cuyos laterales corren los desagües de las viviendas, ni va a coger otro tuk?tuk, ni va a perderse por la ciudad sin pagar, porque efectivamente se perderá. Antes de entrar en el túnel me cruzo con un puñado de jóvenes monjes hinduistas, con el cráneo rapado, que sale de su convento. Quizá la vida religiosa sea la mejor manera de sortear la miseria, te garantiza techo, comida y una cierta formación, como en la España de la posguerra que ya se nos ha olvidado, llena de moscas y miseria, de niños rapados con sarna en los orfelinatos y hombres con refajo y boina. Ya en el túnel debo esquivar un cuerpo tendido, un hombre joven y en los huesos, que nadie sabe si está vivo o muerto, a cuyo alrededor duerme un grupo de perros que también parecen estar esperando el último suspiro.  Nadie le toca, lo mueve, se apiada de él. La vida y la muerte es un ciclo natural que carece de dramatismo en Varanasi. Y al final de ese túnel oscuro, húmedo, cálido hasta el desmayo, por el que me tambaleo mientras sudo a chorros ? nunca había visto el sudor propio saltando de la piel como en Varanasi, nunca las gotas perlando de mi piel como una fuente, convirtiendo pantalón y camisa en una bayeta ?aparece un gath, uno de esos templos que se alzan al pie de las escalinatas que bajan al río y en cuyos túmulos arden los cadáveres. No hay muertos, sólo un grupo humano que chapotea en las aguas infectas, un padre que sumerge a su hija en el río lodoso, una mujer gruesa, con el cráneo rasurado ?señal de que está de duelo?, que se moja el rostro con el agua bendita, y el río, plácido, ocre, inmenso, de cuatro kilómetros de ancho, con la jungla enfrente, y cincuenta metros en su parte más honda, por donde bajan nenúfares confundidos con las cenizas de los muertos. Pienso en ?El río? de Jean Renoir.  Un monje de un cercano templo hinduista, de espantoso exterior pintado a rayas blancas y rojas, como la camiseta de un club de futbol o un antiguo colchón, me invita a entrar en su santuario. Me arrepiento enseguida de aceptar su envite. En Varanasi, cosa que no he hecho en otros lugares de la India, me he pertrechado de gruesos calcetines de lana gruesa, porque para entrar en ese templo, el más sucio y cochambroso que recuerdo, húmedo en su suelo y paredes, cubierto por una capa de flores en putrefacción, que nadie barre, y destilan un líquido mortuorio, y punteado, de vez en cuando, por la deyección inequívoca de algún mono, hay que descalzarse, y bendigo mi idea de protegerme la planta del pie de esa suciedad infecta que, junto al calor, hacen que la atmósfera allí dentro sea irrespirable, que sude a chorros, que trastabille hasta el punto de perder el equilibrio. ¿Realidad o pesadilla?  Un macaco irrumpe, profiriendo chillidos, por el techo del templo, y el monje de rostro famélico y mirada acerada, con los ojos pintados de negro ?lo mismo hacen los niños, y realmente no les favorece ? y delgado bigote, lo expulsa de un campanillazo. Un grupo de personas ora, en la conocida posición de flor de loto, en el sancta santorum, una letanía adormecedora y se me advierte que no los importune con mi cámara de fotos. Y mi guía monje se detiene ante cada uno de sus altares, me explica cada una de las inscripciones, identifica a cada uno de sus dioses ? ya conozco a Ganesha, el feo dios elefante reencarnación de Visnú al que se le reza para que te favorezca en los negocios, pero me quedo con ganas de que me explique quién es un dios más feo aun, una especie de pastilla de jabón usada de color naranja que veo por todas partes ?, me muestra cada uno de los recovecos de ese templo maldito del que, por un instante, calibro la posibilidad de salir corriendo, zambullirme en el Ganges y dejarme llevar por la corriente a otro Gath, pero me puede la educación y el respeto y asiento las explicaciones prolijas de mi guía santo con un mecánico Very interesant.  Cuando alcanzo la puerta del templo, al cabo de media hora de explicaciones que no he entendido, estoy tan eufórico de sentir la caricia de la brisa y de no haber perecido en esa visita guiada, que le pongo un billete de cien rupias en la mano como donación y le digo, en mi inglés macarrónico, que me ha parecido muy interesante su interminable explicación, pero el monje no se conforma, acepta el donativo y pide otro tanto para él aduciendo que tiene hambre. Se lo doy, claro. Uno ya empieza a estar habituado a ese gesto de abrir el billetero constantemente y repartir rupias a diestro y siniestro, ya tiene presupuestado ese dinero de calle que encarece un viaje que parece barato y no lo es tanto. India es el país de las propinas. Cada acto, hasta el más nimio, hasta que te abran la puerta de un vehículo, lleva aparejada una cantidad de rupias.  Deambulo por esa calle paralela que discurre a orillas del Ganges cuando las luces de los tenderetes se encienden para que brille la mercadería. Hay, en una de las bocacalles, junto a un endiablado entramado de cables de luz que se cruzan sobre un poste que a duras penas aguanta ese cableado insensato y echa raíces en el río, una pastelería con un mostrador de dulces apetitosos, bolitas de coco y almendras untadas con miel, en las que se ceban miríadas de abejas anaranjadas y enormes; hay un tipo que remueve un barreño de leche, en donde se ahogan las moscas, para elaborar yogurt.  Y tiendas de retales, saris, zapatos, orfebres, peluqueros, verdulerías ? no hay país en el mundo que de la sosa verdura haga apetitosos platos?. La campana de un templo de Krisna resuena en la calleja anunciando que el día acaba y de dentro me llega la popular melodía ?Hare Krisna, Hare Hare, Hare Krisna, Hare Rama?. Tendría aspecto de santón, podría pasar perfectamente por uno de ellos ? camisa india color azafrán, comprada en Jesailmer, pantalón arrugado de lino blanco, sandalias y barba ? si no fuera por la cámara de fotos. Encuentro, dos horas más tarde, el taxi donde lo he dejado, y al conductor dormido. Lo despierto tosiendo.  ?Al hotel. Pero no me lleva al hotel, claro, sino al barrio musulmán de la ciudad, en donde se concentran los tejedores. El fragor de los telares preside ese reducto que está algo más limpio que otros de la ciudad. En cada una de las casas de ese barrio sinuoso, se trabaja agrupados en clanes familiares utilizando para elaborar el estampado de la tela una curiosa plantilla perforada, como las viejas fichas de los ordenadores. Tras la visita por los telares me pasan a la tienda almacén con la esperanza de que haga una buena compra y deje una sustanciosa comisión al taxista.  Esta vez no, ya estoy saturado de compras, y cuando me alzo del suelo acolchado en donde he permanecido, con las piernas cruzadas, para recuperar las sandalias que he dejado en la calle, el vendedor patrono, un indio musulmán de aspecto colérico, hace gestos de enfado, mostrándome la molestia que se ha tomado sacándome centenares de telas preciosas de los anaqueles sin fondo de su tienda. Hago un expresivo gesto de que no tengo dinero, que lo enfada más aún, y le digo al frustrado taxista que me lleve de una vez por todas al hotel fortaleza en donde me relajo con una ducha y el aire acondicionado.
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Ricardo Bada, uno de esos amigos que uno se echa en la red, me remitió este texto de Galeano que, como todo lo que sale de su pluma, es lúcido y certero. Al suscribirlo al cien por cien, ahí va, para que reflexionen sobre sus palabras los que se acerquen al blog.  Eduardo Galeano (Montevideo, 1940) periodista y escritor uruguayo, una de las personalidades más destacadas de la literatura iberoamericana cuyos libros han sido traducidos a varios idiomas. Sus trabajos trascienden géneros ortodoxos, combinando documental, ficción, periodismo, análisis político e historia. Galeano niega ser un historiador: "Soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable". Se clasifica como un periodista que estudia la globalización y sus efectos negativos. Las venas abiertas de América Latina (1971) es su obra más conocida, un acta de acusación de la explotación de Latinoamérica por poderes extranjeros a partir del siglo XV. Su extensa bibliografía y minuciosa investigación permitió al autor plasmar crudamente la problemática sociológica, económica y política de América Latina. Memoria del fuego, obra ampliamente aclamada por los críticos, es un relato de la historia de América dividido en tres tomos. Sus personajes son figuras históricas, generales, artistas, revolucionarios, obreros, conquistadores y conquistados, quienes son presentados en episodios breves que reflejan a su vez la historia colonial del continente. Comienza por los mitos de creación pre-colombinos y culmina en la década de 1980. Ha sido galardonado con el Premio Casa de las Américas en dos ocasiones: en 1975 con la novela La canción de nosotros, y en 1978 con Días y noches de amor y de guerra, de género testimonial. CLASE MAGISTRAL Cuando fueron desalojados del Paraíso, Adán y Eva se mudaron al África, no a París.Algún tiempo después, cuando ya sus hijos se habían lanzado a los caminos del mundo, se inventó la escritura. En Irak, no en Texas.También el álgebra se inventó en Irak. La fundó Mohamed al-Jwarizmi, hace mil 200 años, y las palabras algoritmo y guarismo derivan de su nombre.  Los nombres suelen no coincidir con lo que nombran. En el British Museum, pongamos por caso, las esculturas del Partenón se llaman ' mármoles de Elgin', pero son mármoles de Fidias. Elgin se llamaba el inglés que las vendió al museo.Las tres novedades que hicieron posible el Renacimiento europeo, la brújula, la pólvora y la imprenta, habían sido inventadas por los chinos, que también inventaron casi todo lo que Europa reinventó. Los hindúes habían sabido antes que nadie que la Tierra era redonda y los mayas habían creado el calendario más exacto de todos los tiempos.En 1493, el Vaticano regaló América a España y obsequió el África negra a Portugal, 'para que las naciones bárbaras sean reducidas a la fe católica'. Por entonces, América tenía 15 veces más habitantes que España y el África negra 100 veces más que Portugal.Tal como había mandado el Papa, las naciones bárbaras fueron reducidas. Y muy.Tenochtitlán, el centro del imperio azteca, era de agua. Hernán Cortés demolió la ciudad, piedra por piedra, y con los escombros tapó los canales por donde navegaban 200 mil canoas. Ésta fue la primera guerra del agua en América. Ahora Tenochtitlán se llama México DF. Por donde corría el agua, corren los autos.  El monumento más alto de la Argentina se ha erigido en homenaje al general Roca, que en el siglo XIX exterminó a los indios de la Patagonia.La avenida más larga del Uruguay lleva el nombre del general Rivera, que en el siglo XIX exterminó a los últimos indios charrúas.John Locke, el filósofo de la libertad, era accionista de la Royal Africa Company, que compraba y vendía esclavos.Mientras nacía el siglo XVIII, el primero de los borbones, Felipe V, estrenó su trono firmando un contrato con su primo, el rey de Francia, para que la Compagnie de Guinée vendiera negros en América. Cada monarca llevaba un 25 por ciento de las ganancias.Nombres de algunos navíos negreros: Voltaire, Rousseau, Jesús, Esperanza, Igualdad, Amistad.  Dos de los Padres Fundadores de Estados Unidos se desvanecieron en la niebla de la historia oficial. Nadie recuerda a Robert Carter ni a Gouverner Morris. La amnesia recompensó sus actos. Carter fue el único prócer de la independencia que liberó a sus esclavos. Morris, redactor de la Constitución, se opuso a la cláusula que estableció que un esclavo equivalía a las tres quintas partes de una persona.El nacimiento de una nación, la primera superproducción de Hollywood, se estrenó en 1915, en la Casa Blanca. El presidente Woodrow Wilson la aplaudió de pie. Él era el autor de los textos de la película, un himno racista de alabanza al Ku Klux Klan. .jpg) Desde el año 1234, y durante los siete siglos siguientes, la Iglesia católica prohibió que las mujeres cantaran en los templos. Eran impuras sus voces, por aquel asunto de Eva y el pecado original.En el año 1783, el rey de España decretó que no eran deshonrosos los trabajos manuales, los llamados 'oficios viles', que hasta entonces implicaban la pérdida de la hidalguía.Hasta el año 1986 fue legal el castigo de los niños en las escuelas de Inglaterra, con correas, varas y cachiporras.En nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad, la Revolución Francesa proclamó en 1793 la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Entonces, la militante revolucionaria Olympia de Gouges propuso la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. La guillotina le cortó la cabeza.Medio siglo después, otro gobierno revolucionario, durante la Primera Comuna de París, proclamó el sufragio universal. Al mismo tiempo, negó el derecho de voto a las mujeres, por unanimidad menos uno: 899 votos en contra, uno a favor.  La emperatriz cristiana Teodora nunca dijo ser revolucionaria, ni cosa por el estilo. Pero hace mil 500 años el imperio bizantino fue, gracias a ella, el primer lugar del mundo donde el aborto y el divorcio fueron derechos de las mujeres.El general Ulises Grant, vencedor en la guerra del norte industrial contra el sur esclavista, fue luego presidente de Estados Unidos. En 1875, respondiendo a las presiones británicas, contestó:«Dentro de 200 años, cuando hayamos obtenido del proteccionismo todo lo que nos puede ofrecer, también nosotros adoptaremos la libertad de comercio».Así pues, en el año 2075, la nación más proteccionista del mundo adoptará la libertad de comercio.Lootie, Botincito, fue el primer perro pequinés que llegó a Europa. Viajó a Londres en 1860. Los ingleses lo bautizaron así, porque era parte del botín arrancado a China, al cabo de las dos largas guerras del opio.Victoria, la reina narcotraficante, había impuesto el opio a cañonazos. China fue convertida en una nación de drogadictos, en nombre de la libertad, la libertad de comercio.En nombre de la libertad, la libertad de comercio, Paraguay fue aniquilado en 1870. Al cabo de una guerra de cinco años, este país, el único país de las Américas que no debía un centavo a nadie, inauguró su deuda externa. A sus ruinas humeantes llegó, desde Londres, el primer préstamo. Fue destinado a pagar una enorme indemnización a Brasil, Argentina y Uruguay. El país asesinado pagó a los países asesinos, por el trabajo que se habían tomado asesinándolo.Haití también pagó una enorme indemnización. Desde que en 1804 conquistó su independencia, la nueva nación arrasada tuvo que pagar a Francia una fortuna, durante un siglo y medio, para expiar el pecado de su libertad.  Las grandes empresas tienen derechos humanos en Estados Unidos. En 1886, la Suprema Corte de Justicia extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas, y así sigue siendo.Pocos años después, en defensa de los derechos humanos de sus empresas, Estados Unidos invadió 10 países, en diversos mares del mundo.Entonces Mark Twain, dirigente de la Liga Antiimperialista, propuso una nueva bandera, con calaveritas en lugar de estrellas, y otro escritor, Ambrose Bierce, comprobó:«La guerra es el camino que Dios ha elegido para enseñarnos geografía».Los campos de concentración nacieron en África. Los ingleses iniciaron el experimento, y los alemanes lo desarrollaron. Después Hermann Göring aplicó, en Alemania, el modelo que su papá había ensayado, en 1904, en Namibia. Los maestros de Joseph Mengele habían estudiado, en el campo de concentración de Namibia, la anatomía de las razas inferiores. Los cobayos eran todos negros.En 1936, el Comité Olímpico Internacional no toleraba insolencias. En las Olimpiadas de 1936, organizadas por Hitler, la selección de futbol de Perú derrotó 4 a 2 a la selección de Austria, el país natal del Führer. El Comité Olímpico anuló el partido.  A Hitler no le faltaron amigos. La Fundación Rockefeller financió investigaciones raciales y racistas de la medicina nazi. La Coca-Cola inventó la Fanta, en plena guerra, para el mercado alemán. La IBM hizo posible la identificación y clasificación de los judíos, y ésa fue la primera hazaña en gran escala del sistema de tarjetas perforadas.En 1953 estalló la protesta de la clase trabajadora en la Alemania Socialista. Los trabajadores se lanzaron a las calles y los tanques soviéticos se ocuparon de callarles la boca. Entonces Bertolt Brecht propuso: «¿No sería más fácil que el gobierno disuelva al pueblo y elija otro?»  Operaciones de marketing. La opinión pública es el target. Las guerras se venden mintiendo, como se venden los autos.En 1964, Estados Unidos invadió Vietnam, porque Vietnam había atacado dos buques de Estados Unidos en el golfo de Tonkin. Cuando ya la guerra había destripado a una multitud de vietnamitas, el ministro de Defensa, Robert McNamara, reconoció que el ataque de Tonkin no había existido.Cuarenta años después, la historia se repitió en Irak. Miles de años antes de que la invasión estadounidense llevara su 'Civilización' a Irak, en esa tierra bárbara había nacido el primer poema de amor de la historia universal. En lengua sumeria, escrito en el barro, el poema narró el encuentro de una diosa y un pastor. Inanna, la diosa, amó esa noche como si fuera mortal. Dumuzi, el pastor, fue inmortal mientras duró esa noche.El Aleijadinho, el hombre más feo del Brasil, creó las más hermosas esculturas de la era colonial americana.El libro de viajes de Marco Polo, aventura de la libertad, fue escrito en la cárcel de Génova.Don Quijote de La Mancha, otra aventura de la libertad, nació en la cárcel de Sevilla.Fueron nietos de esclavos los negros que generaron el jazz, la más libre de las músicas. Uno de los mejores guitarristas de jazz, el gitano Django Reinhardt, tenía no más que dos dedos en su mano izquierda. No tenía manos Grimod de la Reynière, el gran maestro de la cocina francesa. Con garfios escribía, cocinaba y comía.
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