La soledad del corredor de fondo

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    LA CRÍTICA

    Posted: 11-July-2008, 11:09pm CEST by José Luis Muñoz
    Publicado en Siglo XXI

    ?El mal absoluto? de José Luis Muñoz, novela mestiza, novela real, novela dura
    Herme Cerezo

    Con ?El mal absoluto?, José Luis Muñoz (Salamanca, 1951) se ha alzado con el XI Premio de Novela Ciudad de Badajoz. ?El mal absoluto? es una obra espeluznante, en la que los remordimientos, la mala conciencia y el deseo de venganza envuelven a todos sus protagonistas, fundamentalmente a Günter Meissner y a Yehuda Weis, y, en menor medida, a Eva Steiger, que se convertirá, involuntariamente, en nexo de unión y desencadenante de los hechos. Sin embargo, tanto los remordimientos como la mala conciencia se contagian también al lector imperceptiblemente, hasta tal punto que, para enfrentarse a este mal realmente absoluto, necesita establecer un parapeto, una especie de cristal protector imaginario, que le facilite acercarse a la novela con un cierto distanciamiento, cierto e imprescindible. ?El mal absoluto?, evidentemente, no es novela para lectores excesivamente sensibles. Entre otras razones, porque lo que en sus páginas se cuenta, bajo la apariencia de ficción, es absolutamente posible y, lo que es mucho más duro, cierto.
    Novela de difícil adscripción a ningún género (no es solamente novela histórica, no es solamente novela negra, no es solamente ?trhiller?, no es solamente reportaje o entrevista), podríamos etiquetarla ? siguiendo esa costumbre absurda aunque útil de hacerlo ? como periodismo novelado o novela periodística. En todo caso, siempre se trataría de una obra mestiza, porque José Luis Muñoz utiliza recursos periodísticos para contar la primera parte de su historia y técnicas plenamente literarias para la segunda. Eva Steiger, reportera de la cadena ZDF, entrevista por un lado a Meissner, un acaudalado alemán, que formó parte de las juventudes hitlerianas y fue asignado como guardián en el campo de prisioneros de Auschwitz. En sus declaraciones, el antiguo oficial de las SS manifestará no sentir ningún remordimiento por lo que hizo entonces. Se referirá al ascenso de Hitler al poder en términos de una borrachera colectiva que embargó al pueblo alemán y comparará las atrocidades germanas con las que, actualmente, practican los judíos contra los palestinos. Aunque se justifica afirmando que él y los de su generación fueron víctimas de las circunstancias para obrar como lo hicieron, en todo momento se muestra orgulloso de haber prestado servicio a su patria durante la II Guerra Mundial. Steiger, para completar la visión del problema, efectuará una segunda entrevista a un judío superviviente del mismo campo de exterminio citado anteriormente. Weis hablará del horror que le ha acompañado siempre desde entonces. El judío siente una mezcla de vergüenza, remordimientos y exculpación. Detesta a los nazis, por lo que le obligaron a hacer contra sus propios compatriotas judíos, aunque comprende que ésa era la única manera de sobrevivir en aquella fábrica de horrores continuos llamada Auschwitz. Sus declaraciones no son sino un sumario de horrores (violaciones, inesperadas y crueles muertes por disparo, gaseamientos masivos, incineración de cadáveres en hornos y un largo etcétera) para los que resulta imprescindible utilizar la protección transparente a la que aludía anteriormente. Auschwitz, bajo la apariencia oficial de complejo industrial, no fue sino una fábrica de exterminio, de cremación, de torturas. Sin olvidar otros "daños colaterales": desnutrición, horarios excesivos de trabajo, insalubridad de las instalaciones, carencia total y absoluta de medicinas, camastros infectos y otro etcétera aún más largo que el anterior. La deshumanización fue tan absoluta que, refiriéndose a los cadáveres para el crematorio, Weis llegará a afirmar que "... nos llegaba materia prima de todos los rincones de Europa, porque al final, a los hombres, mujeres y niños uno trataba de verlos como eso, como materia prima". Una duda persiste en la mente del judío: le gustaría saber por qué su carcelero de entonces, al que apodaban "Cara de Ángel" le salvó en varias ocasiones la vida, condenándole a la tortura mental eterna por las atrocidades que conoció y que él mismo se vio obligado a cometer. Weis se lamenta profundamente de seguir vivo y también de no haber tenido el valor suficiente para negarse a realizar ciertas cosas porque, en el fondo, actuó como lo hizo espoleado por el puro instinto de supervivencia, sin más sensibilidad y conciencia. Con relación a las entrevistas, hay una clara diferencia entre la primera y la segunda. Mientras las declaraciones del millonario Meissner suenan plenamente convincentes y creíbles, ajustadas a su elevada extracción social, propias de un hombre de negocios dotado de facilidad oratoria, las de Yehuda Weis no lo parecen tanto. El judío se expresa, en algunos momentos, con una claridad conceptual excesiva a mi juicio. El antiguo prisionero procedía de un pequeño pueblo alemán y sus conocimientos culturales, por desgracia, debían ser reducidos. Sin embargo, en sus respuestas maneja con enorme facilidad una notable cantidad de conceptos que requieren cierta especialización, especialmente cuando habla de enfermedades que cataloga con rigurosidad propia de galeno experto. Y eso llama un poco la atención.Aunque el autor de ?El mar absoluto? trata de mantenerse al margen, uno de sus personajes, Eva Steiger no se puede hacerlo. Todo lo contrario: le hierven las triplas, le queman los sueños, le sublevan los horrores que descubre. Mujer sensible, apasionada por la causa de los débiles, de las víctimas, resulta visiblemente afectada por las declaraciones de ambos personajes, especialmente por las de Meissner. La entrevistadora llegará sentir asco de sí misma, de sus propios padres y de sus compatriotas alemanes que, mediante democrática votación en urna, permitieron o propiciaron la ascensión de Adolf Hitler a la cancillería alemana del Reich y consintieron más tarde la barbarie cometida contra los judíos en los campos de exterminio, donde la vida humana dependía de lo que pasara por las cabezas de un grupo de salvajes sin escrúpulos, prepotentes, de gatillo fácil y menos descerebrados de lo que cabría pensar.Todo lo comentado hasta aquí cambia radicalmente a partir del capítulo 10. El estilo periodístico desaparece, ya no hay declaraciones, comienza la acción. La narración se convierte ahora en un ?thriller? convencional y asistimos a las consecuencias de lo que Eva Steiger ha sacado a la luz pública del pasado de Günter Meissner y Yehuda Weis. Los hechos y las situaciones se suceden, los planteamientos cambian con rapidez, y todo camina hacia el desenlace final de la historia. Y ahora comprendemos, que el escritor salmantino ha conjugado con mano diestra la lentitud de los primeros nueve capítulos ? quizá sin esa lentitud no se pudiera abordar con éxito la lectura de todo lo allí se narra ? con una rapidez más que notable en los restantes. ?El mal absoluto? es como una suite sinfónica en dos movimientos, dos tempos: un adagio ?lento e maestoso? y un ?presto molto vivace?. De ese contraste, de esa contraposición, entre el primer y segundo movimientos brota el universo real de la novela y la carpintería interior, ese entramado literario que, aparentemente, no vemos, se completa, se cierra y cobra sentido.El desenlace final que José Luis Muñoz ha diseñado para los pacientes lectores que hayan consumido la primera parte de la novela, colmará plenamente sus aspiraciones y sin duda constituirá una buena recompensa por su esfuerzo. Muy buena, ya lo creo.____________________
    ?El mal absoluto?, de José Luis Muñoz. Ed. Algaida, 2008. 309 páginas, 20 euros.
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    NEWS

    Posted: 11-July-2008, 9:59pm CEST by José Luis Muñoz
    * Publicado en la revista NARRATIVAS , la revista literaria de Magda Díaz y Morales - Carlos Manzano, en su número extraordinario dedicado al erotismo, mi relato LOS PLACERES DE LA ILUSTRACIÓN, que ya fuera publicado en la revista Playboy hace unos cuantos lustros y luego en este blog y que pueden leer, los que no lo hicieron entonces, clicando en esta entrada [carlosmanzano.net]
    * Próxima publicación de mi relato sobre la guerra civil CANCIÓN DE MUERTE EN MORALZARZAL que recibió el premio Miguel Cabrera, cuya edición se ha retrasado por la huelga de transportes.
    * Recién la noticia de que TIEMPO DE TRENES, un homenaje a mi maravilloso tío Benigno Rubio, ha recibido el premio LA RAMBLA y será editado en breve tiempo.
    * Cuenta atrás en la Semana Negra en la que estaré presente desde el domingo 13 de julio al 20, para disfrutar de la espicha. Estaré en dos coloquios sobre, cito textualmente, ?el placer de narrar el nazismo?, hablaré sobre mi novela EL MAL ABSOLUTO flanqueado por dos maravillosos amigos y escritores, Fernando Marías y Julio Murillo, y presentaré CIUDAD FINAL, la inquietante novela de Kama Gutier que edita Montesinos.
    * Publicación de EL OTRO KLAUS, relato ganador del premio Valdealgorfa en la prestigiosa revista literaria LA BOLSA DE PIPAS. Quien no lo haya leído puede hacerlo ahora, y también en [blog.editorialcm.es]
    [www.valdealgorfa.com]
    * Aplazada, sine die, la escritura de mi última novela, que ha cambiado de título un montón de veces, que ya estaba en fase final, por diversas circunstancias, entre las que no es menos determinante este calor veraniego que invita a todo menos a trabajar. Con el frescor del otoño espero ultimar las cien páginas que me quedan.
    * Pasado el verano atacaré con bríos la definitiva versión de EL CORAZÓN DE YACARÉ, la novela premiada en Seseña que publicará a principios de año Imagine con portada impactante sobre la que trabajamos editor y autor.
    * Enorme honor el de haber sido seleccionado por Juan Bas para el libro de relatos sobre cortos de cine que está editando ese amigo y escritor.
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    ESTOY LEYENDO

    Posted: 11-July-2008, 9:50pm CEST by José Luis Muñoz
    COTIDIANOS
    Luis Vea García
    (Isla Varia, 2008)
    COTIDIANOS, el libro de relatos de Luis Vea García que estoy leyendo, casi terminando, es un gozoso hallazgo, algo que no abunda en los medios literarios, sobre todo tratándose del primer libro de relatos que publica el escritor catalán. Los 21 relatos que componen este delicioso libro, agrupados temáticamente por su autor?sexo, trabajo, parejas, ayer, enfermedad?son, como proclama el título del libro, retazos de la vida cotidiana convertidos en literatura mayúscula gracias al talento narrativo de su autor, algo que ya hacía el maestro de maestros Julio Cortázar. Hay en todos estos relatos, casi todos muy breves, de tres o cuatro páginas, y que evidencian una enorme capacidad de síntesis, un halo de tristeza y humor que se cruzan en cada una de esas historias cercanas de finales sorpresivos. Porque lo prodigioso de ese ramillete de buenos relatos, de entre los que es difícil decir cuál es mejor ? los relativos al sexo son desternillantes, llenos de picardía, húmedos, literariamente hablando; los que hacen referencia a parejas son descarnados y ácidos; los agrupados bajo el epígrafe "ayer" rezuman nostalgia ? es que el lector se reconoce en cada uno de ellos, establece una directa empatía con el autor y sus personajes, por haberlos vivido o haberlos soñado, y agradece a Luis Vea García el placer que produce su confección perfecta, la concisión de sus narraciones, matemáticamente construidas sin que sobre o falte nada. Realmente un libro delicioso para gozarlo y que no debería pasar desapercibido.
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    EL RELATO

    Posted: 11-July-2008, 8:30pm CEST by José Luis Muñoz
    Cuando me planteé escribir un relato sobre la guerra civil me ocurrió algo curioso y contradictorio, y es que, a pesar de mis simpatías ideológicas por el bando de los perdedores, el relato fue escrito, sin que pudiera controlarlo, desde la óptica de los vencedores y dejando en mal lugar a los que luchaban por la bandera republicana. Finalmente, el relato es un alegato contra esa brutalidad que enfrenta a unos hombres con otros, una historia de amor y un guiño del autor hacia un caballeroso perdedor de epidermis brutal pero corazón tierno que es capaz de conmoverse y ser humano ante una muchacha que quiere salvar a su marido del pelotón de fusilamiento. Lo escribí con el convencimiento de que esa historia había ocurrido, y seguro estoy de no haberme equivocado.

    CANCIÓN DE MUERTE-EN MORALZARZAR -José Luis Muñoz

    A Don Julio lo trajeron atado de manos y con una enorme brecha en la frente. Con ese aspecto desaliñado, con los pantalones descordados, un zapato y la camisa hecha jirones, era difícil reconocer en él al aristócrata de Moralzarzar. Le habían estado apaleando durante toda la noche, con bastones nudosos de pastor, la partida que lo prendió, pero todavía había dignidad en su mirada, nobleza en su gesto, elegancia en su porte.
    El jefe miliciano cerró el cigarrillo de picadura y prendió su punta con una cerilla mientras miraba a su víctima, rumiando qué decisión tomar. Luego, echando humo por la boca y con las manos en el cinto, dio dos vueltas circundando al prisionero y se plantó finalmente a dos palmos de su cara.
    ?Con que tú eres el puto católico que andas jodiendo a las niñas.
    ?No sé de que me habla - contestó con voz opaca, abriendo los labios llagados y con costrones de sangre.
    ?¿Qué no sabes de que te hablamos? ? La sorna del miliciano se hacía hiriente, amenazadora. Se volvió entonces hacia Pacorro, el que pastoreaba las ovejas de Don Julio, uno tipo más ancho que alto, de mirada torcida y pómulo deformado por la coz que una mula le propinó en su infancia.
    ?Se tiraba a la Lourdes, el degenerado.
    ?Lourdes es mi mujer ? aclaró Don Julio ?. Me casé con ella...
    ?Por la Iglesia, acaba la frase, católico del demonio. Por la puta Iglesia. ¿Sabes dónde está el cura? ¿Quieres saberlo?? El miliciano de la colilla en la boca acercó tanto su rostro al del prisionero que éste no tuvo más remedio que oler su aliento desagradable, mezcla de mal vino y peor tabaco ?. Bajo tierra, criando malvas. En el otro mundo, en donde según él se está mejor que en éste.
    ?No tengo nada de qué arrepentirme, no he cometido ningún delito, ni he delatado a nadie de los vuestros cuando estuvieron los de Falange.
    ?¡Calla, burgués de mierda!? La mano del miliciano se alzó y se estrelló contra la mejilla de Don Julio. El golpe ladeó su cabeza. La siguiente bofetada la puso en su sitio ?. Eres delincuente por ti mismo, por ser cacique, chupasangres, explotador y degenerado.
    La rebelión había cogido a los poco más de 780 habitantes de Moralzarzar por sorpresa poco después del 18 de julio. El primer día los cinco falangistas del pueblo, ayudados por dos ganaderos y cinco terratenientes, asaltaron la sede de las Juventudes Socialistas y mataron a todo el que se encontraba dentro. Pero pasada una semana, cambiaron las tornas cuando llegó esa partida fuertemente armada desde Hoyo de Manzanares que volvió a poner las cosas en su lugar, una veintena de hombres de Becerril de la Sierra, El Boalo, Cerceda, Mataelpino, Torrelodones y Galapagar que tomaron a sangre y fuego el ayuntamiento en donde se habían hecho fuerte los facciosos y, tras matarlos a todos, los colgaron de los mástiles de las banderas y no los enterraron hasta pasados unos días, cuando apestaban sus cadáveres putrefactos. Fue a la semana cuando recibieron una llamada del lugar exacto en el que se encontraba el cura Don Rosendo, al que sacaron a rastras de su cubículo y lo fusilaron ante las puertas de su Iglesia Parroquial, dedicada a San Miguel Arcángel, para que se reuniera lo antes posible con su santo alado. A Don Julián lo entregó su propio primo que lo guardaba, atemorizado por las represalias.
    ? Machuco ? dijo el pastor de las Dehesas, las 2.200 hectáreas de pastizales que rodeaban Moralzarzar, blandiendo un cuchillo jamonero y acercándolo al cuello del prisionero ? ¿Lo matamos como a un cerdo o gastamos una bala?
    Machuco, el jefe de la partida, ostentaba en su uniforme de irregular los galones de sargento. Eliminado el alcalde, los socialistas, el cura y los terratenientes, era el dueño del pueblo, su único amo y señor hasta que desde Madrid mandaran a la nueva autoridad.
    ? Déjale que pase una larga noche. Lo encierras en la gorrinera y mañana, según me venga en gana, le damos el paseíllo.
    Guardó el Pacorro su cuchillo jamonero y se llevó de allí a Don Julián. Quedaron a solas Machuco y su lugarteniente, el Bolao, un mulero analfabeto y cojo que no se separaba nunca de la escopeta de perdigones que llevaba en bandolera.

    ?¿Por qué no le has dado el pasaporte, Machuco? ¿Te estás reblandeciendo?
    Machuco terminó de fumarse el cigarro y fue hacia la puerta.
    ?La sangre empacha. Y además, ese aristócrata ya tiene un susto de muerte que se caga pensando en que ésta es su última noche.
    ?¿Y lo será?
    ?Claro, lo será. ¡Maldita sea! ¡Salud y buenas noches! ? gritó cerrando el puño.
    Atardecía y el aire congelado que provenía de la Sierra de Guadarrama barría las calles de Moralzarzar. Desde el picacho del Estepar y sus 1.402 metros bajaba aire que era hielo que rasuraba las mejillas y espesaba las charcas de las calles. No había nadie cogiendo agua de la fuente de Cuatro Caños que manaba ajena a los acontecimientos y se helaba en los extremos. No había a aquella hora ni un alma por las calles, como si reinara el toque de queda, y las ventanas de las casas permanecían a oscuras como si nadie las habitara. En la Plaza del Ayuntamiento, en los muros que rodeaban su puerta, se veían las huellas de la metralla de los encarnizados combates de la semana anterior, y sobre el suelo aún se podían ver las oscuras manchas de sangre de la refriega que ya quedaban incrustadas en la piedra. Saludó Machuco marcialmente al miliciano que hacía guardia, fusil en ristre, en la puerta y subió de dos en dos los escalones del recinto municipal. En la segunda planta había plantado la partida su cuartel y su jefe tenía el privilegio de ocupar el despacho del alcalde, con vistas a la regia plaza empedrada y a la sierra lejana.
    No tenía hambre el jefe miliciano. Mordisqueó un trozo de longaniza, una hogaza de pan reseco y humedeció el condumio con dos tragos de una bota de vino. Luego, mal que bien, trató de encontrar el sueño colocando la cabeza en un sillón y los pies en otro mientras en mente planeaba requisar a la mañana siguiente una casa más cómoda en la que alojarse, para, al menos, disfrutar de una cama en condiciones.
    Del primer sueño de la noche lo despertó Turbones, un carretero de Mataelpino. Entró en el despacho, tras llamar a la puerta y no obtener respuesta, y zarandeó al durmiente hasta que éste abrió los ojos.
    ? ¿Qué te ocurre Turbones? ¿Atacan los fascistas? ? preguntó empuñando la pistola que colgaba del cinto
    ?No, Machuco. Hay una niña que pregunta por usted.
    ?No me llames de usted, cojones.
    ?Pues una niña que quiere verte, camarada.
    La chica entró poco más tarde conducida por Turbones. A un vistazo de Machuco bajó los ojos. El jefe de los milicianos lanzó una mirada al subordinado y éste desapareció discretamente, no sin reír bajo la barba descuidada que aun otorgaba un aspecto más brutal a su rostro.
    ? Debe de ser importante lo que vengas a decirme a estas horas de la noche ? le dijo Machuco a la muchacha, dando una vuelta a su alrededor. ? ¿Cómo te llamas?
    ? Lourdes.
    Estalló en una risotada y luego se acercó mucho a ella. Le gustó el olor a campo de la chica, el cuerpo agraciado que vibraba bajo su vestido que la tapaba hasta los pies pero no podía ocultar la turgencia de sus formas. Era una campesina joven y bonita, de grandes ojos y cabello pajizo que se recogía en un cuidado moño.
    ?¿Cuántos años tienes?
    ?Dieciséis, señor.
    ?Y dale con llamarme señor. Ahora todos somos camaradas, hermanos. ¡Señor, señor, señor! Se han acabado los servilismos. ¿Me oyes? Mañana te libraré de ese indeseable de Don Julián, ese degenerado que abusaba de ti según me han dicho.
    ?Eso no es cierto ? dijo la muchacha con voz clara.
    ?Pues es lo que me han dicho, que te tenía de putita.
    ?Es mi marido. Le quiero.
    ?¿Le quieres? ? Machuco dejó de dar vueltas y se sentó. Desde donde estaba, la chica le parecía más insignificante y desamparada. Trenzaba Lourdes las manos, sobre el regazo, mientras se mordía nerviosa los labios y estos se encendían como granas. ?. Pues da igual que le quieras, que su suerte está echada. Mañana lo fusilamos, y en paz. Por fascista, por aristócrata, por católico y corruptor de menores.
    ?Es bueno, señor ? imploró la chica, sin alzar los ojos ?. Es muy bueno conmigo. Y estoy esperando un hijo de él ? Ahora alzó los ojos y los fijó en los del miliciano ?. Y quiero que ese hijo conozca a su padre.
    ?En esta guerra habrá muchos hijos que no conocerán a su padre. Y muchas esposas que perderán a sus maridos. Así es la vida, hija.
    ?Pero usted, señor, puede evitarlo.
    ?¿Por qué tendría que salvarle el pellejo a él y a otro no? Dime una razón.
    ?Por mí, señor, y por mi hijo.
    Movió la cabeza, cerró los ojos, frunció el ceño y luego se acarició la barbilla.
    ?No, no puedo. Tiene que morir porque es nuestro enemigo natural. Tiene que morir porque le gente como él son los que han motivado esta maldita rebelión que nos ha vuelto locos a todos, porque es responsable, aunque no lo sepa, de los crímenes que se hacen contra la clase obrera.
    Lourdes, en pie, comenzó a desabrocharse el vestido y lo hizo con la naturalidad del gesto aprendido. Machuco, desde su butaca, asistió perplejo y con la boca progresivamente más seca, a aquel proceso hacia la desnudez absoluta. El vestido estaba arrugado a sus pies y la chica, con torpeza y temblando, desanudaba el trapo que sostenía sus pechos y bajaba por sus piernas las vastas bragas de paño mostrando la fronda triangular de su pubis. Luego, la chica cruzó la estancia, se arrimó a la mesa del despacho del alcalde y se tendió sobre ella separando las piernas.
    Durante unos segundos dudó Machuco. La bestia que llevaba dentro le animaba a violar aquel cuerpo exquisito que se le ofrecía y apenas reflejaba en los senos abultados y en el vientre ligeramente abombado la presencia del embarazo. Para tener dieciséis años, Lourdes estaba tan desarrollada como las prostitutas de veinte años con las que alegraba los fines de semana en el Madrid de antes de la rebelión facciosa. Se alzó del butacón despacio, se acercó a la chica, cuyas piernas temblaban, y colocó una mano sobre uno de sus muslos.
    ?Le quieres mucho, ¿no? Porque yo no te gusto. ¿Cierto?
    No abrió los labios Lourdes, pero cerró los ojos, contuvo la respiración, su corazón golpeó con fuerza en el interior de su pecho y su vientre tenso se estremeció como si lo recorriera una descarga.
    ?Vístete, niña.
    Al alba Machuco se acercó a la gorrinera y le dijo a quien estaba de centinela que abriera la puerta. Don Julio, que no había dormido en toda la noche, levantó los ojos y miró al miliciano sabedor de su destino, aceptándolo. Cuando vio brillar, en la oscuridad de la pocilga, el machete se derrumbó en el suelo.
    ?Prefiero un disparo en la cabeza, por favor. El cuchillo, no.
    El machete cortó las ligaduras de las manos y Don Julio fue empujado al exterior por Machuco, ante su incredulidad. Huyó, trastabillando con sus pies adormecidos por la tensa espera nocturna, campo a través, siguiendo el curso seco del Regajo de los Mares, esperando escuchar el disparo que truncara su ilusión de huida. Luego su sombra se perdió entre los robles y álamos que festoneaban el camino.
    ?¿Lo dejas escapar?
    ?Lo dejo escapar.
    ?¿Por qué?
    ?Por mis huevos.
    Al mediodía, en el salón de plenos, El Bolao se encaró con Machuco y le echó en cara su debilidad ante el enemigo. Había un testigo de que el jefe de la partida había dejado escapar gratuitamente al prisionero, tras liberarlo, y allí, en aquella pantomima de juicio, quién había reconquistado Moralzarzar y liberado de los facciosos no sabía o no quería dar explicación de sus actos. ¿Cómo explicar a aquellos rústicos cerebros que su corazón se había ablandado, de repente, ante una señal de amor tan intensa que lo había conmovido en su fuero interno? La revolución no admitía debilidades; él también se habría condenado.
    Luego, al caer la tarde, el Machuco se enfrentó al pelotón de fusilamiento de los propios hombres que había comandado. Con un cigarrillo de hebra en la boca afrontó sus últimos segundos de vida con la mirada fija en el ?Frascuelo?, el reloj de la torre del Ayuntamiento de Moralzarzal, regalo que hiciera al municipio Salvador Sánchez, uno de los toreros más importantes de todos los tiempos, y aspiró una última bocanada de aire perfumado de jara y tomillo que venía de Peña Albú. A las ocho sonó la descarga de fusilería y el Machuco se dobló por la mitad y, encogido sobre si mismo, besó el suelo. Fue el propio Bolao, a la pata coja, quien le disparó el tiro de gracia en la sien.
    FIN

    * CANCIÓN DE MUERTE EN MORALZARZAL ha recibido recientemente el premio Miguel Cabrera de relatos y será publicado en breve.

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    LA FIRMA INVITADA

    Posted: 11-July-2008, 8:12pm CEST by José Luis Muñoz
    Entren y lean REDENCIÓN, el relato que el colega y amigo Luis Vea Garcia me permite reproducir en mi blog, y seguro que no lo van a lamentar. Maestría literaria y humor irónico y muy ácido en este cuento que se lee como un suspiro REDENCIÓN
    Luis Vea García

    Tomó el ascensor en el subterráneo donde acababa de aparcar previamente su vehículo. El ascensor, lejos de conducirle hasta la planta que daba al supermercado, le llevó a la que daba al nivel de la calle. Fue entonces cuando pudo observar la escena. Un hombre y una mujer. Un abrazo, un beso largo. Luego, una despedida. La puerta del ascensor que se cerraba. Y la sensación de turbación que debió de quedarle.
    Llegó a casa poco después con la comida que acababa de comprar, unos precocinados. No había nadie. Oyó el maullido de su gato que vino a recibirle. Se restregó un par de veces en la pernera del pantalón y se sentó en el pasillo, esperando a que le dieran la comida. Él parecía no percibir lo que ocurría a su alrededor. Maquinalmente dejó la compra sobre la mesa de la cocina y luego fue al dormitorio a cambiarse. Mudó el traje y la corbata por el chándal. Fue entonces cuando la oyó llegar. Ella se apercibió de la presencia de él porque al introducir la llave -no fue necesario dar el par de vueltas habitual para abrir la puerta. Lo primero que vio fue al gato. Seguía en el pasillo, esperando acontecimientos. Ella entró en el dormitorio. El la vio y le dijo:
    - Cariño, he traído la comida.
    Ella se acerco a él y le dio un beso corto y fluctuante, apenas vivo, leve, sin pasión. Fue como una constatación. Estoy aquí. Nada más. Luego ambos fueron a la cocina. Mientras él encendía el horno para que se calentase, ella puso en el cuenco del gato algunas croquetas de alimento para animales. El silencio se rompió con el ruido lejano de la masticación del felino. Él todavía tenía en mente la escena del supermercado, pero a ella no le dijo nada. Ella no sabía que pasaba por su mente, pero le encontraba ciertamente distante.
    - ¿Te pasa algo, cariño?- le espetó súbitamente.
    - No, estoy un poco cansado. He tenido un día ajetreado en la oficina.
    Ella asintió entendiéndole y olvidó el asunto. Fue hacia la nevera y tomó la botella de Martini negro. Luego alcanzó del mueble un par de copas de cóctel. No le preguntó a él si quería una, simplemente se la sirvió como hacía habitualmente. Luego, se apercibió de que no le había preguntado.
    - Cariño, ¿quieres una copa?
    Él estaba de espaldas a ella, tomando unos platos para verter en ellos la comida recién calentada. No pudo verla.
    - No me apetece...
    Y, mientras lo decía, se dio la vuelta y vio su propia copa.
    -...pero ya que la has preparado...
    Bebió de un trago. Tomó los platos y los llevó al comedor. La mesa estaba sin poner. Entonces, volvió con los platos a la cocina.
    - Cariño, ¿puedes poner la mesa?
    Ella se agachó para abrir un cajón. De él sacó un mantel, color blanco, algunas finas rayas apenas perceptibles. Tras de ella, él con la comida. Encendió la televisión. El espacio de silencio fue ocupado por el ruido.
    -¿Seguro que no te pasa nada, cariño?
    El negó, pero al rato apagó la televisión.
    Ella tenía el tenedor en la boca.
    - Te he visto.
    Ella tragó sin responder. Luego, y fríamente, le preguntó:
    -¿Dónde?
    - En el supermercado.
    Ella le miró a los ojos y le espetó.
    - ¿Te he dicho alguna vez algo?
    - ¿Algo?
    - De tus amantes.
    - ¿Mis amantes?
    - Mejor será que lo olvides.
    -¿Que olvide lo que me acabas de decir?
    Casi lo dijo con incredulidad y, a la vez, con furia.
    - No, cariño, que olvides que me viste en el supermercado.
    Y él volvió a encender la televisión. Ella tomó otro bocado y masticó lentamente en su boca. Luego le dijo:
    -¿Y qué tal en la oficina, entonces?

    * REDENCIÓN es uno de los relato que conforman el libro COTIDIANOS de Luis Vea García editado por Isla Varia. LUIS VEA GARCÍA Nació en Barcelona(1966). Cursó estudios de Administración y Dirección de Empresas y Ciencias de la Información. Atraido por la escritura desde la niñez, finalmente decidió participar en concursos literarios ganando algunos, perdiendo otros, concursando sin descanso. Ha publicado el poemario TRANSVERSALES(plaquette, edición del autor, 2003) además de figurar en otros libros y antologías. Actualmente estoy trabajando en mi segundo poemario. COTIDIANOS es su primer libro de relatos.
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    EL PAISAJE

    Posted: 11-July-2008, 8:05pm CEST by José Luis Muñoz
    EL MULHACEN
    Llegué a la cumbre del Mulhacén, aunque no hay vestigio fotográfico de ello. Cuatro horas de caminata que, en su último tramo, en el de esa pared abrupta en la que los pies tropiezan, una y otra vez, con las lajas desprendidas de su cima, están revestidas de especial dureza. Empezar a caminar a 2000 metros, que es la media pirenaica a la que estaba acostumbrado, para alcanzar los 3450 de la más alta cumbre de la península no fue tarea fácil. La montaña es una religión especial y los que se acercan a ella una suerte de sacerdotes que le rinden su tributo de sudor y sangre. Hubo momentos de ahogo ? la altura me estaba jugando una mala pasada ?, de calor aplastante, de frío extremo, de lucha contra el viento que soplaba, a rachas, con fuerza, y de lucha conmigo mismo que soñaba, a esas alturas, con un botellín de cerveza bajo el toldo de un bar. Lo fácil era quedarse abajo, admirar la mole triangular del pico y pasar de conquistarlo.
    Frustra cuando, después de un esfuerzo, con las piernas temblorosas y la respiración agitada, llegas a una cumbre amplia y ves que no estás ni muchísimo menos solo sino acompañado de más gente de la que quisieras. Sentado, tomando aire, mirando el paisaje desde esa atalaya que te permite ver las aguas de ese estrecho que el hambre ha convertido en fosa común, calculé la edad media de los montañeros que compartían conmigo la cumbre y vi que yo casi estaba en la media. Ni rastro de jóvenes, ni tan jóvenes; los que allí tomaban fuerzas, daban cuenta de sus bocadillos y bebían el agua de sus cantimploras, estaban en un arco que empezaba a los 40 años y acababa en los 70. Acostumbrado al frondoso Pirineo, a sus amplios valles verdes surcados por ríos, a los abigarrados bosques de abetos, al brillo de sus cientos de lagos, el paisaje del Mulhacén se me antojó árido, descarnado, duro, masculino, lunar, tan despojado de vegetación que uno se pregunta qué comen las numerosas cabras monteses con las que te cruzas y triscan a tu vera sin asustarse.
    Bajar fue mucho menos duro, aunque uno siempre lamenta que la pendiente te fuerce el paso y las rodillas se resientan en su inútil frenado. Bordeé lo que parecía un cráter, al fondo del cual espejeaba un lago peinado por la brisa, hollé unos metros de nieve helada, salí justo al camino para ver cómo la última lanzadera, uno de esos estrechos vehículos que te dejan en las estribaciones del Veleta, marchaba sin esperarme y me armé de paciencia sabiendo que el camino de bajada, por culpa de esa puntualidad británica, se me duplicaba. Tuve tiempo, puesto que ya no había prisa, de tenderme a hacer una siesta. Y luego sí, bajé, por esa senda, trocha lo llaman, que me llevó, hora y media más tarde, hasta el coche.
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    EL DVD

    Posted: 11-July-2008, 7:49pm CEST by José Luis Muñoz
    TRAFFIC
    Steven Soderbergh

    Tras una carrera errática que se inició con la espléndida ?Sexo, mentiras y cintas de video?, merecedora de la Palma de Oro del Festival Internacional de Cine de Cannes de 1989, a la que siguió la extraña ?Kafka?(1991), ?El rey de la colina? (1993), ?Bajos fondos? (1995) y ?El halcón inglés? (1999), la carrera de Steven Soderbergh parece confirmarse con el doblete que consigue este año en la carrera de los oscars: estar nominado como mejor director por dos películas, ?Erin Brockovich? y ?Traffic?, es una hazaña que no todo el mundo consigue. Y más merito tiene, si cabe, tratándose de unos de esos directores independientes en la línea del Sam Mendes de ?American beauty? o del Paul Thomas Anderson de ?Magnolia?.

    ?Traffic? es una película notable y original por varias razones. La primera es que una de las más acertadas aproximaciones al mundo de la droga que uno recuerda haber visto y que lo hace de una forma global, poliédrica, acercándonos a todos los elementos implicados gracias a un guión magnífico que pivota entre los que la producen, los que la transportan, los que se corrompen a través de ella, los que la consumen y los que combaten por erradicarla. La segunda es que Soderbergh, para poner en pie esta historia, fusiona a la perfección el trhiller y el falso documental.


    Robert Wakefield (Michael Douglas) recibe el mandato gubernamental de combatir la droga en toda su extensión y cercar al cartel de Tijuana, que es el que más droga está introduciendo en EEUU a través de la frontera de San Diego; un ejemplar policia mejicano llamado Javier Rodríguez (un extraordinario Benicio del Toro que se confirma como el mejor actor hispano de USA), intenta, por todos los medios, no ser corrompido por el formidable sistema de primas y servidumbres que genera el mercado de la droga a gran escala; una luchadora mujer llamada Helena Ayala (Catherine Zeta-Jones) se entera, con sorpresa, de que su marido Carlos (Steven Bauer) está directamente relacionado con los carteles que trafican y entran la droga por la costera ciudad de San Diego; y mientras, la hija del zar antidroga Wakefield, la jovencísima Caroline (Erika Christensen), cae una y otra vez en la vorágina de la drogadicción y se adentra en los infiernos de la prostitución para conseguir la letal sustancia.


    Los mayores méritos de una película como ?Traffic?, señalada con razón como ?Vidas cruzadas? de la droga, están en la habilidad con la que Soderbergh engarza las cinco historias independientes que conforman su película dentro de lo que acaba siendo una coherente narración sobre el espinoso problema de la droga, y en el acierto de mezclar dos géneros cinematográficos, el trhiller - ?Traffic? es una trepidante historia criminal que, sin embargo, elude elegantemente la violencia explícita tan presente en otras películas de género - y el documental - realistas imágenes que parecen surgidas de cualquier noticiero televisivo - para montar un film denuncia de un didactismo ejemplar.
    Rodada cámara en mano por el propio realizador, sin efectos especiales ni explosiones dignos de consideración, ?Traffic?, con las reservas de su presupuesto multimillonario de 8.700 millones de pesetas, puede ser uno de los primeros ejemplos de como el dogma del iconoclasta y provocador realizador danés Lars Von Trier - por cierto, injustamente apeado de la carrera de los oscars - está infectando, al menos estilísticamente, el cine norteamericano. Una clarificadora paleta de colores - un ocre amarillento de tierra quemada cuando la acción transcurre en México; tonos gélidos, azulados, en la historia protagonizada por Michael Douglas; lujosos colorines las imágenes que acompañan a Catherine Zeta Jones, que tiene la habilidad de incorporar su embarazo al desarrollo dramático de la historia - se encargan de ubicar al espectador en cada momento, y un montaje magistral da la adecuada coherencia a todo este complejo material que parece haber sido rodado independientemente pero acaba encajando con la precision de una maquinaria de relojería.
    Michael Douglas borda su papel de Robert Wakefield, Catherine Zeta-Jones hace la mejor interpretación de su corta carrera, la joven Erika Christensen está desgarradoramente real en su papel de muchacha enganchada a las drogas y Benicio del Toro sencillamente fascina por la calidad y calidez de su interpretación, su perfecta dicción mexicana, pese a que es portorriqueño, y su naturalidad ante la cámara.
    El cine de Soderbergh, como el de Mendes, el de Curtis Hamson - ?L.A. Confidential? - o el de Paul Thomas Anderson, demuestra la vitalidad de una nueva generación de realizadores independientes que se han propuesto relevar a los clásicos Francis Ford Coppola, Brian de Palma, Martin Scorsese y Paul Schraeder. Bienvenidos sean.


   
 
       
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