La soledad del corredor de fondo
-
Esta entrevista fue publicada en El Correo a raíz de la publicación de LLUVIA DE NÍQUEL "GENTE DE PALABRA" Alvaro Bermejo  Pregunta: Mike Demon, un vendedor de seguros que se pasa la vida en la carretera, se queda tirado por una avería a las puertas de Las Vegas. El pronóstico del tiempo, ¿ anunciaba lluvia? Respuesta: De níquel, una lluvia persistente que ensordece. En casi todas mis novelas, desde "Barcelona negra", el clima extremo juega un papel determinante, y en esta también. El calor sofocante del desierto que rodea esa ensoñación lumínica y artificial que es Las Vegas puede matar. Es un lugar muy especial, muy parecido a la idea que uno tiene del infierno, pero por donde nadie pasaría sino estuviera ubicada la meca del juego.  P.: De Lluvia de níquel se ha dicho que es una novela de género negro. En realidad, ¿ no es más bien una historia de lo que le puede pasar a cualquiera en cuanto abandona la rutina? R.: Bueno, yo creo que esa es de las cosas que más puede inquietar al lector que se acerca a la novela, la de la posible identificación con el personaje, que es muy cotidiano, que es un tipo que comete pequeñas felonías - es infiel a su mujer casi por aburrimiento, como algo que forma parte de la rutina - y tiene ideas muy conservadoras y una noción del bien y el mal que le han inculcado desde pequeño un padre muy estricto. El incidente con su vehículo, que también es un hecho cotidiano, rompe con todas sus pautas, lo condena a una ciudad, Las Vegas, que detesta por muchos motivos pero que acaba succionándolo, vampirizándolo. "Lluvia de níquel" no es una novela negra convencional, no trata de delincuentes habituales, no hay psicópatas, salvo uno sorprendente, ni excesiva violencia. Lo más inquietante es que el proceso degradante que sufre Mike Demon le puede suceder a cualquiera en esas circunstancias, que el lector se identifique con el personaje y se puede contagiar de su enfermedad.  P.: La América de Georges W. Bush es tan puritana como el Irán de los ayatoláhs. ( Más allá de lo obvio ) ¿ Qué significa Las Vegas para el americano medio? R.: Bueno, Las Vegas funciona como un getho de permisividad dentro del sistema americano que atrae, sobre todo, al americano de la América profunda que puede que haga su único viaje en su vida a esa ciudad. Es la urbe del pecado, en donde todo lo que está prohibido o mal visto en el resto del país, se puede hacer allí, desde beber alcohol, frecuentar prostitutas o dilapidar tu dinero en los casinos. Le gente va a Las Vegas, peca, porque desde su moral estricta todas las actividades que tienen lugar en la ciudad son pecado, y luego regresan a sus ciudades de origen arrepentidos pero sin propósito de enmienda. Es el paradigma de la doble moral. Una ciudad de ese tipo sólo tiene sentido en un país como Estados Unidos con una religiosidad exacerbada en donde se incentiva el pecado y se ensalza el arrepentimiento. Una de las virtudes que los americano aprecian en el actual inquilino de la Casa Blanca es la de ser un pecador arrepentido.  P.: En las habitaciones de ciertos hoteles de Las Vegas suelen coincidir un ejemplar del Antiguo Testamento y un listado de prostitutas. La colisión en sí, ¿ es lo más genuinamente americano? R.: Creo que es tan americano como la Coca-Cola, la Asociación Nacional del Rifle o la silla eléctrica. Responde al eterno dualismo que existe en Estados Unidos, a su tremenda paradoja. En Las Vegas se facilita el sexo de pago, pero se pone a disposición del que cae en el pecado de la lujuria las Sagradas Escrituras, siempre el Antiguo Testamento, no nos engañemos, del mismo modo que se facilita la compra de las armas de fuego, y hasta armas de guerra, que acaban en manos de delincuentes, es decir, se le da toda clase de facilidades al fuera de la ley para delinquir y matar, incluidas armas, pero luego se les castiga, sin remisión, a la silla eléctrica.  P.: "En Las Vegas todo es mentira, todo es una representación" -afirma su protagonista-: "Tú puedes ser una puta que no vas a cobrarme y yo a lo mejor soy un asesino que no va a matarte". Y fuera de Las Vegas, ¿ no es lo mismo? R.: Sí, pero en Las Vegas esto adquiere categoría de espectáculo grotesco. Las bodas de 24 horas, con divorcio después, es una especie de encubrimiento burdo de la prostitución. La sociedad americana es muy competitiva, y la competitividad, el ansia por superarse, por ser el primero siempre, por figurar como empleado modélico del mes en la empresa, etc. conlleva pisar al de al lado, un cierto tipo de violencia cotidiana que está bien visto en aras del triunfo. Lo que distingue una película americana de una europea es su grado de violencia, y el que esa violencia forma parte del juego de la vida como algo normal y aceptado. En Europa se delega la violencia al estado, a la policía, y se le exige que haga un buen uso de ella. En Estados Unidos, en donde casi todo es privado - miremos lo que ocurre en Irak, con ejércitos particulares casi tan numerosos como los profesionales - el individuo tiende a solucionarse sus propios problemas, y si hay que pegar un tiro en la cabeza al tipo que se sienta sobre el capó de tu coche o entra en tu jardín, pues se le pega.  P.: En Las Vegas se puede ganar una fortuna y perderlo todo en una noche. En realidad, lo que fascina a los ludópatas, ¿ es la tentación del abismo? R.: La ludopatía es una enfermedad, una adicción peligrosísima. El problema del ludópata es que no puede parar, que no puede decir basta, que lo empeña absolutamente todo, que haría a un tipo trocitos para seguir teniendo dinero y perdiéndolo. Llega un momento en que se le nubla el horizonte y no juega para ganar, si lo hiciera se retiraría en ese momento hipotético de la suerte, sino que juega por jugar, esta predestinado, por tanto, a ser un perdedor.  P.: Desde luego, su personaje tiene un nombre de lo más alegórico -Demon-. ¿ Es parte de usted, o sólo uno de sus mejores amigos? R.: Bueno, voy a contar una anécdota. Como esta novela ha tenido una gestación muy larga desde que la inicié hasta que la entregué al editor, diez años de escritura y reflexión, el Mike Demon de "Lluvia de níquel" se llamaba originalmente Mike Simpson, pero luego salieron los Simpson televisivos y hube de cambiarle el nombre por razones evidentes. Lo de Demon fue un feliz hallazgo, era el nombre real de un novio psicópata que tuvo una de mis dos sobrinas norteamericanas, un tipo realmente peligroso con unos celos enfermizos, y claro, el lector lo asocia a demonio. Espero no parecerme nunca Mike Demon porque en realidad es un compendio de casi todo lo que detesto. Esto casi se ha convertido en una norma habitual de mis novelas, que las protagonizan tipos que no son positivos, ni políticamente correctos, como se dice ahora, porque siento una morbosa fascinación por la parte oscura del ser humano, y Mike Demon me ha dado mucho juego para bucear en ella. La paradoja es convertir a un tipo así en protagonista de tu novela y sentir cierta piedad por él, porque en definitiva acaba siendo una víctima de las circunstancias. Humanizo al monstruo porque lo he parido.  P.: También subraya mucho la alegoría de Las Vegas como la nueva Babilonia. No obstante, ¿ no son ya todas las ciudades del primer mundo las que aspiran a convertirse en paraísos del ocio y la disneylandización? R.: Las Vegas ha sufrido un proceso de degradación importante. La primitiva Las Vegas, que era muy canalla, tenía el encanto de la Mafia, que allí lavaba su dinero, y tipos tan maravillosos corriendo por The Trip como el Rat Pack de Sinatra y compañía. Las Vegas que yo conocí, hace quince años, ya no era aquella, pero tampoco el parque temático en que se ha convertido ahora con Venecia clonada y otras sandeces por el estilo que son el reflejo de una sociedad cada vez más estúpida. Los intentos de trasladar ese mundo kistch a la vieja Europa creo que se han saldado con un fracaso estrepitoso, los parques temáticos acabarán cerrando todos. Intentar crear esos paraísos artificiales fuera del lugar adecuado no resulta.  P.: Por ejemplo, arruinarse en el Fórum de Barcelona, o en éste o aquel parque temático interactivo y multimedia, ¿ le parece más respetable que hacerlo en Las Vegas? R.: Bueno, yo creo que si hay que arruinarse, uno se tiene que ir a Las Vegas para hacerlo a lo grande. En Las Vegas todo invita a vaciarte el bolsillo, hasta cuando vas a un urinario encuentras una máquina tragaperras en la que puedes ir echando monedas con la mano libre. Es una ciudad hipnótica, y eso es algo en lo que insisto a lo largo de la novela, que aspira a doblegar la voluntad del que cae en sus redes. Creo que una buena imagen de la ciudad sería verla como una gigantesca tarántula agazapada en el desierto a la espera de que caiga su víctima. P.: Las alusiones al apocalipsis son omnipresentes en su novela. ¿ Profetizar el apocalipsis colectivo, es una manera de postergar el individual? R.. Mike Demon sufre su Apocalipsis particular, su mundo, que está tocado, se derrumba en la ciudad, y el Apocalipsis colectivo se produce a base de muchos Apocalipsis particulares. El tejido moral de Estados Unidos está en descomposición desde hace bastantes años, y el peligro es que ese modelo de vida se exporta y esta calando en Europa. La política actual que rige en USA es la del bandidaje puro y duro; una de las cunas de la democracia se ha convertido en país salteador de caminos, algo que no es nuevo, pues ahí está la nefasta política en su patio trasero, pero que ahora se hace a cara descubierta y sin tapujos. La Mafia ha quedado obsoleta ante lo que se cuece hoy en la Casa Blanca que funciona como un gran consejo de administración de una empresa que especula con la muerte y la destrucción. La ausencia de toda ética, el vacío moral, o la moral del enriquecimiento rápido y a cualquier precio, han llevado a los EE.UU a Irak en donde hay un Apocalipsis que concierne a todo el mundo. La historia está volviendo hacia atrás, en vez de evolucionar positivamente, y siempre echamos la culpa a los tipos en particular, al detestable Bush, al detestable Putin, o al detestable Aznar del que nos libramos, y a los que hay detrás de ellos, su camarilla, pero nos olvidamos que esos individuos, Bush, Putin, Sharon o Aznar llegaron al poder por los votos de los ciudadanos. Como Hitler. Es muy fácil lavarse las manos y achacarlo todo a la maldad intrínseca de un determinado personaje y debemos asumir todos la parcela de responsabilidad que nos corresponde.  P.: Y usted, ¿ cree en un cierto determinismo? R.: Bueno, yo creo que de eso fundamentalmente va la novela; el fatalismo y Las Vegas son sus ejes. El lector sabe, porque en la novela no hay las clásicas trampas o las sorpresas, lo que le va a suceder a Mike Demon, y hasta lo intuye el protagonista en su descenso vertiginoso al que lo abocan los acontecimientos. Ahí está la gran tragedia de "Lluvia de níquel", que parece que todo está predeterminado desde un principio, que se averíe el coche, que se tenga que quedar en Las Vegas, que se enganche al juego a pesar de detestarlo, o que conozca a determinada chica. La novela está imbuida de ese fatalismo que los americanos expresaron de forma magistral en algunas de sus mejores películas de género negro, como en "La jungla del asfalto" de John Huston o "Perdición" de Billy Wilder y que pesan en mi retina. "Lluvia de níquel" es una novela de perdedores, en un sentido muy amplio, pero también parece una novela fantástica, como me ha dicho algún lector, porque el escenario de Las Vegas parece de ciencia-ficción. Lo que le ocurre a Mike Demon en La Vegas es lo que les sucedía a los personajes de "El ángel exterminador" de Luis Buñuel, atrapados en esa habitación, incapaces de salir de ella a pesar de que la puerta estaba abierta.  P.: Para usted, escribir es sinónimo de.... R.: Hay una pregunta que siempre me hago y es por qué escribe uno y no creo tener una respuesta exacta a eso, ni creo que se pueda extrapolar. Hay un cierto componente hedonístico en el momento de la creación, un gozo casi físico cuando el parto es fácil, o sufrimiento si hay complicaciones. El escritor suele ser una persona muy vanidosa, y ese aspecto lo caricaturarizaba en "Lifting", que era el retrato ácido de un escritor de novela negra en un mundo de apariencias en el que todo el mundo lleva la máscara puesta. Luego existe el síndrome de Dios, el escritor crea un mundo, unos personajes, los manipula o, a veces, y eso es lo más fascinante, son ellos los que te manipulan cuando escribes. Por último hay un componente de búsqueda de la eternidad, un poco como sucede con los hijos que uno tiene, que espera que lleven algo de ti para cuando tú no estés. La idea de que yo me haya ido, pero mis libros sigan en un anaquel, en una biblioteca, y puedan ser leídos me perturba porque me regala la eternidad que todos anhelamos. Pero yo creo que escribo por necesidad, como respiro. Sencillamente no podría vivir sin hacerlo y si algún día eso sucede, es que estoy muerto. P.: Y como lector, ¿ qué es lo que busca en las paginas de un libro? R.: Bueno yo busco en un libro que me secuestre, que me atrape en sus páginas, que no me deje salir de ellas, y eso es algo que sucede muy de tarde en tarde. Se hace, desde mi punto de vista, una literatura muy light, que deja indiferente. No basta con escribir bien, porque al escritor eso se le supone, como el valor al militar. La literatura tuvo una época de esplendor en el siglo XIX, con Balzac, Zola Dickens, Tolstoi, Dosteievsky, etc. que buscaban trascender con sus obras, lanzar mensajes morales de calado, ejemplarizantes. Ahora se hace mucha literatura de consumo, de leer y tirar.  P.: ¿ Qué tres títulos recientes nos aconsejaría especialmente? R.: En la última Semana Negra cargué con un montón de libros de la mítica Etiqueta Negra, pero claro, no son actuales. Bueno, hay un libro actual que me ha gustado bastante, de un escritor inglés llamado John Burdett, "Bangkok 8", que es original dentro de sus planteamientos de thriller: policía budista, reencarnaciones, serpientes como armas homicidas y travestis en vez de mujeres en un Bangkok bastante creíble que reconozco. Hay un libro, que no es actual, pero es una novela negra extraordinaria, que es "Papel picado" del argentino Rolo Diez, al que han dado este año el premio Dashiell Hammett muy merecidamente, una crónica en clave policial de un perseguido por la dictadura argentina que huye por varios países de Sudamérica, que está prodigiosamente bien escrito. Y hay un libro de un autor vasco, Juan Bas, una novela inspirada en el juguete roto Urtain, "La cuenta atrás", que me parece modélica y con la que me identifico literariamente porque habla de un perdedor. P.: ¿ Sus tres clásicos de cabecera son...? R.: "Rayuela" de Julio Cortazar, aunque en realidad todos sus libros me apasionan, especialmente uno de los últimos escrito a cuatro manos con Carol Dunlop, "Los autonautas de la cosmopista"; "La mirada del observador" de Marc Behm, que creo que es la mejor novela negra que se haya escrito nunca, y "Bajo el volcán" de Malcom Lowry, una novela que me conmocionó por su forma y su contenido. Bueno, y me dejo "Lolita" de Nabokov. P.: ¿ Cuál es su paraíso particular? R.: Empiezo a sospechar que los únicos verdaderos paraísos se encuentran en nuestra cabeza. Yo recreé en "La pérdida del Paraíso" un lugar edénico que se corrompió en cuanto llegaron los conquistadores españoles, la América precolombina, y con esa novela confieso que toqué el Paraíso de una forma muy vívida mientras la escribía, algo que espero haber transmitido al lector. El mundo, gracias a la aviación, se ha vuelto pequeño y accesible y viajar es algo que se está convirtiendo en un asunto gregario. La Polinesia se parece a la idea que tengo yo de Paraíso, pero presumo que cuando vaya no va a estar a la altura de lo imaginado, que es la Polinesia que contempló Fletcher Christian, el del motín de la Bounty, o la que idealizaba de niño sosteniendo un cromo que me salió de una chocolatina con una hermosísima tahitiana con un fondo de cocoteros que daría cualquier cosa por recuperar. No obstante viajar es otra de mis pasiones y creo que la mejor forma de gastar el dinero. Paraísos que haya pisado hay dos; uno cercano, el Valle de Arán, aunque ha perdido sus vacas y su masificación no augura nada bueno, y el otro lejano, la isla de Ko Pee Pee en Tailandia. P.: ¿ Y su infierno personal? R.: El deterioro físico y mental me aterra. El no poder hacer una caminata de siete horas por el Valle de Arán, que me conozco palmo a palmo, por ejemplo, o la incapacidad por escribir a causa de alguna enfermedad mental. P.: Su visión del País Vasco, ¿ es compatible con El Jardín de las Delicias de El Bosco? R.: Bueno, tengo una percepción positiva sobre el futuro del País Vasco, que es un territorio que adoro por su paisaje, su gastronomía y el talante de la gente en la calle. Además está San Sebastián, que es una de las mejores ciudades de la península, y Bilbao, que me parece muy literaria. Ha habido momentos en que el País Vasco era percibido, desde el resto de la Península, como la antesala del infierno, por la violencia fascista de algunos nacionalistas y un execrable terrorismo que no tenía ni la más mínima justificación y que parece que ahora está en sus horas bajas. Desbancado el P.P. del poder, una fuerza que ha sido víctima en el País Vasco de una razzia intolerable, pero que ha crispado la política nacional, sobre todo en los últimos años, se abre una vía de esperanza. Desde Catalunya se entiende muy bien al País Vasco y se comparten sus aspiraciones, pero deben ser los vascos los que tienen que decidir sobre su futuro libremente y sin chantajes de ningún tipo.  P.: Durante los locos años Veinte, San Sebastián y su Gran Casino fue el equivalente al Las Vegas de la Vieja Europa. ¿ Cree que ha marcado en algo el carácter de la ciudad? R.: Creo que sí, sin duda, pero las comparaciones con Las Vegas resultan odiosas. San Sebastián siempre ha sido una ciudad con un extraordinario glamour, como Cannes o Montecarlo. Nadie hubiera podido entrar en el Gran Casino de San Sebastián con rulos o en camiseta. El ritual del juego en Europa es muy distinto del que existe en Estados Unidos, que en todo tiende a la desmesura: se atracan comiendo porquería del mismo modo que se atracan perdiendo dinero a mansalva ante una asquerosa máquina tragaperras. P.: El juego y la apuesta están muy arraigados en el carácter vasco. El mus, ¿ puede llegar a ser tan adictivo-autodestructivo como el póker o la ruleta? R.: Bueno, al menos lo fue para el padre de Urtain, que murió a causa de una brutal apuesta que Juan Bas narra en su novela "La cuenta atrás". El talante de los tipos que se reúnen al lado de una mesa de juego del bar de toda su vida a echar una partidita, en la que pierden o ganan de forma moderada mientras comen un pincho de tortilla y se beben un clarete, es muy distinto al espíritu que reina en Las Vegas en donde millones de seres solitarios, ensimismados, se autodestruyen ante las máquinas tragaperras sin comunicarse más que con la chica que los abastece de alcohol para que sigan perdiendo dinero. En el País Vasco el juego es un rito social que puede tener alguna vez una mala consecuencia; en Las Vegas es una puñetera droga que conduce al vacío. P.: Además de la literatura, ¿ qué clase de juegos prohibidos practica con más asiduidad? R.: Necesito el contacto con la Naturaleza y me apetece hacerlo siempre a solas, sin nadie a mi alrededor, perderme por bosques, valles y montañas. A veces me meto con mi cuatro por cuatro por pistas suicidas de los Pirineos, llenas de obstáculos, medio cortadas, y tengo una tendencia peligrosa a no dar nunca un paso atrás, lo que me puede llevar alguna vez al fondo de un barranco. Cuando me marco una meta, y hablo de la montaña, siempre llego hasta ella, me cueste lo que me cueste, y eso no sé si es un defecto o una virtud. P.: Y, volviendo al azar y al destino, José Luis Muñoz, ¿ hace caso de los estúpidos mensajes que se ocultan dentro de las galletitas chinas? R.: Los restaurantes chinos son lugares muy curiosos, un mundo aparte. En un restaurante chino de Nueva York vi que tenían en la pecera de la entrada un pescado muerto, en descomposición, quizá porque el local fuera una tapadera de otra cosa y no necesitaran comensales. En otro de ellos me encontré que en el fondo de la taza de café, algo que sólo veías una vez vaciada, había una explícita imagen pornográfica en color grabada sobre la porcelana. Lo de los mensajes escondidos en las galletitas es algo por lo que se vuelven locos los yanquis que se lo creen como si fuera su horóscopo. Lo introduje en la novela como una especie de guiño al lector, una pincelada de humor negro, negrísimo.
-
Este artículo fue publicado en la revista literaria Otro Lunes que dirige el escritor cubano Amir Valle El paso seguro y ascendente de Lorenzo Silva, Alquimista José Luis Muñoz  Uno siente una sana envidia hacia Lorenzo Silva, con el que departí muy breves palabras en la terraza del Parador Nacional de Gijón, en medio de una Semana Negra, entre café y café, hace ya algunos años; porque el, relativamente joven, escritor madrileño es un trabajador infatigable que ha tocado todos los palos de la literatura, lo ha hecho con inusual fortuna y es de los que tienen la cabeza sobre los hombros sin que el éxito lo haya cambiado un ápice.  Este madrileño, que vive en Getafe e impulsa, desde la periferia de la capital de España, ese novísimo acontecimiento negrocriminal conocido como Getafe Negro, es un abanderado del policial en España, lo que no le ha impedido cultivar todos los géneros que imaginarse puedan ? la novela histórica en El nombre de los nuestros, una crónica del desastre de Annual que es, al mismo tiempo, el reencuentro del autor con el escenario bélico que pisó su abuelo, y en Carta blanca; el libro de relatos en El déspota adolescente; el reportaje periodístico en Líneas de sombra; la novela experimental con el concurso de los lectores en La isla del fin de la suerte; la literatura de viajes en Viajes escritor y escritos viajeros, Del Rif a Yebala y En tierra extraña, en tierra propia; el género juvenil en Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia, El cazador del desierto y La lluvia de París, trilogía sobre Getafe, la ciudad en donde este autor vive; y hastaha escrito libros infantiles como Laura y el corazón de las cosas, Pablo y los malos y una adaptación de La isla del tesoro de Rober Louis Stevenson ?, ha sido unánimemente bien tratado por la crítica, ha visto traducidos a multitud de idiomas sus libros y ha cosechado dos de los premios más importantes del panorama literario español: Nadal y Primavera. Teniendo en cuenta que varias de sus novelas han sido llevadas al cine, poco le queda ya por conseguir a este autor de paso seguro y ascendente. Noviembre sin violetas, editado en la desaparecida Libertarias en 1995 y reeditada posteriormente por Destino, de cuya escudería forma parte, fue su debut literario. Y no es una casualidad que fuera una novela policíaca. Desde entonces Lorenzo Silva ha incidido una y otra vez en el género, aunque sus dos siguientes publicaciones fueran un homenaje literario a Franz Kafka, La sustancia interior (Huerga y Fierro, 1996), para muchos una de sus mejores novelas, y La flaqueza del bolchevique, un hermoso título, que quedó finalista del premio Nadal y fue llevada al cine, en donde describe, con humor y amargura, la pasión de un maduro por una nínfula.  Pero es dos años después, cuando publica en Destino El lejano país de los estanques, el momento en que Lorenzo Silva pone en circulación, en el imaginario literario policial español, a dos guardias civiles que le van a acompañar a lo largo de otras muchas peripecias: el sargento Bevilacqua y la número Chamorro. Y esa extraña pareja, insólita en el panorama literario español de novelistas negros ? si exceptuamos a García Pavón que utilizó al policía municipal Plinio en sus investigaciones costumbristas por Tomelloso? poco proclives a magnificar a las fuerzas del orden porque tenían in mente sus desmanes durante el franquismo ? mientras Vázquez Montalbán optaba por un desencantado detective ex agente de la CIA llamado Pepe Carvalho, y Juan Madrid optaba por Tony Romano, buscavidas y ex boxeador, sólo Francisco González Ledesma se atrevía con un policía chusco y resabiado, su inspector Méndez, más próximo a los perdedores que a los ganadores aunque él no lo sepa ? va a calar tan hondo en sus lectores, como la inspectora Petra Delicado de su colega Alicia Giménez?Barlett, y le va a dar a Silva sus mayores alegrías, entre otras un Nadal en el 2000 en una intriga titulada El alquimista impaciente, curioso nombre para una novela negro criminal, que se va a convertir en su titulo más reeditado y vendido. Y volvería con su singular pareja de investigadores en La niebla y la doncella, Nadie vale más que otro y La reina sin espejo.   Y mientras idea otra intriga para sus guardias civiles ?Chamorro ha ascendido a cabo ?publica El blog del inquisidor, una novela experimental. Creo que la principal virtud de Lorenzo Silva, aparte de su excelencia literaria, es su capacidad de indagar y aventurarse por caminos menos trillados, y su espíritu poco acomodaticio. Podría vivir, perfectamente, de Bevilacqua y Chamorro, y, sin embargo, se adentra, con fortuna, por territorios diversos e ignotos cual explorador, porque en la aventura, en lo inesperado y bien hallado, se encuentra siempre el mejor gozo literario.
-
Recupero, por su interés, uno de los mejores estudios que se ha realizado sobre la prestigiosa colección de literatura erótica La Sonrisa Vertical que, en mi opinión, debería revitalizarse. Su autor es el mexicano Héctor "Anselmo" Ortega. La Sonrisa Vertical Héctor "Anselmo" Ortega  Sin duda para muchos, la literatura erótica forma parte de un placer indispensable. No es sólo el acto sexual o el placer de la literatura vistos por separado. Sexo y literatura resulta una combinación exquisita cuando se trata de explorar nuevos campos en el terreno de los placeres carnales. Entregarse al erotismo desde un libro puede resultar fascinante. Para lograrlo, basta con ir a una librería grande y buscar en la estantería unos libros rositas que seducen con sólo verlos: los libros de La Sonrisa Vertical? libros, que han sido editados para hacer el amor, para coger o simplemente para fornicar sin restricción; mejor aun, libros para leerse con una sola mano. La Sonrisa Vertical El triángulo que tienes tiene un ángulo al revés Tu sombra en la pared es la línea de felicidad Muero por entrar en tu sonrisa vertical Sonrisa de malicia quiero acariciar. -CUCA-  Erotismo y letras? letras prohibidas? genitalidad en papel? lubricidad para los sentidos que entra por los ojos y explota a la mitad del cuerpo. Los franceses del siglo XVIII denominaban el sexo de la mujer bajo el eufemismo La Sonrisa Vertical. Tres palabras que a simple vista no dicen nada pero que valen oro cuando se camina por el sendero del erotismo. Y fue con este nombre, con el que en 1977, el cineasta español Luis García Berlanga ?apasionado erotómano y coleccionista de objetos relacionados con el sexo- comenzara, junto con la editora Beatriz de Moura, una colección de textos cuyo objetivo sería la divulgación y difusión de la literatura erótica, un género que ha sido considerado por muchos como bastardo. La libertad que se pudo respirar en España tras la muerte de Franco, abrió la puerta para que los deseos del cineasta se vieran en posibilidad de ser fincados. La espera había sido larga.  La idea sobre dicha colección no era nueva y ésta prevalecía en la cabeza del director de cine desde hacía muchos años pero fue en 1970, en la ciudad de Madrid, cuando Luis García Berlanga propuso a Beatriz De Moura iniciar con ese proyecto: ¿Y por qué no arrancamos una colección de literatura erótica? De Moura, escandalizada por lo peligroso de la situación -pues la censura era el pan nuestro de cada día en el régimen franquista- se negó rotundamente. Ante esto, a García Berlanga no le quedó más remedio que esperar tiempos mejores. Corría 1976 y el caudillo Franco aun no terminaba de acomodarse en su última morada cuando García Berlanga ya estaba listo para echar a andar sus sueños, así que llamó por teléfono a De Moura: ¿Por qué no empezamos enseguida a hacer algo? Y de este modo, fue como comenzaron a trabajar en el proyecto literario La Sonrisa Vertical.  Los primeros textos que se publicaron salieron de la biblioteca del propio García Berlanga ya que el cineasta ?voraz lector de novelas francesas del siglo XVIII- poseía dentro de su colección, textos de Bataille, diarios y memorias de la época victoriana. Así, La Sonrisa Vertical vio la luz del mundo con el libro La insólita y gloriosa hazaña del Cipote de Archidona, un libro que relataba una tremenda chaqueta ?o paja, como dirían los españoles- dentro de una sala de cine de Archidona, la cual culminó con una eyaculación de tal magnitud que manchó el traje del señor que estaba enfrente. Este hecho veraz, fue documentado en varias cartas que se enviaron entre sí, Camilo José Cela y Alfonso Canales, un poeta malagueño. A este libro le siguieron Memorias de una Cantante Alemana de Wilhelmine Schroeder-Devrient (con un prologo escrito por el mismo Guillaume Apolliniare), La Imagen, de Jean de Berg; Gamiani, de Alfred de Musset; Grushenka (texto anónimo); A los pies de Omphalos, de Henry Raynal; Las Tres Hijas de su Madre de Pierre Louys y Mi vida Secreta (texto editado en dos volúmenes).  Pero fue con Memorias de una Cantante Alemana cuando vino el primer incidente en que se vio envuelta la novel serie. El franquismo había terminado pero aun prevalecían ideas de la dictadura que se mostraban de manera insipiente entre algunas autoridades. A la salida de aquel libro se les acusó de atentar contra la moral pública y por este delito les impusieron un par de castigos. El primero fue pagar una multa cuyo monto, fue relativamente bajo, mientras que el segundo castigo consistió en retirar el volumen de todas las librerías. Afortunadamente, nadie acató la orden y la obra se siguió publicando sin ningún problema. Sin duda alguna, Franco seguía en la memoria de algunos y sólo eso. Pronto pasaría. Posteriormente, se editaron clásicos, los libros de Bataille y del Marqués de Sade. Letras prohibidas Tras su aparición, los círculos literarios españoles vieron en La Sonrisa Vertical una colección respetada, que inicialmente fue acogida de manera extraordinaria. ?Desafortunadamente, las cosas cambiaron y actualmente los críticos son los mismos que la han ido silenciando hasta dejarla casi lapidada, relegándola a un segundo plano, al de la subliteratura?, dice De Moura. Tal vez sea por la dirección que cada escritor otorga a su propio estilo o lo escandaloso que pueden resultar para las mentes puritanas las historias de sexo, lo que ha marcado a la colección con una etiqueta de prohibida entre algunos círculos sociales. Cabe también la posibilidad de que eso, sólo sea parte de la cerrazón de grupillos que siguen viendo en los actos sexuales al mismo Satanás, máxime si se considera que las historias que se plasman en la colección tienen la enorme capacidad de trabajar en la mente de los individuos -hombres y mujeres sin distinción- y que pueden servir como motor para desatar las liviandades de la carne. En todo caso, es a ese tipo de controversias a las que se debe agradecer el éxito de la colección.  Lo verdaderamente cierto es que a pesar de las etiquetas impuestas para definir como aberrantes, anormales o contra natura, muchos de los pasajes que pueden leerse en los 132 volúmenes de la compilación, La Sonrisa Vertical ha cumplido un ciclo de 27 años de éxito que seguirá prevaleciendo todavía por un buen rato entre sus miles -¿podemos decir millones?- de adeptos por todo el mundo. Es debido a las etiquetas impuestas, a los espaldarazos de la crítica, a la poca atención de la gente y a decenas de factores más, que se tiene mucho cuidado con lo que se va a publicar. La misma De Moura, es cuidadosa al hablar de las publicaciones clásicas; por ejemplo, la editora ha comentado, que ?textos como Historia del Ojo de Georges Bataille, y todos esos libros, parecen terribles: calan hondo en el inconsciente del individuo, que es donde trabaja la erótica?. Con respecto al Marqués de Sade, inicialmente tuvieron más cuidado para publicar sus historias pues para ella son libros que, ?personalmente ?dice- no pondría en manos de una persona todavía no adulta: son perturbadores. Yo creo que un libro de erotismo es una vía de conocimiento individual importantísima, pues surge desde el fondo más recóndito de nuestro ser que es el sexo?.  Es por la mala interpretación de opiniones como la anterior, lo que ha hecho que en pleno siglo XXI, no sólo La Sonrisa Vertical sino toda la literatura erótica, siga estando relegada de otros géneros más comerciales, llegando incluso a ser una literatura maltratada. Lo anterior es ejemplo de que La Sonrisa Vertical no es ajena a la incomprensión y el sectarismo de quienes han escrito acerca del sexo, de la sexualidad humana y su estrecha relación con la enorme capacidad de pensamiento que tiene el ser humano para desarrollar la actividad sexual, por esto, los libros de la colección pueden verse a veces hasta peligrosos pues lo que en ellos se encuentra, permite explorar de manera profunda todos ?absolutamente todos- los campos de la sexualidad, sin ninguna restricción. Es pertinente decir que no sólo las historias de Bataille o del Marqués de Sade pueden leerse en esta colección -de hecho, los libros clásicos, son los menos- y por el contrario existen relatos que, aunque no son tan conocidos, abordan de manera profunda el pensamiento humano con relación a la sexualidad, lo que puede tornarse de gran valor para aquellos interesados en indagar acerca de los hábitos sexuales de otras sociedades y otras épocas. Por mencionar un ejemplo, se pueden citar todos los primeros títulos de la colección o bien aquellos textos cuyo valor erótico es riquísimo gracias a su contenido, por ejemplo, El Coño de Irene (de Albert de Routisie), La Educación Sentimental de la Señorita Sonia (de Susana Constante), Historia de Una Prostituta Vienesa (de Josefine Mutzenbacher), Desnudarse es lo que ella no quería (de Adolf Muschg) o La Curvatura del Empeine (de Vicente Muñoz Puelles), que son textos que pueden resultar interesantes. También existen volúmenes en los que se puede ver retratada la sexualidad a un nivel imaginario, como en el cuento llamado El bajel de las Vaginas Voraginosas (de Josep Bras), que se encuentra en el libro del mismo nombre, o bien, la sexualidad del futuro gracias al cuento con que se cierra Cuerpos Entretejidos (de Antonio Altarriba). Sumamente interesantes para quienes comienzan a leer literatura erótica, pueden resultar Las Edades de Lulú, de Almudena Grandes -libro que además es considerado como un parte aguas que vino a reforzar el éxito de La Sonrisa Vertical-, en el que se relata el despertar sexual de una niña como cualquier otra y en el que los hechos no se abordan con romanticismo sino ?con toda la crudeza que debe tener un relato erótico? ?dice De Moura. A Las Edades de Lulú pueden unírsele otros textos importantes como Púrpura Profundo, de Mayra Montero, libro donde cada acto sexual es llevado como una sinfonía musical de un lado a otro, sin ninguna reserva; o bien, El Pecador Impecable que hace un hermoso retrato de la vida sexual cuando se está entrando en la tercera edad.  En la colección se han publicado historias divertidas y otras que sin dejar de entretener, abordan la sexualidad de manera mas fría y hasta mas oscura, pero que ejercen un gran poder de atracción en aquellos que comienzan a leerlas; es el caso de Pubis de Vello Rojo (de José Luis Muñoz), El Necrófilo (de Gabrielle Wittkop), Llámalo Deseo (de José Luis Rodriguez del Corral), Espera Ponte Así (de Andreu Martín) o Eso No (De Marcelo Birjamaer). Todos estos libros, a mi parecer, forman parte de un desahogo sexual cuyo mérito consiste en no ser solamente un medio para el divertimento, sino un mecanismo que ayuda al lector a abrirse paso en su autoconocimiento para luego ejercer con mayor plenitud una vida sexual, sin culpas de ningún tipo. Para lograr la efectividad de esta terapia ?como yo mismo nombro a esos momentos en que me dispongo a leer alguno de esos libros rositas- será necesario dejar de lado los calificativos y las descalificaciones y prepararse para someterse a una lectura que, de lograr su fin, se verá interrumpida en más de una ocasión por la tentación de Onán. Literatura ¿pornográfica? Por todo lo que he mencionado anteriormente, y aun por más, la colección no ha escapado a la etiqueta de pornográfica, lo cual puede parecer risible. El hecho de clasificar a un texto como erótico o pornográfico es nuevamente tema de discusión inagotable. Como anécdota comentaré que en una reciente edición de Teleny, de Óscar Wilde (Edamex, 2003), que adquirí hace unos meses, en el prólogo se menciona lo siguiente: El Porno, en realidad, sirve hoy para que exista un premio La Sonrisa Vertical y Berlanga oficie de perverso voyeur nacional.  Con anterioridad he comentado lo que desde mi perspectiva y bajo el manto de la cotidianidad, puede resultar erótico y pornográfico ( Erotismo y Pornografía, palabrasmalditas.net, mayo 2004). Eso tal vez pueda ayudar a definir si en los volúmenes de la colección, encontraremos textos eróticos o textos pornográficos. Sin embargo, para Luis García Berlanga, no existen esas distinciones ?pues lo pornográfico es tan mecánico como un video que sólo ayuda (demasiado ?n.d.r-) a la estimulación mientras que el erotismo, cala en un lugar profundo del ser, descubre un aspecto que tal vez esté reprimido, prohibido? es un espacio donde el individuo se conoce mejor a sí mismo?. Así son los libros de La Sonrisa Vertical, un calido lugar donde podemos proyectar nuestras frustraciones o aquello que la sociedad ha impuesto como prohibido, y si así lo desean, como pornográfico pero que no deja de tocar todo lo que alguna vez ha pasado, pasa y seguirá pasando por la mente de los hombres y las mujeres cuando se encuentran ejerciendo su sexualidad. La Sonrisa Vertical y el cine Tal vez sea por lo anterior y porque su director es un cineasta, lo que ha ligado a la colección de literatura erótica con el cine. Varias películas se han argumentado gracias a los textos de La Sonrisa Vertical. La más famosa es Las Edades de Lulú (1990), dirigida por Bigas Luna y que nosotros podemos ver en México en televisión abierta, un par de veces al año, gracias a Canal 11. Esta película, cabe decirlo, también fue prohibida en España por sus fuertes escenas de sexo, filmadas con la intención de salir del cine e ir directo al baño a toquetearse impúdicamente. Las Edades de Lulú, sobrepasa el nivel de una película porno solo por algo: porque tiene una historia detrás, de tanta calidad, que al momento de mostrar el sexo y sus derivados lo hace de forma natural, sin ascos, como ?creo- lo hace cualquiera de los que está leyendo este texto cuando se encierra en la privacidad de su recámara. Por esta razón, las escenas de depilaciones vaginales, el sexo entre hermanos, la masturbación de un travestido, la sodomía que ejercen sobre un jovencito casi adolescente, las fantasías de Lulú para encamarse con varios hombres o simplemente la narración de una anécdota de la niña cuando se masturbó con una flauta dulce, pueden encontrase en la película de una forma tan bella y normal, que dan ganas de volver a poner la cinta, apenas terminan de aparecer los créditos finales.  El precio de disfrutar La Sonrisa Vertical Conseguir los textos de la colección en nuestro país resulta fácil para quienes tienen un poder adquisitivo holgado. Difícilmente estos libros podrán encontrarse en las librerías de la esquina o las de centros comerciales. En el Distrito Federal, ir a Gandhí o El Sótano, es garantía de éxito mediano, sin embargo, la inversión es verdaderamente alta. Hablar de los libros de La Sonrisa Vertical, resulta además fascinante pues el diseño de las portadas que se preparan para cada volumen ?como se ha podido apreciar a lo largo de este texto- tienen una fuerza de atracción terrible. Tengo que reconocer que la primera ocasión que escuché hablar de La Sonrisa Vertical fue también la primera vez que tuve un libro de la colección en las manos ( Historia de una prostituta Vienesa) hace exactamente tres años. Anteriormente había leído Las Edades de Lulú sin saber que pertenecía a esta colección pues el libro lo adquirí por diez pesos en una puestito del Tianguis del Chopo, cuyas pastas hechizas de cartón que ni siquiera me permitieron ver cuál era la editorial ?aunque afortunadamente el texto que estaba integro, como pude corroborarlo tiempo después cuando lo volví a adquirir en la librería de la entonces ENEP Acatlán- por lo demás, nada supe del texto hasta que me enteré de la existencia de la colección. Historia de una prostituta Vienesa, fue un libro que encontré por casualidad en una de las tantas librerías de viejo, de la calle Donceles y reconozco nuevamente, que me llamó la atención por el color de las pastas y porque la portada mostraba el orificio de una cerradura, donde se apreciaba justamente una sonrisa vertical. Atraído más por aquel diseño -y luego por el título- co  mpré el libro, impulsado por una atracción casi mecánica y desde que comencé a leerlo, las letras surtieron un efecto en mí que (creo) fue identificado inmediatamente por quienes me rodeaban en ese momento. Historia de una prostituta Vienesa relata la vida de una niña de origen humilde, que gracias al ejercicio de la profesión más vieja del mundo desde que es una niña (y cuando digo niña, es porque verdaderamente era una niña) logró adquirir modales y conocimientos suficientes para redactar con acierto, al final de su vida, este extraordinario testimonio personal, escalofriante por su sinceridad, que entregó a su médico unas semanas antes de someterse a una grave operación. Estas confesiones íntimas de una prostituta no tienen tan sólo el valor testimonial directo de una actividad en -y por principio- inconfesable, sino también el de ilustrar con todo lujo de detalles la vida amorosa de la sociedad vienesa de la segunda mitad del siglo XIX. Al final del relato, la chica hace un recuento de todas las vergas que pasaron por su cuerpo hasta antes de cumplir quince años; el resultado, sorprenderá a quien logre conseguir el libro pues es verdaderamente difícil hacerlo en México.  Posteriormente conseguí en la misma librería una primera edición (1979) de Irene y una segunda edición de La Educación Sentimental de la Señorita Sonia, un par de textos que distaban mucho de lo leído en Las Edades de Lulú y en Historia de una Prostituta Vienesa pero que sin duda, me marcaron para convertirme ansioso lector de erotismo, además de un verdadero adicto a la búsqueda y compra de los títulos de la colección. Fue por este placer y por esta nueva adicción, que en menos de un año invertí la cuarta parte de mis quincenas, lo que hasta ahora me ha hecho dueño de más de 40 títulos del repertorio que conforma La Sonrisa Vertical y que puedo comprobar fácilmente bajo previa invitación a beber unas cervezas (hombres) o a fornicar sin restricción (mujeres? M.R.D.A.). Sobre cada uno de los volúmenes de La Sonrisa Vertical que he leído podría citar tantas anécdotas que me han sucedido, sin embargo, lo más satisfactorio ha sido la posibilidad de soñar y saborear tantas historias, de memorizar las anécdotas y poder emplear este material para fines de seducción con mujeres, que en otras circunstancias, me estarían vedadas. Con esta técnica no he descubierto el hilo negro, más bien, me he encontrado dentro de un círculo secreto, dentro de una sociedad de personas que como yo, hacen lo mismo para conseguir alguna pasión desenfrenada, o bien, para vivir amoríos que se inclinan a prolongarse hasta el fin de los tiempos.  ¿El fin ha llegado?  Desafortunadamente, la época de gloria y esplendor que marcó a la colección, al parecer han quedado atrás. Luego de 27 años de existencia, este 2004, el premio que se concede en homenaje a López Barbadillo, fue declarado desierto (lo que ya había sucedido en otras ocasiones); esta situación orilló a los organizadores del Premio La Sonrisa Vertical, a suspender el certamen básicamente por dos razones: 1) la expresión literaria del erotismo ha ido gradualmente asimilándose a la narrativa general y se ha integrado, de un modo natural, en colecciones literarias no acotadas específicamente al género erótico.  2) la mayoría de las obras premiadas en La Sonrisa Vertical han recibido, salvo en contadas ocasiones, escasa atención por parte de la crítica, atención que actualmente ésta les dedicaría de haber sido publicadas en colecciones no especializadas. Esto ha provocado que ante el riesgo latente de su desaparición, muchos asiduos lectores busquen desesperadamente hacerse de la mayor cantidad de títulos posibles. Pero lo que puede considerarse como mayor tragedia para quienes le hemos tomado cariño a La Sonrisa Vertical, es que se pierda la esencia consolidada con el paso del tiempo y que difícilmente, puede ser sustituida por cualquier otra colección semejante de literatura erótica en el planeta (en el caso de México sólo conozco una colección de literatura erótica: Minimalia Erótica -una galería de autores mexicanos retratados por Alejandro Zenker al lado de una modelo desnuda que desata y encarna sus visiones del erotismo- de Ediciones del Ermitaño y que ha publicado algunos títulos bastante recomendables pero diferentes a lo que hace Tusquets Editores con La Sonrisa Vertical). Es así como La Sonrisa Vertical, se encuentra en estado de coma, pero mientras el futuro nos alcance, personalmente he querido rendir tributo con este texto y compartirlo con ustedes, hermanos de esta comunidad, e invitar a cada uno a que se permita buscar algún título de esta colección, ir a su casa ?o a donde más les plazca- y dedicarse a leer el libro, eso sí, como dice Beatriz de Moura? ?con una sola mano?.  ?Publicamos en esta colección novelas y relatos que se sitúen dentro de un género, el erótico, que no siempre goza de la atención y de la admiración que merece. Queremos dar aire que respirar, porque el deseo es salud, y sobre todo queremos recuperar el culto a la erección, al hedonismo, a las fértiles cosechas que una buena y gozosa literatura puede ofrecernos. Y, a través de nuestros libros, a través de nuestra y vuestra sonrisa vertical, constatar que el escribir sobre lo biológicamente apetecible es algo inmanente a todos los tiempos, a todas las geografías, a todos los hombres? Luis G. Berlanga Los quince libros de La Sonrisa Vertical que todo erotómano debe tener: 1. Historia de una Prostituta Vienesa 2. Las Edades de Lulú 3. Historia del Ojo 4. La curvatura del Empeine 5. Kurt 6. Eso No 7. Espera, Ponte Así 8. Purpura Profundo 9. Memorias de un Librero pornógrafo 10. Memorias de una Cantante Alemana 11. Hot Line 12. El coño de Irene 13. Pubis de Vello Rojo 14. El Bajel de las Vaginas Voraginosas 15. Llámalo Deseo
-
Reseña aparecida en Cuadernos del Sur, suplemento literario de El Diario de Córdoba, el 13/2/2010. La foto, maravillosa, es de la cantante Sade, mi musa musical. Color y sensualidad Pedro M. Domene  José Luis Muñoz (Salamanca, 1951), articulista, viajero y autor de una representativa obra narrativa negra, escribe una bellísima historia de amor en El corazón de Yacaré (2009), novela galardonada con el Premio Seseña de Novela Romántica. Para ambientarla, nos traslada a un paradisíaco Caribe con playas de aguas transparentes y mujeres sensuales, pero donde las clases dirigentes gobiernan con la mano dura que les otorga la represión racial y dictatorial. Política, denuncia social y género negro se mezclan para ofrecer al lector una historia en apariencia banal pero deliciosa en su puesta en escena y ambientación, así como en su estructura, presentación de personajes y en el resto de sus pretensiones. El general Duarte gobierna un país imaginario, Macladán, y mantiene el control del mismo ayudado por unos sicarios que forman parte de la policía gubernamental. La represión es tal que las muertes se suceden en el país sin que nadie repare en la represión ejercida por el dictador. El director de la compañía telefónica del país, el ingeniero Santiago O´Higings, sufre un repentino infarto y, tras una exitosa intervención, se sentirá, inesperadamente, amenazado por una hermosa india que lo seguirá a donde vaya. Intrigado por su hermosa presencia y, en ocasiones, asustado de sufrir cualquier atentado, encarga a Nelson Correa, un especialista en interrogatorios, que averigüe la identidad de la joven. El corazón de Yacaré rezuma erotismo dosificado en las imágenes que se plantean y en las evocaciones de la propia Yacaré, esposa del negro Manuel Wilson Frades, muerto en un aparente accidente laboral, en el que la india nunca ha creído y al que trata de volver la dignidad humana. José Luis Muñoz ahonda en la puesta en escena de algunos de sus personajes para que no quede en una historia de cartón piedra con un bonito decorado: el propio comisario está pasando por un crisis personal que le lleva a replantearse ciertos conceptos cuando repasa la lista de sus víctimas y éstas le parecen pedir cuentas. La amiga Usnavy, sumida en una soledad que la acerca a Yacaré y su marido cuando aun vivía, se convierte en su aliada para el desarrollo de la acción. Y lo mejor, pese a tratarse de un país imaginario, enseguida le vienen al lector algunos ejemplos de hechos recientes reales, pese a que se trata de un auténtico ejercicio de imaginación en su estado más puro. El corazón de Yacaré. Autor: José Luis Muñoz. Edita: Imagine Ediciones. Madrid, 2009.
-
 A veinte años de distancia, toda una vida, recupero esta entrevista que la revista Gente, suplemento dominical de Diario 16, me hizo. Como soy otro, no suscribo algunas de mis afirmaciones radicales, ni esa frase demoledora que me lanza la entrevistadora de que ?En usted no hay ternura ni dulzura?. Eso sí, con 20 años estaba tan desencantado como ahora. La foto fue realizada en una de mis casas, en Barcelona, que me trae muchos recuerdos. El perro de cartón, luego tuve uno de verdad, vive, que yo sepa, no la corbata, los zapatos ni la melena negra. Como el mundo es un pañuelo, o quizá es que todos nos movemos en el mismo círculo, me he encontrado luego un montón de veces con la fotógrafo argentina Ana Portnoy, autora de la foto y amiga de mi amigo Raúl Argemí, que mintiendo de forma piadosa me dice que estoy igual. ¡Ja! JOSE LUIS MUNOZ, ÚLTIMO PREMIO «LA SONRISA VERTICAL» «El amor no existe» MIREN ALCEDO Foto: ANA PORTNOY  Nadie puede esperar ninguna procacidad de José Luis Muñoz, autor del último premio de la novela erótica «La sonrisa vertical» con su obra «El pubis del vello rojo». José Luis Muñoz, treinta y ocho años, salmantino de nacimiento y barcelonés de adopción, aparece como un chico modosito, empleado de banca y padre de familia ejemplar. Metódico y encorbatado, da la imagen del chico formal que una puede presentar a su madre sin ningún reparo. Pregunta.- ¿Cómo se pueden compatibilizar ocupaciones tan distintas como las de usted, empleado de Banca y escritor erótico? Respuesta. -Sencillamente. Uno tiene su trabajo por las mañanas y la creatividad por las tardes. Durante la mañana te ganas el pan y por la tarde te dedicas a lo tuyo, a lo que te gusta. P.-Pero tendrá que compartimentar su vida. «Lo que importa en las relaciones entre personas es la pasión» R.-Claro, de la misma forma que en el trabajo no puedo pensar cuál será el argumento del próximo libro porque entonces sería un desastre. Hay que tener cierta rigidez y cierta disciplina. P.- ¿También escribiendo tiene disciplina? R.-Sí, procuro. Tengo unos hábitos más o menos fijos. Por la tarde, a las seis, empiezo a escribir y, sobre todo, por la noche, a partir de las once y depende si es un día que tengo muchas ideas a lo mejor me estoy hasta las dos o tres de la madrugada. P.- ¿Es usted de aquellos chavales que escribía poemas cuando estaba en el bachillerato? R.-Sí, siempre he escrito poemas, pero me he centrado en la narrativa. A mi padre -un alto funcionario del Ministerio de Trabajo- le gustaba mucho escribir, aunque nunca publicó nada. Con ocho años ya escribí un texto de ciento y pico páginas que era una novela del Oeste. Y con doce o trece años escribí un mamotreto impresionante de mil y pico páginas; eso ya es peligroso. Era un libro de aventuras que trataba de la colonización de Estados Unidos. P.-Estados Unidos sigue apareciendo en el resto de su obra. R.-Sí, tengo un par de novelas, relatos y un proyecto ambientado también allí. P.-¿Por qué esta fijación? R.-Pasé una temporada, unos dos meses, en Estados Unidos, y quedé fascinado por el paisaje, las ciudades, la gente. La incursión de José Luis en el mundo de la literatura erótica es relativamente reciente: en septiembre del 89 publicó «La lanzadora de cuchillos». Antes se había dedicado a la narrativa fantástica y del género negro: grandes urbes en las que se mueven individuos solitarios y muchas veces agresivos ocupan las páginas de este escritor. P.-Las mujeres no salen muy favorecidas en sus obras. R.-Bueno, malas son todas las mujeres y todos los hombres de mis novelas. P.-Después de leerle, se cree que las mujeres son todas putas y los hombres tipos malencarados, casi animalescos y pobres peleles. R.-Sí, claro. Quizás porque mi visión del mundo es más bien pesimista. Retratar a los triunfadores no me fascina porque es algo que hacen las revistas: retratan continuamente a la gente que ha llegado arriba, que tiene piscinas, dinero, cuarenta mil mujeres u hombres. Por las razones que sean ese mundo a mí, como persona, igual me encantaría, pero literariamente no me seduce. P.-Pero los personajes, sin ser triunfadores, podrían ser perdedores con encanto, ¿no? R.-En mi caso, los perdedores no tienen ningún encanto. No sé por qué habrían de tenerlo. Sería una especie de trampa, de mentira. Además, hay que tener en cuenta que en mis obras hay una parte importante de tipo humorístico, esperpéntico. De todas formas, no creo que sea tan exagerado. Muchos de mis relatos se basan en hechos reales. En el mundo, y eso lo sabemos por los diarios, pasan cosas mucho más terribles de lo que yo pueda contar. P.-Y con estos personajes, frustrados y siempre en lucha entre ellos, ha escrito «El pubis de vello rojo».
R.-Es una combinación de género negro y erótico. Quería escribir algo de género negro, pero cuando empecé vi que una faceta erótica fuerte y la exploté. Son dos historias paralelas de personajes marginales. La primera es la de una prostituta vocacional y la otra historia es de un personaje de los que fueron a la universidad en el sesenta y nueve setenta, que no se ha integrado, que no es un yuppie, que ha quedado desmarcado con el advenimiento de la democracia. En un momento determinado se ve envuelto en un atraco y esa noche sufre un gran desengaño sentimental. Sigo el recorrido de estos dos personajes por la noche barcelonesa hasta que, en un momento determinado, coinciden. P.-En «La lanzadora de cuchillos», su anterior libro de género erótico, el amor no aparece por ninguna parte. R.-¿Qué es el amor? Lo que importa en las relaciones entre personas es la pasión y ésta puede generar amor u odio. Las relaciones amorosas siempre son egoístas; si no, son amores platónicos. El amor con mayúsculas no existe. Puedes encapricharte de una persona que quieres mucho.... pero si no recibes nada a cambio hay un momento que... P.-En usted no hay ternura ni dulzura. R.-Es verdad. Pero entre alguno de mis personajes, a veces, hay bastante ternura. También tengo historias superdulces que no interesan a los editores. PUBIS DE VELLO ROJO, mi novela más vendida, 30.000 ejemplares, está a un paso de agotar su tercera edición. Si desea comprar la novela vaya al lateral de este blog Pubis de vello rojo de José Luis Muñoz obtuvo por mayoría el XII Premio La sonrisa vertical en enero de 1990. El jurado valoró la delirante fantasía con la que el autor funde el género de la novela negra o de terror -que ahonda en la exploración de los ambientes marginales de una ciudad portuaria como Barcelona, de la naturaleza perversa de los personajes y de las pesadillas en que viven sumergidos- y el género de la novela erótica que, en este caso, arraiga en los infiernos restituidos literariamente por un Marqués de Sade o un Pieyre de Mandiargues. Para ejercer su oficio, el más antiguo del mundo, una atractiva pelirroja abandona su lujosa residencia dejando en el lecho a su amante ; tan ambigua como la novela que protagoniza, acude a sus citas comportándose como una auténtica devoradora de hombres y una experta en placeres límite. A la misma hora, un hombre derrotado y amargado sale de su escondrijo enfurecido : tras cometer un acto delictivo, se siente traicionado por la mujer que años antes había sido suya y cuyo recuerdo no le ha abandonado desde entonces ; frustrado pues en el terreno amoroso, el único que da sentido a su vida, sólo encuentra descanso en un vagabundeo que cree le ayudará a olvidarla, o a buscarla a través de otras mujeres. Y ambos se lanzan en medio de la dura noche barcelonesa. A medida que avanza la noche, los dos se internan en un laberinto de deseos, de encuentros y desencuentros regidos por un peligroso destino empeñado en confundir presente y pasado, placer y dolor. Pocas pero trepidantes horas bastarán para cambiar definitivamente su vida. 
-
EL NIÑO DE LA MIRADA PROFUNDA Susana Villafañe Ilustraciones Tamara de Lempicka  Laureano se despertó de buen humor: su madre le había prometido ir de paseo a la montaña después del almuerzo, y eso lo tenía contento. Era un día de aquellos en que todo el mundo parecía estar apurado y preocupado. Por la mañana había acompañado a su mamá a hacer las compras y observó cómo estaba el ambiente. Al niño de 7 años ?más bajo y flacucho que los de su edad ? no le entraba en la cabeza por qué la gente se saludaba y felicitaba con tanto entusiasmo en esas fechas, si el resto del año casi ni se miraba. Era muy reflexivo; algo que a los mayores les parecía por demás molesto: estar bajo su mirada era exponerse a un juicio implacable. Su ojeada de ojos verde claro, penetraba en lo más profundo de las almas humanas, no a propósito, era un don innato en él. Podía ver lo que estaba oculto en la parte más oscura? ¡hasta allí llegaba! ?Vamos, nene, no tenemos todo el día. Vas a gastar el peine de darle tanto al jopo. Su madre tenía premura por salir a la calle. «Quién sabe para qué tanto apuro», pensó Laureano mientras dejaba el peine y pasaba la toalla por el lavabo para no dejar vestigios que indicaran su paso por allí. Revisó las uñas; su imagen en el espejo desde todos los ángulos posibles; se fijó que los zapatos brillaran y la ropa estuviera bien planchada, sin mácula alguna. ?Estoy listo mamá, ya salgo. Salió del baño y cerró la puerta con delicadeza; no quería despertar al conviviente de su madre: un empleado de Correos con quien mantenía una relación tirante; aunque Lucía dijera que era muy buen bailarín de tango, ?eso fue lo que en realidad la había atrapado? además de ser el único porteño de ojos claros, igual que ella, rondando por Salta, «capital de una de las provincias que lleva el mismo nombre, en la República Argentina». Así fue como se lo había explicado su madre cuando le informó que irían a vivir allí, después de separarse de su padre un año antes. Laureano cerró los ojos y aspiró el aroma de lavanda que llevaba Lucía. Cuando olía su perfume él pensaba en «mamita», por la sensación que le despertaba la fragancia de agua de colonia que usaba: ternura; a eso se debía el diminutivo para esa ocasión. En cambio en los momentos que la veía con el amante de turno, repetía siempre la misma frase: «¿Esto es una madre?... ¡madre de mierda!» Así era de intolerante. Sus celos edípicos no le dejaban cortar el cordón umbilical y su madre tenía que aguantarse esos giros de humor. Caminaron un buen rato hasta llegar al punto de encuentro; un amigo los llevaría en coche hasta el cerro San Bernardo. El niño no entendía por qué no pasó a buscarles a la puerta de la casa si poseía un vehículo. No tenía sentido caminar como dos idiotas en medio del calor norteño; por eso la gente dormía a esas horas. Andar bajo el sol era insoportable en la época estival. Las calles olían a siesta. Aunque pasaran a toda prisa por las casas de estilo colonial, se adivinaba a través de las ventanas entreabiertas ?para que pasara aunque sea un mínimo de aire? o persianas que hacían de barrera visual, alguna que otra figura humana en movimiento cadencioso. Un brazo, una pierna o medio cuerpo desnudo, atraían la mirada curiosa de Laureano que completaba las imágenes con su imaginación, y le hacía crear sus propias historias: «Ahora pasaremos delante del cuarto de Justina, la criada de los Ávalos. Ésta tiene contento al viejo de la casa; seguro que por eso se muestra siempre en la plaza con vestidos nuevos». Apuraba sus pensamientos que iban más lentos que sus pasos. Casi a rastras y con la lengua afuera, llegó al lugar de la mano de su «madre de mierda». Se dio cuenta enseguida que ese era el trato para tal situación, por la manera en que el tipo miraba a su mamá. «¿Qué hace este imbécil?», estaba a punto de pensar, al ver cómo aquel hombre cogía la mano de Lucía y se la acercaba a la boca, pero su pensamiento cambió: «¡Qué idiotas!», al observar la mirada lánguida que puso su madre en el momento de intercambiarse besos en las mejillas. También sacó sus conclusiones de por qué no había ido a buscarlos a la casa. Héctor Viñas se deshacía en elogios por Lucía y ésta parecía derretirse por culpa del calor que emanaba su cuerpo; una chorrera de sudor recorría su cuello y atravesaba el escote para perderse en el hueco de sus pechos. Le abrió la puerta delantera del flamante Ford, modelo de ese año: 1947, recién salido de fábrica, según aseveraba el morenazo salteño. La mujer se acomodó como si fuera una dama de alcurnia, merecedora de pasearse en esa categoría de coche, en compañía de semejante caballero galante; tan diferente del empleaducho de correos. El pequeño prefirió ir en el asiento de atrás; no quería ser testigo directo de las estupideces que su madre pudiese decir, tenía suficiente con hacer de rufián, y encima contra su voluntad. Siempre se sentía usado por ella para tapar sus porquerías. Pero ya estaba allí, por lo tanto se disponía a disfrutar del viaje; era algo que le encantaba hacer.  El camino polvoriento lo transportó a la antigua Francia. Se vio dentro de un carruaje de la época de Luis XV; vestido como un príncipe, de regreso a su palacio después de un largo viaje por el resto de Europa. Se sentía seguro: D'Artagnán y sus mosqueteros eran sus guardianes y ningún bandolero se atrevería a salirles al paso. Él también estaba preparado para combatir a cualquier enemigo. ¡Qué se creían ellos!... Entre tantas historias y combates llegaron al cerro. ? Laureano, vamos despiértate que ya llegamos?. Dijo su madre. ? Mejor que siga durmiendo?. Le sugirió Héctor, mientras la desnudaba con la mirada y controlaba sus manos para que no actuaran por cuenta propia. ? Tenía que haberlo dejado haciendo la siesta en casa, pero ya sabes que no podía venir sola, ¿qué iba a decir la gente? ? ¡Como si tuvieran poco qué decir...! ? balbuceó Laureano en voz muy baja. Para disimular las palabras dichas, se tapó la boca e hizo como si bostezara. ? Ah, querido, te despertaste. Vamos a dar un paseo, sal del auto. El hombre moreno también disimulaba, y su madre, los tres disimulaban, sabían muy bien qué papel estaba jugando cada uno: Lucía necesitaba dinero para hacerle regalos a sus hijos esas navidades; Héctor deseaba revolcarse en la cama con ella, lo ansiaba desde la primera vez que la vio salir del hospital, donde trabajaba de enfermera, y Laureano pretendía protegerla para que no cometiera más errores en su vida. Para este último era una tarea difícil e imposible. ¿Cómo hacer para cambiar el destino de las personas? ¿Qué hacer para que modificaran su comportamiento?  Héctor cargaba la canasta con la merienda preparada por Lucía. Había hecho pastelitos fritos rellenos de dulce de membrillo y empanadas de carne. Ella siempre decía que al hombre se lo ganaba con la comida, por eso quería que conociera sus habilidades como cocinera. Y él decía que a la mujer se la ganaba con unas copitas de vino, por esa razón llevó dos botellas de Torrontés: el blanco afrutado y medio dulzón era lo ideal para esa circunstancia. Pero las dejó en el coche para ir a buscarlas más tarde. No se alejaron demasiado del vehículo; subir la cuesta costaba bastante como para ir muy lejos; el bochorno y la calentura les hacía brotar agua por los poros, y no era cuestión de cansarse antes de tiempo? La Catedral Basílica de Salta, que está frente a la plaza 9 de Julio, se divisaba con claridad desde el lomo de la montaña. ?Mira a tu izquierda, ? dijo Héctor? se puede ver la torre de la Iglesia de San Francisco, y más allá está el convento de las Carmelitas descalzas. ? ¡Cuántas iglesias tiene esta ciudad! ?. Decía entusiasmada su madre. ? Sí, por aquí se ven muchas iglesias? y pocas santas?. Dijo el niño, con sorna. Lucía hizo como si no hubiera escuchado y desplegó el mantel sobre el suelo, colocó la canasta e invitó a merendar.  A Laureano le hacía ilusión la granadina traída por su madre, le recordaba las fiestas que organizaba su padre; eran tiempos felices. Toda la familia reunida en la casa de Buenos Aires. El asador en medio del patio; el cordero estacado en el centro, y los carbones ardientes que lo doraban poco a poco. La algarabía de los niños y los besos pegajosos de las tías. Su madre, con esos enormes ojos grises, siempre sonreía y cantaba tangos. ¡Cómo le gustaba oírla cantar! « ¡Maldita la hora en que trajo a esa mala mujer a casa!» Como una nube negra cubriendo el sol, apareció el recuerdo perverso, la causa de su desgracia, por la que perdieron el paraíso. Se había dado cuenta de lo que sucedía: vio cruzar las miradas entre su padre y «esa», que no eran inocentes sino cálidas, como las de su madre y el señor Viñas, al besarle la mano. ? Héctor se ha olvidado el vino en el coche, vamos a buscarlo. ¿No te importa quedarte un ratito solo? Tenemos que hablar de unos temas importantes, enseguida volvemos?. Dijo su madre con voz melosa y haciéndose la cariñosa, como tenía por costumbre cuando estaba por hacer algo que disgustaría a su hijo. ?Vayan ?. Contestó Laureano moviendo los hombros, mientras pensaba: «Puta de mierda». Sabía cuánto podía durar ese «ratito». Así fue, el ratito se hizo largo, tan largo que la capa negra de la noche lo cubrió todo. Esperaba ver la luna que no aparecía por ninguna parte. « ¿Dónde se habrá metido? Quizá la robaron.», fantaseó. Se hizo el fuerte tratando de alejar el miedo de su lado, mas recordó algo que siempre decía su padre: «El miedo no es de los tontos», y se aferró a ella y a la estampita del niño Jesús que llevaba en el bolsillo, puesta por su madre, para que lo protegiera, según sus palabras. La ciudad brillaba más que otras veces y le hubiera gustado tener alas para ir volando hasta su casa. Por un momento sintió que el dicho de su padre se le escapaba de las manos y se incorporó antes de echarse a llorar, sacó pecho y sintiéndose como un gigante gritó: ? ¡Yo no tengo miedo, no, no tengo miedo! Lo repitió hasta quedar exhausto. El tiempo transcurría; la luna seguía sin aparecer, y Laureano continuaba aferrado a su estampita. Repentinamente vio acercarse una luz. «Eso es demasiado grande para ser una luciérnaga, además nunca andan solas. Debe ser mi madre, que de luciérnaga tiene poco». Apenas terminó de pensar la frase, la luz se le vino encima como una bola de fuego y una voz poderosa retumbó en la oscuridad como salida de ultratumba. ? ¿Qué haces a estas horas por aquí, pequeño? Puedes encontrarte con alguien como yo con intención de hacerte daño. ? ¡Nadie puede hacerme daño porque el Niño Jesús me protege! ? Dijo envalentonado. Enseguida vio cómo una mano enorme se acercaba tratando de agarrarlo, y se sintió igual que un conejo a punto de ser cazado. La luz lo encandilaba y no lo dejaba ver al ogro que estaba detrás de la linterna. ? ¡Mamá, mamá! ? Gritó con toda su potencia a la vez que esquivaba el manotazo. ? ¡Hijo mío, ya estoy aquí! Escuchó la voz de Lucía, que no estaba muy lejos, y el hombre desapareció en la oscuridad de la misma manera que apareció. Laureano tenía ganas de insultar a su «madre de mierda» y echarle en cara lo que le había hecho, pero se abrazó a su «mamita» con todas sus fuerzas. Ella lo besaba y suplicaba que la perdonara. ? ¡Dios mío! este niño está ardiendo de fiebre.  Héctor lo llevó en brazos hasta el coche mientras su madre iluminaba el camino. Lo acomodaron en el asiento de atrás y regresaron a la ciudad en silencio. Se apearon detrás del convento de las Carmelitas Descalzas ?alejados de miradas curiosas? y esperaron un rato al taxi que los llevaría hasta la puerta de su casa. Allí los esperaba el compañero de Lucía. Casi se le fue el alma a los pies, al verlo; le pareció más ordinario y deslucido que de costumbre, si lo comparaba con el hombre que acababa de dejar. No le quedaba más remedio que conformarse? por el momento. ? ¿Recién te levantas?? Le recriminó Lucía, haciéndose la enojada para que éste no indagara demasiado. ? ¿Cómo han pasado la tarde? ?Preguntó su compañero, rascándose la cabeza. Aprovechó que tenía la boca abierta para abrirla aún más y dejar salir un bostezo maloliente. ? ¿Qué carajo te importa? ? Dijo el niño por lo bajito. Salió corriendo para encerrarse en su cuarto, mientras dejaba caer otras palabras por el camino. Derramó sobre la almohada todas las lágrimas que tenía guardadas y apoyó su cabeza; tal vez así se le quitara la fiebre y la indignación. Se estiró boca arriba y suplicó descreído: ? ¡Dios mío! ¿Por qué no me devuelves al lugar de donde nunca debí salir?... ¡la concha de mi madre! Fin - ©Susana Villafañe  SUSANA VILLAFAÑE. Buenos Aires, 1948. Actriz argentina que ha trabajado en diversas disciplinas y en todos los medios, cine, TV, teatro, en su país durante 10 años, en donde también ha realizado giras desde 1979 hasta 1997 por diversos países europeos, del Medio Oriente y casi todos los países de Asia. En los últimos años ha realizado trabajos en cine y publicidad. Como actriz de teatro ha intervenido en Adán y Eva, Escuela de las Hadas, Perdón por mi pasado, Un cuento para mirar, Abelardo es un amigo, La comedieta de las flores, La lección de anatomía, Tres Sainetes Tres, La danza y el espacio. En televisión ha intervenido en Sainetes de ayer y de siempre, El payaso rojo, Eva 2000, Ud. y Landriscina, Adelante juventud, Magimundo infantil, La ciudad infantil, El amor tiene cara de mujer, en las telenovelas de Nené Cascallar, de dos años de duración en Canal 9, Que vol veure en TV3, reportaje Las mil y una en TV3. El magnífico relato El niño de la mirada profunda es un ejemplo de la enorme versatilidad, talento y sensibilidad de esta argentina.
-
LIARSE CON UN POETA Jorge Barco  ilustración: El beso de Gustav Klim Esto, que me quede claro, que no significa nada, ha sido abrazarte como un niño en el sofá, esperar a que termine la película, y te he besado en los labios lentamente. He cubierto tu cuerpo de caricias, he surcado con mis manos tu cintura, recorrido cada poro de tu cuerpo con mis labios. Y me abrazabas mientras me iba deshaciendo de tu ropa, mientras iba descubriendo tu hermosura en plenitud. Esto, después de diez meses de sueños y cinco de intentos negados, me queda claro, no ha sido nada. Pero es lo que tiene liarse con un poeta, que luego lo cuenta, y por escrito.  Jorge Barco (Salamanca, 1977) ha publicado los cuadernos de poemas El rastro de mis lágrimas (2000), Recuerdos de lo mío y de lo ajeno (2000) y Grandes éxitos (2005). Con Algún día llegaremos a la luna ha obtenido el Premio de la Academia Castellano-Leonesa de poesía 2007, libro que se publicó en 2008. Aparece traducido al alemán en la antología Iberia Polyglotta (2006). Vive en Jerez de la Frontera. [www.jorgebarco.com] http://reciclarte.blogspot.com
-
UN LIBRO ROMÁNTICO MUY ESPECIAL. ¿UNA NOVELA PARA REGALAR POR SAN VALENTÍN?  Nada mejor que regalar, o regalarse, un CORAZÓN DE YACARÉ (Imagine Ediciones, 2009) para romper con la cursilería dulzona que impera por San Valentín. Una novela mestiza, una novela de amor romántico, hasta el extremo, pero en nada rosa sino negra. Con ella gané el único premio de novela romántica que existe en este país: el de Seseña. Ahora, a algo más de un año vista de su publicación, cuando reflexiono sobre ella, me doy cuenta que, de forma no consciente, en la novela están implícitas todas las claves de la conquista del continente americano, tema al que vuelvo una y otra vez con una persistencia extraña, porque Yacaré, la protagonista, representa a todos los pueblos oprimidos de América; Santiago O?Higins, al caciquismo que dejamos en esas tierras; mientras el terrible Nelson Correa es la brutalidad de los conquistadores.  Si reside en España, pida la novela en su librería habitual o cómprela en ESTUDIO EN ESCARLATA Si reside en los Estados Unidos póngase en contacto con la librería de Miami y le servirán los ejemplares que desee. Una clase dominante que explota a la población indígena. Un policía torturador de vida torturada.  ?Siguió hablando el doctor, pero el ingeniero se mantuvo en un silencio pasivo, escuchando aparentemente pero maquinando en su interior. ¿Qué querrá esa mujer? ¿Amor? Ha visto mi fotografía en los periódicos, se ha enamorado y me sigue a todas partes. Como un perrito. Pero es cobriza. No obstante una mujer cobriza, para aventuras fáciles, resultaba ideal. No he probado nunca con ninguna, no sé qué tacto tiene su piel, a qué sabe su exudación, ni el color exacto de sus pezones. ¿Mas negros todavía? ¿De qué color tienen la lengua? ¿Y los vellos del sexo? Rizados, negros o no tienen. Es una india guapa, tiene un cuerpo impresionante, armónico, y viste tan bien como una blanca. Pero es cobriza la chica, recién salida de la selva, casi con el flequillo de los habitantes de los calveros que se alimentan de larvas de mosca. Si me la encuentro otra vez, la abordaré. Sería un perfecto estúpido si dejara pasar esta ocasión. Porque es una cobriza guapa. Y joven. ¿Veinticinco? ¿Veintidós? Bonitos ojos violetas, bonito cuerpo que se intuye debajo de ese vestido rojo que lo ciñe como segunda piel. Trato de imaginármela sin ropa, tal como ahora está, sentada, con los muslos ligeramente separados que deben mostrar la sima oscura de su sexo, los vellos rizados que lo pueblan, la tersura de unos muslos azulados en cuya parte superior conservan la marca impresa del blúmer en la piel. Trato de imaginar sus senos sin sujetador, esos senos que aparecen juntos, ofreciéndose como fruta, por ese escote de vértigo, de mujer venal que no esconde su belleza, sobre los que una cruz dorada, de cobre recubierto con oro, brilla tanto como el extraño color violeta de sus ojos, santificando la carne que acaricia. Porque los ojos violetas son lo más inquietante de esta fémina que se ha convertido en una obsesión, los ojos violetas como los de Liz Taylor que uno cree son patrimonio de raza blanca pero ahora, con tanta mezcolanza racial, con tanta lubricidad descontrolada y sin protección, anidan en los ojos muy abiertos de esa cobriza que me mira sin disimulo de la misma forma que los de su padre, el padre de su padre, o su tatarabuelo debió mirar, muerto de deseo, a aquella cobriza guapa que se llevó a la cama y engendró esa ristra de mestizas de ojos color violeta. Podría secuestrarla, podría decirles a mis muchachos de escolta que la probaran en círculo, que le dieran luego una paliza por osada y la tiraran a un vertedero. Nadie me iba a perseguir por ello? EL CORAZÓN DE YACARÉ (Imagine Ediciones, 2009) de José Luis Muñoz  Amores eternos y amores sexuales se dan cita en un país del Trópico en el que reina una magia ancestral. La crítica de...Xavier Borrell en EL CAMP DEL TURIA El corazón de Yacaré José Luis Muñoz (Imagine Ediciones) La fascinación que nos causa el Caribe con sus sensuales mujeres (hombres para algunos), movimientos pausados, acentos voluptuosos o playas y bosques paradisíacos ha sido plasmado con excelente pluma por José Luis Muñoz en esta obra. Sin embargo como la perfección no existe, el patetismo de las clases dirigentes en dictaduras de gobiernos opresores y racistas que han machacado durante muchos años a sus habitantes, impregna de negro todo lo relacionado con sus sistemas de administración, tanto ejecutiva, como judicial y policial. Premiado con el premio Seseña de novela romántica 2009, el autor nos cautiva con la muerte de un ciudadano de origen africano (Manuel) en manos de la policía corrupta, acusado de comunista por haber querido defender a un amigo, siendo aprovechado su corazón inerte para trasplantarlo a un acaudalado hombre de negocios blanco, saltándose las listas de espera a golpe de talonario engañando a la viuda Yacaré, aprovechando su estado de tristeza. Aunque esta tiempo después, con la ayuda de su amiga Usnavy, trazará un plan de una argucia especial para acercarse al ingeniero O?Higgins, poseedor del corazón de su marido con una pretensión misteriosa que se revela con eficacia a lo largo de la narración, llegando incluso a aclararnos la pregunta que se hacen todos los que la conocen sobre su inusual mezcla de rasgos indios con ojos verdes  Por otro lado el comisario ejecutor de todos los crímenes de estado de la novela pasará una crisis personal como si todas sus víctimas le hubieran transmitido sus maldiciones, que le harán tomar una decisión atrevida en relación con la víctima, no sin riesgo para su persona. La síntesis del ambiente de la zona caribeña ha quedado muy bien plasmada en las paginas de este ejemplar, si bien se desarrollada en un país imaginario Macladán, en que todos sus personajes son fantaseados, a pesar del recuerdo a la memoria que hace vivir al lector de muchos reales mandatarios de esos parajes, como sería el Trujillo de la Fiesta del Chivo de Vargas Llosa o el de Gálíndez de Manuel Vázquez Montalbán. La historia de amor de la india con su marido negro es de un misticismo absoluto y una belleza excepcional, pues no se recrea en banalidades sexuales, haciéndonos disfrutar del proverbio de que ?Sin dinero también se puede ser feliz?, llegando incluso a decir la protagonista Yacaré en uno de sus diálogos ?Éramos tan felices, que algo malo tenía que pasar?, y pasó. A grandes rasgos, en esta fábula a pesar de la acusación a la corrupción más salvaje que hace el autor, nos queda en el paladar una delicia con un final aceptable, en que los protagonistas tienen muy marcados sus papeles, habiéndolos desarrollado la pluma del prosista a la perfección, haciéndose merecedor del premio al que ha sido distinguido, y de la buena opinión que adquirirá de los lectores abiertos a modernas historias de amor, no ausentas de malas experiencias, tan reales como la vida misma.  Una misteriosa mujer persigue a un hombre para arrancarle el corazón LA ENTREVISTA DE CELIA SANTOS PARA MÁS QUE PALABRAS El pasado mes de enero salió a la venta EL CORAZÓN DE YACARÉ, la última novela de José Luis Muñoz, un autor polifacético, sin ataduras, que escribe lo que quiere y le apetece, entre sus obras podemos encontrar novela negra, fantástica, erótica, histórica? Salmantino de nacimiento, catalán de vocación y granadino por afición, se considera a sí mismo tozudo y perseverante, amante de la montaña, en concreto del Valle de Arán. Adora viajar y superar cuestas en bici. No fuma ni bebe, su único vicio; escribir ya que según él ?es una adicción muy fuerte, hasta el punto de que no sé vivir sin hacerlo?. Nos contó algunas cosas sobre su novela.  P - Novela negra, social, romántica? ¿Dónde clasificarías tú El corazón de Yacaré? R - Pues creo que, sin yo quererlo, tiene un poco de todos esos géneros, y que se da de una forma natural, porque lo requiere la historia argumental de la novela. Es novela romántica, por supuesto, porque habla de una relación sentimental muy fuerte, que va más allá de la muerte ese corazón de Yacaré a que hace referencia el título, pero también es novela negra y, como novela negra, novela de denuncia social de un estado de cosas de Latinoamérica, , P - Yacaré es la protagonista de tu novela. Ella es una mujer hermosa pero le pusiste el nombre de un animal un poco feo ¿De dónde salió ese nombre? R- Me dejé guiar por el oído. Me gusta, y mucho, la sonoridad del nombre, Yacaré, que inmediatamente te transporta a un territorio de sensualidad y mágica. Luego, cuando ya había bautizado a la hermosa protagonista de mi novela caí en la cuenta de su significado. Decidí mantenerlo e introducir algunos párrafos que hablaban de la actividad depredadora de esos caimanes sudamericanos en las piscinas de Macladán, mi país inventado. Curiosamente se convierte en una premonición de lo que sucederá, porque el yacaré se torna agresivo y letal como comprobará el lector que se adentre en mi novela. En los países de América Latina se dan nombres muy extraños, el mismo de su amiga íntima, la rubia Usnavy, que es un nombre muy común que toman de los barcos de la flota USA que recalan en sus puertos. Con que haya una Yacaré, la mía, me doy por satisfecho. Quizá, a partir de ahora, se empiecen a bautizar con ese nombre al otro lado del océano. P - Evidentemente, ella es el personaje más atractivo de la novela, pero reconozco que mi favorito es Nelson Correa, el policía encargado de la investigación. ¿Tienes algún favorito? R - En eso coincido contigo. Nelson Correa es al que más aprecio, desde el punto de vista literario. Vive la eterna contradicción y el mal de conciencia que persigue a todos aquellos que, perteneciendo a una clase social, sirven como esbirros de la opuesta. Además, en el personaje, aparte de su brutalidad congénita, hay una cierta ternura, y hasta enamoramiento de la india, cuando la tiene a su merced, torturada, y desiste de violarla. P - Sí, eso me llevó a una reflexión; ella utiliza sus "armas de mujer" para conseguir su objetivo, pero, ¿no son quizá son sus encantos innatos y que ella parece conocer, los más peligrosos?  R - La belleza de buena parte de las mujeres latinoamericanas reside en su natural sensualidad que les otorga, como un regalo, el Trópico. Yacaré es muy atractiva, aunque ella no haya reparado en ello hasta que comprueba como Santiago O?Higgins, el ingeniero, pierde los papeles con ella. P - ¿Por qué Macladán y no un país real? R - Bueno, en anteriores novelas ambientadas en Latinoamérica, como ÚLTIMO CASO DEL INSPECTOR RODRÍGUEZ PACHÓN o LA CARAQUEÑA DEL MANÍ, utilizaba ubicaciones concretas que conocía por haber viajado, respectivamente, a La Habana y Caracas. En esta, como jugaba también el elemento fantástico y me refería a todos los países torturados de Latinoamérica, en los tiempos de las salvajes dictaduras militares auspiciadas por Estados Unidos, decidí inventar un país que fuera la síntesis de todos ellos, y un dictador, Duarte, que no sale pero al que se nombra constantemente, que fuera la suma de todos ellos. De forma inconsciente me he inspirado en la República Dominicana, aunque la República Dominicana está bañada por el Caribe, es una isla, y Macladán parece estar en tierra firme. Podría ser perfectamente El Salvador, o Guatemala. P - ¿Has visitado esos países? R - No. De Latinoamérica conozco México, Cuba, Brasil, Colombia y Venezuela, y de cada una de esas visitas salió novela, algunas todavía por publicar. P - Vaya, parece que los viajes te inspiran... R - Pues es algo evidente. Mis novelas se pueden leer, casi todas, como libros de viajes. Un libro es un viaje al interior de sus protagonistas. El viaje es algo muy literario. La vida es un viaje... Y mi fijación a hacerlo a Latinoamérica no la entiendo a no ser que un antepasado mío, por mi parte extremeña, quedara perdido por aquellas selvas desde 1492  P - Tratas un tema muy escabroso en la novela, y es el tráfico de órganos. ¿Cuánto hay de verdad y cuanto de leyenda urbana? R - Bueno, creo que desgraciadamente lo que aventuro es bastante real. Buena parte de las mujeres víctimas del feminicidio de Ciudad Juárez aparecen sin sus órganos que, evidentemente, son vendidos a hospitales sin escrúpulos que pueden pagarlos, los norteamericanos de al otro lado de la frontera, las clínicas privadas que compran órganos para hacer sus trasplantes a sus ricos clientes. Y no sólo en ese territorio. En Rusia también sucede, un día leí el diario que a un tipo lo secuestró una ambulancia en la calle para llevarlo a un hospital en donde lo iban a vaciar para venderlo a trozos; tuvo la suerte de despertarse a tiempo de la inyección que le habían puesto y saltar en marcha. El se salvó, otros no lo han contado. Hay otras teorías que giran sobre lo mismo, la realización de películas snuff, un comercio clandestino que mueve mucho dinero y que se nutre de todas estas aberraciones. La maldad humana no tiene límites P - Repasando un poco tu bibliografía, he podido ver que has probado con varios géneros literarios. ¿Te consideras un escritor polifacético o es que no terminas de definirte? R - Vázquez Montalbán, al que admiraba tanto como persona como escritor, hizo una reflexión acerca de mi obra al poco de conocerme, cuando prologó de forma generosa un libro de relatos titulado LA LANZADORA DE CUCHILLOS y que publiqué un año antes de ganar La Sonrisa Vertical, y dijo que estaba en crisis de ubicación, y así es, y frecuento todos los géneros literarios, porque he escrito novelas eróticas, históricas, fantásticas, negras, sobre todo negras, y me siento cómodo en los géneros, pero violando siempre sus reglas. Escribo por placer, sobre todo, y por ese mismo placer intento no repetirme nunca con mis novelas, y así he saltado de la Alemania nazi de EL MAL ABSOLUTO, a la cálida y pasional Latinoamérica.  P - ¿Prefieres seguir "volando libre"? R - Pues sí, saltando de un género a otro, sin ataduras a personajes fijos, por ejemplo, que tienen otros autores de novela negra, algo que a mí me produciría cansancio. Además no puedo tener personajes fijos entre otras cosas porque los míos suelen terminar de muy mala manera y no admiten secuelas a no ser que sean de ciencia ficción, resucitándolo en otra dimensión. P - 22 novelas y 16 premios literarios. Eso es vicio. ¿Te pone, lo de ganar premios o eres como las estatuas de las Ramblas, que si no le das una moneda no se mueven? R - ¡Vaya símil! No, el recurrir a los premios es por una serie de razones muy simples. Primero, ganar un premio siempre es un honor literario, concita, de buenas a primeras, una mayor atención mediática. Cuando gané La Sonrisa Vertical, por ejemplo, salieron docenas de entrevistas, reseñas, noticias, que encuaderné en un libro de 200 páginas. Toda la prensa habló de ese premio y yo creí que tenía el mundo a mis pies. Me equivoqué, claro. El proceso de enviar un libro a una editorial es largo y desalentador, no sabes cuando te contestarán, ni si lo harán, si lo perderán, si pasarán de tu novela; si lo envías a un premio sabes que en un plazo breve, y en un día concreto, te dicen si lo has ganado o no. Los plazos son mucho más breves. Y la tercera razón, al margen del prestigio, es que los premios literarios te dan bastante más dinero que los adelantos editoriales que están por los suelos. Así que creo que mi elección de concurrir a los premios, y ganar algunos, es correcta. P - Pero para ganarlos tienes que ser el mejor ¿Te consideras buen escritor? R - No soy yo quien para decirlo, sería una vanidad enorme calificarme como buen escritor. Eso siempre lo decide el tiempo, y quizá cuando yo ya no esté aquí para saberlo. Me considero un escritor con un perfil determinado, que suele enganchar al lector con sus historias, que disfruta escribiéndolas y que transmite algo con sus obras. Si una obra literaria no altera al que la lee, pues es que no tiene corazón. En mis novelas busco conmover, horrorizar, erotizar, sacudir al lector, pero no las escribo por eso sino por propia satisfacción personal, porque creo que es algo que debo contar, que lo tengo dentro de la cabeza y debe salir transformado en libro,  P - Pues a mí ha habido etiquetas de champú que me han conmovido más que muchas novelas... R - Sí, y anuncios televisivos que son mejores que cualquier película, aunque eso era antes, cuando había buenos creativos. De todas formas me cuesta encontrar novelas que me gusten, aunque últimamente di con una, EL MAPA DEL TIEMPO, de Félix J. Palma. P - ¿Y que me dices de las editoriales? 26 libros y 16 editoriales distintas. Muy poca fidelidad veo en ti. ¿Huyes de los compromisos editoriales? R - Creo que son ellos los que huyen de mí, con excepción de Algaida, con los que he publicado cinco novelas y en la que me siento muy a gusto, pues es una editorial que publica maravillosamente bien y distribuye a la altura de sus publicaciones. De todas maneras hay comportamientos editoriales incomprensibles, como el de Tusquets, que no me publicó ninguna novela más a pesar de haber ganado La Sonrisa Vertical, su premio, y de haber vendido más que bien el libro que ya va por la tercera edición y 37.000 ejemplares. P - O sea, que nunca te veremos como ganador de esos grandes premios que otorgan algunas editoriales en España por los que cualquier escritor mataría. R - Tiempo al tiempo. Como siempre digo, la del escritor es una carrera de fondo que la gana el que más resiste. Lo importante es estar presente casi cada año, publicar lo que vayas escribiendo. Si te cae un premio de los gordos, pues bendito sea. Gané el Azorín cuando era un premio importante, pero no daba tanto dinero como ahora, y además no lo publicaba Planeta. Con publicar, ganar dinero para viajar y ganar lectores, hablar con ellos en las ferias, ya me conformo.  P - Intuyo que alguna novela has presentado a dichos concursos... R - Pues sí. Y he quedado finalista, entre los diez, entre los tres últimos antes de ser eliminado, en dos Fernando Lara, en un Ateneo de Sevilla, en un Ciudad de Torrrevieja, lo que me ha hecho viajar, alojarme en hoteles maravillosos y disfrutar de cenas exquisitas que para mí no lo han sido dado el estado de nervios de mi estómago. En un Fernando Lara estuve a punto del infarto cuando mi novela cayó casi al final del premio. Y un secreto de ese premio que siempre cuento. ¿Sabes cuál fue la segunda novela que cayó después de la mía para quedar ganadora Ángeles Caso? P - Dímelo tú... R - Pues la novela más vendida y traducida, el éxito más rotundo de la literatura española: LA SOMBRA DEL VIENTO de un desconocido, por entonces, Ruiz Zafón que Planeta no sabía si publicar o no, y al final lo hizo y ya ves cómo le salió de bien la jugada. P - ¡Para que veas! No ganó el premio pero salió ganando? R - Desde luego, porque la novela de Ángeles Caso no fue ningún éxito ni de ventas ni de crítica. Siempre hay un elemento mágico en eso del éxito literario, que nadie realmente sabe dónde esta, y que te puede sobrevenir por sorpresa, de la noche a la mañana. Pero eso es soñar y yo a lo mío, que es escribir y procurar hacerlo lo mejor posible. P - Promocionas mucho tu trabajo por Internet. ¿Funciona o es una excusa para ligar? R - Ja. Lo hago porque funciona. Sé que se han vendido algunos puñados de mis últimos libros gracias a que los he promocionado por Internet, que en Sant Jordi se vendieron todos los libros de Negra y Criminal seguramente porque hice mucha publicidad de ello, que en las últimas Ferias del Libro de Madrid, a la que voy a asistir también este año y estaré en la caseta de Estudio en Escarlata el sábado 30 de mayo, de 12 a 14 horas, pues firmo más desde que sale la noticia en Internet. ¿Se liga? Más por facebook, gracias a una foto que me hizo una amiga y en la que salí milagrosamente favorecido.  P - ¿Te tratamos bien los críticos? R - Entre los críticos hay de todo. Cuando empecé hubo unos cuantos que, antes incluso de nacer, quisieron ahogarme. Fue algo doloroso y curioso leer cosas muy acres y duras de gente que no te conocía de nada y además te leía muy mal. Con BARCELONA NEGRA un tipo de un diario extinto de Barcelona, El Diario de Barcelona, llegó a tacharme de filonazi, anticatalanista - porque no me gusta la Sagrada Familia - y augurarme que no publicaría más después de insultar al jurado que me dio el premio Azorín y decir que estaba borracho. Bueno, pues yo sigo aquí, con 25 libros, y él no sé ni me importa adónde se largó. Otra periodista, esa de El País, me tiene especial odio y no sé por qué. Creo que la maté en LIFTING, en donde ajustaba cuentas con toda esa gente. Excepto ese espinoso comienzo literario, luego las críticas fueron buenas, y hasta muy buenas, como unas cuantas que aparecieron sobre LA CARAQUEÑA DEL MANI en Culturas de La Vanguardia, y también con EL MAL ABSOLUTO. Y las críticas de los franceses con ÚLTIMO CASO DEL INSPECTOR RODRIGUEZ PACHÓN están siendo muy buenas. P - ¿Qué te inspira? R - Pues las fuentes de la inspiración son aleatorias. A veces es una noticia leída en un periódico, la escena de una película, un libro que estoy leyendo, un recuerdo que tengo en la mente, una frase que me viene a la cabeza y de la que arranca la narración, o una inspiración casi divina. Una vez me ocurrió que me puse a escribir casi al dictado, de no se sabe quién, una novela y no paré de escribir hasta que la terminé. Fue la novela escrita de un tirón, en poco menos de 16 horas sin interrupciones. Algo raro. A veces es algo, en teoría, muy cerebral y estructurado, como es el caso de LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO, que parte de un encargo, pero luego todo el esquema se altera, los personajes se rebelan, los que hay tienen que morir se resisten a hacerlo. El proceso de la creación realmente es una novela de aventuras, no sabes por donde te va a llevar. P - Tu autor favorito? R - Si sólo tengo que citar a uno pues te diré que Julio Cortázar. Leyéndolo, en mi época universitaria, me animó a escribir, aunque creo que he escrito desde que aguantaba un bolígrafo entre mis dedos, dese siempre. P - Tu novela imprescindible? R - Pues te la digo sin dudar porque es la que más me ha impresionado. BAJO EL VOLCÁN de Malcom Lowry. P - ¿Qué libro hay ahora mismo en tu mesita de noche? R - LA RESACA DEL AMOR, un desternillante falso ensayo de mi amigo Juan Bas, el escritor que más me hace reír, el único que fue capaz de que no me diera cuenta de que mi avión despegaba y aterrizaba. P - ¿Cuál será tu próxima novela? R - No, será no, es. OTUMBA, título resonante que gira en torno a la Noche Triste y toda la épica de la conquista de México por Hernán Cortés, un viejo proyecto que he cogido de nuevo, tras tenerlo abandonado por loa endiablados nombres de los personajes aztecas que ya voy dominando. Será una novela con dos puntos de vista entrecruzados, aztecas y españoles, muy épica, al estilo de lo que fue LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO. Voy por la página 300 y no sé cuántas tendrá. P ? Muchas gracias, José Luis por tu tiempo y mucho éxito con la novela.  Un amor que está mucho más allá de la muerte y cruza todos los límites de la racionalidad. ANIKA ENTRE LIBROS Ficha realizada por Joseph B. Macgregor EL CORAZON DE YACARE (El Corazón de Yacaré, 2009) José Luis Muñoz Editorial Imagine Press 1º Edición: marzo de 2009 Género: Policíaca - Novela negra ISBN: 978-84-9671-527-1 220 Páginas Opiniones de lectores Joseph B. Macgregor (Registrado) La novela se sitúa en Macladán, país imaginario situado en el Caribe, gobernado por una cruel dictadura. Yacaré de Wilson Frades, queda gravemente afectada por la muerte de su ?negro?, víctima de un atroz e inhumano interrogatorio policial. En el cadáver, Yacaré descubre un cicatriz en el pecho por lo que decide investigar. Cuando se entera de que el corazón de su amado ha sido trasplantado al ingeniero Santiago O'Higgins, uno de los hombres más ricos y poderosos del país, Yacaré pondrá en juego todas sus ?armas de mujer? para llevar a cabo su venganza Aunque ?El corazón de Yacaré? ganó la IV edición del Premio Internacional de Novela Romántica Villa de Seseña (Toledo) pienso que la trama es resultado más bien de una mixtura de géneros (policíaco, erótico, novela negra, crónica periodística de sucesos?). Posee además un alto grado de crítica social y política, así como una ambientación exótica en un país tropical, ubicado en el Caribe, dos elementos que dotan a la historia de un enorme atractivo y que me han evocado de inmediato algunas novelas de Alberto Vázquez Figueroa parecidas como ?El perro? o ?Marea Negra?, cuyas intenciones o enfoques eran muy similares. ?El corazón de Yacaré? es una narración coral en la que capítulo a capítulo cada uno de los personajes del conflicto se van pasando el testigo de la narración y van contando desde diferentes puntos de vista los diversos acontecimientos que jalonan esta historia de amor y venganza. Además, cada uno de ellos a su modo se me antojan como piezas de un mismo puzle que una vez encajadas o ensambladas nos permiten desvelar los intríngulis de un país dictatorial, que aunque es imaginario sus métodos de represión y castigo no están para nada alejados de la realidad, sino que son muy similares a los utilizados por cualquier dictadura iberoamericana presente o pasada. Las principales cualidades de esta novela residen no sólo en esta amplitud de miradas o de voces, que nos permiten tener un excelente visión de conjunto del conflicto, sino además porque es una narración ágil y en la que las diferentes situaciones (violentas, sentimentales, eróticas o gore) están descritas en su justa medida y con una potente capacidad para trasmitir al lector todo tipo de emociones: indignación, ternura, asco, repulsión, morbo, dolor? Joseph B Macgregor Un país sometido a una dictadura salvaje y sanguinaria. LA BIBLIOTECA IMAGINARIA Título: El corazón de Yacaré Autor: José Luís Muñoz Editorial: Imagine Ediciones Págs.: 220 Precio: 15 ? Hubo un tiempo, antes de que la ciencia se empeñara en explicarlo todo, en el que los seres humanos vivíamos convencidos de que el amor, así como el resto de los sentimientos, residían en nuestro pecho, justo en el corazón. Y aunque ahora sepamos que en realidad todo está en nuestra cabeza, aún nos cuesta creerlo cuando el músculo palpitante que habita en nuestra caja torácica se acelera al ver llegar a la persona amada. De esto sabe mucho, sin duda, Yacaré, la protagonista de El corazón de Yacaré, la obra de José Luís Muñoz ganadora del Premio Seseña de Novela Romántica 2009. En Macladán, un ficticio país sudamericano, las cosas siempre salen según lo previsto: los ricos son cada vez más ricos, los pobres viven en chozas, apartados de la gran urbe, y si alguna vez alguno de estos indeseables intenta rebelarse, ya sabe lo que le espera. Y, sin embargo, algo extraño pasa últimamente, algo ha cambiado en la vida del ingeniero O?Higgins desde que saliera del hospital tras una operación de emergencia: una mujer de rasgos indígenas, siempre vestida de rojo y con tacones altos, no deja de seguirle allá donde va. ¿Qué podrá significar? En Macladán, ese país sudamericano con un régimen totalitario, en el que los policías siguen órdenes muy precisas cuando el supuesto delincuente es un rebelde que se opone a la injusticia reinante, el mestizaje no está muy bien visto. Sin embargo, precisamente el mestizaje, la mezcolanza, es lo que mejor define la narración en esta novela, por varias razones. Diremos, en primer lugar, que no se puede ubicar esta pieza dentro de un solo género literario, pues si bien el amor y el erotismo están muy presentes, danto pie al género romántico, también lo están los tintes negros del género policiaco. Y si además tenemos en cuenta que Macladán es un país ficticio con una vida cotidiana muy similar a la de otros países sudamericanos actuales, ¿por qué no hablar también del realismo y la literatura de denuncia social?  En segundo lugar, El corazón de Yacaré no es una historia narrada por una sola voz, sino que son varias las que encontramos, comenzando por un narrador externo, ajeno a la acción, que da paso a capítulos guiados por la propia Yacaré, el ingeniero O?Higgins y hasta el joven inspector de policía Nelson Correa. Esta curiosa diversidad de puntos de vista no hará otra cosa que enriquecer una trama ya de por si interesante, por el grado de apasionamiento que encontramos en estas páginas. Es más: probablemente, con un solo narrador, no se hubiera conseguido el mismo efecto de cara al lector. Diremos, también, y para finalizar esta enumeración, que incluso los capítulos en sí parecen querer mezclarse entre ellos, o al menos rebelarse en cuanto al orden que podría parecer lógico, contagiados, quizá, por el espíritu salvaje de una mujer indomable. ¿Y quién es Yacaré en realidad? ¿Es una mujer fatal de las que salen en las películas americanas? ¿O simplemente una mujer sencilla y enamorada, que se esfuerza por conseguir un fin que la obsesionará hasta la muerte? ¿Lograrán comprenderla el ingeniero O?Higgins, ese magnate de las telecomunicaciones sin escrúpulos, o Nelson Correa, el policía de técnicas implacables y conciencia intranquila? ¿Porqué ellos se sentirán irremediablemente atrapados en sus redes?  Espero que dentro de un tiempo seáis capaces de contestarme a estas preguntas, después de atreveros vosotros mismos a adentraros en El corazón de Yacaré, una novela de amores tremendamente intensos, más allá de la razón y de la propia vida; pasiones incontrolables, sentimientos encontrados e injusticias que no pueden repararse, que hará que vuestros propios corazones, o el lugar de la mente donde vuestro espíritu resida, de más de un vuelco, en señal de absoluta rebeldía. El amor es un sentimiento extraño: a veces es tranquilo y sosegado; otras tantas, se desboca, haciendo que nuestra razón se nuble por completo. En todo caso, el amor, el más grande de los sentimientos humanos, siempre es mejor vivirlo a que te lo cuenten. Y lo mismo se puede decir de novelas como El corazón de Yacaré: no esperes a que te la sigan contándola, simplemente léela por ti mism@. Cristina Monteoliva  Una novela coral a tres bandas que el lector ha de armar en su mente a medida que lee. Un policía que, perteneciendo a una clase social, se vende a sus enemigos: Nelson Correa. Miércoles 6 de mayo de 2009 EL CORAZÓN DE YACARÉ - JOSÉ LUIS MUÑOZ. TÍTULO: El corazón de Yacaré. Autor: José Luis Muñoz. Editorial: Imagine Ediciones. ISBN: 84-9671-527-2. Nº de páginas: 220. Reseña realizada por Celia Santos. En Latinoamérica existe un país imaginario, Macladán, gobernado por el general Duarte. Él, a través de sus sicarios, sobre todo de la policía, mantiene el ?control? de sus habitantes como lo hicieron otros muchos dictadores en América latina durante décadas. El director de la compañía telefónica del país, Santiago O?Higgins, se siente amenazado por una india hermosa y menuda a la que se encuentra allá donde va. Obsesionado con un secuestro y obsesionado por la presencia de Yacaré, encarga a Nelson Correa, un policía especializado en ?interrogatorios? que averigüe quién es la misteriosa joven. Quizá lo que descubra no sea de su agrado, pero será el propio O?Higgins quien descubra la verdadera naturaleza de las intenciones de la joven. ?El corazón de Yacaré? ha sido galardonada con el Premio Ciudad de Seseña de Novela Romántica 2009. Hablar de novela romántica nos hace pensar, inevitablemente, en novela rosa. Tendemos a creer que una novela con tintes negros, políticos y sociales, como es ésta, tiene que estar reñida con el amor o los sentimientos. Pues bien, como en la vida misma, esta novela nos regala todos esos ingredientes. Quizá esto pueda llevar a pensar que esta historia es un refrito de todos los géneros, pero lo cierto es que, todos esos elementos están entrelazados de forma que la narración resulta embaucadora. Una de esas novelas de lectura fácil, que no banal, con las que pasar una deliciosa tarde. A la política, la denuncia social y el género negra, se unen, como he dicho antes, el romanticismo, pero el romanticismo crudo, sin florituras. La joven Yacaré y su marido, el negro Manuel Wilson Frades se aman con locura, con esa locura que, como dice la propia protagonista, ?te asusta, porque intuyes que será breve ya que si dura enloquecerías por demasía, por sobreabundancia?. El autor acaricia el erotismo, potenciado en ocasiones por la atmósfera de miseria que envuelve algunos capítulos lo cual hace que no sea necesario recrearse más en el tema.  El retrato de un país que, aunque imaginario, a todos nos viene a la cabeza al menos un par de naciones bien reales, es un fantástico ejercicio de imaginación, tanto en descripciones físicas como sociales. Todos los personajes tienen una historia que contar, todos son imprescindibles y aunque utiliza la primera y la tercera persona para la narración, cada uno de ellos está perfectamente definido. No se entretiene en excesivas descripciones y deja gran parte de la historia a merced del lector, lo que hace que a veces se eche de menos algo más de la historia. El autor intenta entrar en el lado sórdido de la naturaleza humana, desvelar aquellos instintos dormidos en lo más recóndito de nuestra mente. Pero quizá lo que más me ha llamado la atención, es la facilidad con que es capaz de trasmitir los sentimientos de otra persona. Algo que ya de por sí complicado, pero cuando es un hombre el que tiene que narrar el deseo, la pena, la felicidad, la aberración, el asco, el desprecio y el odio de una mujer, la cosa es mucho más difícil. Conseguir traspasar la piel y llegar hasta el corazón. En definitiva, que más que una novela de amor, yo diría que estamos ante una novela de sentimientos. Pero eso sí, sentimiento irracionales, dementes y auténticos.  Una mujer apasionada y enloquecida por la muerte de su esposo: Yacaré de Wilson Frades. ENTREVISTA PUBLICADA EN LLEGIR EN CAS D?INCENDI - En el corazón de Yacaré, la denuncia es constante hacia todo el mal que se ha hecho a los países latinoamericanos por parte de las dictaduras ¿Lo haces en un país imaginario para poder generalizarlo más? Los males de Latinoamérica arrancan con la conquista, del mismo modo que los males de África lo hacen con la colonización. No es casual que escribiera una novela histórica sobre el descubrimiento que era muy crítica con el proceso. De esa época viene el caciquismo. La mentalidad española era la de enriquecerse a toda costa, expoliar los territorios. Muchas de las grandes fortunas vienen de entonces. Pero, en efecto, la situación de Latinoamérica se hizo sangrante durante las dictaduras que asolaron buena parte del continente durante el pasado siglo, auspiciadas por Estados Unidos, su época más tenebrosa de dictaduras militares que masacraron a la izquierda. Ahora la situación ha mejorado, fundamentalmente porque Estados Unidos ha mirado hacia otra parte, Oriente Próximo, y estamos viendo gobiernos democráticos de izquierdas e indigenistas, por fin. El corazón de Yacaré está localizada en esa época y, como bien dices, Macladán es un país imaginario en donde están contenidos todos. - La pasional historia de amor de sus protagonistas se puede dar en cualquier lugar del mundo, aunque en el Caribe se vive de una forma especial ¿Lo crees así? Existen unas condiciones mágicas en el Caribe para que las historias de amor sean tan pasionales y sensuales. Lo da la misma naturaleza paradisiaca de muchos países y esa mezcla racial y cultural. El mundo de los sentimientos se exacerba, no tiene los límites que se imponen, por ejemplo, en Europa. El Caribe es clima, paisaje, una determinada forma de vivir el momento, y eso tiene su correlación en el amor. - En cuanto al mal Absoluto a la hora de enfrentarse a la narración de los hechos desde el punto de vista del nazi y del judío, ¿cuál de los dos fue el más difícil a la hora de ponerse en su piel, de meterse en su mente para contar su historia? ¿El metódico asesino en serie, el criminal de guerra nazi o el pobre judío, víctima de la barbarie, que se siente más culpable que su propio verdugo? Lo más duro fue, sin duda, meterse en la piel del verdugo nazi y argumentar y justificar desde su punto de vista, pero al mismo tiempo fue estimulante por lo que tenía de desafío meterse en la piel de alguien diametralmente opuesto como es Gunter Meissner. Ser Yehuda Weiss fue descender a los infiernos, una experiencia horrorosa que he tratado que el lector comparta conmigo para que tome conciencia de lo que fue aquello, una planificada destrucción masiva de seres humanos efectuada con una crueldad retorcida e inimaginable. No intenté ser maniqueo sino objetivo, que fuera el lector el que juzgara. - Al escuchar las explicaciones antagónicas de los dos protagonistas, la periodista está en el punto medio, sin saber hacia dónde dirigirse, indignándose con la situación vivida en su país en aquella época. ¿Son las tesis sostenidas por la periodista las más parecidas a lo que piensa el autor en realidad? ¿Crees que cualquier persona, en circunstancias análogas, podría conducirse como alguno de los personajes principales, ya que el mal absoluto es algo innato que tenemos oculto?  La periodista se plantea dudas, y siente cierto horror cuando, en un momento determinado, Gunter Meissner le dice que ella habría hecho lo mismo de vivir en aquella época. Una de las claves de la novela, pienso yo, es declarar que no somos inocentes de lo que hagan nuestros gobernantes porque, en unos casos, los elegimos y, en otros, los soportamos sin hacer nada por cambiarlos. Es muy fácil atribuir los errores y las barbaries a una clase dirigente y exonerarnos de ellas. En todos los grandes crímenes de la historia de la humanidad han colaborado, por activa o por pasiva, poblaciones enteras. Mientras Hitler barría media Europa era aclamado y muchos se apuntaban a la caza del judío o miraban hacia el otro lado. Hay en todos nosotros una especie de gen del mal que se activa en determinados momentos, cuando la sociedad nos da carta blanca y sabemos que nuestras maldades no sólo no tendrán castigo sino que serán recompensadas. Lo hemos visto en Ruanda y en Yugoslavia. - En el conjunto de tu carrera hay novela policíaca, thriller histórico, novela romántica, novela erótica, ¿Con cuál te sientes más identificado? ¿Prefieres alguno por encima de los otros? La novela negra es una especie de cajón de sastre en donde cabe todo, es la novela social del siglo XX y XXI, la heredera de las novelas de Balzac y Zola, que permiten diseccionar la sociedad en la que vives, denunciar las injusticias, puede ser muy versátil, y tiene una gran ventaja sobre otro tipo de novelas: que entretienen. Hoy en día buena parte de las novelas que hay en los anaqueles de las librerías son género negro. La novela erótica es complicada, porque siempre estás al borde de la vulgaridad en la que no puedes caer. Aunque confieso que el que más satisfacción personal me ha dado ha sido la novela histórica, que me ha permitido viajar al pasado, vivir en una época apasionante y meterme en la piel de unos aventureros, los conquistadores, cuyas experiencias debieron ser de una intensidad extraordinaria y se enfrentaban a lo desconocido a miles de millas de su tierra. Muchas Gracias José Luis, te deseamos mucha suerte con tus novelas. Xavier Borrell y Armando Rodera  Un empresario todopoderoso para el que el país es una enorme finca: Santiago O?Higgins. ENTREVISTA PARA LA BIBLIOTECA IMAGINARIA Tenemos el placer hoy, en La Biblioteca Imaginaria, de ofreceros la entrevista que tan gentilmente nos respondiera José Luís Muñoz hace unos días. José Luís ha ganado recientemente el Premio Seseña de Novela Romántica 2009 con su novela El corazón de Yacaré (novela que más tarde revisaremos, como siempre).Pero éste no es un premio en su haber. Efectivamente, el talento de este salmantino de nacimiento, actual residente en Granada, no podría pasar desapercibido de ninguna manera, de ahí su notable éxito. Sin más dilación, aquí van las respuestas del autor. Espero que las disfrutéis tanto como yo: ¿Qué ha supuesto para ti ganar el Premio Seseña de Novela Romántica 2009 con El Corazón de Yacaré? Un montón de cosas positivas. Cuando leí las bases, pensé que la novela, que la había terminado hacía unos meses, encajaba perfectamente en la filosofía del premio, porque era una novela romántica, y creo que lo es mucho, lo que no quiere decir, en absoluto, que sea cursi o rosa. Además el premio me ha puesto en contacto con una editorial pequeña, Imagine, pero que, como su propio nombre indica, tiene muchas ideas en perspectiva y proyectos en los que me gustaría colaborar. Éste no es el primer premio que has recibido con una de tus novelas. ¿Te sientes un escritor de concurso? Siempre digo que le debo mucho a los concursos literarios y, en ese aspecto, éste es un país privilegiado que da muchas oportunidades a los escritores. Si no hubiera ganado, el mismo año, en el 85, dos premios literarios de cierta envergadura como el Tigre Juan y el Azorín, seguramente habría tirado la toalla. Recibir premios estimula, sitúa el foco sobre tu obra literaria, le da más difusión. ¿Dónde buscas la inspiración? La inspiración no tiene reglas y es imprevisible. Puede surgir de la página de un diario, de una frase que, misteriosamente, te llega a la cabeza, de un perfume que te transporta, de una película o un libro que estimula tu creatividad, de vivencias propias que disfrazas y conviertes en ficción. La de EL CORAZÓN DE YACARÉ vino a través de un relato muy antiguo, que tenía aparcado, volví a leer y me di cuenta que se había quedado corto, que daba muchísimo más, para una novela.  ¿Has estado alguna vez en Macladán? Sí, he estado muchas veces en Macladán. Es un territorio de ficción pero que está hecho de muchas realidades. Es un país que es la síntesis de toda Sudamérica explotada, sacudida, en el pasado, por feroces dictaduras, y que se restaña ahora sus heridas. Mi literatura, en buena parte, está ligada al continente americano que, realmente, me fascina en todos sus aspectos, como paisaje y paisanaje. Lo he visitado literariamente en 1492, con LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO, y lo he seguido haciendo con ÚLTIMO CASO DEL INSPECTOR RODRÍGUEZ PACHÓN, ambientada en Cuba, LA CARAQUEÑA DEL MANÍ, en Venezuela o LLUVIA DE NÍQUEL, en USA. ¿Y te has cruzado con Yacaré alguna vez? ¿Qué le dirías, si eso fuera posible? Yacaré es el paradigma de la mujer indígena, bella y salvaje, explotada y perseguida desde los tiempos de la conquista, cuando literalmente las cogían. Es un tipo de mujer sencilla y sensual, apasionada y leal, de la que uno se puede llegar a enamorar perdidamente a pesar de las diferencias culturales. Es, salvando las distancias, parecida a la caraqueña del Maní, muy mujer, en un sentido que en América tiene mucha vigencia y en Europa poca. Me he cruzado con la imaginación, con la vista, pero no le he dicho nada, por si acaso, como tampoco le dije nada a la caraqueña del Maní que vi bailando en una sala de fiesta de Caracas. ¿Cuál es tu personaje favorito de esta historia? Pues es Nelson, el policía torturador, porque creo que es más rico en matices, está lleno de contradicciones, vive atormentado por lo que hace, ante lo que todavía no está del todo vacunado. Debe haber algo turbio en mí, bueno, en todos, para que sintamos una cierta empatía por los personajes poco claros. Ésta es una constante de todos los personajes de mis novelas, que no son modelos a imitar sino todo lo contrario, hasta los que quiero que aparezcan como héroes, como era el caso de Marín de Urtubia, el protagonista de las tres novelas de LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO, que podía parecerlo pero en realidad era un traidor a los suyos, o el ex etarra de LA CARAQUEÑA DEL MANÍ, que busca la expiación de sus culpas. La venganza está muy presente tanto en tu anterior novela, El mal absoluto, como en El corazón de Yacaré. ¿Se trata de una casualidad? Pues sí, es casual. No lo había pensando. El tema de la venganza es algo muy complicado. Lo políticamente correcto es perdonar, pero hay atrocidades que no se pueden perdonar. La del nazismo, por ejemplo, es una de ellas. Una monstruosidad de ese estilo perdura, y cuando escribí EL MAL ABSOLUTO me puse en la piel del protagonista judío y me dije que no podría perdonar a su verdugo e idearía la fórmula de hacerle el mayor daño posible. En EL CORAZÓN DE YACARÉ hay algo más que venganza, hay una conducta irracional por parte de la protagonista femenina por recuperar algo que le pertenece. También la política y la denuncia social son temas relevantes en ambas novelas. ¿Crees posible que el mundo cambie para bien? Cuando escribo mis novelas nunca me planteo discursos políticos o moralizantes, sino que estos salen de forma automática. Tienes razón al decir que ambas novelas son muy políticas, denuncian hechos execrables y que tienen relación entre sí. Las prácticas de tortura y vejación que emplearon las dictaduras sudamericanas estaban inspiradas en el nazismo, y viejos nazis siguen emboscados en Argentina y en Chile, vinculados a esos años de plomo de sus dictaduras. El doctor Mengele vivió y murió en Paraguay. ¿Que el mundo cambie? Bueno, hemos iniciado una época de moderado optimismo después de cerrar el lamentable capítulo Bush y tener a Obama en la Casa Blanca. Con él seguramente las cosas irán a mejor, a pesar de la crisis que ha heredado, y Estados Unidos recuperará su sentido democrático y volverá a hacer política en vez de hacer la guerra. En ese sentido es muy significativa la política de acercamiento a Irán, por ejemplo, impensable en la anterior administración. Y sí, las cosas, sobre todo en Sudamérica, están ahora infinitamente mejor que hace veinte o treinta años, cuando era el patio trasero de Estados Unidos que organizaba golpes de estado contra todos los intentos de democratización.  ¿Nos hacen libres los libros, la lectura? Bueno, los buenos libros siempre te aportan algo, desde el punto de vista estético o en su fondo. Resulta clarificador que las dictaduras los consideren dañinos, a los libros, y los quemen. En los libros cabe de todo, desde un pensamiento conservador o reaccionario, a un pensamiento progresista y revolucionario. Pero también hay que saber digerirlos. Leía hace unos días que Hitler era un lector compulsivo, que leía mucho, y eso no le mejoró, creo. En España, durante cuarenta años, la libertad de expresión estaba atenazada, muchos libros no llegaban y recuerdo viajes a París para comprarlos clandestinamente. Los totalitarismos temen la cultura, los de derecha y los de izquierda, porque temen la crítica. ¿Qué esperas que encuentren los lectores entre las páginas de El corazón de Yacaré? Lo primero es que les entretenga durante su lectura, transmitirles ese apasionamiento con la que fue escrita la novela, que es polifónica, hay tres voces en ella que conforman la historia. Me gusta parafrasear a Vázquez Montalbán que dijo que escribíamos lo que nos gustaría leer. Pues eso hago. La amenidad no está reñida con la calidad, aunque haya todavía algunos críticos que piensen de ese modo, que para que un libro sea bueno ha de ser el típico tocho que se te cae de las manos. EL CORAZÓN DE YACARÉ es muy sensual, está en el lado opuesto de la anterior, EL MAL ABSOLUTO, que era fría, casi una novela de tesis. Quiero transmitirle al lector el concepto América, su exuberancia, que se manifiesta en la vida, pero también en la muerte, que exacerba los sentimientos, entre ellos el amor, hasta unos límites que en Europa no se conocen. ¿Tienes ya nuevos proyectos en mente? Varios, pero el problema es de tiempo, y hay unos que sedimentan y otros que se postergan indefinidamente. Hay una novela negra, que no acaba de salir, que la tengo en la cabeza desde hace muchos años, y habla del, probablemente, mayor asesino en serie de la historia de Estados Unidos, un matón de la mafia que murió hace años en prisión y alardeaba de haber liquidado a más de cien personas con métodos manuales.  Y hay una novela histórica, en la que estoy embarcado, que es muy laboriosa, sobre la marcha de Hernán Cortés a Tenochtitlán, narrada desde los dos puntos de vista, el de los conquistadores, que eran muy salvajes, y el de los aztecas, que todavía lo eran más pero estaban en su tierra. El tema del encontronazo de culturas en América es un filón inagotable de buenas historias que tienen muchas más fuerza que la conquista del Oeste. Hay cierto reparo, como un complejo de culpa, a la hora de escribir sobre esos hechos, cuando España era la potencia dominante y, como tal, cometía un sinfín de desmanes. Llevo doscientas páginas escritas y no veo el final. Muchas gracias, José Luís, por tomarte tu tiempo con esta entrevista y por cedernos las fotos personales que la ilustran. Como siempre, queridos lectores, os emplazo a la próxima entrevista, esperando que sigáis siendo fieles a La Biblioteca Imaginaria. Cristina Monteoliva  
-
CIUDAD SANTA Guillermo Orsi Editorial Almuzara, 2009 317 pgs.  Guillermo Orsi (Buenos Aires, 1946) es uno de los tres pilares sobre el que se sustenta la actual narrativa negra argentina. Los otros dos serían Ernesto Mallo y Raúl Argemí. Manejando una trama compleja en la que se entrecruzan policías ex torturadores reciclados a los hábitos democráticos, sin mucho éxito, una miss boliviana de guedejas rubias y unos turistas muy especiales ? un capo colombiano y su amante ? de un crucero encallado en el Río de la Plata que son secuestrados, el autor de Sueños de perro y Nadie ama a un policía construye un puzle enrevesado cuyas piezas van encajando con precisión de orfebre y provoca sequedad de garganta a quien se adentre en ella. Novela coral, con múltiples voces y verosímiles diálogos que definen a los personajes, en la que el talento narrativo de Orsi dibuja un Buenos Aires desnortado y sin horizontes por el que pululan personajes que mejor no encontrarse nunca. Pero si la trama de esta Ciudad Santa es envolvente y los personajes creíbles con ese primer trazo con que acceden a sus páginas, donde Guillermo Orsi vuela muy alto es en su estilo literario, contundente pero sin artificios, de una negritud que no admite paliativos.  ?Un policía es como un cirujano, el cirujano abre los cuerpos, es un forense de los que todavía están vivos; el policía abre las tripas de una ciudad inmunda, no se detiene a mirar las plazas y los paseos, ni a comer buenos bifes en Puerto Madero o en Las Cañitas, un policía navega por las entrañas, como ahora, desconfiado y sucio, solo, siempre, aplaudido por los alcahuetes que en privado se la chupan pero cuando se encienden las luces hablan de los derechos civiles, de la barbaridad de moler a golpes a un filicida nada más que por acortarle la vida que no merece, a veces, y otras por una información que siempre llegará tarde, como las ambulancias y los bomberos?? Un novela que no puede decepcionar a los amantes de lo negro criminal, espléndidamente escrita de principio a fin por uno de los maestros actuales del género. JOSÉ LUIS MUÑOZ
-
INVICTUS Clint Eastwood  Observando la acogida que la última película de Clint Eastwood está obteniendo entre crítica y público norteamericano y presuponiéndole una acogida parecida en nuestro país a partir de este viernes, uno no puede otra cosa que quedarse perplejo ante el arropamiento ciego del que gozan ciertos artistas. Clint Eastwood es y será recordado como un icono del cine. Sus trabajos como actor son historia del celuloide, no obstante, en los últimos años, nos ha sorprendido con una productiva y fructífera vertiente en la dirección. En estos lares, y en muchos otros, existe la tendencia a acoger con vítores cada una de sus proyectos, buscando en ellas, una manera de hacer cine,  el clasicismo, que parece haberse extinguido en Hollywood. Pero la realidad, al menos para quien escribe, es bien distinta, y es que el amigo Eastwood siempre nos ha dado una de cal y otra de arena en una filmografía irregular: en los ochenta por un lado hace un filme perfecto como Bird y por otro también es capaz de lo peor con Firefox. En los noventa alcanza un justo pleno reconocimiento con Sin perdón, pero a la vez firma obras tan olvidables como Poder absoluto o Los Puentes de Madison. Y ahora con el cambio de siglo, la historia se repite. Grandes obras como Mystic River y Million Dolar baby, y decepciones como Banderas de nuestros padres y la película que aquí nos ocupa, Invictus. Invictus es el penúltimo trabajo de Eastwood tras la sobre valorada Gran Torino, y antes de Hereafter (actualmente rodando). La película se basa en la novela de John Carlin The Human factor: Nelson Mandela and The Game That Changed The World, y centra su historia en el momento en que Nelson Mandela salió de su tortuosa reclusión penitenciaria y fue elegido presidente de Sudáfrica. El filme centra su foco en el año 1995 cuando el país albergó el campeonato mundial de rugby, y su presidente se volcó en el equipo nacional (Springbook) para lograr la ansiada cohesión entre blancos y negros a través de las emociones colectivas que puede despertar el deporte.  Entrañable historia, que Eastwood no ha sabido tratar ni controlar. Para llegar hasta ese supuesto clímax de felicidad y logro de objetivos, por parte de Mandela y del capitán del equipo de rugby (Matt Damon), el espectador debe afrontar un insufrible camino con algunas piedras verdaderamente molestas por el camino. Para empezar por su indefinición de géneros, que lleva a la cinta a mecerse sin rumbo entre el drama histórico, protagonizado por Mandela, y el drama deportivo, donde el capitán François Peinar parece ocupar el centro del relato. Pero lo verdaderamente irritable es presenciar cómo la final de partido de rugby absorbe el relato durante el último cuarto de la película, convirtiendo una historia de personajes, en una retransmisión, con contados momentos espectaculares, de un partido de rugby. El posible interés que pudiera haber en ella, se diluye al interés que puedan tener los aficionados a ese deporte. No existe ni la consolación de ver un estilizado choque a modo de Michael Mann en Ali, ya que Eastwood, ¿o debería decir su segunda unidad de dirección?, firman un partido basándose en aquellas convenciones más clásicas y menos ingeniosas del género: cámaras ralentizadas, tensiones con el marcador, reacciones del público a las acciones de los jugadores, etc.  Pero dejando a un lado este extenso partido, quizás lo más desdeñable de la cinta resulta el tono didáctico con el que se cuenta toda la historia, sus constantes subrayados y sus mensajes evidentes no dejan lugar a ningún matiz que pueda ser interpretable para el espectador. Invictus parece un libro de texto recién sacado de imprenta, sin haber sido revisado, y con las palabras clave subrayada.  Lo más bochornoso del asunto resulta toparse con algunos momentos inverosímiles. Una cosa es que la historia no tenga suficiente garra como para mantener la atención del espectador, y se tenga que recurrir a alternativas para controlar el ritmo, pero otra de bien diferente, y a mi juicio imperdonable, es ver cómo Eastwood manipula, sin ningún tipo de sentido, las expectativas del espectador con escenas de pretendida tensión pero resultado vacío. Me refiero por ejemplo, a una de las primeras secuencias, en la que vemos el avance acelerado y amenazante de una furgoneta sospechosa que acaba resultando ser un repartidor de prensa, o esa incompresible escena (a nivel técnico y narrativo), en el que los guardaespaldas alertan de un avión que pasa rozando por el estadio, jugando otra vez de forma engañosa con el sentimiento de terror colectivo que nos apodera cuando vemos a un avión desviarse de su circuito habitual. Unas trampas emocionales que vuelve a recurrir cada vez que subraya las imágenes con música emotiva, o con canciones cursilonas propias de la factoría Jonas Brothers.  Con todo, es posible que el mayor valor del filme resida en el mayúsculo trabajo de Morgan Freeman para ponerse en la piel de Mandela. Una mimesis que reproduce hasta los pasos, y gestos del mandatario africano. Algo a lo que ha ayudado una excelente labor en el maquillaje y peluquería. En el otro bando, Matt Damon vuelve a demostrar su incapacidad para trasmitir cualquier sensación, que no sea la de decepción y rabia por sus interpretaciones. Invictus supone otro filme fallido en la carrera del director de Un Mundo perfecto. Su tono no es coherente, su plasmación técnica es desigual, y el deambular de la historia es errático, con lo cual, para ver películas deportivas de grandes gestas y de superación prefiero filmes de media tarde de domingo como Hoosiers, que al menos su épica de tan rimbombante no te las tomas en serio, no como Invictus que corre el riesgo de ser tomada en serio. Al menos nos queda el consuelo que la próxima obra de Clint Eastwood será decente. MARC MUÑOZ EL CÓNSUL DE SODOMA Sigfrid Monleón  Completamente de acuerdo con lo que escribe Vicente Molina Foix, puede que el escritor más cinéfilo de este país, en un artículo de opinión publicado en El País. El tema es el biopic tan contestado sobre Gil de Biedma que acaba de estrenarse. Él, como yo, opina que es un film más que notable, que la vida del escritor está bien reflejada, que los ambientes de esa Barcelona libertaria están dibujados con precisión documentalista y que Jordi Mollá encarna perfectamente al poeta, opiniones en opuesta sintonía a lo que ha venido diciendo la crítica sobre El cónsul de Sodoma, de la que han censurado hasta el título.  Una película biográfica sobre un personaje reciente siempre es un riesgo porque el biografiado será contrastado por los que le trataron en vida. Eso es lo que le ha sucedido a la película El cónsul de Sodoma, de Sigfrid Monleón, con buena parte de los que conocieron o fueron amigos del poeta Jaime Gil de Biedma, que la han aborrecido sin ni siquiera verla muchos de ellos. Pero lo cierto es que, vista la película, sin prejuicios de ningún tipo, uno tiene que admitir que es un vehículo cinematográfico bien fabricado para entender ese momento de convulsión literaria, artística y política de una Barcelona que, por unos años, se creyó centro del mundo y miró a la capital del reino por encima del hombro. Un guión bien construido nos muestra, al principio, al poeta en los sórdidos suburbios de Manila, buscando carne fresca masculina entre los ejecutantes de un espectáculo hard core jaleado por marinos norteamericanos y burgueses filipinos para, a continuación, trasladarlo a esa Barcelona iconoclasta que inventara ese sugerente e irónico término de gauche divine para definir a los izquierdistas de salón que criticaban el régimen del dictador Franco y comían de la mano de sus explotadores papás. Y sobre ese drama moral, el del que se debate entre sus ideas y su estatus social, el del que quiere complacer a un padre amantísimo -entrañable esa relación paterno-filial-, que le tolera todas las locuras, pero desea que su hijo ocupe el sitial que le corresponde en su empresa Tabacos de Filipinas, y lo que le pide el cuerpo y el alma, sexo y poesía, gira esta película que no aburre ni decae en ningún momento.  Marcado por su voracidad sexual, su miedo al envejecimiento como antesala de la muerte y sus contradicciones como miembro de la burguesía y poeta de izquierdas- publicó en vida un poemario titulado Poemas póstumos y de él dijo su amigo Carlos Barral, para subrayar su creación lenta y selecta, que era más famoso por los libros que no escribía que por los que publicaba-, la personalidad hedonista de Gil de Biedma queda bien retratada en esta película que cuida mucho los ambientes - las charlas de salón en el desaparecido Bocaccio, el templo de la gauche divine, en las que se sugiere la presencia de Vázquez Montalbán y Enrique Vila-Matas, entre otros, aunque desdibujados; el restaurante Tortilla Flash, templo de la modernidad gastronómica de la época, que todavía existe, en donde se reúne el poeta con la fotógrafo Colita, otra de las que se han sentido agraviada por la película, que critica sin verla; la conversación del poeta, en su casa, con el siniestro inspector de la Brigada Político Social Creix, del que todo el mundo hablaba en la época, a raíz de que unos poemas suyos aparecen en un panfleto subversivo?  Llega la película de Sigfrid Monleón precedida por la polémica suscitada por Juan Marsé - Alex Brendemülh en el film -, al que este biopic, excesivamente centrado en la actividad sexual del poeta, no le ha gustado nada porque, según el autor de Últimas tardes con Teresa, Gil de Biedma, era muy discreto y pudoroso con su homosexualidad, pero lo cierto es que el retrato que de él hace Monleón en su film es el de un tipo vitalista, sensible y tierno, lleno de humor y leal con sus amigos. El cónsul de Sodoma es una película que se deja ver con agrado, que está perfectamente ambientada y recoge el espíritu transgresor de esa época ingenua en que las utopías parecían posibles, y ahonda en el drama de un escritor desclasado que, en un camino inverso al del Pijoaparte de Marsé, como un Pier Paolo Pasolini catalán, bucea en el submundo de Manila o de Barcelona para encontrar sentido a una vida demasiado vacua y fácil. ¿Ése no es el Gil de Biedma que conoció Marsé? Es muy posible, pero en aras de la creación cinematográfica el director puede tomarse libertades con respecto al personaje retratado siempre que no lo desvirtúe, y Monleón se cuida mucho de que esto suceda porque retrata a su protagonista con respeto.  Jordi Mollá borda la figura del poeta, en una interpretación digna de un Goya; Bimba Bosé, que encarna a una de las pocas amantes femeninas que Gil de Biedma tuvo, inquieta en las escenas por su sorprendente parecido con su tío, y Josep Linuesa, sencillamente, es un calco del escritor y editor Carlos Barral, mientras los poemas de Gil de Biedma, recitados con buena voz por el actor catalán, se convierten en la banda sonora de las imágenes que nos aproximan a un personaje y a su entorno. JOSÉ LUIS MUÑOZ PRECIOUS Lee Daniels Clareece ?Precious? Jones es una chica negra de 15 años, que no sabe leer ni escribir, que vive en unas de las zonas más deprimentes de Harlem, y que encima, sufre las humillaciones y vejaciones de su madre. La llegada de un segundo embarazo provoca que sea expulsada del colegio, sin embargo, este otro revés le llevará a entrar en una escuela alternativa, donde una ejemplar profesora le ayudará a ver luz donde antes sólo reinaba oscuridad.  En pocas líneas este es el argumento de la película que encandiló al público de Sundance 2009, que recibió tres nominaciones a los Globos de oro (ganando el de mejor actriz secundaria), y que ayer recibió seis nominaciones para los Oscar (incluyendo mejor película, mejor director y actriz), y cuyo estreno en nuestras pantallas se espera para el próximo viernes. Lee Daniels consigue con Precious un duro relato trazado con respeto, sin concesiones a la galería, pero dejando aflorar las emociones y sentimientos que esta hermosa historia pueda generar en el espectador.  Daniels logra hacernos un nudo de marinero en la garganta, que afloja mediante la inserción de algunos momentos oníricos de la protagonista imaginándose una vida mejor. A algunos estos instantes les pueden descolocar, y sin duda, su puesta en escena, cercana a productos de la factoría Wayans o a los disfraces de Eddie Murphy en alguna de sus comedias, ayudará a ello. Pero para quien escribe son bálsamos muy necesarios ante el padecimiento que invade la vida de esta joven chica. No sólo son vitales en la vida diaria de ?Precious? para sobrellevar estoicamente todas las míseras que le rodean, sino para el espectador para hacer el viaje con ella. Daniels también demuestra inteligencia y saber hacer dirigiendo a su reparto.  La labor Gabourey Sidibe en el cuerpo de esta obesa cuyo mal menor es su condición física resulta, en ciertos momentos, sobrecogedor. Nivel al que también está uno de los villanos más realistas y despreciables que han pasado últimamente por una sala de cine, me refiero a la madre de Precious, interpretada por Mo?Nique, quien apunta hacía el Oscar. Igual de meritorio, y quizás más sorprendente, resulta la apuesta de Daniels en confiar papeles secundarios en unos irreconocibles (por físico y actuaciones) Mariah Carey y Lenny Kravitz. También merecen un puesto de honor Paula Patton por construir ese personaje de profesora encantadora, y todas las chicas que pueblan esa especial clase. Precious es un notable filme, que respira autenticidad, realismo, crudeza y optimismo en partes iguales, pero cuya historia, y sobre todo, sus personajes, llegan a conmover. Quizás su mensaje, un tanto ?yanqui?, de que cualquier persona puede superarse por muy desfavorable que sea su situación patina un poco sobre la superficie de la realidad, pero como ocurre con sus escenas oníricas, resulta un alivio un poco de esperanza entre una historia tan dramática y despojadora. MARC MUÑOZ IN THE LOOP Armando Ianucci  Existe una delgadísima línea entre el cine de humor, puede que el género cinematográfico más difícil, y la astracanada que no se debe sobrepasar. La primera película del británico, de origen italiano, Armando Ianucci, sobre el papel, promete. Una sátira sobre el seguidismo británico a la política belicista de la Casa Blanca en su guerra de Irak. Pero el resultado es frustrante. De tanto cargar las tintas, el espectador no ve entre los protagonistas a ningún político sino a actores televisivos de segunda queriendo hacer el gracioso sin conseguirlo.   Para que la sátira funcione tiene que haber identificación, y ni ingleses ni norteamericanos son reconocibles ni creíbles, ni ningún espectador podrá ver en el James Gandolfini que interpreta al general Miller a un militar como tampoco se creerá que Tom Hollander puede ser el ministro Simon Foster. Además, la película abusa de los diálogos ad nauseam, de modo que no hay un solo fotograma que no sea hablado con lo que la sensación de sitcom del conjunto se agudiza.  Para hacer una película cómica, tragicómica, sobre el asunto de Irak no había que inventar tanto sino recoger la realidad; por ejemplo, que una de las principales fuentes de información en las que se basó la inteligencia británica para dar por buenas las amenazas de Sadam Hussein provenían de un taxista de Bagdad. ¿Existe algo más tristemente hilarante que eso? No había que inventar personajes de segunda fila sino recrear a los fantoches que condujeron a la humanidad a esa debacle. ¿Puede haber alguien más tragicómico que ese trío formado por George Bush, Tony Blair y Aznar? Al final In the loop, que se vende como el nuevo Teléfono rojo, volamos hacia Moscú, olvidando que ésa fue la peor película de Kubrick, no es más que una serie encadenada de diálogos, gritos e insultos, estos últimos los más graciosos.  Una cinta de una pobreza cinematográfica apabullante más propia de una sobremesa televisiva que de una sala de cine, y es que Ianucci es un presentador de shows satíricos en la pequeña pantalla, una actividad que no debió dejar. Nada peor que una comedia sin gracia. JOSÉ LUIS MUÑOZ
|