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La opinión del lector




No creo que descubra a nadie la existencia de este escritor valenciano, pero quizá pueda sorprender a alguno cuando hable de la importancia de su obra.

En España, la figura de Vicente Blasco Ibáñez no ha conseguido deshacerse de los tópicos por lo que no pasado de ser, para la gran mayoría, un autor costumbrista con novelas sensuales y trágicas. Pero ya va siendo hora de que se le reconozca como lo que realmente ha sido: el escritor español de mayor proyección internacional durante el primer cuarto del s. XX, autor que reunió títulos como el de doctor honoris causa por la Universidad George Washington o el de la Legión de Honor francesa.

Hay que tener en cuenta que las novelas de Blasco Ibáñez fueron, además, los grandes best sellers de su tiempo mientras que poquísimos de los escritores contemporáneos a él pudieron siquiera presumir de mantenerse de sus escritos.

Con un lenguaje vivo y brillante, las obras de Blasco Ibáñez no sólo recrean los ambientes en los que se desarrolla la trama (herencia del s. XIX) sino que, al mismo tiempo, llevan una fuerte carga de denuncia social fruto del enorme compromiso político y social del autor, que nos cautiva y atrapa. ¿Será esta actitud, siempre incómoda y crítica, la que ha impedido su difusión?

Milagros Guerrero

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Adquirí La montaña mágica de Thomas Mann hace unos cuantos años, pero bien por falta de tiempo material, por el pequeño tamaño de la letra, que me resultaba incómodo, o por las 632 páginas que componen la novela, la fui dejando de lado día tras día. Pero como todo tiene su momento, el de esta novela llegó tras mi jubilación. Y en buena hora, porque al fin he disfrutado con su lectura.

Antes de comenzar este breve texto sobre la novela, considero importante dar a conocer algo acerca del medio donde transcurrieron los primeros años del autor.

Thomas Mann nació el año 1875 en la ciudad alemana de Lübeck, en el seno de una familia acaudalada cuya ocupación principal era el comercio. Tras sus primeros pasos por el Instituto de la ciudad, se trasladó con su familia a Munich donde cursó estudios de Economía, Historia del Arte y Literatura, todo ello dirigido hacia la posible escritura de artículos en la prensa.

A los treinta años de edad contrajo matrimonio con Katia Pringsheim, hija de una prominente familia de intelectuales de origen judío. Con la llegada de Hitler al poder en el año1933, Thomas Mann, que ya contaba 58 años de edad, se exilió en Suiza hasta 1938, año en que se trasladó a los Estados Unidos y donde fijó su residencia durante la segunda guerra mundial. Sin embargo, cuando estalló la primera guerra mundial, Mann defendió el nacionalismo alemán según su peculiar manera de ver los acontecimientos, pero al finalizar la misma su ideología evolucionó y se convirtió en un ferviente defensor de los valores democráticos.

Fruto de esta evolución fue la novela La montaña mágica que se gestó en el año 1912 a raíz de una visita que le hizo a su esposa internada en el sanatorio Wald, en Suiza. En principio, según su propio criterio, iba ser una novela corta pero (siempre surge algún pero) Mann se encontró tan a gusto escribiéndola que siguió y siguió trabajando en ella de tal modo que cuando se dio cuenta ya llevaba 600 páginas escritas. Para terminarla buscó una salida airosa y con 32 páginas más, la finiquitó.

La trama de la novela es la siguiente: Un joven de nombre Hans Carstorp, de oficio sus rentas (pocas pero suficientes para no tener necesidad de dar palo al agua), decide un buen día darse un pequeño paseo por Suiza y visitar a su primo Joachim Ziemsen, de oficio militar de carrera y que, debido a la infección pulmonar que padecía, estaba hospitalizado en el sanatorio antituberculoso de Berghof (en los Alpes Suizos, próximo a la estación de Davos).

Como el trayecto era largo y los medios de locomoción lentos, Hans se toma tres semanitas de su tiempo para pasarlas en compañía de su primo y disfrutar de los maravillosos paisajes alpinos. Este tipo de sanatorio era únicamente accesible a gente con posibles y sus tratamientos se limitaban a prescribir reposo, paseos a través de la campiña, controlar las posibles fiebres y ofrecer buena comida, amén de largas y sabrosas tertulias entre los muy variopintos clientes del establecimiento que, sin lugar a dudas, era lo más sabroso de la jornada y donde se trataban, dependiendo de qué personajes se hallaban presentes, temas políticos, religiosos, culturales o simplemente cotilleos (lo que hoy en TV llamamos “Donde estas corazón”).

El primer día de estancia, después de estar toda la mañana con su primo, Hans escucha un portazo que le hace volver la cabeza: era la entrada que habitualmente solía hacer Claudia Chauchat, una señora rusa de 28 años, casada pero prácticamente separada de su marido ya que se pasaba prácticamente todo el año de balneario en balneario. Del desagrado inicial que le producen los modales de madamme Chauchat, Hans pasa a un estado de enamoramiento total, aunque tardará en reconocerlo.

Entre los personajes de especial relieve en la obra se encuentra el señor Settembrine, que por 1830 ya estaba activo como revolucionario; o uno de los doctores del sanatorio, que argumenta que la enfermedad procede de una actividad amorosa reprimida y que la solución a este fatal trance es la "disección psíquica” del paciente. Menos mal que yo por los años cuarenta era solo un niño; los jóvenes de esa época o lo pasarían fatal o ni siquiera sabrían qué significaba la palabreja.

Una tarde después del paseo vespertino, y cuando ya estaba próxima la fecha de retorno a casa, Hans se siente febril por lo que el doctor lo encama con la prohibición de no salir para nada de su habitación en tres semanas. Lógico, sus pulmones ciudadanos no fueron capaces de asumir la pureza del aire de los Alpes.

Si como veis este es el comienzo del relato, y contiene todo esto, ya podéis imaginar lo que vais a disfrutar con su lectura.

Roberto Martínez
 

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Monika sonríe frente al espejo es el título del segundo libro del navarro Iñigo Sota Heras. Pese a su juventud, demuestra en cada una de sus páginas una capacidad literaria sorprendente para construir historias que invitan a pensar sobre temas sociales de actualidad. Historias que muestran pequeños retales de vida, escenas cotidianas cargadas de significado para el lector. Momentos que quedan abiertos a la imaginación. Y es que a veces, aunque parece que el autor no lo dice todo, sí que lo hace en un libro que exalta la importancia del lado positivo de la existencia humana. Quizá por eso, Monika sonríe frente al espejo en un acto metafórico de agradecimiento hacia sí misma. La obra trata temas tan universales como el amor, las relaciones interpersonales, la vejez… El arte de la vida alcanza su máxima expresión cuando se transforma en literatura porque en ese instante el hombre es a la vez sujeto y objeto de la investigación.

El autor muestra una extraordinaria capacidad de introspección a la hora de presentar unos personajes realmente humanos. Aunque el libro toma su título del relato principal, existen otras historias que también transmiten valores, enseñan e invitan a pensar en qué es lo adecuado cuando se trata de ser feliz y de quererse a uno mismo con una autoestima sana. En ocasiones como esta, la literatura es una oportunidad para el aprendizaje vital, la superación personal y el bienestar emocional. Además, conviene destacar que la autora del prólogo es Rosseta Forner que realiza una presentación magistral no sólo del libro (editado por Atlantis) sino también de la calidad literaria y personal del propio autor. Un autor joven y con talento que poco a poco convierte en realidad su sueño de escribir para el gran público desde la humildad y el agradecimiento.

Como buen periodista, Íñigo Sota muestra un gran dominio de la palabra puesto que no sólo escribe en prosa sino que también sorprende con la calidad y la madurez de sus versos. Además, domina el arte de la metáfora. La literatura de Iñigo no está cargada de artificios sino que contiene la elegancia de la sencillez para que la forma no reste protagonismo al fondo. Un fondo que no deja indiferente a un lector que seguramente sonríe al leer el libro igual que Monika cuando se mira en el espejo.

Como dice el propio autor, debemos comenzar a querernos más a nosotros mismos e invertir el camino que tomamos habitualmente de la crítica negativa para potenciar todo lo bueno que hay en nosotros. Un mensaje profundamente esperanzador en una sociedad un tanto dada a la negatividad propia de la tristeza que aflora en forma de adicciones, complejos, depresiones, envidia… Es importante pararse a pensar para iniciar el cambio de rumbo hacia el optimismo que tiene su máxima expresión en la sonrisa que muestra por fuera cómo nos sentimos por dentro.

Iñigo Sota Heras tiene un largo camino por delante, sin embargo, este libro es su presente. Por esta razón, recomiendo la lectura de Monika sonríe frente al espejo a todo aquel que tenga algún tipo de inquietud vital, ganas de superación o que simplemente, quiera disfrutar y pasar un buen rato ante un libro de calidad que puede ser un buen regalo de Navidad. 
 
Maite Nicuesa Guelbenzu
 

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